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Polonia
Construir la izquierda en un país de derechas
18/09/2016 | Jan Swieczkowski

Las pocas noticias sobre Polonia que aparecen en los medios de comunicación no dejan una buena impresión. El autoritarismo del gobierno ultraconservador, actos de violencia contra los inmigrantes o la comunidad LGBT, intentos de prohibir completamente el aborto, el papel dela Iglesia católica… esto es de lo que se habla cuando se habla de Polonia. Basta con mirar la composición actual del parlamento polaco. Hay de todo: derecha ultraconservadora, derecha menos conservadora, derecha neoliberal, derecha populista con pinta de neofascismo. Un país de derechas por excelencia.

No obstante, lo que caracteriza al sistema político de Polonia no es tanto la fuerza de la derecha; de esto hay otros ejemplos en Europa, como Francia, donde todos los partidos se van asemejando al Front National, o Hungría, el país donde los ultraconservadores de Viktor Orban gobiernan desde hace años con mayorías absolutas. Lo que diferencia a Polonia de otros países es la inexistencia de la izquierda. Desde el año 1989 este espacio fue dominado por la socialdemocracia poscomunista, pero ahora ni siquiera ésta tiene representación parlamentaria. Actualmente los partidos que se posicionen en la izquierda no tienen ni un solo diputado.

Pero si tienes la suerte de encontrar a un polaco que no sea de derechas, puede resultar mucho más optimista de lo que se podría esperar. La causa de este optimismo se llama Razem (“Juntos” en polaco) y es un nuevo partido, que consiguió casi 4 % del voto en las elecciones generales de octubre de 2015. Pero para entender por qué este resultado más bien modesto, que ni siquiera permitió obtener un escaño, es considerado una buena noticia para la izquierda es necesario dar un paso atrás y volver a los inicios de la democracia en este país centroeuropeo.

¿Polonia ha sido siempre un país de derechas? Los que observaron el ascenso del movimiento sindical “Solidarność” en los inicios de años 80 no estarían de acuerdo. En el período de la decepción con el socialismo realmente existente, por una parte, y el triunfo de la política neoliberal de Reagan y Thatcher, por otra, la aparición de un sindicato de 10 millones de personas que demandaba una reforma del sistema socialista generó ilusión en toda Europa. Diez años después el gobierno de Solidarność introducía las reformas neoliberales que dieron como resultado la destrucción de la industria, el ataque contra los derechos de los trabajadores y trabajadoras, niveles récord de paro y, en general, la caída drástica de nivel de vida.

Tadeusz Kowalik, economista y uno de los poquísimos intelectuales de izquierda que criticaban la transformación económica en Polonia, comentaba: “La gran paradoja es que el movimiento obrero más masivo y más potente en la Europa de la segunda mitad del siglo XX promovió uno de los sistemas socioeconómicos más injustos, con el nivel de paro más alto y la pobreza que sigue creciendo”.

¿Cómo explicar este cambio tan radical? El intento más exitoso de interpretar este proceso es el de David Ost, sociólogo estadounidense, que en su libro Defeat of Solidarity: Anger and Politics in Postcommunist Europe presenta las razones de la derrota de uno de los movimientos obreros más grandes en la historia de Europa: el aplastamiento del sindicato por parte del gobierno comunista, que introdujo la ley marcial e ilegalizó a Solidarność; la presión geopolítica ejercida por los Estados Unidos y la influencia de los sectores conservadores y católicos dentro del sindicato.

Hubo varios factores, pero lo que más destaca fue la introducción de una nueva división política entre “ellos” (los comunistas), y “nosotros” (los anticomunistas). Un división que ha dominado la política en Polonia durante más de 15 años. Mencionar clases sociales ya no era bien visto, era considerado un residuo del comunismo. Por eso fue imposible defender los intereses de la clase trabajadora. Mientras los dirigentes provenientes de Solidarność privatizaban y liberalizaban, los poscomunistas convertidos en socialdemócratas también adoptaron la agenda neoliberal, a veces incluso con más entusiasmo que los propios liberales. Además, la movilización popular, después de la decepción provocada por Solidarność, prácticamente no existía. En este contexto los conflictos relacionados con la memoria del pasado e identitarios ocuparon todo el espacio político, sin dejar otro para expresar los diferentes intereses de clase.

Por supuesto, esto no quiere decir que no hubo intentos de construir un partido político de izquierdas. A principios de los años 90, el sector más progresista de Solidarność fundó la Unión de Trabajo (UP), un partido que se presentaba como una alternativa tanto a los poscomunistas, como al nuevo establishment católico y conservador. En las elecciones generales de 1993 obtuvieron el 7,28 % de votos, que sigue siendo el resultado electoral más alto de un partido a la izquierda de la socialdemocracia durante los 27 años de la democracia en Polonia.

A pesar de defender los derechos laborales y sociales durante cuatro años en el parlamento, en las siguientes elecciones la UP no consiguió repetir su éxito y no superó el umbral de 5 %. La polarización entre el partido socialdemócrata poscomunista (SLD, Alianza de la Izquierda Democrática por sus siglas en polaco) y la coalición de los partidos de derecha (AWS, Acción Electoral “Solidaridad”) no dejó espacio para un partido que no se identificaba con ninguno de los dos campos. En el año 2001 el partido entró en una coalición con SLD, perdiendo completamente su independencia política.

Entre 1993 y 2005 los dos principales campos se alternaban en el gobierno. La socialdemocracia gobernó los años 1993-1997 y 2001-2005. Desde esos años, la palabra “izquierda”, desde la perspectiva de la mayoría de la sociedad, pasó a ser un sinónimo del partido socialdemócrata. Como ya he mencionado, el SLD realizaba políticas neoliberales, siendo ejemplo de esto la introducción del impuesto plano para las empresas o una ley legalizando los desahucios sin proporcionar una vivienda alternativa. Continuaron los procesos de privatización. En los pasillos del parlamento se podía oír a los líderes del partido diciendo: “no nos interesan los pobres porque no votan”. A pesar del declarado anticlericalismo, el partido no cuestionó nunca el papel de la Iglesia católica. Tampoco intentó cambiar las leyes muy restrictivas que regulaban la cuestión del aborto o introducir alguna forma de reconocimiento de las parejas homosexuales. En el ámbito internacional apostó por la integración con la Unión Europea y la cooperación (o, mejor dicho, subordinación) muy estrecha con Estados Unidos, que llevó a la participación del ejército polaco en las invasiones en Afganistán e Iraq.

La decepción con el periodo de gobierno socialdemócrata y especialmente los casos de corrupción causaron su derrota en las elecciones de 2005. El SLD solo obtuvo el 11 % de los votos, frente a los 40 % que tuvo cuatro años antes. La marginación del partido socialdemócrata dejó lugar a la victoria electoral de la derecha, reorganizada en nuevos partidos: Ley y Justicia (PiS) y Plataforma Ciudadana (PO). Aunque se presentaron a las elecciones con programas parecidos, declarando una guerra contra la corrupción, y la mayoría de la opinión pública esperaba que formaran una coalición de gobierno, después de las negociaciones fallidas tuvo lugar una polarización muy fuerte entre ambos partidos conservadores. Uno apostó por la retórica nacionalista y católica con algunos matices de solidaridad social, mientras que otro se presentaba como el garante de la modernización a la europea, entendida como construcción de infraestructuras y mantenimiento del crecimiento económico.

Como vimos después, en aquel momento se fundó el nuevo eje que ha organizado desde entonces la escena política en Polonia. Si bien la división entre los poscomunistas y el campo pos-Solidarność no dejaba mucho espacio para la izquierda, el nuevo conflicto entre dos partidos que proponían cosas muy parecidos, pero que construyeron diferencias irracionales pero implacables en lo simbólico, hizo prácticamente imposible la tarea de construir una fuerza política que defendiera los intereses de clase. Tras dos años del gobierno de Ley y Justicia tomó el poder la Plataforma Ciudadana. Ocho años de su gobierno pueden ser resumidos con dos frases: “la isla verde”, que se refería a que la economía de Polonia seguía creciendo a pesar de la crisis mundial, y “el agua caliente en el grifo”: el símbolo de las aspiraciones moderadas de la formación, que se limitó a administrar, sin proporcionar una visión del futuro ni una narrativa política atractiva.

Mientras tanto la izquierda, dividida entre varios grupúsculos, desempeñaba un papel insignificante, sin tener apoyo social ni desarrollar estructuras fuertes. A lo largo de los años hubo varios intentos de organizar a la izquierda. Entre ellos hay que mencionar el Partido Verde, el histórico Partido Socialista Polaco o los Socialistas Jóvenes. Fueron unos grupos que no tenían más que unos cientos de miembros y existían al margen de la vida política, pero aspiraban a construir una fuerza política independiente. Uno de los obstáculos principales que les impedía desempeñar un papel más importante era la ley electoral, que exigía recoger más de cien mil firmas de apoyo para participar en las elecciones. Para grupos tan pequeños fue una tarea imposible. La única excepción fue el Partido Polaco de Trabajo. Con el apoyo de un sindicato tuvo una base para participar en las elecciones, pero nunca consiguió más de un 1 % de votos.

En enero de 2015, diez meses antes de las elecciones generales, fue publicada una carta abierta dirigida a la izquierda social. Más de 500 personas firmaron el llamamiento a todos los partidos y organizaciones de la izquierda a formar una coalición y participar juntos en las elecciones. La carta, titulada “Juntos Podemos”, hizo referencia a los ejemplos de Podemos, Syriza y Zdruzena Levica eslovena. Los autores de la carta provenían de varios grupos de la izquierda, pero la dinámica impulsada por el manifiesto atrajo a mucha gente que nunca antes había militado en alguna formación política. Muchas personas que no se sentían representadas por ninguna de las fuerzas políticas decidieron apoyar esta iniciativa. No obstante, la reacción de las formaciones existentes no fue muy entusiasta. Por eso los autores de la carta decidieron impulsar la creación de un nuevo partido.

La decisión se hizó pública en marzo. Cuando se celebró el primer congreso (16 de mayo de 2015), el partido contaba con unos 500 miembros. Durante el congreso doscientos delegados y delegadas aprobaron la forma institucional del partido y sus principios programáticos. Decidieron crear una dirección colegiada de nueve personas, sin un líder o secretario general, mostrando su compromiso con los principios de horizontalidad y la democracia interna.

La declaración de principios comenzaba así: “Hemos fundado Razem porque estábamos hartos. Hartos de los trabajos basura y las hipotecas a 30 años. Hartos de que las multinacionales y los bancos estén exentaos de pagar impuestos. Hartos de la casta de políticos, que no saben cómo vive la gente normal”. Esto demuestra quién formó a Razem y a quién se dirigía el partido: los trabajadores precarios, que no estaban seguros de su futuro. Muchos de los militantes habían emigrado después de la entrada de Polonia a la UE y habían disfrutado de lo que quedaba del Estado de bienestar en algunos países occidentales. Otros pasaron de las posiciones neoliberales, hegemónicas en la política polaca desde los años 90, a la izquierda después de ver que las promesas de éxito que ofrecían los políticos y los media no se iban a cumplir en la vida real.

Las propuestas de Razem fueron comentadas como muy moderadas por los militantes de la izquierda radical y como muy radicales por el “centro radical” de la escena política polaca. Entre ellas se plantean cuestiones como la subida del salario mínimo, la reducción de la semana laboral a 35 horas de las 40 actuales o la prohibición de las prácticas laborales no remuneradas. El partido propone un programa de construcción de viviendas de alquiler y la prohibición de los desahucios. La propuesta que se ha convertido en un símbolo y está utilizada para ridiculizar el partido en los medios de comunicación es un impuesto de 75 % para los salarios más altos. El programa también incluye la limitación de los salarios de las y los diputados o el límite de mandatos de dos legislaturas para parlamentarios y alcaldes. Los autores del programa evitaron asuntos controvertidos: se decidió que cuestiones como la política internacional o la energía atómica, que provocaban mucho debate, serían incluidas en el programa más tarde.

La idea principal fue presentar el programa de izquierdas sin alinear a la gente, que no se autoidentificaba como izquierdistas. Según la encuesta realizada por TNS Polska en 2015, solamente 9 % de los polacos describe sus opiniones como de izquierdas. Entre la juventud, el 5 %. Así describió Adrian Zandberg, uno de los líderes de Razem, la actitud del partido frente a este tema:

Fuimos muy cuidadosos respecto a etiquetarse como de izquierdas o a utilizar los símbolos tradicionales de la izquierda. Más bien propusimos un programa de izquierdas. En un país como Polonia, donde la izquierda fue asociada con los políticos poscomunistas que en realidad realizaban la agenda neoliberal y conservadora, no tendría sentido apelar solo a la gente que se considera de izquierdas en este momento. Al contrario, necesitamos convencer a mucha gente que no se identifica como de izquierdas de que le interesa un programa de izquierdas”.

Los primeros meses del partido fueron dedicados a la construcción de las estructuras locales y la recogida de las firmas necesarias para participar en las elecciones. Durante más de un mes todos los militantes pasaban horas y horas en las calles, hablando con la gente y pidiendo su apoyo. Aunque fueron pocos quienes creyeron que Razem conseguiría presentar su candidatura en todas las regiones del país, al final consiguió más de cien mil firmas, lo que permitió que por primera vez desde hace años una fuerza independiente de la izquierda participara en las elecciones generales. Este periodo sirvió también para integrar a la militancia y convencerse de que el objetivo –entrar en el parlamento– no era imposible.

La campaña electoral fue financiada solamente con aportaciones de simpatizantes y las propias candidatas. Por eso fue bastante modesta en cuanto al material publicitario, pero no en cuanto al tiempo pasado en las calles, hablando de nuevo con la gente y presentándoles el programa del partido. A pesar de ser uno de los ocho partidos que se presentaban a las elecciones en todo el país, Razem no disfrutaba de una exposición mediática comparable con otras formaciones. Por dar un ejemplo, en las tres primeras semanas de la campaña los tres canales de la televisión pública solo dedicaron a Razem ocho segundos de sus programas. Para comparar, a otro partido recién creado, Nowoczesna (La Moderna), un partido creado por un banquero, bastante parecido a Ciudadanos, le dedicaron casi dos horas. A los partidos más grandes, más de 15 horas a cada uno.

Por todo esto, hasta la última semana antes de las elecciones pocas personas habían oído hablar de Razem. Esto cambió después del debate de los candidatos emitido por la televisión pública. Razem fue representado por Adrian Zandberg, hasta entonces completamente desconocido por el público. En comparación con los líderes de los partidos tradicionales, que evitaban las declaraciones concretas y daban enfoque a los conflictos personales, Zandberg se presentó como un político carismático e inteligente, que además hablaba de los problemas de la gente normal, como los contratos temporales o falta de acceso a la vivienda. Los medios de comunicación le declararon el ganador del debate, y durante la última semana de la campaña electoral Razem estuvo mucho más presente en la televisión o la prensa. Gracias a esta presencia, combinada con el esfuerzo de la militancia en las calles, el 25 de octubre de 2015 Razem obtuvo más de medio millón de votos (3,62 %). Este resultado no permitió entrar en el parlamento, pero otorgó al partido el derecho a una subvención que ayudaría a expandir las actividades del partido y financiar los centros sociales o el trabajo de los expertos durante toda la legislatura.

Ahora bien, la aparición de un nuevo partido de izquierdas no fue el único cambio en la escena política después de las elecciones. Tras los ocho años del gobierno de Plataforma Ciudadana (PO), esta vez ganó un partido aún más conservador, Ley y Justicia (PiS). El cansancio con el gobierno anterior y las promesas de ayudas sociales les ayudaron a conseguir, por primera vez en la Polonia democrática, la mayoría absoluta en el parlamento. El PiS comenzó de inmediato a realizar algunas de sus promesas, como la introducción del subsidio familiar de 500 PLN (más de 100 euros) por cada niño en las familias que tienen más de uno. De esta manera se garantizó el apoyo de los amplios sectores de las clases populares, que por primera vez desde la transición sintieron una mejora de las condiciones de vida gracias a las acciones del gobierno.

Simultáneamente, el PiS pasó a destruir todos los obstáculos posibles en el camino de la transformación del país. Con mayoría absoluta en el parlamento y el presidente a su favor, el Tribunal Constitucional fue la última institución que podría impedir algunas de las reformas propuestas. Por eso, de entrada, el gobierno intentó cambiar la composición del Tribunal, sustituyendo algunos de los jueces con otros, más favorables al partido, y después aprobó una ley que reformaba su funcionamiento. Tanto la elección de nuevos jueces como la ley fueron declaradas inconstitucionales por el mismo Tribunal. El gobierno se negó a aceptar esta sentencia. Todo esto provocó otro conflicto y una polarización aún mayor. Como reacción frente a los intentos del PiS fue creado el Comité de Defensa de la Democracia (KOD), una organización que consiguió movilizar a miles de personas para protestar contra el gobierno. En sus manifestaciones participaban también los políticos de la derecha más liberal: tanto PO como los banqueros de Nowoczesna. A pesar de referirse al Comité de Defensa de los Obreros, que apoyaba a los huelguistas de los años 70, KOD ignoró completamente las cuestiones económicas y sociales, concentrándose en los aspectos democrático-formales. Incluso llegó a acusar a la gente de “vender la democracia por 500 PLN”, mostrando su falta de entendimiento de la situación precaria de la mayoría de la sociedad.

La izquierda se encontró, otra vez, en una situación muy compleja. Frente a la derecha dividida en dos campos, Razem decidió presentar una tercera propuesta. Criticó las acciones antidemocráticas del gobierno, pero se negó a colaborar con el KOD y los partidos neoliberales. En febrero de 2016 Razem organizó una acampada frente a la sede de la Presidencia del Gobierno, demandando que el gobierno respetara la sentencia del Tribunal. Durante una semana las y los militantes ocuparon el espacio público, proyectando la sentencia en las paredes del edificio y exigiendo el respeto a la Constitución. Cientos de personas participaron en la ocupación, durmiendo en tiendas de campaña en pleno invierno. Otras personas les ayudaban proporcionando comida o bebidas calientes. Razem mostró otra vez su capacidad de movilización y su creatividad. Lo que diferenció esta protesta de las marchas del KOD fueron las demandas sociales: garantizar el derecho a la vivienda, el acceso a la sanidad o la posibilidad de crear sindicatos en todas las empresas, que también figuran en la Constitución. Derecho ignorados por el resto de los partidos, incluso por quienes querían presentarse como los defensores de la Constitución y la democracia.

Nuestra sociedad fue dividida y enredada en una disputa de dos campos: uno, el de la derecha conservadora, que rompe con las reglas básicas de la democracia; otro, el de los “modernizadores”, para los cuales la “modernidad” significa en la práctica la liberalización de la economía para que crezcan los beneficios de una elite restringida. Ninguno de los campos responde a los problemas principales de la mayoría. Ninguno de los dos bandos está interesado en lo que es realmente importante para los polacos y las polacas, es decir, la construcción de una sociedad justa y solidaria”. Así explicó el Consejo Nacional del partido su visión de la situación política actual.

Ahora Razem está buscando las vías para convencer a la gente de que esta “tercera posibilidad” que el partido quiere representar es realmente necesaria. Aunque con sus tres mil miembros le falta mucho para ser un partido de masas, Razem está haciendo muchísimo trabajo desde abajo. Apoya las protestas de los sindicatos y ayuda a organizarse a los trabajadores en condiciones precarias. Lucha contra los intentos de prohibir el aborto. Es el único partido que se opone abiertamente a las tendencias xenófobas y protesta contra los casos de colaboración entre la extrema derecha y las instituciones del Estado. Ayuda a los vecinos desahuciados de las casas reprivatizadas. Según las encuestas, el partido sigue con un 4 % de la intención del voto.

Las próximas elecciones generales serán en 2019. Hasta ese año Polonia va a sufrir bajo el gobierno de la derecha ultraconservadora. Para Razem, los tres años que vienen son el tiempo para ganar la confianza de la gente, para defender sus intereses en las calles, para poder después pasar a las instituciones. Son tres años para construir la izquierda en un país de derechas.

16/09/2016

Jan Swieczkpwski es militante de Razem



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