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Entrevista a Diego Santamaría y Víctor de la Fuente sobre el campamento de refugiados de Katskias, Grecia
“En Katsikas cubrimos el papel que debería estar realizando la UE”
18/10/2016 | Sara Serrano

Diego Santamaría y Víctor de la Fuente, militantes de Anticapitalistas de Salamanca y parte de la ONG Pangea (www.pangea-solidaria.org/), han sido voluntarios en el campamento de refugiados de Katsikas, junto a la ciudad de Ioanina en el noroeste de Grecia. Hablamos con ellos sobre la despolitización de la situación de los refugiados, la estrategia de la Unión Europea y sus efectos sobre la vida diaria en los campos de refugiados, la actuación del gobierno de Syriza, y las vías para organizar la solidaridad y la resistencia.

Sara Serrano: La ONU ha definido la llamada crisis de refugiados como la crisis humanitaria más importante en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué os habéis encontrado en el campo de refugiados de Katsikas?

Diego: El campamento de Katsikas lleva funcionando desde el 22 de marzo y se calcula que ha llegado a albergar en torno a 900 personas, aunque muchas salen y entran y es difícil dar una cifra exacta. Está construido en un antiguo aeródromo de la Primera Guerra Mundial que es un pedregal sin ninguna sombra para el verano, ni ningún cobijo para las lluvias del invierno. Lo primero que se ve al llegar son hangares de chapa y una verja protegida en su entrada por un puesto militar. Uno de los hangares está habilitado como almacén para los voluntarios, donde se organizan los repartos inmediatos. Junto al ejército hay otro puesto de atención sanitaria que abren por las mañanas ONG como Cruz Roja, Médicos del Mundo o Médicos Sin Fronteras. El resto son tiendas de campaña militares donde viven los refugiados, destacando algunas más grandes con funciones sociales en el campamento como una madrasa, un gimnasio y una mezquita.

No es un lugar que invite a quedarse. Muchos refugiados intentan llegar a países del norte de Europa en busca de familiares. Algunos se echan a andar hacia la frontera con Albania o Macedonia, y la mayoría acaban encarcelados y siendo llevados de vuelta al campamento después de días cruzando bosques y montañas. Otros pagan taxis y contactan con mafias en ciudades más grandes como Tesalónica, para que les saquen del país. En general todos intentan buscar una salida por desesperación.

Víctor: Bueno, en primer lugar denominar esta situación como “crisis de refugiados” traslada el problema directamente sobre sus espaldas. Cuando la crisis es en primer lugar una crisis de valores de la propia Unión Europea que encarcela en campos a personas que huyen de la guerra, culpabilizándolos de la situación y ejerciendo un racismo institucional que considerábamos ya superado. Y en segundo lugar denominarlo crisis humanitaria lo despolitiza y descontextualiza, se trata de personas refugiadas que huyen de la guerra, no de personas que abandonan su país por un desastre natural, por ejemplo.

Dicho esto, paso a responder tu pregunta. La primera imagen que recibes al llegar al campo de Katsikas es una gran explanada cubierta de piedras repleta de tiendas de campaña. Todo ello sin que hayas salido de la UE.

Niños y niñas bajo los grifos de agua, mayores paseando de lado a lado del campo sin nada que hacer y jóvenes desesperados en sus tiendas, frustrados viendo como su vida se ha detenido. Todos pendientes del teléfono intentando contactar con sus familiares que se encuentran en sus países de origen o en el frente combatiendo.

Y todos ellos vigilados de cerca por la policía y el ejército griego.

S. S.: Más allá de los titulares reduccionistas, que se centran casi exclusivamente en los refugiados sirios, la realidad en los campos de refugiados es mucho más compleja. En ellos conviven grupos muy heterogéneos -defensores del régimen sirio, rebeldes, kurdos del norte de siria, yazidies, kurdos iraquíes, palestinos que ya vivían como refugiados en Siria y afganos- muchas veces enfrentados históricamente en sus países de origen. ¿Qué efecto tiene esto en la convivencia cotidiana?

V.: Básicamente se obliga a vivir en un espacio reducido a comunidades totalmente antagónicas que ahora mismo están combatiendo entre ellas y que se han enfrentado históricamente. Se da incluso el caso de que familiares de personas refugiadas en el campo están combatiendo ahora mismo una contra otra en los frentes del norte de Siria.

Inicialmente se buscó la cooperación y la colaboración entre todas las comunidades presentes en el campo, lo cual es imposible en las condiciones de vida en las que se encuentran actualmente tanto en el campo de refugiados como por la guerra abierta en Siria. Y han sido varias las trifulcas que han surgido entre las comunidades con actos de violencia importantes.

Por tanto, se asumió por todas las partes que lo máximo a lo que se puede aspirar es a una convivencia pacífica que no empeore más las condiciones a las que están obligados a vivir. A partir de ahí se intenta favorecer el trabajo conjunto en los distintos espacios que se han ido creando en el campo, como la escuela, el almacén, la cocina, etc.

Y no solo diferencias en torno a las comunidades o la cuestión religiosa, sino diferencias de clase que puedes observar paseando por el campo. Aquí conviven familias con alto poder adquisitivo capaces de comprar bienes y productos inaccesibles para otras familias del campo a las cuales les cuesta reunir dinero para comprar algo más de comida o productos básicos.

Es curioso cómo en el campo puedes analizar todas las contradicciones propias de la sociedad capitalista en un espacio no mucho mayor que un campo de fútbol. Cómo aquellos con mayor capacidad han sido capaces de poner en marcha pequeños kioscos en el campo desde los cuales comenzar a vender productos a otras personas refugiadas.

D.: En el campamento de Katsikas principalmente hay sirios, iraquíes y afganos. Los afganos sufren una realidad especial porque la UE no les considera refugiados. Luego están los yazidíes, una comunidad del norte de Irak que tiene una religión propia y que ha sufrido un verdadero genocidio por parte del Estado islámico. En el campamento era uno de los grupos mayoritarios, cerca de 240 personas.

Yo estuve durante el mes de Ramadán, que es una época difícil. Para empezar, debido al ayuno y a las altas temperaturas, la gente mayor no salía de las tiendas, por lo que nuestra actividad se centró en los niños. Siempre intentamos que las distintas comunidades trabajaran conjuntamente, pero en esta época fue especialmente difícil. Los sirios y los iraquíes del norte son kurdos y no son musulmanes practicantes, y tampoco los yazidíes. Se generaron algunas tensiones. Los yazidíes recibieron amenazas y finalmente decidieron marcharse del campamento para evitar la confrontación. Esa fue una jornada especialmente dura, al ver a más de doscientas personas dejar el campamento en media hora, con todas sus posesiones sobre las espaldas y los carritos de los bebés, sin saber dónde iban a ser alojados, pero con la clara determinación de vivir en paz. Se habilitó una antigua casa en Eleousa, junto a Ioannina, que ahora es un campamento propio.

Además de la convivencia dentro del campo, es necesario que los voluntarios se encarguen de realizar una labor pedagógica con la población griega del pueblo de Katsikas, que está a sólo 4 Km. del campamento. Fomentando el comercio local frente a las compras en grandes multinacionales, dando a conocer el trabajo que se realiza en los campamentos y la realidad que sufren las personas refugiadas, animando a colaborar en actividades, etc. Por ejemplo, hay parte del material recogido y enviado para los refugiados que éstos no utilizan, como por ejemplo las lentejas o los alimentos que contienen cerdo. Los voluntarios se pusieron en contacto con organizaciones que atienden a personas griegas necesitadas para entregar esos palés de alimentos. Es decir, se trabaja continuamente para evitar que se genere rechazo hacia los refugiados porque no podemos olvidar que la tercera fuerza política del país es un partido nazi. El equilibrio tiene que ser muy cuidadoso para no poner en bandeja una respuesta xenófoba.

S.S.: Una parte importante de los refugiados son kurdos. Un pueblo históricamente perseguido, sin patria, sin tierras, sin hogar que sufre el rechazo de los propios sirios, afganos o palestinos. ¿Cuál es la situación de los refugiados kurdos y su posicionamiento político?

V.: Sin duda la composición del campo es completamente heterogénea, en el caso de los kurdos he captado algunas diferencias notables con otros. Por ejemplo, hay muchos chicos jóvenes que esperan llegar a Europa para acabar su formación y poder volver al Kurdistán y poder colaborar en la reconstrucción del país.

Como muchas de las personas que se encuentran en el campo están pendientes día y noche de las noticias que llegan de sus casas, las cuales se encuentran siempre en riesgo de un ataque. Pero en su caso por numerosos enemigos, Turquía, Estado isláico, fuerzas gubernamentales del régimen sirio, etc. Además son bastantes los jóvenes kurdos que se encuentran en el campo y para ellos es realmente frustrante esta situación pues sus madres, hermanas o padres se encuentran en el frente combatiendo mientras ellos esperan ansiosamente una salida de este callejón que la UE les ha puesto alrededor y en su cabeza pesa cada vez más la idea de volver al Kurdistán y retomar la lucha.

S.S.: Casi la mitad de las personas refugiadas en Katsikas son niños. Uno de los objetivos de Pangea era montar una ludoteca para los más pequeños, ¿cuál es la situación actual y las necesidades que habéis detectado en las niñas y niños del campo de refugiados?

D.: En Katsikas había en torno a 400 niños, así que el trabajo con ellos era algo prioritario. Uno de los primeros proyectos que se impulsó fue la apertura de una madrasa aprovechando que muchos de los refugiados eran profesores. Este proyecto permitió que se fijara la idea de que el campamento es de los refugiados y ellos son los que deben asumir el protagonismo, mientras que la función de los voluntarios es apoyarles. Sin embargo, la madrasa tenía el inconveniente de excluir de la escuela a la población kurda, que no habla árabe.

Otro proyecto en el que participamos fue la construcción de una ludoteca para los niños más pequeños que no iban a la madrasa. Además, repartíamos una merienda para los más pequeños – el “baby meal” –, pañales, y compresas una vez al mes para las mujeres. Esto no era un proceso automático, e implicaba hacer un registro por tiendas de familias y necesidades, que sorprendentemente no existía en el campamento.

A la hora de la cena eran los propios chavales los que, en grandes cajas de plástico, preparaban ensaladas para todos. Antes había una cocina, pero el ejército la cerró por motivos de salubridad, así que ya sólo se cocinaba en frío. Una vez más se pretendía que los niños fueran los protagonistas.

V.: Sin duda la defensa de los derechos humanos de las personas que se encuentran huyendo de la barbarie y se encuentran en los campos, infancia y adultos, nos confronta directamente con la comunidad internacional que no es capaz de respetar unos derechos que ya considerábamos como elemento innegociable para cualquier persona.

En el caso de la infancia la situación no es mejor. Muchos de esas niñas y niños han nacido ya en países en guerra o en el mismo viaje de huida, otros apenas han conocido por un corto espacio de tiempo la paz y otros han nacido ya como refugiados en el campo. Han sido testigos de matanzas, bombardeos y barcas hundiéndose en el mediterráneo. Es muy significativo observar sus dibujos o a lo que juegan, pues reflejan fielmente lo que han visto desde que nacieron. Por tanto ser capaces de crear un espacio donde puedan actuar como niños es imprescindible para su presente y futuro. Asegurar su derecho al juego y la imaginación, compartir y divertirse con otros.

Parece ser que una vez más se trata de algo totalmente secundario para la UE y la comunidad internacional pues en ningún momento se han preocupado de atender las necesidades y la atención propia que se merece la infancia. Ni tan siquiera de atender sus necesidades más básicas

Su integración en Europa pasa por la entrada de todos estos niños y niñas en el sistema educativo por ejemplo, lo cual sin duda será una dura prueba para todos.

S.S.: La situación de crisis de refugiados se debate entre lo urgente y lo importante, entre la asistencia a la que obligan desesperadas situaciones de la vida cotidiana y los reclamos del derecho universal a encontrar protección internacional. Las grandes ONG, mediante convenios, tienen la función de desarrollar parte del trabajo institucional. ¿Cómo se expresa la tensión entre el asistencialismo de las grandes ONG y el trabajo que busca empoderar a los refugiados de las más pequeñas? ¿Cuál debería ser el papel de las ONG en los campos?

V.: En primer lugar tenemos que entender que estas iniciativas surgen debido al vacío generado por los estados y la UE. Nuestro papel como pequeña ONG, e individualmente el papel de cada uno de nosotros como voluntarios, se encuentra siempre en una fuerte tensión entre apoyar a las personas refugiadas y cubrir el papel que debería estar realizando la UE. En mi opinión existen dos posiciones para las ONG, independientemente de si se trata de entidades grandes o pequeñas: aquellas que se sitúan en una posición totalmente asistencialista sin pararse a reflexionar sobre las causas y las peculiaridades del conflicto, como si toda esta situación fuera resultado de una catástrofe medioambiental como un terremoto o un huracán. Y aquellas que entendemos y orientamos nuestro trabajo aquí como un acto de repulsa, una forma de demostrar que no estamos para nada de acuerdo con la política de la UE y que esa actitud xenófoba y racista no nos representa y como ciudadanos decidimos organizarnos desde la solidaridad entre iguales.

Aquí debemos destacar dos organizaciones por encima de todas e incluso en ocasiones por encima del propio gobierno heleno. ACNUR e IOM, ambas se dedican a la gestión de los refugiados y la última concretamente lleva a cabo los procesos de repatriación. Es curioso lo fácil que ponen los trámites para la repatriación voluntaria de las mismas familias que tardan meses en recibir una respuesta ante su solicitud de acogida, que normalmente acaba en negativa.

Debido a nuestro trabajo aquí y nuestro trato directo con las personas refugiadas en el campo, en muchas ocasiones es difícil distinguir hasta donde llegar. Apoyarles sin llegar a decidir por ellos y robarles el protagonismo.

D.: Había una clara división del trabajo entre las ONG grandes y las más modestas. Las ONG grandes se encargaban de los grandes desembolsos del campo. IOM se ocupaba de la salubridad del agua, ACNUR de cuestiones logísticas como la compra de alfombras para las tiendas o el alquiler de autobuses para el desplazamiento de refugiados. Sin embargo todo lo hacen de puertas para afuera, podría decirse que casi no pasan de la puerta del campo. Médicos del Mundo y Médicos Sin Fronteras tienen un puesto de atención sanitaria, pero se enfrentan a las mismas limitaciones: si no estás en contacto con las familias, no conoces su realidad. Hay familias que no te cuentan de motu proprio que uno de sus hijos bebé tiene una parálisis cerebral, o que no le ha descendido un testículo.

Es por eso que considero más útil el trabajo de las ONG más pequeñas, que son las que de verdad trabajan directamente con los refugiados, conociendo a los miembros de cada familia, a las distintas comunidades y la situación real del campamento. Es a estos voluntarios a quienes los refugiados invitan a tomar té en las jaimas, o a quienes expresan sus sentimientos.

A lo largo del verano han sido varias las ONG que han trabajado en Katsikas, y todas, excepto Lighthouse Relief que es una ONG sueca-alemana, se han organizado desde el Estado español: AIRE de Galicia, Olvidados de Madrid, Alhambra de Granada y nosotros, en PANGEA, de Castilla y León. Con diferencias entre sí, algunas cayendo más a menudo en el asistencialismo o el “turismo voluntario”, estas ONG más modestas han tenido un papel fundamental en el campamento gracias al trabajo de voluntarios que iban rotando cada 15 días, y gracias también al trabajo que no se realiza sobre terreno, sino en cada uno de sus lugares de origen consiguiendo los materiales, la financiación, los voluntarios y creando redes de solidaridad.

S.S.: El marco donde se desarrolla todo este proceso no es otro que Grecia, convertida en laboratorio de las últimas políticas neoliberales de las élites europeas. ¿Cuál está siendo el papel del gobierno griego en la gestión de la situación de los refugiados?¿Cómo se han sentido los efectos del acuerdo firmado el mes de marzo entre Turquía y la Unión Europea?

D.: La principal actividad del gobierno griego es impulsar un pre-registro consistente en la elaboración de un censo de las personas que están viviendo en campos de refugiados. Esto posibilitaría a los refugiados el acceso a la sanidad y a la educación, pero con el compromiso de permanecer 5 años en Grecia, solo pudiendo salir del país para retornar a su lugar de origen (pareciera que esto fuera el objetivo: someterles a una situación de miseria y humillación diaria hasta que decidan retornar a la guerra). Inicialmente también se hablaba de la necesidad de un compromiso a no buscar trabajo durante esos 5 años, lo cual era una condena a trabajos mal remunerados, sin derechos laborales, y a una reacción racista en la población griega.

Respecto a la integración de las niñas y niños en el sistema educativo griego, se da la circunstancia de que en Grecia se utiliza un alfabeto diferente al árabe -que es la lengua de la mayoría de los niños- pero también distinto del francés o el inglés -que son los idiomas que algunos conocen-. Esto hace de la integración real una posibilidad muy lejana.

V.: Que la presencia de los refugiados y la gestión de esta situación por parte de las UN y la UE en Grecia, no es casual no se le escapa a nadie. Y el papel del gobierno en este proceso no ha sido meramente testimonial. Hay que reconocer la presión de Syriza para llevar a término lo antes posible el acuerdo entre la UE y Turquía. Tras la entrada en vigor del acuerdo llegaron a Grecia más de 1 500 oficiales de policías europeos, expertos en fronteras, etc., para dirigir y controlar el proceso. Si a esto añadimos el apoyo constante que brinda el gobierno griego a la UE y a la derecha racista del país que tienen un gran poder, está clara otra capitulación más del gobierno, convirtiéndose en el brazo ejecutor de la política xenófoba de la UE.

No puedo afirmar categóricamente cual es el margen de actuación del gobierno griego en este tema, pero lo que podemos observar claramente, es que no ha realizado ni una sola denuncia ni de los tratados de la UE, ni la política de Turquía con los refugiados y la persecución que realiza sobre pueblo kurdo día tras día, es decir, no solo ha aplicado el pacto sino que ha sido uno de sus mayores defensores.

La situación del pueblo griego no es la más fácil para acometer una situación como la que se está viviendo en el país con la llegada de los refugiados. Pero ante las diversas opciones con las que contaba el gobierno, han decidido “solucionar” el problema por la derecha. En un primer lugar aceptando los planteamientos de la UE que consideran esto como una grave crisis humanitaria, aceptando las medidas de austeridad y xenofobia contra el propio pueblo griego, inmigrantes y refugiados.

En el campo donde me encuentro observamos diariamente el papel de ACNUR e IOM, las cuales tienen como objetivo claro evitar la entrada de refugiados en Europa y la llegada de más a Grecia. Y nunca vemos una oposición clara del gobierno local, dirigido por Syriza actualmente, el cual dentro de su marco tiene cierto margen de actuación con el cual mejorar las condiciones de vida en las que se encuentra esta gente en el campo, oponerse a las medidas que ambas organizaciones llevan a cabo. No puede ser que éstas tengan más poder que un gobierno soberano elegido democráticamente.

Trabajar con las clases populares griegas tan degradadas por las políticas de austeridad y con los refugiados que han llegado al país, hubiera sido en mi opinión, el camino que debería haber tomado Syriza. Se abrió una gran oportunidad de pedagogía política, no solo para los griegos, sino para todos los europeos, en donde poder explicar y demostrar la cercanía entre la situación de las clases trabajadoras de Europa y especialmente del sur y los refugiados. Como ambas situaciones son resultado de las políticas de la UE y en definitiva resultado del capitalismo mundial.

16/10/2015

Sara Serrano es militante de Anticapitalistas y colaboradora de la editorial Sylone

Los dibujos son obra de Kawa, refugiado kurdo, del norte de Siria en Katsikas.



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