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Simón Peres
Un infatigable manipulador
30/09/2016 | Michel Warschawski

El mundo entero se conduele, se habla de él como de un santo o, por lo menos, un Nelson Mandela. Simon Peres, que acaba de morir a los 93 años, ha ocupado la escena política hasta el final. Esta su obstinación de mantenerse contra viento y marea, ha sido la quintaesencia del antiguo presidente del Estado de Israel. Contra viento y marea porque durante medio siglo, Peres ha sido el mal querido de la política israelí. “¿Cómo ha llegado el rastrero a la cumbre?” se cantaba ya en los años sesenta, expresando el desprecio de las élites israelíes hacia quien no formaba parte del serrallo: no había crecido en un kibbutz, ni participado en las aventuras guerreras de los comandos del Palmach.

Desde siempre su acento ha traicionado su exterioridad a quienes moldearon el Estado hebreo a su sucia imagen. Digámoslo claramente, Peres no ha robado la imagen negativa que le ha acompañado a lo largo de toda su carrera: ningún político israelí ha sabido ser tan oportunista como él y hacer de la traición un arte.

Infatigable manipulador”, así es como le describía en sus memorias Yitzhak Rabin, que estuvo con él durante muchos años a la cabeza del partido laborista. Traicionó incluso a su mentor David Ben Gurion, cuando decidía abandonar el partido Rafi (“Lista de trabajadores de Israel” por su siglas en hebreo), comprendiendo que, a pesar del aura de su jefe, esta formación en cuya iniciativa había participado, se mostraría incapaz de poner fin a la hegemonía laborista. Habiendo recuperado su lugar en la dirección laborista, abandonó de nuevo ese partido por el Qadima de Ariel Sharon, que abandonó en cuanto vio cercano su naufragio.

Pero su mayor traición fue, sin duda alguna, la traición a Yasser Arafat al que había convencido de implicarse a fondo en el proceso de Oslo… que Peres saboteó tras el asesinato de Yitzhak Rabin, no teniendo el coraje de enfrentarse a quienes, matando al Primer Ministro, ponían definitivamente fin al llamado proceso de paz. Simón Peres es el único político israelí de primera fila que no ha sido jamás elegido por el pueblo y que ha ganado sus galones (ministro de Asuntos Exteriores, ministro de Defensa, Primer Ministro y luego, finalmente, Presidente del Estado) en batallas de aparato.

Los medios locales e internacionales hacen ya el balance de la acción política de Simón Peres: como director general del Ministerio de Defensa, en los años sesenta, está no solo en el origen del sector nuclear israelí, sino de la transformación de la Tsahal en ejército moderno y eficaz.

Gracias a sus estrechos lazos con el Partido Socialista francés de Guy Mollet pudo hacer del Estado de Israel una potencia militar, simbolizada por los Mirage de las empresas Dassault y sus éxitos en junio de 1967. Pocos elogios mencionarán, por el contrario, la masacre de Kana en Líbano en 1996, prefiriendo extenderse sobre el Premio Nobel de la Paz, recibido por su papel en los acuerdos de Oslo… que sabotearía tres años más tarde.

En su haber se debe reconocer que la biografía de Peres no está manchada por asuntos de corrupción, de violaciones o de acoso sexual, lo que le diferencia claramente de la clase política israelí de hoy.

Dicho esto, y a pesar de las coronas de laurel que se le ponen ahora en todo el mundo, el antiguo Presidente de Israel no habrá sido un gran político, sino un politiquero manipulador, convertido en uno de los grandes maestros de nuestro tiempo en el arte de la mentira y de la traición.

29/09/2016

http://www.sinemensuel.com/chronique/un-infatigable-manipulateur/

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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