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China
Tierra y democracia
12/10/2016 | Robin Lee

En las últimas semanas han vuelto a llamar la atención internacional las luchas y dificultades de los habitantes de Wukan, un pueblo pesquero de la provincia de Guangdong, situado a pocas horas de Hong Kong, en el sur de China. A mediados de septiembre, las autoridades reprimieron violentamente a los manifestantes que protestaban contra la detención del alcalde del pueblo, Lin Zuluan, acusado de abuso de poder y cohecho. Antes de su detención, Lin estaba pensando en lanzar un nuevo llamamiento para la realización de manifestaciones y concentraciones y una petición a las autoridades superiores en relación con las disputas sobre terrenos del municipio que estaban todavía sin resolver. Muchos vecinos piensan que es inocente, que lo han detenido por motivos políticos y que su confesión ha sido forzada.

Por eso, los vecinos estuvieron organizando actos de protesta diarios en apoyo a Lin, tras su detención en junio, y exigiendo su puesta en libertad. Sin embargo, en la semana que siguió a su condena a tres años de cárcel, el 8 de septiembre, la policía irrumpió de madrugada en varios domicilios para detener a algunos manifestantes, lo que dio lugar a un estallido de violencia, con los antidisturbios ocupando la población y lanzando gases lacrimógenos y disparando balas de goma. De este modo se puso fin a las manifestaciones y se practicaron más detenciones.

Wukan es un pueblo en que, en 2011, la resistencia masiva de los vecinos a la confiscación de tierras desencadenó una lucha con enfrentamientos violentos con la policía antidisturbios, que escaló tras la muerte en comisaría de uno de los representantes vecinales, Xin Jinbo, dando lugar a la pérdida de control temporal del pueblo por parte del Partido Comunista Chino (PCC). El enfrentamiento no concluyó, como era costumbre, con una represión violenta, sino con una victoria parcial (pasajera) de los vecinos: las autoridades pusieron en libertad a los detenidos y prometieron tramitar sus quejas, aceptando que los vecinos celebraran elecciones democráticas a un nuevo comité municipal. En esas elecciones, que tuvieron lugar a comienzos de 2012, resultó elegido Lin Zuluan, uno de los líderes de la protesta, para presidir el comité municipal/1.

Aquellos acontecimientos, el llamado “sitio de Wukan”, y las elecciones subsiguientes alimentaron la esperanza en torno al supuesto “modelo Wukan” de reforma democrática que algunos ansiaban que tuviera la capacidad de replicarse en toda China. Pese a que entonces la situación particular en Wukan, incluida la escala masiva de la resistencia popular, que hizo que los vecinos obtuvieran el derecho a celebrar elecciones democráticas, seguramente necesitaba replicarse en otros lugares para que Wukan se convirtiera en modelo, el incidente fue elogiado, al menos temporalmente, como un ejemplo positivo de democracia. Un editorial del Diario del Pueblo afirmó que “el incidente de Wukan ha vuelto a confirmar que la democracia y la supervisión son armas eficaces para el control y la prevención de la corrupción”.

Sin embargo, a pesar de estas manifestaciones, no pasó mucho tiempo hasta que aparecieran los límites del “modelo Wukan” y su democracia. En 2014, antes de las nuevas elecciones locales, fueron detenidos dos antiguos líderes ciudadanos, Yang Semao y Hong Ruichao, acusados de cohecho. Otro antiguo dirigente de las protestas, Zhuang Liehong, había huido a EE UU para pedir asilo, mientras que otros más también sufrieron el acoso de las autoridades. Además, la cuestión de la confiscación de tierras, que fue la espoleta de las protestas de los vecinos, seguía sin resolver en gran medida. Asimismo, se ha informado de que se han llevado a cabo nuevas ventas de tierras por parte del distrito de Lufeng sin el conocimiento ni la aprobación de Lin y del comité municipal de Wukan. La democracia, por lo visto, no es compatible con la continuación del enriquecimiento de quienes tienen el poder político.

Al mismo tiempo, además de estos fallos anteriores, la condena de Lin y la reciente represión pueden verse como el fin definitivo del grado de tolerancia que habían mostrado las autoridades hacia las protestas y la democracia de este tipo, desacreditando completamente cualquier noción del “modelo Wukan”, con objeto de eliminar cualquier disensión. Es interesante que el Global Times (un periódico del Partido Comunista) señalara, en un artículo sobre Wukan de junio de este año, que “las disputas sobre el derecho de propiedad no pueden resolverse únicamente con medios democráticos” y que “si las acciones radicales de los vecinos de Wukan son imitadas por otros ciudadanos implicados en disputas, China conocerá desórdenes y disturbios en toda su geografía. Esto hipotecará los intereses comunes de la sociedad china”. El comentario concluye afirmando que únicamente la ley puede resolver tales disputas.

Esto parece contradecir anteriores comentarios del Diario del Pueblo, que al ensalzar el ejemplo de Wukan destacaba la importancia de la democracia, entre otras cosas para combatir la corrupción. Este cambio de actitud puede considerarse acorde con la línea dura adoptada frente al activismo de base en la sociedad china en general y fruto de la pugna entre altos cargos de fracciones rivales/2, claramente observable desde que Xi Jinping accedió al poder.

Especialmente a la vista de este evidente cambio de actitud y, como observa asimismo el Global Times en el mismo artículo, dado que las disputas en torno a las tierras siguen siendo un problema común que afecta al medio rural en China, no es extraño que el régimen se muestre más preocupado ante el activismo al estilo de Wukan. Según un sondeo realizado en 2012 por la Universidad del Pueblo en 17 provincias, el 43 % de los agricultores se quejaban de haber sido víctimas de confiscaciones de tierras. Muchas de estas se producen cuando funcionarios locales se incautan de terrenos para venderlos a promotores inmobiliarios, generando a veces enormes beneficios, mientras que los agricultores se ven desplazados, a menudo sin apenas compensación. Estas confiscaciones de tierras han dado pie a un número creciente de amplias protestas en todo el país.

Otra cuestión sobre la que conviene reflexionar es cómo, desde que la lucha de Wukan en 2011 encontró un amplio eco en los medios, se han realizado frecuentes comparaciones con la situación en Hong Kong, tanto con respecto a las implicaciones para la democracia como para la lucha por la tierra. Tras las elecciones del comité municipal de Wukan en 2012, algunos observadores en las redes señalaron que esas elecciones podían considerarse realmente más democráticas que la elección del jefe del ejecutivo de Hong Kong, poniendo de relieve el déficit democrático de la antigua colonia británica.

Después, durante el movimiento de los paraguas en Hong Kong, en 2014, otro comentarista señaló que en realidad había cambiado poca cosa en Wukan tras aquellas elecciones y estableció algunas similitudes entre Wukan y Hong Kong, especulando con que la respuesta de las autoridades podría ser más parecida a la de Wukan que no a la de la plaza Tiananmen en 1989. En sus propias palabras, “si los manifestantes logran alguna concesión, habremos asistido en Hong Kong al triunfo limitado del modelo Wukan de contención y diálogo”. No obstante, aunque al final las manifestaciones en Hong Kong no fueron brutalmente reprimidas, las autoridades consiguieron disolverlas sin ninguna concesión a los manifestantes.

Más recientemente, observadores de Hong Kong que han comentado la represión del movimiento de Wukan y el fin de toda ilusión democrática, han puesto de manifiesto su preocupación, reflejada en la frase “Hoy Wukan, mañana Hong Kong” o incluso “Hoy Wukan, hoy Hong Kong”. A pesar de que existen muy importantes diferencias de forma y grado –en efecto, el mayor, aunque decreciente, margen de libertad de expresión en Hong Kong ha ayudado en ocasiones a llamar la atención del mundo sobre violaciones de derechos, medidas represivas y diversas formas de lucha popular en el continente, provocando las iras del régimen chino–, el pueblo de Hong Kong y el pueblo de China continental se enfrentan a problemas comunes e interrelacionados.

No solo se ven afectados ambos por los diversos virajes y cambios de rumbo del PCC, sino que Hong Kong afronta también problemas similares en la cuestión de las tierras. En Hong Kong, la colusión entre grandes promotores inmobiliarios y el gobierno ha generado proyectos que han comportado la expropiación forzosa de tierras de cultivo de municipios rurales y (pese a la enorme escasez) de propiedad comunal. Muchos de estos proyectos rinden enormes beneficios para los promotores. Tal vez la creciente preocupación por esta cuestión, junto con la falta de responsabilidad democrática, se haya reflejado en la reciente elección al Consejo Legislativo de Eddie Chu Hoi-Dick, un destacado activista ambiental y social y fundador de la Land Justice League, muy activo en campañas de defensa de los derechos de los agricultores locales amenazados por dichos grandes proyectos inmobiliarios.

Ante estos problemas comunes, las luchas por los derechos y contra las injusticias políticas y económicas exigen la unidad transfronteriza entre el pueblo de China continental y el pueblo de Hong Kong.

10/10/2016

https://borderless-hk.com/2016/10/10/land-and-democracy-in-china-and-hong-kong-wukan-revisited/

Traducción: VIENTO SUR

Notas:

1/ Véase el siguiente artículo publicado en VIENTO SUR: http://vientosur.info/spip.php?article6152



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