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mediapart.fr | Grecia. Balance de un año
Tsipras no ha podido aplicar sus reformas
08/10/2016 | Amélie Poinssot

Descartemos el pasado, conquistemos el mañana”. Ese era el eslogan de Syriza durante la campaña electoral de septiembre de 2015. La “coalición de izquierda radical” (significado de Syriza en griego), que había alcanzado las más elevadas funciones del estado nueve meses antes, salía de un verano agotador. Después de haber fracasado en negociar un acuerdo favorable a Bruselas y aceptado un tercer memorándum de austeridad a cambio de nuevos préstamos europeos, el partido de Alexis Tsipras se escindía: su ala izquierda partía para fundar “Unidad Popular”.

Sin embargo, el 20 de septiembre, Syriza ganaba su apuesta. Elecciones legislativas anticipadas convocadas por Tsipras para clarificar la línea política, le daban vencedor en el escrutinio. Devuelto al puesto de primer ministro, reformaba una coalición gubernamental con la derecha de los Griegos Independientes. Precisamente hace un año, en su discurso sobre política general del 5 de octubre de 2015, adquiría una serie de compromisos para luchar contra el desastre económico y social en el que se ha hundido el país.

Después, ¿llegó el gran giro radical? ¿Syriza se distingue aún de los partidos socialdemócratas europeos?

Para responder a esta pregunta, Mediapart ha decidido revisar punto por punto el programa electoral de Syriza y el discurso general de Tsipras. Y compararlo con las medidas puestas en práctica por el ejecutivo griego.

La reestructuración de la deuda

¿Queremos que quienes negocien la deuda sean quienes todos estos años han clamado que era viable, o quienes han devuelto la necesidad de su reducción a los acreedores?, escribe Syriza en un panfleto electoral de septiembre de 2015. En su discurso político general el 5 de octubre siguiente, Alexis Tsipras promete una “reducción sustancial de la deuda” y anuncia propuestas que hará a los acreedores: “alargamiento de los vencimientos, reducción de los intereses y un corto periodo de gracia”.

Un año más tarde, después de numerosos anuncios, las negociaciones sobre la reducción de la deuda pública (176 % del PIB) siguen en punto muerto. Los dos acreedores de Grecia, la Comisión Europea y el FMI, defienden posiciones opuestas: la primera, alineada con la hostilidad de Berlín ante semejante escenario, no es favorable mientras que el segundo -menos expuesto a la deuda griega- empuja en el sentido de una reestructuración. Alemania lo obstaculiza, especialmente porque no quiere avanzar en este asunto sensible antes de las elecciones legislativas previstas al otro lado del Rin en otoño de 2017. Paralelamente, las finanzas de Grecia siguen bajo el estrecho examen de las instituciones europeas que distribuyen los tramos de los préstamos prometidos en el verano del 2015 en función del avance de las reformas. Así, Atenas espera la luz verde del Eurogrupo para el desembolso de 2.800 millones de euros el lunes próximo. Una vez que este se produzca, Alexis Tsipras espera todavía abrir el capítulo de la deuda de aquí a fin de año.

El relanzamiento de la economía

Es uno de los primeros objetivos anunciados en el discurso de política general de Alexis Tsipras. El jefe de gobierno propone entonces un “reforzamiento de la tecnología y la innovación” y se fija como prioridad animar “las inversiones privadas”. Promete para ello la creación de un “departamento especial para atraer las inversiones”, encargado de un plan de desarrollo de las inversiones, de la creación de “marcas griegas” y de nuevas empresas. Igualmente, promete la fundación de un “nuevo banco de desarrollo público”.

Nada de esto se ha hecho hasta hoy. En junio pasado, Alexis Tsipras ha desvelado una “hoja de ruta” pero después, los acreedores emitieron su opinión negativa sobre la creación de un nuevo banco argumentando que ya financian los bancos griegos. Al mismo tiempo, ha aumentado los impuestos a las empresas.

Los derechos laborales

¿Queremos que sea Syriza quien negocie los derechos laborales, la protección y las libertades de los trabajadores así como los convenios colectivos, o los que han provocado la vuelta a un mercado laboral medieval?, finge interrogarse el partido de Tsipras en su panfleto electoral de 2015. En su discurso de política general, el primer ministro griego quiere frente “al fracaso de la receta neoliberal”, introducir un “nuevo modelo” basado en “el fortalecimiento y la protección de los salarios y el empleo”. Especialmente, promete una “alza progresiva del salario mínimo” y “la anulación de la discriminación hacia los trabajadores jóvenes”.

El salario mínimo sigue en el mismo nivel (establecido en el memorándum de 2012): 586 € brutos; 510 € brutos para los jóvenes hasta los 25 años. Los convenios colectivos, cuestionados por los gobiernos precedentes que los habían postergado a un segundo nivel detrás de los acuerdos de empresa, siguen existiendo en el papel. Pero no tienen carácter obligatorio: su aplicación queda al libre albedrío de los empresarios.

La lucha contra la exclusión

¿Queremos que sea la izquierda de la sociedad o la derecha de los ladrones quien negocie los préstamos rojos (préstamos no reembolsables) de las casas codiciadas por los bancos? dice Syriza en su programa electoral. En su discurso político general, Tsipras precisa que tienen como objetivo suprimir el riesgo de embargo inmobiliario que afecta a los hogares que no consiguen devolver el préstamo inmobiliario.

Además, el primer ministro promete subvención en el transporte para las personas con discapacidad, las familias numerosas, las personas paradas y jubiladas de más de 65 años que cobren pensiones bajas. Así mismo, promete una cobertura de salud para quienes hayan quedado fuera del sistema público de salud, la contratación de 1 093 empleados y 2 500 médicos y enfermeras así como la evaluación del funcionamiento de los hospitales. En resumen, quiere un “nuevo modelo e atención primaria”.

En relación al paro, el primer ministro anuncia que se van a poner en pie programas para contratar 100 000 parados “en seis meses”. Y 150 000 más entre marzo de 2016 y el final de ese año.

Por ahora no se ha votado ninguna ley para prohibir que los bancos desahucien la primera vivienda. Las subvenciones para el transporte se han llevado a cabo en Atenas y Tesalónica para las personas paradas registradas así como para las personas con discapacidad -griegas y refugiadas- que no ganan más de 23 000 € al año. En provincias, esas personas se pueden beneficiar de una reducción del 50 % en la red de autobuses urbanos. Las paradas de bajos recursos, no se benefician de este recurso.

Ahora todo el mundo tiene acceso a las urgencias de los hospitales públicos, se suprimió el bono de 5 € creado por los gobiernos precedentes. Pero el problema del acceso a los cuidados queda enteramente a cuenta de quienes tienen necesidad de ser hospitalizados o deben tener tratamiento de larga duración. Las medicinas no son reembolsadas.

Los contratos prometidos en el sector de la salud, no se han efectuado. El gobierno ha reiterado a principios de semana su voluntad de contratar personal y anuncia el reclutamiento de 4 000 médicos y enfermeras de aquí al mes de enero.

El proyecto de presupuesto para 2017 presentado el lunes en el parlamento prevé un subsidio de solidaridad destinado a 270 000 hogares desfavorecidos. El montante real: 760 millones de euros. Paralelamente, este proyecto implica nuevos recortes de las pensiones de jubilación complementaria con una reducción del EKAS -un subsidio a las pensiones más bajas- mientras que una primera “reforma” de las pensiones ya se votó en mayo, después de un mes de negociaciones, con los acreedores: de aquí a 2022 la edad legal de jubilación se retrasa de 65 a 67 años, y se introducen nuevas cotizaciones en las pensiones.

La transparencia en el paisaje audiovisual

El 5 de octubre de 2015, Alexis Tsipras promete, entre otras medidas destinadas a luchar contra la corrupción y el fraude fiscal, el desenlace del proceso de adjudicación de licencias a las cadenas de televisión privadas y la recaudación del estado de los ingresos correspondientes.

Un año más tarde, terminó la presentación de ofertas: a comienzos de septiembre, se adjudicaron cuatro licencias por un total de 246 millones de euros. Los magnates griegos siguen ahí pero es la primera vez que las cadenas privadas del país van a pagar lo que deben al Estado.

La reforma de la administración

En su discurso de política general, Alexis Tsipras habla de “reforma radical de la administración pública con un combate simultáneo contra la corrupción y la burocracia”; anuncia “un cambio profundo de los procedimientos de la administración pública”.

Por ahora, ninguna reforma va en ese sentido.

El retorno a los mercados

«Objetivo en los próximos veinte años, el restablecimiento de la liquidez y del acceso a los mercados” dice el primer ministro delante de los diputados en octubre de 2015.

Hoy, Grecia está lejos de volver a los mercados. Su financiación está asegurada por el conjunto de los préstamos decididos en el verano de 2015 por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) y el Mecanismo Europeo de Solidaridad (MES). Además, funciona un control estricto de los capitales: los habitantes del país no pueden retirar más de 840 € cada dos semanas. Las empresas que tienen capital en el extranjero están limitadas a reintegros equivalentes al 30 % de este capital.

El dossier de las privatizaciones

En su discurso de política general, Tsipras se dijo comprometido con el carácter público de las compañías de electricidad DEI y ADMIE. Promete un “plan realista, alternativo, que garantice la apertura del mercado de la energía sin poner en peligro el carácter público de las redes de energía eléctrica”. Paralelamente, anuncia la creación de una nueva “agencia valoración del patrimonio público” para definir las condiciones de privatización y valorar el patrimonio del Estado “siguiendo el principio del interés público”.

Las privatizaciones de las empresas públicas (iniciadas con el memorándum de 2012) continúan. El organismo encargado de la convocatoria de ofertas, efectivamente, ha sido refundido en septiembre: el TAIPED (Fondos de Valoración de la Propiedad Pública) se convierte en EESP (Sociedad Griega de Participación y Propiedad). Al frente, es colocado un francés, Jacques Le Pape, ex número dos de Christine Lagarde en el Ministerio de Finanzas y antiguo dirigente de Air France y KLM. Y a finales de septiembre, el Parlamento griego transfiere a esta agencia las compañías públicas del agua y de electricidad, primer paso hacia su privatización. Unos meses antes, se consumó la privatización del conjunto del puerto de El Pireo a favor del gigante chino Cosco (abril de 2016), así como de 14 aeropuertos regionales, recomprados por la alemana Fraport (diciembre de 2015) En fin, la venta de la autopista Egnatia, en el norte del país , se pone en marcha igual que la del distribuidor de gas DESFA.

La fiscalidad

Como todos los gobiernos precedentes, Tsipras anuncia una reforma fiscal: por un sistema fiscal "simple, estable y justo” asegura delante de la Vouli (Edificio del Parlamento. NdeT) el 5 de octubre de 2015

Un año más tarde, el sistema fiscal sigue igual. Pero la presión fiscal ha aumentado sin distinciones. De acuerdo con el memorándum firmado en agosto de 2015 en Bruselas, el IVA ha aumentado en junio pasando del 23 al 24 % y el IVA reducido a ciertos productos ha sido suprimido. Los impuestos sobre sociedades por su parte, ha pasado del 26 al 29 %. Y el impuesto sobre los ingresos de las profesiones liberales ha subido mucho empujando cada vez más a los profesionales a trabajar en negro. Así, un contribuyente que declare ingresos de 24 000 € anuales, ganará una vez descontados los impuestos, 9 046 €, es decir unos impuestos del 62 %. Además, en el proyecto de presupuestos de 2017 presentado este lunes, están previstas nuevos aumentos de impuestos indirectos. Según este proyecto, los contribuyentes griegos pagarán un total de 2 500 millones de euros de impuestos suplementarios.

La acogida de refugiados

El cinco de octubre de 2015, Tsipras declara: “Frente a la lógica de las barreras y las alambradas, frente a la lógica que quiere transformar las fronteras europeas en campos de batalla, debemos trabajar duro para demostrar que la humanidad, la solidaridad, la fraternidad no son utopías y pueden convertirse en una acción política”. Promete la creación de cinco hotspots (centro de registro de demandantes de asilo) en las islas a las que llegan la mayoría de migrantes y la continuidad de las negociaciones con los socios del país y de las instituciones europeas para reforzar la solidaridad en el continente y establecer nuevas reglas para sustituir el acuerdo de Dublin (acuerdo que supone la devolución de los demandantes de asilo al último país europeo en el que se han registrado).

Los cinco hotspots entraron en funcionamiento en las islas de Leros, Lesbos, Chios, Samos et Kos.

La solidaridad europea por la que abogaba Tsipras no se ha concretado; al contrario: ningún estado miembro de la Unión ha respetado sus compromisos en términos de cuotas de refugiados. Distintos países, especialmente de los Balcanes, han cerrado sus fronteras unos detrás de otros. Se firmó un acuerdo en marzo entre la UE y Turquía para parar al máximo la llegada de migrantes al continente y delegar a Ankara la acogida y la “clasificación” de refugiados. Más de 60 000 exiliados en tránsito se encuentran atrapados en Grecia. Frente a esta situación, el gobierno griego continúa pidiendo apoyo a Europa como nos explicaba últimamente el ministro griego delegado para la política migratoria, Yannis Mouzalas. Pero la ayuda solicitada no ha llegado y Dublin II sigue en vigor.

5/10/2016

https://www.mediapart.fr/journal/economie/051016/victorieux-il-y-un-alexis-tsipras-n-pas-pu-appliquer-ses-reformes?onglet=full

Traducción: VIENTO SUR



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