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Francia
Valls: retrato del político como agente de la guerra civil
31/08/2016 | Ugo Palheta

A demanda de la LDH (Liga de los derechos humanos) y el CCIF (Colectivo contra la Islamofobia en Francia), el Consejo de Estado francés acaba de suspender los decretos antiburkinis que habían tomado más de una treintena de alcaldías (mayoritariamente LR -Los Republicanos, partido de Sarkozy- pero también FN y PS). Ha considerado, en particular, que “el decreto en litigio (…) constituye un grave ataque manifiestamente ilegal a las libertades fundamentales de circulación de las personas, la libertad de conciencia y la libertad personal”. Sería equivocado sin embargo imaginar que la ofensiva racista -adosada a un frente político que va de hecho desde el gobierno al FN pasando por LR- ha acabado.

La ofensiva islamofoba va a continuar

El Primer Ministro Manuel Valls, que ya había apoyado a los alcaldes en cuestión, ha reaccionado inmediatamente. Inmediatamente después del anuncio de la decisión del Consejo de Estado, ha declarado que ésta “no agotaba el debate” y ha precisado: “Denunciar el burkini, no es ningún caso poner en cuestión una libertad individual. ¡No hay libertad que encierre a las mujeres! Es denunciar un islamismo mortífero, retrógrado”. ¿Qué anuncia con estas declaraciones? No que se preocupe por los derechos de las mujeres: ¿qué ha hecho contra las violencias contra las mujeres o las discriminaciones sexistas estructurales? Lo que dice esta declaración es sencillamente que la batalla está muy lejos de haber terminado, y que no se desarrollará esencialmente en el terreno jurídico. Como en los años 1990 y 2000, ha comenzado ya una ofensiva ideológica y política, cuyo objetivo es simple: acelerar la empresa de estigmatización, de discriminación y de segregación dirigida específicamente a los millones de musulmanes y musulmanas que viven en Francia.

La decisión del Consejo de Estado es una victoria, pero es parcial: no anula las leyes y circulares islamófobas aprobadas los últimos 15 años, y no es más que un frenazo provisional. Recordemos que en 1994, el Consejo de Estado había invalidado el reglamento interno de un instituto que pretendía prohibir los signos religiosos en su recinto. Había anulado de paso un juicio del Tribunal Administrativo de Nantes, y por la misma impedido la exclusión escolar de varios alumnos. Algunos años antes, en 1989, el mismo Consejo de Estado había precisado ya: “En los establecimientos escolares, el uso por los alumnos de signos por los que pretenden manifestar su pertenencia a una religión no es por si mismo incompatible con el principio de laicismo, en la medida en que constituye el ejercicio de la libertad de expresión y de manifestación de creencias religiosas”.

Sabemos sin embargo lo ocurrido 10 años más tarde: al término de una enorme campaña intelectual, mediática y política, Chirac y el gobierno Raffarin habían llegado a imponer una ley liberticida y racista: la ley del 15 de marzo de 2004. En nombre de una ley que pretendía liberarles (autoritariamente), fueron decenas de alumnas las que resultaron excluidas, por no hablar del sufrimiento que pudo provocar entre miles de alumnas obligadas a plegarse a esta nueva legislación, pero también de la renuncia a una escolaridad en la escuela pública, y a veces a una escolaridad sin más, que esta ley significó. Para llegar a una “victoria” que llevaba a excluir para liberar (¡nada menos!), habían sido precisos años de un trabajo ideológico con el objetivo no solo de redefinir el laicismo, sino también para constituir el uso del pañuelo -y a través de él al islam y los y las musulmanas- en un “problema público”.

En el momento en que los gobiernos reducían drásticamente los medios de la escuela pública, el asunto era escandaloso. Sin embargo funcionó por al menos dos razones: se articuló con el racismo estructural que caracteriza a la sociedad francesa (bajo la forma en particular de las discriminaciones racistas sistemáticas que tienen por objetivo a las personas descendientes de los y las colonizadas); y el terreno ideológico había sido activamente preparado para construir a los musulmanes como amenaza para la Escuela y los valores universales que pretende ilusoriamente encarnar frente al oscurantismo religioso.

Uno de los principales agentes de la guerra civil

Valls se inscribe claramente en esta dinámica islamofoba. Como todo profesional de la política, gusta de referirse a los valores de la “República”, en particular al “vivir juntos”. Por otra parte, en nombre del “vivir juntos”, conmina a los musulmanes a “ayudar a la República”, so pena de hacer “cada vez más dura” la garantía del libre ejercicio del culto.

Sin embargo, no hay dudas de que se ha convertido en pocos años en uno de los principales agentes de la guerra civil. Una guerra de baja intensidad y que ciertamente no se reconoce como tal; pero una guerra, que combina los rasgos de una guerra de clase y de una guerra (neo-)colonial, que intenta romper las resistencias de los oprimidos y las solidaridades potenciales que puedan establecerse entre ellos/ellas, y toma para esto formas ideológicas y militares. Desde este punto de vista, el estado de urgencia ha permitido intensificar aún más la parcelación represiva del espacio de los barrios populares multiplicando los controles a la gente según sus rasgos raciales, las asignaciones de residencia, las razias de la BAC, incluso el asedio por compañías de CRS; en suma la arbitrariedad y el racismo policiales. La muerte de Adama Traoré durante el verano ha recordado desgraciadamente la realidad -que se ha vuelto banal desde hace decenios- de los crímenes policiales contra los negros y los árabes, crímenes que quedan siempre impunes.

Esta guerra toma pues por objetivo a las personas musulmanas y las que habitan en los barrios populares, pero también a las rom. Recordamos su declaración en 2013, que le había valido un proceso por provocación a la discriminación racial y tenía por objetivo esencialmente justificar la multiplicación de los desmantelamientos de los campos (“respetuosa de las personas, pero particularmente firme”, según decía…): “Estas poblaciones tienen modos de vida extremadamente diferentes de los nuestros y que están evidentemente en confrontación” con las poblaciones locales, añadía. “Es ilusorio pensar que se arreglará el problema de las poblaciones Roms a través solo de la inserción”. No habría “otra solución que desmantelar esos roms tienen vocación de volver a Rumanía o Bulgaria, y para ello es preciso que la Unión Europea, con las autoridades búlgaras y rumanas, puedan actuar de tal forma que esas poblaciones sean en primer lugar insertadas en su país”.

Estos discursos no dejan de tener consecuencias: además de su conexión íntima con el actuar sistemáticamente racista de la policía, construyen figuras del enemigo interno y preparan el terreno para estallidos racistas, dando confianza a los elementos más racistas de la población, organizados o no en el marco de la extrema derecha. En Calais, regularmente se secuestra y se dan palizas a personas migrantes, incluso se las abandona dándolas por muertas. En Marsella, un campamento de roms ha sido recientemente atacado con cócteles molotov. En Sisco-Córcega, si bien no se puede decir con precisión el origen de lo que los medios dominantes han descrito como una “refriega”, resulta evidente que varios centenares de personas se han dirigido a los gritos de “Estamos en nuestra casa” hacia el barrio popular de Lupino, en la periferia de Bastia y han agredido en el hospital a un hombre de origen magrebí que había sido atacado violentamente ya la víspera. Amenazado de muerte, éste ha decidido luego abandonar la isla en la que vivía desde hacía 13 años.

¿Cómo no ver la relación directa entre la campaña racista realizada por los barones locales alrededor del “burkini”, el apoyo de Valls a los decretos municipales y estos actos racistas?

Hacia una respuesta política

Valls se mantiene lo más firmemente posible del lado de las clases poseedoras y sabe que la ley del trabajo no bastará para hacer aceptar a la gente asalariada el tipo de cura neoliberal que Shroder impuso en Alemania a comienzos de los años 2000.

Al contrario, la movilización de esta primavera ha mostrado de nuevo la profunda desconfianza de una mayoría de la población hacia el proyecto neoliberal defendido en común por el PS y LR, y por la burguesía francesa. Este movimiento ha tomado, además, formas radicales, que podrían anunciar un proceso de insubordinación generalizada aún por venir. Todo esto subraya de hecho la crisis de hegemonía que atormenta a la clase dominante francesa desde hace una decena de años, y que conduce hoy a la profundización de la dinámica autoritario/securitaria en los barrios populares, y su extensión a los movimientos sociales, desde manifestantes detenidos arbitrariamente a trabajadores de Goodyear o de Air France condenados por la justicia por haber luchado para salvar sus empleos.

El racismo, bajo la forma en particular de la islamofobia, intenta no solo impedir a las personas descendientes de los y las colonizados “existir políticamente” de forma autónoma (como decía Sayad), sino igualmente resolver esta crisis de hegemonía, construyendo una “comunidad nacional” soldada contra las personas musulmanas. Uno de los puntos centrales, para los meses y años que vienen, consiste por tanto en construir y unificar un amplio movimiento de protesta, sin perder de vista la necesidad de una movilización específica: contra la violencia de Estado que se abate cotidianamente sobre los barrios populares; y contra la islamofobia, que destruye las vidas de millones de personas, provocando como consecuencia una explosión de todas las formas de racismo. El proceso de los trabajadores de Goodyear [condenados ya por un tribunal a penas de prisión por “secuestrar” a un directivo de su empresa. Ndt] tendrá lugar el 19 de octubre; un primer paso significativo sería realizado si fueran invitadas a expresarse las familias de las víctimas de violencia policial en los barrios populares y militantes antirracistas. Igualmente, una solidaridad del movimiento sindical con las familias de víctimas de crímenes policiales constituiría un gran paso adelante.

Sin embargo, no habrá atajos: los combates contra el gobierno de las próximas semanas son cruciales pero deben inscribirse en una lucha duradera, “sin tregua”, por retomar el título de un libro de Angela Davis recientemente publicado, que proseguirá tras las próximas elecciones presidenciales; las batallas jurídicas deben ser llevadas pues son una de las armas posibles en la actual guerra de posiciones, y no se puede sino saludar al CCIF y la LDH por su trabajo en este terreno, pero es necesaria una respuesta política en el terreno del antirracismo, demasiado tiempo abandonadao por la izquierda radical y el movimiento sindical. Para hacer retroceder a las fuerzas inmensas que nos hacen frente, hay que prepararse por tanto a un largo combate. Un movimiento antirracista, político y autónomo, animado por las personas concernidas en primer lugar, se constituye y se refuerza desde hace años. Sin invadir su campo de acción, la izquierda radical y el movimiento sindical deben asumir sus responsabilidades; ese es el precio para que el miedo cambie de campo.

28/08/2016

http://www.npa2009.org/idees/antiracisme/valls-portrait-de-lhomme-politique-en-agent-de-la-guerre-civile

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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