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Un año después del Ayuntamiento del cambio
València en Comú en una situación difícil
08/09/2016 | Andreu Tobarra

Hace poco más de un año que se celebraron las elecciones municipales y autonómicas, es momento más que necesario de empezar a hacer balance de lo realizado y en consecuencia poder empezar a definir con cierta urgencia cual va ser nuestra hoja de ruta a partir de la compleja situación actual para la plataforma municipalista de unidad popular en la ciudad de Valencia.

Un punto de partida debería ser plantearnos revalorar cuáles fueron los resultados electorales que se produjeron y abrieron la puerta a ese cambio cualitativo que ha venido a recibir nombres como el de ayuntamientos del cambio o candidaturas de unidad popular. Esto es imposible de interpretar correctamente si no tenemos en cuenta las condiciones en las que se ve inmersa la candidatura con voluntad de ser de unidad popular en las elecciones municipales de la ciudad de Valencia.

El paso siguiente sería hacer una apuesta de futuro, en un sentido propositivo de hacer valer e impulsar una hoja de ruta que contenga las mejores opciones y posibilidades que supone Valencia en Comú de aquí al final de la legislatura municipal. Esto implica necesariamente poner los problemas más importantes encima de la mesa, abordando soluciones posibles y cambios de rumbo.

Un balance tras los resultados electorales y sus consecuencias

Con muy poco tiempo antes de las elecciones se levantan, sorprendentemente atractivas y poderosas, unas candidaturas que van a modificar el mapa de lo conocido hasta ese momento en los ayuntamientos de la gran mayoría del estado. Con diferencias, pero también con similitudes muy importantes, representan un proceso, una marea, que recorre un sinnúmero de municipios. Mareas y Ganemos eran en muchas ocasiones las expresiones primerizas, en los meses anteriores de construcción de confluencias, que acaban afirmándose, bastantes veces, en los últimos momentos, en las semanas inmediatas al 24-M como plataformas municipalistas alternativas al bipartito PP-PSOE, capaces no solo de entrar a las instituciones, sino de encabezar los resultados electorales y poner nuevas alcaldías en unos cuantos municipios, entre ellos una mayoría de los de los más grandes.

En Valencia los resultados de mayo del 2015, junto a la fuerte caída que experimentan PP y PSOE, presentan por un lado la novedad de Ciudadanos y por otro la de nuestra candidatura de Valencia en Comú, una plataforma municipalista que representa un espacio de participación y toma de decisiones plenamente abierto a la ciudadanía y movimientos sociales, en línea con la corriente que recorre una parte importante de municipios de todo el estado, de tal forma que la fecha de las elecciones municipales del 24 de mayo del 2015, suponen un antes y un después para Valencia ciudad.

Los buenos resultados de Compromís, sumados a los votos de un Partido Socialista del País Valencià (PSPV) en declive continuado, más los de Valencia en Comú, permitieron desalojar al PP tras 24 años ininterrumpidos de gobierno de la ciudad y conformar con el acuerdo y participación de las tres fuerzas un gobierno de cambio con una nueva alcaldía dirigida por Compromís como fuerza mayoritaria de la izquierda.

La candidatura con vocación de unidad popular en la ciudad de Valencia se queda muy cerca del 10% de votos, obteniendo tres concejales, lo que la sitúa a una distancia importante de los resultados en las ciudades donde las plataformas municipalistas de cambio fueron más fuertes, que se movieron en una horquilla entre el 25 % y el 35%, como podemos ver en el resumen grafico siguiente:

Las causas de estas diferencias hay que situarlas en torno a tres motivos, a nuestro entender no los únicos, pero si entre los principales.

En primer lugar, el importante espacio político que ocupa Compromís, unido a suposición política contraria a formar parte e impulsar una candidatura de unidad popular, como fuerza nacionalista moderada, mayoritaria a la izquierda del PSPV antes de las elecciones y después de ellas superando también a los socialistas. Su importancia es decisiva ya que en ningún caso son unos recién llegados, acuden a la convocatoria electoral con una larga experiencia, estructura a nivel municipal y un prestigio creciente en el último periodo de oposición al PP.

La organización de Compromís nunca tuvo la voluntad de integrarse en una confluencia municipalista y permaneció al margen de su proceso de construcción, primeramente, cuando se denominaba GuanyemValència e igualmente después, respecto a la forma definitiva de València en Comú para las elecciones de mayo.

Su opción de presentarse solo con sus siglas contrasta con el interés de Compromís en aparecer posteriormente a las elecciones vinculada y fotografiada junto a Mareas, Ahora Madrid y Barcelona en Comú, presentándose como unos de los actores del cambio municipal protagonizado por las confluencias municipalistas, sin haber hecho en su territorio el más mínimo esfuerzo por confluir. En un trabajo anterior (http://vientosur.info/spip.php?article10694) analizábamos componentes que permitían entender y explicar el éxito electoral de Compromís, rompiendo pronósticos de las encuestas preelectorales y señalábamos, pensamos que correctamente, los siguientes:

· La dificultad que tienen para medir las encuestas aquello que no buscan, porque no forma parte del marco social que imaginan los que las construyen. Que redes y procesos sociales puedan transvasarse electoralmente, es algo no contemplado por los muy ortodoxos sondeos de voto. Ahí entra también ese trocito de la herencia del 15M que es recogido por la organización y conecta claramente con un voto joven.

· El tema identitario, es decir, la cuestión nacional, no parece en esta ocasión haber sido un factor de marginación electoral para Compromís, al contrario, a pesar de ser tratado con relativa suavidad, es una ubicación suficientemente explícita (y recordada continuamente por la derecha que sigue sin dudar en hacer del tema identitario una farsa con la que intentar sumar votos) que parece haber aportado y no restado, en línea con lo que ocurre con otras fuerzas nacionalistas en Euskadi, Galicia y Catalunya.

· El trabajo realizado por parte Compromís participando y apoyando toda una larga serie de luchas barriales y ciudadanas, por una buena parte del País Valencià, ayudando también a dotarlas de una componente en clave identitaria valenciana: Salveml’Horta, XuquerViu, Escola Valenciana, Salvem el Cabanyal, Compromís pelterritori, Salvem el Botanic, etc. Así como la implicación en redes de base, culturales, como la que da apoyos a la música en valenciano o la intervención-participación en el mundo fallero.

· Finalmente, el paraguas de la figura de Mónica Oltra, ayuda a que todo lo anterior se exprese electoralmente hasta cotas importantes que no se conseguirían solo con la imagen de otros miembros conocidos de Compromis.

En segundo lugar, la complicada y desacertada relación que se establece desde Podemos con GuanyemValència. Una importante desintonía, que afortunadamente corrige parte de los planteamientos iniciales para suavizarse con Valencia en Comúmu y, en la recta final de la campaña electoral, hacerse más colaborativa. Pero, aun así, lejos de lo necesario y deseable, dejando un balance no demasiado fácil ni evidente de realizar, pero necesario, en términos de explicar unos resultados electorales que debían haber sido mejores, simplemente si se hubiese recogido todo el voto Podemos en la ciudad de València, donde a diferencia de otras ciudades el mismo conocimiento de su existencia y configuración de la candidatura ha sido mínimo (o incluso nulo) para bastantes sectores de la ciudadanía.

En el centro de la polemica se situa claramente la falta de colaboración y apoyo desde Podemos a València en Comú, de tal forma que cuando llegamos al mes previo a las elecciones, casi todo el guiso ya está cocinado, son las decisiones anteriores, cuya responsabilidad en una parte no desdeñable está en Podemos, las que determinan el estrecho marco en el que ha tenido que desenvolverse València en Comú, teniendo en cuenta que Podemos no podía presentarse como tal a las elecciones municipales, ya que así lo había decidido anteriormente en su asamblea estatal.

No es fácil hacer un buen mapa de las candidaturas municipalistas de unidad popular que se presentaron a las elecciones en el País Valencià, la diversidad de situaciones es amplia, así como sus resultados y evolución posterior. Sin que sirva de modelo para explicar ese mapa solo voy a referirme a las otras dos candidaturas de las capitales de provincia, junto con Valencia: Alicante y Castellón. La comparación muestra claramente cómo la plataforma municipalista valenciana obtiene unos resultados claramente inferiores a las de sus homólogas en Alicante y Castellón.

Si examinamos ahora los resultados de Valencia en Comú comparándolos con los que obtuvo Podemos, es obvio el contraste entre los votos en la ciudad de Valencia que obtiene la candidatura municipalista y Podemos en el mismo ámbito y momento para las elecciones autonómicas, supone una diferencia de diez mil votos. Es una hipótesis más que razonable suponer que Valencia en Común debería haber recogido los mismos votos que Podemos más alguna cantidad añadida de votantes. Pero la realidad de la actitud de la dirección de Podemos hace que se llegue al 24M con un desconocimiento para sectores importantes de valencianos y valencianas que es la candidatura apoyada oficialmente por Podemos. Es más, miembros de Podemos participan en la plataforma municipalista desde su misma fundación y son parte absolutamente activa en su crecimiento y consolidación.

Una triste opción la actitud de la dirección de Podemos de la que son fiel reflejo las palabras de un miembro del consejo municipal que en las semanas previas a las elecciones decía “a Valencia en Común, ni agua”. Afortunadamente, algo de buen juicio se impuso y aunque sin excesiva voluntad ni compromiso, Podemos acabó dando algo de apoyo públicamente y junto con el enorme trabajo de algunos compañeros y compañeras de Podemos, implicados desde el inicio así como un importante grupo de independientes y activistas, se hizo una campaña que permitió llegar a los cuarenta mil votos, un tanto lejos de los más de cincuenta mil que se deberían haber obtenido en el caso de haber contado con el apoyo convencido de las personas que dirigían Podemos.

Durante los meses previos a las elecciones de mayo del 2015, el debate en la plataforma que entonces se denominaba GuanyemValència, en torno a la forma jurídica para presentarse, fue el terreno en el que se desenvolvió el drama. El Consejo Ciudadano Municipal de Podemos defendió todas y cada una de las posibilidades existentes de adopción de una forma legal necesaria para que Guanyem pudiese presentarse a las municipales. Si eran tres, defendió sucesivamente las tres en cada uno de los momentos decisivos. Se pasó de defender a principios de 2015 la agrupación de electores, para pasar a proponer brevemente la coalición y finamente instalarnos en la fórmula de partido (instrumental). Y si hubiese habido una cuarta, muy posiblemente también se hubiese optado por ella durante algún tiempo. El debate (escaso y sesgado) sobre la forma jurídica electoral para Guanyem, fue un sin sentido. Lo central hubiese sido, independientemente de la cobertura legal por la que se optase, privilegiar los mecanismos reales horizontales de funcionamiento de la candidatura de unidad, algunos de los cuales ya tenía desde su inicio, pero sobre todo desde su segunda asamblea en la que pone en marcha su organigrama actual. La forma jurídica era la cobertura legal obligatoria para presentarnos a las elecciones y cualquiera de las tres era posible y compatible como opción electoral, cualquiera de las tres era “legalmente” aceptable para Podemos. En el texto estatal de orientación para las elecciones municipales de Podemos, exclusivamente se plantea una preferencia, nunca hubo restricciones que impidiesen optar por ninguna de ellas tres.

Con la misma legalidad emanada de la asamblea estatal de Vistalegre, Podemos ha defendido fórmulas de presentación a elecciones, junto con otras fuerzas y corrientes, completamente diferentes en función de las situaciones. Una última demostración la acabamos de vivir en el contexto de las inmediatas elecciones autonómicas gallegas convocadas para septiembre del 2016. El acuerdo final que se acaba de conseguir en agosto entre Podemos y En Marea, se hace sobre la base de un partido instrumental, cediendo en el último momento los dirigentes que negociaban por Podemos a la fórmula de la coalición, hasta ese instante, irrenunciable. Las palabras de Pablo Iglesias, desdiciendo a Bescansa, Echenique y a la secretaria general de Podemos Galicia, Carmen Santos, sonexplícitas: “Podemos estará con En Marea sea cual sea la formula”.

La consecuencia que provocó el último cambio de posición de Podemos, exigiendo la forma partido para GuanyemValencia, frente a la de coalición que era la inicialmente aceptada y permitía el acuerdo, es que ni IU al completo, ni sectores renovadores de IU, en la ciudad de Valencia estén presentes. Pero, no solo eso, además se culmina el proceso escenificando la división en una gran asamblea de Guanyem, obligando a todo el mundo, militante e independiente, a tomar partido por una u otra de las dos tristes opciones en que situamos a la candidatura de unidad en esos momentos, dejando el campo político acotado en los siguientes términos: o la asamblea la gana Podemos o la gana EU, el que se alce con la victoria en una votación final entre partido y coalición, se “queda” el Guanyem y el que pierde se va. La votación final de una muy masiva y extraordinariamente tensa asamblea fue ganada por la posición que defendía Podemos.

En esta forma se frustró la posibilidad de que EU se incorporase al València en Comú y desde luego cualquier posibilidad de acercarnos a Compromís para que participase.

Nuestros errores desde Podemos ayudaron a los aparatos de Esquerra Unida y de Compromís a prevalecer y no participar en un proyecto que nunca habían deseado (por más que en público no pudiesen decirlo antes de las elecciones municipales y desde luego todavía menos tras ellas y los magníficos resultados de las candidaturas de unidad popular en gran parte del estado), el de una candidatura popular realmente amplia, con capacidad de dirigirse de una forma muy ilusionante a la mayor parte del tejido de activismo social de la ciudad y de la ciudadanía.

No olvidamos, finalmente y en tercer lugar, la responsabilidad dela viejadirección de Esquerra Unida presentándose en solitario. Supuso un fracaso anunciado, con sus más de 19.000 votos “perdidos”, lejos de cualquier confluencia en una candidatura sin posibilidades, al no superar la barrera del 5%, han estado muy cerca de ser los que hubiesen decantado la mayoría que se consigue en el ayuntamiento de València por solo un concejal, a un lado u a otro. Afortunadamente los votos de EUPV por una feliz carambola numérica no fueron necesarios para hacer gobierno en la ciudad y el recuerdo de la opción no unitaria de su aparato solo ha quedado en un fracaso político de sus siglas y no en un fracaso social amplio, como hubiese ocurrido en el caso de haber faltado sus votos para conseguir ese concejal de más respecto a los que sumaban PP y Ciudadanos.

En esta forma se configura Valencia en Comú como un proyecto manifiestamente incompleto respecto a lo que podía haber sido, un lugar de encuentro de activistas y ciudadanía, de Podemos, de Compromís y de EUPV, con disposición a generar no acuerdos de aparatos o de cúpulas de organizaciones, sino un espacio de construcción práctica de unidad popular desde abajo. Pero los aparatos y los proyectos personales prevalecieron, frustrando la posibilidad de tener una candidatura de amplia confluencia valenciana, similar a las de otros sitios como Madrid, Zaragoza, Galicia, Cádiz… o la de Barcelona, particularmente emblemática para nosotros.

Los resultados electorales permiten desalojar a la derecha y la formación de un gobierno de cambio gracias a que la suma de Compromís, PSPV y València en Comú llega a 17 concejales frente a los 16 de PP y Ciudadanos. Con un consistorio dirigido por el veterano político Joan Ribó de Compromís se inicia la primera participación institucional para la gran mayoría de miembros activos de València en Comú, puesto que la primera gran decisión postelectoral, que se toma por amplia mayoría, es doble: establecer un acuerdo con Compromís y PSPV para ganar la alcaldía y entrar a formar parte del gobierno municipal.

Los primeros pasos tras las elecciones municipales

Sin duda, con la distancia de más de un año de esos momentos llenos de entusiasmo, es claro que perdimos la oportunidad de iniciar la nueva situación con una cierta exhibición de transparencia, proponiendo algunas reuniones y pactos a la luz pública, retransmitidos o celebrados en ámbitos que al menos hubiesen permitido una directa mirada de los vecinos y vecinas de Valencia. Tampoco hubiese estado de más plantear algo de nuestro ADN original, como alguna votación ciudadana al respecto. Lamentablemente las reuniones se llevaron en privado con una simple ratificación por las bases una vez tomados los acuerdos a nivel de grupos municipales de las tres organizaciones.

Algo parecido ocurrió a la hora de repartir responsabilidades y concejalías entre las tres organizaciones, de tal forma que el criterio que primó fue el de la visión e intereses que manifestaron los tres concejales de València en Comú, bien es cierto que no fue sin informar y pedir la aprobación de la plataforma. Este tema no es baladí en absoluto, dado que iba a condicionar claramente nuestra política municipal, determinando cuales son directamente nuestras áreas de intervención y cuales no lo son.

Si a ello añadimos que en la asignación inicial de competencias en la constitución del gobierno municipal, se asume una sobrecarga de responsabilidades en una posiblemente absurda acumulación que refleja también la pugna y falta de colaboración existente entre los tres cargos de València en Comú, el resultado forzaba enormemente la dedicación a los aspectos de gestión de la institución, con el añadido de la inexperiencia de nuestras y nuestros representantes, que suplen con una mayor dedicación si cabe.

Este tema evidencia el estado de la cuestión entre los tres concejales elegidos, que lejos de estar cohesionados en un mismo proyecto, empezaron a manifestar diferencias cada vez más abiertas entre ellos y cuyo origen tenía dos explicaciones relacionadas. En primer lugar, cómo se había forzado durante la campaña la mayor o menor aparición de cada uno de ellos, con flagrantes maniobras por parte de personas implicadas en la gestión de la campaña electoral. Como anécdota ejemplificadora, se puede recordar el cartel de València en Comú, en el que la que sería elegida concejala, aparecía bastante tapada, a diferencia de todo el resto de la lista presente en el cartel.

El segundo nivel, una vez más está vinculado a Podemos, que traslada sus conflictos internos al terreno de València en Comú, alimentando la división entre el grupo municipal, concejales incluidos, ayudado claramente con los comportamientos sectarios de un grupo de Podemos en su enfrentamiento con el Consejo Ciudadano Municipal.

De esta forma, el panorama que tenemos al poco tiempo de las elecciones es el de dos concejales y una concejala que más que sentirse claramente vinculados a València en Comú, trabajan en lo fundamental con sus respectivos grupos de afinidad. Proceso que, aun con diferencias relevantes entre ellos tres en lo que concierne a la lealtad hacia València en Comú, no ha hecho más que agudizarse, con escasas posibilidad de reversión en el horizonte actual.

El problema que se manifiesta en toda su crudeza en València en Comú, es el viejo problema de la autonomización de los cargos electos, del cual hemos vivido algunas expresiones de nivel importante como la elección de miembros de dirección y contratos de trabajo de la parte más importante de las fundaciones del Ayuntamiento, de espaldas a la plataforma municipalista, que conoció los hechos por la prensa, añadiendo a la gravedad de los hechos, dudas severas sobre la misma legalidad de unas designaciones poco éticas.

No ha sido tema mucho menor, desde el respeto a los espacios comunes de decisión, el debate en torno a la utilización del excedente salarial (la parte del sueldo que superaba la cantidad de tres veces el salario mínimo) de las tres concejalías y los seis asesores, unido a la actitud que mantuvieron dos concejales y una parte de los asesores, no reconociendo y abandonando el plenario que decidía sobre el tema.

El último, de momento, problema de envergadura, ha sido el intento de un concejal de despedir a dos asesoras, para sustituirlas por personas de su “confianza”, sin consultar a ninguna instancia de la plataforma municipalista. Si este intento de despido improcedente e inmoral ya es suficientemente grave, añadamos la consideración de que las dos asesoras, representan lo mejor del espíritu de València en Comú, con una clarísima vinculación, trayectoria de trabajo y lucha desde los movimientos sociales.

La lista va creciendo con el tiempo, incluyendo pequeños, medianos y algunos grandes temas como los citados antes, simultáneamente al hecho de que las relaciones entre las tres concejalías de València en Comú se vuelven cada vez más complicadas, cosa que incluye el recurso a maniobras entre compañeros y compañeras que ya no se consideran entre ellas como tales, sino como oponentes hacia los que solo vale la desconfianza.

Repensar la situación, reconquistar los espacios entre iguales y dotarnos de una hoja de ruta.

Para una mayoría de nosotras esta supone la primera experiencia de participación directa en las instituciones municipales mediante un espacio de confluencia ciudadana, pero ello no es óbice para partir de cero, como si esta fuera la primera vez que se participa en las instituciones desde una opcióncon voluntad transformadora. Tenemos antes de nuestro València en Comú una trayectoria relevante de experiencias a diferentes niveles, tanto dentro del estado español como fuera de él, de las que podemos y debemos intentar aprender aciertos y reconocer errores.

En el balance positivo tenemos el espacio de transversalidad que supone Valencia en Comú, es un lugar de encuentro de diversidades, insuficiente, pero capaz de incorporar personas y sensibilidades que no estarían hoy por hoy en otras organizaciones como Podemos o Compromís. No existe en estos momentos ningún otro espacio sustancial en Valencia que permita que esa pluralidad pueda encontrarse y permanecer junta para la realización de políticas sociales más allá de lo que otras opciones políticas permiten. Esa cualidad, aunque incipiente y limitada, permanece y es una posibilidad abierta para un futuro, fundamentalmente si Valencia en Comú detiene sus problemas sobre todo en relación con el grupo municipal y define una hoja de ruta que la enraíce en la defensa de lo social y sus prioridades. Las posibilidades de cara a lo que pueda ocurrir antes de las próximas elecciones municipales en unos dos años y medio, siguen abiertas y posibles para las candidaturas de unidad popular en términos de mantener el papel de actor primordial para una confluencia ciudadana real.

En estos momentos, dentro de la parte negativa del balance, ha tomado forma y presencia en València en Comú uno de los enemigos capitales de la democracia real y la transversalidad de cualquier organización que se reclame de la lucha contra la subalternalidad social. Nos referimos a esa autonomización de los cargos electos y su orla, consecuencia directa de lo que ha venido a denominarse como “los peligros profesionales del poder” y que siempre toma la forma de un proceso de burocratización que supone la construcción de una casta peculiar, con intereses propios y separados de las compañeras y compañeros que los eligieron como representantes.

La burocratización no es un fenómeno puntual, más o menos escaso o generalizado, es un hecho ineludible en el sistema social que nos ha tocado vivir. La opción no puede ser actuar como si en una organización de la nueva izquierda por el simple hecho de serlo, esta casta pudiera no presentarse; la posición más segura es reconocer su presencia, su germen, como parte inseparable de la construcción de cualquier organización y adoptar medidas preventivas permanentes que la mantengan reducida a su mínima expresión, de tal forma que sea suficientemente inoperante y jamás adquiera presencia y poder. No es algo que se pueda vincular en exclusiva a las organizaciones formales y en una presencia formalizada (en la línea del prototipo clásico de la burocracia sindical o la de partido tradicional o la de cargos institucionales “profesionales”); también tenemos una nada corta experiencia de contemplarla en expresiones informales (tanto dentro de las organizaciones muy formalizadas como en otras que son todo lo contrario, como plataformas, colectivos…) pero no por ello menos eficaces en su capacidad esclerotizadora.

El fenómeno burocrático tiene además un comportamiento alelopático/1 sobre otras formas transversales y de horizontalidad para la realización de políticas que no sintonizan o no ayudan a su consolidación. Su presencia va acompañada inevitablemente de una eliminación de aquellas formas que les suponen un obstáculo a su crecimiento y control practico de la organización, sean órganos, procedimientos de funcionamiento, personas, ideas o propuestas. Es decir, esta propiedad alelopática implicauna relación inversa entre burocratización y democracia, de tal forma que el crecimiento y consolidación de la casta burocrática supone el decrecimiento simultaneo, incluso eliminación, de formas y propuestas de horizontalidad.

Los miembros del grupo municipal, en este sentido, no están poseídos de entrada por una particular psicología o características personales que, a diferencia del resto de miembros de Valencia en Comú, les hagan avanzar más fácilmente en una direcciónconcreta en un imaginario eje de horizontalidad-burocracia. La principal responsabilidad hay que buscarla en la tensión permanente entre la succión que continuamente realiza la institución en favor de su gestión, como base de su función social, y el contrapeso exterior del activismo social y la ciudadanía por su transformación. Estos tres años últimos de luchas y movilizaciones casi detenidas están siendo el mejor alimento de esa ruptura de los cargos de representación en relación a los y las representadas.

Dos grandes herramientas de las que disponemos para hacer frente al problema son, en primer lugar,contra la burocracia democracia,propiciandounas formas de funcionamiento de extraordinaria horizontalidad, de tal forma que permita que convivan perfectamente en su interior y se reconozcan, las diferencias políticas como expresión de las posiciones expresadas en el debate y la deliberación, concretando en esa forma la mejor defensa que existe para afrontar de ese problema. En segundo lugar, la vinculación permanente a las luchas y al activismo social, fundamentalmente de los movimientos sociales.

En definitiva, ¿qué es lo que podemos hacer desde Valencia en Comú?:La primera opción que claramente solo depende de nuestra voluntad es el fortalecimiento de los espacios de decisión colectiva, de tal forma que esos espacios son los que deciden y valoran la actividad política de la organización, incluido por supuesto el trabajo en las instituciones.Sin garantizar necesariamente una solución a los problemas, es una de las mejores medidas preventivas que tenemos para distinguir entre proyectos políticos alternativos presididos por la ética frente a proyectos políticos personales, disfrazados de otras cosas.

En segundo lugar, dinamizarcuanto antes esos espacios de decisión de Valencia en Comú, mediantela realización de un congreso para abordar tresobjetivos concretos, los cuales requieren tiemposy formas que permitan llegar a su realización tras una buena deliberación:

· Un balance de lo hecho desde las elecciones municipales, incluyendo necesariamente el programa de urgencia (de choque) con el que nos presentamos a las elecciones y su estado de cumplimiento, así como la decisión tomada en su momento por amplia mayoría de participar en el gobierno de la ciudad, junto con Compromís y el PSPV.

· Una hoja de ruta para un próximo periodo que señale cual va a ser nuestra orientación política, tanto en contenidos, como en prioridades.

· Afianzar e incrementar el municipalismo ciudadano, popularizando y consolidando a Valencia en Comú como un espacio de encuentro y trabajo de la sociedad civil organizada y las nuevas formas de acción social. El Congreso debe permitir un paso adelante en ese propósito.

Ese balance debería ir un poco más lejos de lo decidido y realizado como consecuencia de nuestra presencia institucional, reflexionando en torno a esa primera gran opción tomada tras las elecciones de participar en el ejecutivo municipal. La decisión de desalojar a la derecha tiene muy poco que discutir, pero sí que puede tenerla el hecho de haber tomado en Valencia en Comú la opción de ser parte del gobierno en vez de apoyar sin gobernar. A la luz de la experiencia de quince meses tras las elecciones, entre algunos y algunas compañeras se abre paso la reflexión en torno a los problemas que está generando esa autonomización de los representantes respecto de los representados, complicaciones no menores que ocupan un espacio importante de nuestra actividad como plataforma en vez de estar plenamente dedicada a objetivos sociales. Esos problemas y conflictos no existirían en gran medida en el caso de no haber entrado a gobernar la institución, la reflexión añade que los conflictos dentro de la plataforma serian claramente diferentes en tanto que se hubiese optado por una estrategia distinta, pero es posible que fuesen menores y más reconducibles en el caso de haber quedado fuera del nuevo gobierno del consistorio.

Una de las dificultades que tenemos en este momento para realizar una valoración del trabajo realizado en el ayuntamiento, es la ausencia de una orientación política para el momento que estamos viviendo. Nuestro bagaje esta reducido fundamentalmente a tres cosas: un código ético, unos ejes de programa y un programa de choque. Todas ellas requieren una puesta al día como mínimo, fruto de la realización de un buen balance, además, necesitamos incorporar los nuevos datos y experiencias que no teníamos en el momento de presentarnos a las elecciones.

El no haber decidido colectivamente cual tiene que ser la definición de hoja de ruta política en los próximos meses o años (más allá de las hoy ya insuficientes referencias con las que llegamos de código ético, ejes de programa y programa de choque) no implica que en la práctica cotidiana no hagamos política institucional. Esa política en el ayuntamiento no deja de hacerse, pero en función de los criterios que tiene la representación institucional, puesto que nosotros desde Valencia en Comú como conjunto no tenemos una definición suficiente para estos momentos.

Un debate de balance implica, en las condiciones actuales, deliberar sobre los campos de trabajo que han ido acotando los concejales, supone valorar actuaciones dentro de un marco que no podemos más que aceptar ya que Valencia en Comú no tiene hoja de ruta. Es más, si aceptamos como hoja de ruta la que se va definiendo por nuestra representación institucional, realmente deberíamos referirnos en estos momentos no a una, sino a tres hojas de ruta, una por concejal.

Se trata, por tanto, de aclarar también dónde y quiénes deciden principalmente la trayectoria e intervención de la organización, si tiene que ser, como ocurre en este momento, principalmente por la representación en el ayuntamiento para posteriormente ser, en el mejor de los casos, ratificada en los espacios de Valencia en Comú, o bien al contrario, son los ámbitos colectivos de decisión de nuestra candidatura municipalista los que definen principalmente la orientación para ser aplicada allá donde estemos, fuera o dentro de las instituciones. Esta segunda opción debería ser sin ninguna duda nuestra apuesta, si pretendemos acabar este ciclo político y llegar a los próximos comicios con un proyecto bien vivo y creíble, alejado de viejas prácticas y comportamientos de la vieja izquierda.

El punto de partida era tan sumamente bajo al inicio, tras desalojar al PP, que todo estaba por hacer, cosas de pequeño calado, cosas intermedias y cosas de importante calado. Ello da pie a que nuestro trabajo institucional pueda ir dirigido hacia temas que no necesariamente reflejen una jerarquía correcta de prioridades sociales. Incluso podría quedar bastante absorbido por ese gran número de cuestiones posiblemente no prioritarias que están pendientes de realizarse. Debemos abordar todas esas necesidades de poco calado, pero no hay justificación alguna para permanecer toda la legislatura en ese ámbito, ignorando permanentemente la realización de las cuestiones sociales de mayor transcendencia, manteniéndolas en el terreno de los discursos y no de las prácticas reales, desplazándolas a un futuro que nunca acaba de llegar.

La fase de acción política en la que estamos no va a durar toda la legislatura como parece que piensan algunas personas; la valoración social que se haga de una organización como la nuestra puede perfectamente venir dada por parámetros diferentes a los que se utilizan con la derecha, haciendo valer la distancia que se ha percibido entre nuestro discurso y nuestra práctica. Si hemos proclamado que veníamos a solucionar problemas sociales y hacer cambios relevantes en este sentido, es muy probable que eso es lo que se esperará que hayamos conseguido en algunas situaciones no muy secundarias y quelo hayamos intentado claramente suficientes veces. Nuestro final de legislatura tendrá que afrontar casi con absoluta seguridad este hecho y las posibilidades prácticas de rectificación entonces serán casi nulas.

La situación presenta mucho más que un solo matiz, como no podía ser menos en cualquier proceso social, los deslizamientos hacia políticas institucionales que no implican una confrontación y permiten hacer política con poca “incomodidad”, empiezan a ser relativamente visibles. La deriva permanente hacia espacios de acción de alguna profundidad aparente con cierta repercusión social, pero de no excesiva entidad y calado, pueden convertirse en una realidad.

A título de ejemplo del “olvido” de políticas centrales en una hoja de ruta que se reclame de ruptura y transformación, podemos referirnos a algunos temas como los siguientes:

· Las necesarias remunicipalizaciones, es decir, volver a poner bajo la gestión pública los bienes comunes, como el servicio de aguas de la ciudad o servicios externalizados por el ayuntamiento… Una iniciativa pendiente sobre este terreno debería requerir la puesta en marcha en esta legislatura municipal de una plataforma para la recuperación ciudadana de, al menos, las principales privatizaciones (estudiando cada caso y sus consecuencias, legales incluidas, para decidir cuáles son los tiempos y momentos de actuar). Una plataforma en la que deberían formar parte además del propio Ayuntamiento, organizaciones, sindicales y ciudadanas.

· Trabajar decididamente por una coordinación municipalista de candidaturas con vocación de unidad popular, frente a lo que se está haciendo limitado a los cargos públicos o a encuentros institucionales. Esto debería ser algo central de nuestro trabajo, sobre todo pensando en un futuro, buscando fundamentalmente a nuestro nivel territorial estabilizar las relaciones y esa coordinación con otras candidaturas de unidad popular en los municipios del País Valencià, empezando por los más cercanos territorialmente y los más destacados (sin olvidar la coordinación estatal, naturalmente).

Una anécdota real como epílogo del cruce de caminos en el que nos encontramos

La anécdota real que narro a continuación puede ejemplificar bastante bien la descripción de la situación en la que nos encontramos y el argumento que sostenemos: en la cercanía de las elecciones municipales pasadas, un entonces prácticamente seguro concejal (que efectivamente salió elegido) por una fuerza política a la izquierda del PSPV en un municipio valenciano, nos formuló en el transcurso del final de una reunión la importancia de exteriorizar inmediatamente los resultados en la gestión municipal por parte de los nuevos ayuntamientos, presentándolos bajo la particular preocupación de poder ofrecer cuanto antes a los votantes pruebas palpables de que la nueva clase política de los ayuntamientos del cambio estaba ofreciendo otra forma diferente de hacer las cosas y para ello no podía plantearse cosas “difíciles” de conseguir que serían más a largo plazo.

La propuesta concreta era la de cambiar la iluminación convencional del alumbrado público por otra más ecológica y ahorradora. Con ello se conseguiría reducir la factura municipal de la luz y así visibilizarse con prontitud y amplitud como gestor eficaz a los ojos de los ciudadanos, ya que era algo nada fácil de discutir y rechazar por parte de otros grupos políticos.

Con toda la que está “cayendo”, impresiona asistir a este tipo de declaraciones del posibilismo más mediocre. Ver cómo los programas políticos prometidos y todos los discursos lanzados, quedan en la práctica reducidos a un cambiemos bombillas. Además, las propuestas políticas buenas, bonitas y baratas, hace tiempo que sabemos que no existen. Incluso esta propuesta de cambiar la iluminación convencional iba a tener seguro problemas que evidencian la enorme dificultad de realizar una gestión fácil, inmediata y sin consecuencias negativas. Posiblemente redujera la factura eléctrica futura del municipio, pero el año del cambio de iluminación iba a incrementar una cantidad no desdeñable la partida de gasto del presupuesto anual correspondiente, con el consiguiente incremento del déficit municipal (o de reducción del superávit). Si por el contrario decide hacerla de una forma progresiva, cambiando una pequeña cantidad cada año, para no incrementar apenas la partida de gasto, el riesgo era que los resultados de la iniciativa solo fueran visibles después de unos cuantos años, con lo que el efecto de acción de gobierno inmediata se había perdido.

Desconocemos cómo pensaba abordar de forma posibilista este problema consecuencia de su luminosa solución social, pero no descartaríamos que esa misma lógica de cambiar cosas que, modifican muy poco el mapa de desigualdad social, implicaría asumir recortes de otras partidas de gasto, antes que afrontar el problema del déficit y la deuda sin recortes sociales en el municipio, lo que le hubiese situado en otro terreno muy diferente al de una gestión tranquila y sin enfrentamientos con las élites y las corporaciones.

Cambiaremos luces, por supuesto, pero no nos limitaremos a hacer sólo ese tipo de cosas, ni supondrá la prioridad de nuestra gestión pública. Nosotras, no hemos llegado hasta aquí solo para cambiar bombillas.

Estamos ya en una bifurcación, un cruce de caminos: gestionar, aceptando el marco institucional-legal-ideológico o, por el contrario, apostar por transformar sin aceptar necesariamente ese marco. La gestión de lo posible deja una huella que ya es desgraciadamente conocida, es volver a repetir los mismos pasos de las viejas organizaciones que reclamándose de la izquierda y bajo un discurso de defensa de intereses de las clases subalternas, han legado un triste balance en la reducción de las desigualdades, bien cargado de ilusiones y confianzas rotas.

Nota:

1/ Tomamos el término de la biología, con toda la prudencia en el salto que implica introducirlo en el ámbito social, pero es particularmente esclarecedor. La referencia biológica lo define como el efecto inhibidor o supresor que ejercen algunas plantas sobre otras plantas que nacen en su entorno.

08/09/2016

Andreu Tobarra es profesor en el Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València. Es, también, miembro de Valencia en Comú y de Podemos.



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