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cubaposible.com | Entrevista a Janette Habel
Cuba: ya es hora de reflexionar
05/10/2016 | Cuba posible

Cuba Posible continúa con el interés por reflexionar —dentro del campo de urgencias y necesidades de la nación— sobre uno de los temas más polémicos del campo sociopolítico cubano actual: el debate. En esta ocasión, traemos los análisis de Janette Habel, comprometida intelectual, conocedora de Cuba, y acompañante, durante décadas, del proceso político del país.

En esta entrevista que realiza Cuba Posible, Habel convoca a repensar la coyuntura cubana en diálogo con su historia; esto es, con su memoria, con sus falencias, sus fortalezas y sus oportunidades como sociedad —hacia adentro— y como modelo político de inspiración internacional. La entrevista, del todo recomendable para quienes leen Cuba Posible, reitera un tema sustantivo: las interrelaciones entre la necesidad del debate y la construcción de consenso. A partir de él, Janette Habel le habla a Cuba, a su ciudadanía y a la “política cubana”.

¿En qué medida la política cubana actual identifica la necesidad del debate sistemático y público de nuestros problemas? ¿Escucha propuestas para solucionarlos?

En esta pregunta se abordan tres cuestiones distintas: 1) la necesidad (o no) de un debate sistemático, 2) si este debe ser público, y 3) si se presta la atención debida a las propuestas de la sociedad para solucionar los problemas.

El debate de ideas es, ante todo, una necesidad social: cualquier sociedad, cualquier grupo humano necesita dialogar, intercambiar ideas para progresar, escoger las mejores decisiones y rectificar, lo más rápidamente posible, las orientaciones equivocadas. Debatir es discutir argumentos, a partir de posiciones, a veces opuestas, para llegar a un consenso cada vez que resulte posible. En tanto, debatir permite dilucidar problemas, superar contradicciones o ayudar a aclararlas. Por otro lado, el debate estimula la reflexión, permite aprender y educar. Por ello, el intercambio de ideas refuerza el nivel de conciencia y la actividad política del pueblo.

En todo caso, históricamente las sociedades se han desarrollado así, y el progreso humano no es concebible sin el debate, incluyendo la polémica. La experiencia del siglo XX confirma que la prohibición y las restricciones al debate, y la censura, acaban por destruir cualquier régimen político, impidiendo una participación consciente. Eso se hace particularmente cierto en una perspectiva de construcción del socialismo, porque para lograrlo debe haber una relación fuerte entre la participación en el debate, la toma de decisiones y el nivel de apoyo de la movilización popular.

Lo anterior, por supuesto, supone además un funcionamiento de las instituciones capaz de permitirlo, desde abajo hasta arriba. Una vez dicho esto, también preciso que debatir no lo resuelve todo. Del mismo modo, ratifico que el debate debe regularse, mediante normas que aseguren la igualdad de condiciones de todos los ciudadanos.

Al parecer, ya “la política cubana” entiende la necesidad del debate. Hay llamamientos en este sentido, por ejemplo: en el discurso de Raúl Castro en la apertura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Sin embargo, todavía esto no se refleja, ni mucho menos, en los principales medios de difusión del país. Esto se relaciona con la segunda parte de la pregunta, acerca de la necesidad o no de que los debates sean públicos. Este tema ha resultado muy delicado y hoy los avances son limitados. Se puede entender que, en tiempo de guerra, o por una necesidad diplomática, algunas informaciones y discusiones, de carácter estratégico, hayan tenido que ser secretas. Pero en estos tiempos de cambios, de transición, incluso de crisis, el secreto y el estrechamiento de la información, daña el apoyo popular a cualquier proceso.

En el actual mundo globalizado, las nuevas tecnologías y las redes sociales dominan la circulación de la información que, además, en muchos casos, está controlada por las grandes multinacionales. Es imposible pensar que una sociedad pueda vivir y progresar aislándose de esa realidad, que es también mediática. Ante ello, solo cabe desarrollar el espíritu crítico para luchar contra los argumentos desacertados de los opositores. No hacerlo, puede ser percibido como debilidad o miedo para enfrentar los argumentos de los adversarios. Entonces, para debatir hay que ser capaz de dialogar con los puntos de vistas divergentes y ser capaz de convencer acerca de los argumentos propios. Esto resulta todo lo contrario a las afirmaciones perentorias, a las acusaciones sin demostración, y a la descalificación de las críticas.

En cuanto a la tercera interrogante de la pregunta (la posibilidad de que se escuchen las propuestas para solucionar los problemas), me parece que las autoridades del país escuchan la opinión pública, pero no siempre la toman en cuenta -aunque son capaces de retroceder si una decisión es rechazada por el pueblo. Esto tiene que ver con los desafíos de la estructura institucional y del funcionamiento del Poder Popular. Como dice el sociólogo Aurelio Alonso: “hay que hacer del Poder Popular un poder más real”, ya que existen “deformaciones autoritarias que no han quedado atrás”. Yo también lo diría de la siguiente manera: la centralización verticalista heredada del sistema soviético no ha desaparecido y es un obstáculo para la participación popular.

¿Cuáles son los temas que más se debaten en Cuba? ¿Cómo evalúa la calidad, la diversidad y la representatividad de esos debates?

Estoy asombrada por la cantidad y la cualidad de los debates que hoy se desarrollan en Cuba. En la calle, los debates más frecuentes tienen que ver con las dificultades de la vida cotidiana y la caída del poder adquisitivo del peso cubano. A otro nivel, en las organizaciones, en la academia, entre los profesionales, los temas discutidos son más bien la “actualización” del socialismo, la “conceptualización” del modelo, el proceso de reformas económicas y sus consecuencias sociales como, por ejemplo: el aumento de las desigualdades. Y todo esto ocurre en un contexto en el cual la llamada “generación histórica”, que hizo la Revolución y la ha dirigido durante más de medio siglo, está a punto de desaparecer.

Es un escenario que provoca muchas discusiones, y que genera inquietudes e incertidumbres. Esta transición generacional delicada, coincide con los cambios económicos y con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. A esto se suman las dificultades de los gobiernos progresistas en América Latina, en particular los de Brasil y Venezuela. No obstante, puedo afirmar que los debates, los conocimientos, los análisis, en particular de parte de los intelectuales, investigadores, profesionales y jóvenes más educados y politizados, resultan sumamente lúcidos.

Sin embargo, en mi modesta opinión, el problema más importante es la contradicción existente entre una sociedad cada día más plural y la falta de espacios para que ese pluralismo pueda expresarse. Esto afecta el consenso social necesario para conseguir un proyecto socialista actualizado. En Cuba se hace necesario re-definir el proyecto nacional, en condiciones muy distintas a la etapa anterior, sin negar las contradicciones sociales y políticas que se desarrollan en este momento histórico.

Hoy la sociedad cubana es cada vez más heterogénea. Ya el 30 por ciento de la fuerza laboral no depende del Estado y en el país coexisten distintas relaciones sociales de producción. No obstante, el proceso de desestatización en curso no puede limitarse a la extensión del sector privado de la economía. Hay que desarrollar también el sector social cooperativo. En cuanto a las empresas estatales, los obreros que trabajan en las mismas son, en principio, propietarios de la empresa; pero ellos saben que en realidad no es así. Hay que distinguir entre la propiedad social y la gestión estatal de esa propiedad. Todos estos son temas muy debatidos y a veces resultan polémicos.

El pueblo cubano tiene muchas facetas. Las nuevas generaciones se educaron en un contexto muy distinto, y sus anhelos, criterios y proyecciones son diferentes. Me parece que esta realidad no es suficientemente reconocida y su representatividad es deficiente. La unidad del pueblo no está suficientemente garantizada por medio de un marco legal e institucional que defina las normas sociales y políticas adecuadas, dentro del cual actuar. La unidad se fundamenta en el consenso y este sólo se constituye a partir de visiones distintas que reconozcan mutuamente sus identidades, sin paternalismo, y estén auténticamente representadas.

¿Cuáles son los principales foros donde se discuten los problemas actuales del país? ¿Qué características tienen? ¿Qué cualidades y limitaciones poseen?

El cambio es espectacular. En los medios alternativos, el número de blogs, foros y revistas resulta impresionante. Internet ha tenido un papel decisivo, aunque su uso es todavía muy limitado. Existen también espacios de debate públicos organizados cada mes por revistas, como el conocido Último Jueves, de la revista Temas. Hay seminarios, foros, conferencias históricas o sociológicas organizadas por centros de estudios o de investigación, como el Centro Juan Marinello. Asimismo, se realizan importantes debates culturales en la UNEAC, en la Casa de las Américas, en el ICAIC. En la Casa del Caribe o en la Casa del ALBA se efectúan eventos sobre problemas de carácter regional o internacional. Pero, desde mi punto de vista, lo más notable son los blogs, las páginas web, comoCatalejo, Cubadebate, Cuba Posible y muchos otros que reflejan la cultura, el nivel de conocimiento, de comprensión y de crítica, en fin: el potencial intelectual de la ciudadanía. Sin embargo, no puedo asegurar que estos debates influyan, de manera suficiente, en la toma de decisiones.

¿Cree que esos foros son aprovechados por la política y por la sociedad? ¿Qué propondría para hacerlos más útiles?

Por muy interesantes que sean los debates o las consultas populares, en ningún caso tienen fuerza decisoria. Como lo ha planteado Francisco López Segrera: “faltan mecanismos para integrar los resultados (de los debates) a la agenda del gobierno”. Eso plantea la necesidad de reformas institucionales para que la ciudadanía pueda influir más directamente en las decisiones. En tal sentido, hacen falta reformas institucionales –se asegura que ya se trabaja sobre algunas. Por ejemplo, la Asamblea Nacional debe tener más poder y más capacidad para trabajar durante largos e intensos períodos, y estudiar y discutir los proyectos de leyes. Esto supone también pensar en un sistema electoral más abierto y representativo.

Los documentos del VII Congreso del PCC (la “conceptualización del modelo del socialismo cubano” y “el plan de desarrollo hasta 2030”), tienen un alcance fundamental para el futuro de Cuba. Sin embargo, no han sido sometidos al debate de los militantes antes del Congreso, lo cual ha sido bastante criticado. Es cierto que esos documentos no han sido aprobados todavía, pues aún se están discutiendo, pero ya resulta difícil que se pueda cambiar o precisar los conceptos presentes en estos textos, que suscitan varias interpretaciones. Por ejemplo, no existe una visión consensuada de lo que se entiende por propiedad y qué es lo que se propone con el concepto de “actualización del socialismo”. Se hace urgente, entonces, un debate sobre las concepciones que están sustentando las transformaciones del modelo cubano.

Desde el punto de vista teórico resulta inevitable la discusión sobre “la transición al socialismo”, acerca del “modelo” del socialismo en el siglo XXI -después del fracaso de las experiencias del siglo XX. Pero, además, también es importante discutir cómo lograrlo en la actual coyuntura regional e internacional.

Para eso es necesario analizar e identificar los errores que se cometieron en la URSS y en los países del Este europeo, para no repetirlos. También hace falta dar a conocer las llamadas “experiencias socialistas” chinas y vietnamitas, e informar sobre la situación de esos países, cuyos éxitos económicos van acompañados por tensiones sociales muy fuertes. Hay un déficit de información sobre todo eso. Igualmente, si se trata de “actualizar”, de “conceptualizar un modelo”, teniendo en cuenta la experiencia cubana, no se puede evitar la discusión sobre el balance histórico.

La Revolución cubana ha sido profundamente popular, igualitaria, original, auténtica, con una amplia repercusión internacional. Pero “copió” algunas de las instituciones soviéticas. Ya es hora de reflexionar, de impulsar un debate amplio entre los militantes políticos, las organizaciones de masas, los intelectuales. Hoy esa discusión tiene lugar de manera paralela y selectiva. Es fundamental que la diversidad de opiniones y de propuestas que existen en el país, y que tratan de los problemas pequeños y grandes, pueda expresarse libremente; lo que supone que la prensa, la radio y la televisión cambien su estilo actual, y, además, se facilite el acceso a Internet para los más amplios sectores de la población.

Ante este reto, llaman la atención las exigencias de control social. Así lo expresó un participante en una reunión de Último Jueves: “Es necesario no sólo la participación de los colectivos de trabajadores en la dirección de las empresas, sino el control ciudadano sobre la economía nacional y los funcionarios que la trazan y dirigen”, ya que “tenemos la tendencia histórica a sustituir el control ciudadano, popular, por el estatal, realizado mediante comisiones y auditorias que siempre actúan más bien con una mirada ideológica del problema”.

26/09/2016

http://cubaposible.com/el-debate-politico-es-una-necesidad-social-ya-es-hora-de-reflexionar/



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