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Territorios palestinos
¿Una ocupación normalizada?
13/10/2016 | Julien Salingue

Ni los acuerdos de Oslo (1993-1994) ni la “retirada unilateral” de Gaza (2005) han modificado este estado de hecho: es el Estado de Israel quien controla esos territorios, bien mediante una presencia directa (Jerusalén y Cisjordania), bien mediante un bloqueo estricto (Gaza). Desde hace cerca de 50 años, la ocupación es un dato permanente en la vida de los palestinos, lo que ha provocado, evidentemente, dinámicas de resistencia pero también, fenómeno a menudo subestimado, de adaptación.

Contradicciones

Como todas las poblaciones sujetas a una ocupación extranjera -y los franceses están bien situados para saberlo-, los palestinos no han sido jamás un “todo” homogéneo en sus relaciones con la potencia ocupante. Atravesada de contradicciones, la sociedad palestina no es, al contrario de la imagen de Épinal vehiculada en ciertos círculos dirigentes del movimiento nacional palestino o en ciertos sectores del movimiento de solidaridad, una colectividad unánimemente resistente en el seno de la cual todas y todos estarían dispuestos a renunciar a cualquier confort cotidiano, por relativo que sea, en nombre de la lucha por una futura liberación.

La vida de un pueblo bajo ocupación, a fortiori cuando dicha ocupación se instala durante decenios, no se resume en la resistencia a la ocupación, sino que se organiza alrededor de una relación compleja y dialéctica entre lucha por la liberación y organización de espacios en el seno del dispositivo de ocupación. La resistencia no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para liberarse de la opresión y de la represión; y cuando este objetivo parece muy lejano, incluso inalcanzable, son numerosas las personas que intentan acomodarse a la ocupación y mejorar su vida cotidiana, aunque sea renunciando al enfrentamiento directo con la potencia ocupante.

La “normalización”

Tal es la base material de todo edificio colaboracionista, pero también un fenómeno menos “extremo” pero igualmente decisivo para cualquiera que quiera comprender los avatares de los movimientos de liberación nacional: la “normalización” de la ocupación. Se entiende con este término una variedad de actitudes y de acciones, individuales o colectivas, que no implican cooperación directa con el ocupante, al contrario que la colaboración, sino que entienden la ocupación como un hecho consumado con el que conviene en adelante contemporizar, por ilegítimo que se le pueda considerar.

Los levantamientos de 1987 y 2000 fueron la expresión más visible de una conciencia colectiva en los territorios palestinos y de una voluntad compartida de acabar con la ocupación. Pero sería ilusorio pensar que entre estos levantamientos (¿y esperando el próximo?), la población palestina de los territorios ocupados organizaría toda su vida con el objetivo de levantarse de nuevo. “De todas formas, hay que vivir”, y ello a pesar de la ocupación: estudiar, encontrar y ejercer un empleo, comprar una vivienda, mantener relaciones sociales, familiares, amorosas, etc.

¿La protesta normalizada?

Existe con toda evidencia una diferencia de escala entre proyectos colectivos (venidos de asociaciones, ONGs, etc.) que aceptan inscribirse en el marco de la ocupación no poniéndola en cuestión (normalización institucional) y trayectorias personales de quienes intentan, a pesar de todo, vivir (adaptación individual). Estos fenómenos participan sin embargo de una misma dinámica: una integración en la realidad de la correlación de fuerzas, signo de una victoria relativa de la política israelí del hecho consumado.

Fenómeno sorprendente desde hace varios años: una forma de normalización paradójica de la protesta misma. No es raro asistir, en los territorios ocupados, a escenas que parecen surrealistas para los observadores extranjeros: mientras que grupos de jóvenes están enfrentándose a las tropas de ocupación, la vida continúa a algunas decenas de metros de distancia de los enfrentamientos y de los gases lacrimógenos. Se hacen compras, se toca el claxon en los embotellamientos, se fuma la shisha o se come un bocadillo en la terraza de un café.

Imposible estabilización

¿Significa esto que los palestinos se han resignado a aceptar la ocupación? Nada más lejos. Se trata solo de comprender que una de las fuerzas del edificio colonial israelí es no solo haber integrado indirectamente, vía el proceso de Oslo y la puesta en pie de la Autoridad Palestina, a decenas de miles de palestinos cuyos intereses materiales inmediatos coinciden con la supervivencia de un “proceso de paz” que no va a ninguna parte, sino también de haber impuesto, mediante una represión sin límites, una correlación de fuerzas tan desfavorable a los palestinos que estos últimos se lo pensarán dos veces antes de levantarse de nuevo.

Pero es precisamente porque el mantenimiento del orden es asegurado por la represión, y no por una integración real de una mayoría de la sociedad palestina en las estructuras coloniales, ventajas materiales y simbólicas incluidas, por lo que toda estabilización es imposible. Desde hace un año, una nueva generación, inasimilable por el dispositivo colonial y que no tiene por tanto “nada que perder” (salvo la vida), ha entrado en lucha, con una multiplicación de los ataques contra los soldados y los colonos que, si pueden ser leídas como gestas individuales y desesperadas, no dejan de ser la expresión de la imposibilidad de controlar duraderamente la sociedad palestina.

La revuelta latente de una cierta juventud muestra que los fenómenos de normalización no equivalen a un consentimiento colectivo de someterse al orden colonial. Pero esta revuelta no ha arrastrado al resto de la sociedad palestina, en cuyo seno una mayoría sigue convencida de que un nuevo levantamiento se saldaría con una represión sin precedentes y una enésima derrota. La aplastante superioridad israelí pesa sobre las conciencias: modificar concretamente la correlación de fuerzas sigue siendo una de las tareas esenciales de la solidaridad, y una condición necesaria, con la reconstrucción del movimiento nacional, para que la confianza vuelva a los territorios ocupados.

Hebdo L’Anticapitaliste - 353 (06/10/2016)

https://npa2009.org/arguments/international/territoires-palestiniens-une-occupation-normalisee

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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