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Pakistán, Catalunya y El País
Usando a Gandhi desesperadamente
02/10/2016 | Artur Domingo i Barnils

[Un artículo reciente de la profesora Eva Boreguero en El País establecía una equiparación entre el proceso de creación del Pakistán y el independentismo catalán. El objetivo del artículo era deslegitimar unas afirmaciones del diputado Joan Tardà que durante el último debate de investidura realizó una alusión al posible uso de formas de desobediencia no violenta en la tradición de Gandhi por parte del independentismo catalán. La autora trataba de identificar la posición de Tardà y el independentismo catalán no con Gandhi, sino con Alí Jinnah, el principal responsable político de la división de India y la creación del Pakistán. El autor del presente artículo, especialista en la figura de Gandhi, envió a El País sus argumentos en contra de la tesis de Eva Borreguero pero no recibió respuesta. A nosotros nos parece que merece la pena conocerlos. Redacción.]

Hace unos días leí un artículo de la señora Eva Borreguero publicado en el diario El País del 21 de septiembre que me dejó aturdido y preocupado. En dicho artículo la profesora de Ciencia Política hace un ejercicio de burda manipulación y mal uso de la disciplina histórica como hacía tiempo no había leído. Su objetivo es atacar al señor Tardà y al independentismo catalán; pero para ello recurre a una presentación de los acontecimientos históricos y a una equiparación de realidades muy distintas que carece del más mínimo rigor.

Joan Tardà durante el debate de investidura de agosto–septiembre, al que se refiere la autora, hizo una alusión al posible uso de formas de desobediencia no violenta en la tradición de Gandhi por parte del independentismo catalán. Y terminó su discurso con una referencia a su posición de defensa de los Països Catalans y del ejercicio del derecho de autodeterminación también por parte de valencianos y baleares. Por supuesto la posición del señor Tardà puede ser no compartida y discutida. Incluso en el ámbito soberanista son muchos los que no comparten la prioridad o necesidad de recomponer un proyecto que abarque a los denominados Països Catalans y circunscriben su proyecto al derecho de autodeterminación de Catalunya. Pero en cualquier caso hay que ser riguroso cuando se recurre a la historia y al pensamiento de algunos de sus protagonistas, como es el caso de Gandhi, como argumento de peso.

La primera y escandalosa manipulación consiste en establecer una semejanza entre el caso de la partición de la India y la creación del Pakistán, con el caso catalán. No existió previamente el Pakistán (“país de los puros”) como país o Estado. Y sólo se empezó a plantear su creación como estado musulmán separado poco antes de la independencia de la India, a inicios de la década de 1930, hasta que se reivindicó de forma abierta y solemne en 1940, en el Congreso de la Liga Musulmana en Lahore. No se trataba pues de una reivindicación enraizada en la historia, sino del resultado de una conjunción de intereses del imperialismo británico con un sector de las élites musulmanas, precisamente para dificultar la lucha por la independencia de India, utilizando para ello los conflictos existentes entre comunidades. Hay que decir que también jugaron ahí su papel los grupos de fundamentalistas hindúes. Efectivamente Alí Jinnah se puso al frente de este proyecto de creación de un estado musulmán separado de India.

Cualquier libro básico de historia lo recoge. En el atlas de los pueblos del Asia meridional y oriental, Jean Sellier lo define claramente en pocas líneas: “A diferencia de la India, Pakistán no se ve favorecido en su nacimiento (1947) por el aval de una legitimidad histórica (...) su cimiento, el islam, no es suficiente para reunir en una nación a poblaciones extremadamente diferentes. Por ese motivo la unidad nacional será con frecuencia impuesta “desde arriba”, de manera autoritaria,”. Lo cual es evidente para cualquier conocedor de la historia de la India del siglo XX. El proyecto de creación del Pakistán, basado en la uniformidad religiosa, además de reaccionario era inviable... y dramático, como se demostró. Había musulmanes esparcidos por toda India, algunos de los cuales se sintieron llamados al nuevo Estado y luego frustrados cuando no fueron acogidos en él. Además, Jinnah no propuso métodos pacíficos para alcanzar su objetivo y amenazó repetidamente con desencadenar una guerra civil, llegando a proclamar un “día de acción directa” el 16 de agosto de 1946 que terminó con una ola de violencia y más de 5 000 muertos. ¿Qué tiene eso que ver con las movilizaciones pacíficas de los independentistas y los soberanistas catalanes que han acudido a las convocatorias de las últimas diadas del 11 de setiembre y cuyo carácter pacífico y gandhiano defiende el señor Tardà?

Gandhi se opuso a la partición de la India y la creación del Pakistán por su falta de fundamento y las consecuencias de odio inevitable, fomentado en ocasiones por los propios británicos, así como por los extremistas musulmanes e hindúes. Alí Jinnah defendía un nacionalismo basado en la identidad religiosa, como se ha dicho; por contra Gandhi tenía una visión muy moderna del concepto de nación, basado en la historia, la cultura y la voluntad de la población. Pero incluso en ese contexto Gandhi defendió en sus conversaciones con Jinnah, en septiembre de 1944, la solución del conflicto aplicando el derecho de autodeterminación y la celebración de referéndums en las zonas afectadas, como se puede leer en sus obras completas. Y fue precisamente Alí Jinnah quien no quiso saber nada de referendos ni de consultas democráticas. Varios biógrafos de Gandhi han recogido también este episodio que la señora Borreguero parece (o quiere) ignorar. ¿Quién está aquí más cerca de Gandhi y quien de Jinnah?

Eva Borreguero soslaya de paso otra realidad: Gandhi defendió la independencia respecto de la nación dominante y del imperio británico. Es decir fue también un independentista, de esos que parece detestar la autora, a pesar de que ciertamente no fue un mero independentista. Su proyecto y su mensaje iban mucho más allá y tenían una dimensión ética y social profunda, de valor universal. De ahí su grandeza.

Hay otro detalle que la autora no cuenta. Cuando se produjo la partición Gandhi exigió al gobierno de la Unión India el pago de 550 millones de rupias al gobierno del Pakistán, como parte correspondiente en relación a las propiedades comunes antes de la división. Fue éste uno de los puntos planteados en su último ayuno, iniciado el 13 de enero de 1948, cuyo objetivo era contener y poner fin a una nueva oleada de violencia que se avecinaba en Delhi, como consecuencia de las tensiones generadas por la partición y el retorno de muchos musulmanes que habían abandonado sus posesiones y no encontraron cobijo en el Pakistán ideado por Jinnah. El gobierno indio aceptó su petición y pagó la deuda que había ido dilatando. Es decir, a pesar de oponerse a la partición artificial de India Gandhi optó como siempre por recomponer inmediatamente unas relaciones de amistad y cooperación. No sé si la señora Borreguero comparte también esa actitud gandhiana o prefiere, como el ministro del exterior, enviar a los catalanes al espacio sideral en caso de que se produjera la independencia. El Mahatma consiguió con su ayuno la pacificación de Delhi. El fundamentalismo hindú no le perdonó su actitud conciliadora y de fraternidad hacia los musulmanes y planificó su asesinato que tuvo lugar el 30 de enero de ese mismo año.

Por supuesto se pueden discutir las tesis del independentismo, no compartirlas o combatirlas, pero hay que hacerlo honestamente. Y en cualquier caso subestimar el valor de un movimiento de masas que se reivindica no violento, no intentar entender sus razones y menospreciarlo en lugar de tratar de buscar una solución, en mi opinión basada en el ejercicio del derecho a decidir o de autodeterminación, tiene de todo menos de gandhiano.

2/10/2016

Artur Domingo i Barnils es historiador, especialista de Gandhi y colaborador de VIENTO SUR.



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