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Desbordar el ’processisme’
La tarea pendiente del catalanismo popular de los ’Comuns’
20/09/2016 | Oscar Blanco y Laia Facet

Cuarenta años después de la mítica movilización de 1976 en Sant Boi, la población del Baix Llobregat volvió a ser protagonista (parcial) de la Diada nacional de Catalunya. Por partida doble. Primero, el acto el 9 de septiembre organizado por las agrupaciones locales de ERC, la CUP y Podem que se convirtió en nacional con la participación de Anna Gabriel, Albano Dante y Oriol Junqueras. Después, con la diada del catalanismo popular organizado por los “Comuns”. Ese acto y la intervención de Dante el 9S supusieron la primera escenificación de una nueva estrategia soberanista alternativa al processisme.

Un catalanismo popular que aspira a ser catalanismo de mayorías, como dice Xavier Domènech. Pero, esta estrategia es aun una intuición, una negación de la hoja de ruta del govern de Junts pel Si; pero a su vez, una tarea pendiente. Una tarea pendiente para el espacio político de los Comuns y sus aliados que debe abordarse de manera colectiva y abierta. La única certeza es que, como el resto de veces que el catalanismo popular ha devenido mayoría, el protagonismo debe ser de las clases populares organizadas y en lucha. Dentro de este debate, para llenar de contenido una alternativa de país, lanzamos algunas ideas.

Las dos vías que han guiado los debates en Catalunya, la unilateralidad y la fraternidad entendidas como excluyentes, demuestran límites evidentes. Por un lado, a meses de finalizar la hoja de ruta unilateral, no se han dado pasos concretos y cada día parece menos verosímil un Estado propio. Los gestos y la retórica rupturista se encadenan pero sin actos tangibles de desobediencia con la legalidad española. Hecho que expresa la actual desorientación del govern o la reapropiación del referéndum como herramienta legítima en palabras del president Puigdemont durante la Diada. Pero, la promesa de un entendimiento pactado por vía estatal tras los resultados de las generales pierde también credibilidad y es una vía muerta con la actual correlación de fuerzas. Por otro lado, no podemos comprender el punto en el que estamos en Catalunya como si estas dos apuestas no se hubieran alimentado la una a la otra. Sin una apuesta unilateral, las fuerzas del cambio a escala estatal probablemente no habrían incorporado las demandas democráticas de Catalunya. Sin agentes fuera de Catalunya que construyan alianzas tampoco parece factible un apoyo social que favorezca la construcción de una República. Así, una ha alimentado la otra. Y es que no podemos pretender una desconexión sin que se nos vea, sin hacer ruido, construir una república de espaldas a la realidad coercitiva del Estado. Pero tampoco estar esperando un cambio de correlación de fuerzas en abstracto que nada indica que vaya a llegar.

Consideramos que hay tres riesgos que los Comuns deberán sortear para llegar a buen puerto. En primer lugar, el de construir una estrategia que lo fíe todo al Estado Español y que en algún momento autorice el referéndum. Esta vía se ha demostrado del todo bloqueada. Además, el hecho que considerar la autorización del Estado una condición sine qua non choca con la concepción misma de Catalunya como sujeto político soberano y con derecho a autodeterminarse. Por lo tanto, es preciso integrar escenarios de choque con el Estado y de desobediencia a la legalidad del régimen del 78. De hecho, parecen los únicos escenarios probables.

En segundo lugar, el plantear que se pueden recuperar soberanías progresivamente desde un gobierno autonómico dentro del actual Estado español y la actual Unión Europea sin un acto de ruptura o un golpe sobre la mesa. La experiencia griega sirve de aviso. El gobierno Tsipras pretendía rehuir el choque con la troika y que esta terminara cediendo sin tener un Plan B en caso que el acuerdo fuera imposible. Finalmente se vieron obligados a capitular y aplicar un nuevo memorándum de austeridad a la espera de unas condiciones griegas e internacionales mejores para terminar con la austeridad. Pero, el hecho de aplicar políticas de austeridad y ajuste estructural contra las clases populares hace que la relación entre el gobierno y dichas clases que deberían sostener un enfrentamiento con la Troika sea cada vez más hostil. De la misma forma, los vínculos de Syriza con los movimientos sociales y el sindicalismo también se agrietan y el clima favorece a la desmovilización y la despolitización de amplios sectores. En definitiva, sin ruptura una fuerza anti-austeridad en el gobierno sólo tiene margen para gestionar la miseria y perder la credibilidad progresivamente.

En tercer lugar, el plantearlo como una larga marcha a la soberanía sin solución en el corto y medio plazo. La dinámica actual no favorece una mejor correlación de fuerzas con el paso del tiempo. Todo lo contrario, en Catalunya el propio movimiento soberanista está cada día más debilitado. ANC y Ómnium han dejado de movilizar su base social, especialmente durante la preparación de la Diada si comparamos con las últimas. Aunque ello no se traduzca en la participación en la convocatoria y ésta más o menos se mantenga. Es decir, el 11S continua siendo masivo, pero la vitalidad del soberanismo por abajo está muy lejos de sus mejores momentos cuando era capaz de organizar cientos de actos todo el verano a los largo del territorio. Cuanto más tiempo pasa más se profundiza la dinámica de desmovilización, pero a su vez no podemos plantearnos construir un bloque alternativo si lo que ha sido hasta ahora la base social del soberanismo no se reorienta hacia otra estrategia; y por ahora la tendencia de esta base social es o bien desconectarse o bien justificar ciegamente el govern.

¿Cómo cambiar la tendencia? Eso sólo es posible si hay una experiencia colectiva de masas que haga de punto de inflexión. Cosa que hubiera podido suceder el 9N si Convergència hubiera sido abatido ante el rebaje del referéndum, dando como resultado un nuevo alineamiento político y una experiencia de masas de desobediencia. Pero eso es lo que no pasó el 9N. Un precedente de generar performance sin repercusión real, acorralándose cada día más a ellos mismos. Pero también, un precedente para las izquierdas sociales y políticas de no intervenir para subalternizar a Convergència en el propio procés. En ese momento aparece el “yo sacaría las urnas” de Ada Colau, agenciándose el derecho a la autodeterminación hasta sus últimas consecuencias. El 9N no fue ese punto de inflexión y Ada Colau no estaba en posición de dar ese golpe sobre la mesa. Aun así, sigue pendiente un choque con el Estado que permita una dinámica de removilización social y la apertura real de un proceso constituyente con protagonismo popular. Un choque que podría venir por la vía institucional haciendo la experiencia del límite de la arquitectura constitucional y devolviendo a la calle el empuje constituyente. ¿Qué es lo que puede precipitar ese choque? Ponemos sobre la mesa dos hipótesis:

Por un lado, una hipótesis de gobierno de izquierdas alrededor de los Comuns con un presupuesto que desobedezca el techo del déficit. Los debates en torno al presupuesto de Junqueras de este año expresan los límites económicos que mantiene el actual marco autonómico de Catalunya. Y es que la voluntad de hacer políticas sociales y redistributivas es algo más fácil (no mucho más) en un ayuntamiento con superávit como el de Barcelona que desde una Generalitat ahogada económicamente y que, liderada por un gobierno de izquierdas, sufriría un ahogo por intereses políticos seguramente mayor. En un articulo en Critic/1 Iolanda Fresnillo y Sergi Cutillas (miembros de la PACD) desgranan la actual situación financiera de la Generalitat y apuntan que para llevar a cabo un impago a corto plazo deberá ser en una “estratègia de desenvolupar en un escenari real de confrontació i ruptura amb l’Estat” (estrategia a desarrollar en un escenario real de confrontación y ruptura con el Estado). Ahora mismo, la voluntad de hacer políticas sociales, de defender derechos fundamentales y revertir las privatizaciones nada más llegar al gobierno de la Generalitat va ligado a la necesidad de un presupuesto desobediente. Un choque de ese estilo tiene la capacidad de ligar las demandas sociales con las de autogobierno y soberanía. Un choque que puede articular mayorías sociales amplias frente a las élites, tanto las catalanas como las españolas, e incluso las europeas. Pero, Fresnillo y Cutillas también apuntan las dificultades. Y es que la falta de financiamiento propio que mantiene a Catalunya dependiente del FLA implica que “trencar amb aquest mecanisme és tancar-nos l’única aixeta, sense tenir una aixeta alternativa" (romper con este mecanismo es cerrarnos el único grifo, sin tener un grifo alternativo), por tanto, necesariamente debería comportar un alto grado de auto-organización y compromiso popular masivo en desobedecer el pago de impuestos al Estado para hacerlo a la Generalitat.

Por otro lado, la posibilidad de que la Generalitat organice un referéndum de autodeterminación y que lo lleve a las ultimas consecuencias. Por ejemplo, simultáneamente a la próximas elecciones autonómicas como apuntaba en un articulo Jaume Asens, teniente de alcaldía de Barcelona. Esta opción tiene diferentes problemas de tipo organizativo que se vieron con el 9N y la enorme dificultad de conseguir movilizar el voto del “no” para legitimar el plebiscito. No obstante, en caso que no se pudiera llevar a cabo la imagen de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado evitando que se pongan las urnas comportaría uno de los escenarios en que la Generalitat desobedeciendo acumularía mayor legitimidad democrática nacional e internacionalmente. Además, no se puede obviar que el punto de partido óptimo para una República Catalana es una mayoría social que se expresa inequívocamente por la ruptura con el Estado español en un referéndum vinculante.

En cualquier situación de desobediencia, en cualquier de las dos hipótesis o de otras, hay un reto clave a resolver: es imprescindible un nivel de auto-organización y empoderamiento popular que hoy es inexistente. Por ejemplo, ¿cómo poner en marcha una hacienda catalana que recaude los impuestos si la población no está dispuesta a asumir los costes represivos por parte del Estado? ¿Cómo afrontar un corte de liquidez por parte del Estado sin unas redes por debajo capaces de acoger el impacto de pueda haber en las condiciones de vida?

No sólo eso, sino que este elemento imprescindible va en la dirección contraria a la lógica de delegación y de movimiento soberanista entendido como lobby al govern con que ha funcionado hasta ahora ANC y Òmnium. Por ejemplo, el tuitero y colaborador de algunos medios ‘Modernet de merda’ hacía una lista de motivos para asistir a la movilización de este 11S “A Punt” donde afirmaba que "no trobaràs cap altre objectiu de la teva vida que t’exigeixi un esforç d’aproximadament 2 hores / any" (no encontraras otro objetivo en tu vida que te exija un esfuerzo aproximadamente de 2horas/año). Manifestarse el 11S y dejar a los políticos profesionales gestionar las repercusiones de la movilización hasta el año siguiente. El problema de la auto-organización no afecta sólo al soberanismo. También choca con la dinámica general de desmovilización social y la actual brecha entre representantes y representados de la nueva política. En definitiva, cualquier situación de disputa entre la Generalitat y el Estado se resolverá en mejores o peores condiciones según los niveles de compromiso popular. Esto exige un enorme esfuerzo por reconstruir una base social activa, crítica y que no dependa de la política parlamentaria. Capaz de preparar un conflicto que no puede posponerse para mañana constantemente.

Oscar Blanco y Laia Facet, militantes de Revolta Global - Esquerra Anticapitalista.

19/09/2016

1/ http://www.elcritic.cat/actualitat/per-que-es-impossible-avui-deixar-de-pagar-el-deute-amb-estat-espanyol-8564



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