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Filipinas. El nuevo hombre fuerte
El liberalismo autoritario de Rodrigo Duterte no es la respuesta a la pobreza y a las manipulaciones políticas
23/08/2016 | Alex de Jong

La elección de Rodrigo Duterte para la presidencia de Filipinas fue noticia en el mundo entero. No es sorprendente. Descrito como un "outsider" y un "inconformista", Duterte es un enigma carismático.

Se le conoce por sus discursos llenos de groserías, de chistes misóginos y promesas de dar rienda suelta a la policía para asesinar a sospechosos. Pero también se proclama socialista y pretende ser el primer presidente de izquierdas de Filipinas. ¿Qué significa este éxito? ¿Su ascensión guarda alguna relación con el cambio que había prometido? ¿Qué significa para la izquierda de Filipinas?

Oligarquía filipina

Para comprender el éxito de Duterte, hay que ir más allá de la imagen que se ha creado como antiguo jefe de un levantamiento popular. Hay que situarlo en el contexto de la economía y de la política de Filipinas.

La economía filipina depende de los beneficios extraídos de las rentas y de la relativa debilidad del Estado. El subdesarrollo de la base industrial y la depauperación del sector agrícola hacen que las rentas sean la principal fuente de riqueza.

Los capitalistas compiten entre sí por la influencia en los aparatos del Estado, es decir, para apropiarse de alguna de sus partes para controlar los mercados y asegurarse el acceso a los recursos. La búsqueda de beneficios y la competencia por el control del Estado, mezcladas entre sí, han producido una corrupción estructural que a su vez, provoca la impunidad institucionalizada.

El capitalismo filipino está controlado por una clase dirigente que Alfred W. McCoy describió como una "oligarquía" compuesta por un "grupo de familias unidas por lazos de sangre o de matrimonio" que combina el "poder político y los activos económicos para dirigir el destino de la nación". Un pequeño número de familias, que empezaron como grandes terratenientes, han dominado la oligarquía filipina desde el periodo colonial. Cuando España abrió Manila al comercio en la segunda mitad del siglo XIX, produjo un sector agrícola capitalista centrado en los mercados internacionales.

España intentó crear una burocracia centralizada para controlar las familias de la élite filipina pero lamentablemente fracasó provocando una rebelión que no acabó hasta la toma del poder por Estados Unidos

Estados Unidos introdujo un cierto grado de autonomía local en las regiones así como elecciones, lo que permitió a la élite terrateniente asegurarse la dominación política. Como escribió McCoy, las políticas estadounidenses "crearon una nueva clase de políticos provinciales y un legislativo nacional que abrió la apropiación de los recursos del estado a las familias asentadas y emergentes".

Las relaciones patrón-cliente se convirtieron en la espina dorsal de la política de los filipinos: las relaciones de dominación verticales descendían desde los ricos políticos que poseían tierras hacia las familias menos influyentes en las zonas urbanas y de ahí hacia los pueblos. Los partidos políticos se convirtieron en cofradías de grandes familias y sus clientes tradicionalmente asentadas en Manila. La dictadura de Marcos cambió este arreglo. Estados Unidos sostuvieron a Marcos pues consideraban que un Estado más fuerte y más centralista podría hacer frente a los desafíos nacionalistas contra su hegemonía y garantizarles que Filipinas seguiría siendo un pilar estable del imperialismo americano en el sudeste de Asía. Pero este intento de revolución pasiva fracasó ampliamente debido a la naturaleza depredadora de la camarilla en el poder: "privatizó" el estado filipino hasta un grado sin precedentes alejando mucho más a la población de este proceso. Después del derrocamiento de Marcos en 1986, los filipinos volvieron a la "democracia oligárquica" descrita anteriormente pero con algunas modificaciones importantes. El intermedio de Marcos destruyó el sistema bipartidista precedente y nuevos jugadores se auparon a la cúspide. Surge un abanico de partidos. Pero, como los precedentes, estos partidos no luchan por plataformas políticas coherentes: en su lugar, han creado una red clientelar. Desde 1990, este sistema no ha sufrido amenazas serias pero los gobiernos que ha generado son a menudo inestables, contestados desde abajo y desgarrados por rivalidades internas. Durante este tiempo, la creciente población y el aparato del estado han modificado significativamente las relaciones clientelares. El creciente empleo de la violencia así como las formas más difusas del clientelismo completan desde entonces las paternalistas relaciones patrón empleado. La frontera entre la propiedad personal de los políticos y los fondos públicos es estrecha pues necesitan distribuir empleos y contratos públicos o comprar votos para garantizarse el apoyo. Cuanto más puedan obtener de Manila, más flagrantes son estas prácticas.

Todo esto hace muy caras las campañas electorales exitosas: para un hombre político, el apoyo de los magnates y las grandes familias es más importante que la sustancia de su programa. Las familias de los " hacederos de reyes" pueden tener raíces de los hacendados pero se han ramificado en las finanzas, la explotación minera, la construcción y en otras ramas de la economía. Cada vez más, las leyes de financiación de las elecciones en Filipinas ponen menos trabas a las donaciones de empresas o personales una vez elegidos, no están obligados a declarar quiénes son sus patrocinadores.

A las clases populares no se les ignora en este espectáculo de las campañas electorales: los políticos se dirigen a ellas comprando sencillamente su voto, ofreciéndoles regalos o un vaso de vino y los cierres de campaña se llenan de espectáculo pero con poco contenido. Las promesas casi nunca se cumplen: en la última campaña todos los candidatos dijeron que pondrían fin a los contratos precarios cuando las posibilidades de que puedan oponerse así a los intereses de la oligarquía son más bien escasas.

Humilde servidor

La carrera política de Duterte ha prosperado gracias a la oligarquía. Está ligado a la familia Durano y Amendras que desde hace decenios han desempeñado un papel político de primer nivel en la provincia donde nació Duterte, la isla Cebu. Los Duterte, ellos mismos, escribe Cullinane en Anarchy of familias (Una anarquía de familias), "han sido durante mucho tiempo una significativa familia política en Danao", una ciudad de la provincia de Cebu. Su padre, Vicente G. Duterte, era abogado, alcalde de Danao en la provincia de Cebu, después de haber sucedido a Alejandro Amendras, gobernador de la provincia de Davao (en la isla de MIndanao) de 1959 a 1965. Es allí donde su hijo iba a construir su base política.

Después de que la revolución del "Poder para el pueblo" derrocara a Marcos en 1986, Rodrigo Duterte se convirtió en alcalde adjunto de Davao City. Dos años más tarde fue elegido alcalde, puesto que desempeño durante diez años. Amendras, entonces un político veterano y magnate de la industria forestal, así como antiguos acólitos de Marcos como Manuel García, Elías López y Ricardo Limso, apoyaron los primeros pasos políticos del Duterte.

Cuando Duterte alcanzó el límite de los tres mandatos como alcalde, se hizo diputado. Tres años más tarde volvió a ser alcalde de Davao City. Cuando alcanzó de nuevo el límite en 2010, pasó a ser alcalde adjunto cambiando su puesto con su hija, Sara Duterte-Carpio, convertida en alcaldesa en su lugar. En Davao City, Duterte cultivó su imagen de humilde servidor del pueblo. Pero las revelaciones preelectorales sobre su fortuna personal no deberían sorprender a nadie. Cuando apareció que tenía más de cuatro millones de dólares en una cuenta no declarada, se encogió de hombros diciendo que eran regalos de sus "amigos ricos". Pero su fortuna declarada tuvo un crecimiento considerable a lo largo de los 19 últimos años aumentando una media de 132,6% por año. Hay que entender que Duterte es una versión XXL de hombre, lo que no es extraño en Fiiipinas. El trabajo sobre Mindanao del politólogo Patricio Abinales presenta el hombre fuerte como un representante regional de actores más poderosos radicados en Manila. El hombre fuerte establece su poder a través de redes clientelares, el control de empresas vitales y "lo que es más importante, el monopolio de los medios de coerción y violencia". En este análisis, Rodrigo Duterte es un "outsider" en Manila pues es representante de una capa social menos poderosa, más provinciana, de la élite filipina. Algunos de sus aliados, como Carlos "Sonny" Domínguez, propuesto como Ministro de Finanzas, vienen también de clanes radicados en Mindanao o bien han estudiado con Duterte. Pero después de las elecciones, otros partidos del establishment así como tránsfugas del gobierno saliente se han sumado a la coalición de Duterte preocupados por preservar su acceso al poder y a los recursos del estado

Dejando a un lado los adornos de izquierda, es la mejor manera para entender qué es Duarte: un jefe regional que ha logrado dar un gran golpe alcanzando al presidencia postergando así a un sector de la élite tradicional. El cambio más importante que promete su elección es la sustitución de la élite de Manila por otro sector más provinciano de la oligarquía.

Dinero y asesinatos

Los partidarios de Duterte han logrado que ganase explotando una oleada de cólera y de descontento que atravesaba diferentes clases sociales. No hubiera podido ganar sin su base en Davao City. Es una ciudad relativamente poco poblada con 1,45 millones de habitantes sobre una superficie de 2.444 Km², un centro comercial y con mucho la ciudad más importante de Mindanao, la segunda mayor isla del archipiélago de Filipinas. La economía de Mindanao es sobre todo agrícola y la isla sigue estando en la periferia de la vida política y social de Filipinas. Saludada ahora como un ejemplo de buena gobernanta, Davao City era un campo de batalla a mediados de la década de los 80 del siglo pasado. El Partido Comunista de Filipinas (PCP) y su brazo armado, el Nuevo Ejército Popular (NAP) estaban entonces en su momento álgido. El NAP probó en Davao City la táctica de guerrilla urbana intentando actualizar los métodos para extender la guerrilla rural en las ciudades.

Cuando Duterte salió elegido alcalde, la influencia del PCP en Davao City ya se había derrumbado. El gobierno había empleado una guerrilla anticomunista, Alsa Masa, (Las masas surgen) compuesta de antiguos militares, policías, vagabundos locales y tránsfugas del NAP apoyados por comandantes del ejército y hombres de negocios locales. Lograron desembarazarse no solo de la izquierda clandestina y de las guerrillas, sino también de los grupos de izquierda legales.

Alsa Masa estuvo activa sobre todo bajo el predecesor de Duterte pero, según un informe de 1988 de Eric Guyot del Instituto Currente Wold Affairs, Duterte apoyó las guerrillas anticomunistas. Les habría dado dinero y declaró "la paz y el orden han mejorado mucho con la llegada de Alsa Masa". Hoy Davao City es llamada la ciudad más segura del Sudeste Asiático y el éxito atribuido a Duterte en su lucha contra la criminalidad era el centro de su campaña presidencial.

Pero su "férrea posición contra el crimen" es un eufemismo: desde que dirige la alcaldía, un escuadrón de la muerte, denominado Davao Death Squad (DDS, escuadrón de la muerte de davao), ha asesinado a centenares de personas y se ha convertido en una parte integrante de la ciudad. Como Alsa Masa, el DDS está formado por antiguos combatientes de la NAP y de delincuentes locales que actúan bajo la protección de las autoridades locales y en colaboración con ellas. Según un informe de Human Rights Watch, "los militantes locales dicen que los asesinatos de presuntos traficantes de droga, de pequeños delincuentes y de niños de la calle empezaron en Davao City a mediados de la década de 1990". El informe cita la Coalición contra la Ejecución sumaria (CASE) y el Centro Tambayan que atiende a niños víctimas de abusos que dicen que el número de asesinatos de los escuadrones de la muerte aumentó considerablemente en la segunda mitad de la década de los años 2000- aparentemente como consecuencia el aumento de las tasas de criminalidad cuando la ciudad creció. CASE suministró las pruebas de 814 asesinatos cometidos entre 1998 y el inicio de 2009 por los escuadrones de la muerte en Davao City. La mayoría eran pobres en su mayoría sospechosos de delitos menores como el consumo o tráfico de drogas a pequeña escala o el robo de teléfonos móviles en la calle. Duterte negó la existencia del DDS pero hizo saber claramente que apoya la ejecución extrajudicial de los presuntos delincuentes. Incluso ha alardeado del número de personas que habría matado él mismo.

Estas muertes no eran impopulares. Son consideradas por muchos como una respuesta a un sistema judicial ineficaz y a una corrompida aplicación de la ley. Esta apreciación es compartida de forma más general por una gran parte de filipinos de derechas que apoyan la violencia de la policía incluyendo las ejecuciones sumarias como una "solución" frente a la criminalidad.

Duterte disfruta de una popularidad nacional mucho más allá de Davao como "crimen-buster" (exterminador del crimen). Un gran número de trabajadores filipinos creen que la espiral del crimen está fuera de control -una impresión alimentada por los medios de difusión que se fijan en los casos especialmente horribles. Pero según un sondeo realizado por Social Weather Stations, los electores de Duterte provienen de forma clara de las clases adineradas de la población que se sienten atraídas por la promesa de de erradicar la criminalidad de las calles. Están dispuestos a aceptar la violencia intensificada de la policía e ignorar el hecho de que la seguridad de Davao City es una ficción amplificada que proviene de estadísticas manipuladas y sin tener en cuenta a los residentes más vulnerables en la esperanza de que Duterte va a repetir su supuesto éxito a escala nacional. Para muchos de sus admiradores, Duterte es una especie de patriarca que protege-pero que también castiga- a sus inferiores. Su personaje de hombre fuerte les gusta a los conservadores que creen que la única cosa que no va bien con las reglas existentes es su aplicación. Sus partidarios se lamentan de que "a los filipinos les falta disciplina" y se vuelven hacia él para que imponga a toda la población el respeto al orden. Sus propuestas de establecer el toque de queda en todo el país, de prohibir fumar en las calles y de limitar la venta de alcohol halagan esta sensibilidad. El hecho de que tantos filipinos ricos apoyen a Duterte puede sorprender. Después de todo, son las élites quienes más se beneficiaron del gobierno de Benigno Aquino. Llevó el tipo de políticas que más grande apoyo dieron a las capas más adineradas de la sociedad filipina, dio prioridad a la lucha contra la corrupción y tuvo éxito al imponer medidas neoliberales. El crecimiento del PIB filipino batió todos los récords durante su mandato presidencial. Según las normas locales, el gobierno de Aquino era excepcionalmente estable, no estaba amenazado ni por las clases populares ni por las otras fracciones de la oligarquía. Pero los ricachones apoyaron la elección de Duterte rechazando a Mar Roxas, el candidato del gobierno saliente.

¿Cómo se descompuso la credibilidad del gobierno de Aquino hasta el punto de que Duterte pudo desplazarla en la elección? Una de las respuestas es que los relativos éxitos de Aquino despertaron a los impacientes que se exacerbaron cuando empezó a ser considerado un dirigente cada vez más ineficaz. Esto no quiere decir que las clases populares no hayan apoyado a Duterte. El sociólogo y militante político Walden Bello describe a Duterte "su postura contra la corrupción y la pobreza, su evidente desdén hacia los ricos -los cabrones como les llamó- y por encima de todo, de llegar como ‘uno de vosotros, tíos’ que ha actuado como alguien que quiere a los trabajadores, a los pobres de las ciudades, a los campesinos y a la clase media baja".

Los éxitos del gobierno de Aquino beneficiaron principalmente a los ricos y además, ignorando las críticas de las clases populares, ese gobierno dio la impresión de ser arrogante e inalcanzable. Parecidas debilidades han afligido a Roxas. Descendiente de una de las familias más prestigiosas del país, (es nieto de Manuel Roxas, el primer presidente de la república filipina independiente) estuvo demasiado identificado con el gobierno y apareció como un político arribista y un hijo privilegiado la alta élite para poder agradar a un electorado insatisfecho. En un debate con Roxas, Duterte jugó el papel de un tipo corriente que se burlaba de un politicastro privilegiado. Anunció que acabaría con el conflicto entre Filipinas y China relativo a los sectores del Mar de China Meridional (o el Mar de Filipinas Occidentales) plantando personalmente una bandera filipina en los atolones disputados. Viendo la reacción atónita de su adversario, Duterte añadió que se presentaría en una moto de mar. Ese estilo de outsider siempre le ha beneficiado. Duterte ha disfrutado de un apoyo especialmente fuerte en Mindanao pues sus propuestas eran reclamaciones dirigidas directamente a Manila y parecía que ofrecían una solución a décadas de problemas. Proponiendo un sistema de gobierno más descentralizado y federal, respondía directamente a quienes se sentían ignorados y explotados por la engominada "Manila imperial". Además, apoyó la autonomía de los filipinos musulmanes. Los rebeldes musulmanes en Mindanao, después de mucho tiempo han renunciado a su objetivo inicial de secesión y ahora piden la autonomía. La oposición de Duterte a las operaciones militares contra ellos, le presentaba como más abierto a sus demandas que los oligarcas tradicionales de Manila.

Finalmente, prometió reabrir las negociaciones de paz con el PCP. La actividad del NAP se concentra sobre todo en Mindanao y después de décadas de "lucha armada", muchos habitantes ven que el gobierno no puede hacer desaparecer la insurrección simplemente enviando más soldados. Pero los miembros de la alta sociedad -para quienes la insurrección maoísta solo es el resultado de ideólogos maléficos que manipulan a campesinos ignorantes- creen todavía que el "comunismo impío" debe ser aplastado.

La gente cree que Duterte puede hacer la paz con los maoístas pues tiene buenas relaciones personales con algunos de ellos a lo largo de la década de 1980. A despecho de su asociación con antiguos acólitos de Marcos, entre las élites políticas de la época, estaba también Leoncio "Jun" Evasco Jr. un antiguo jefe del PCP y más tarde Erasto "Nonoy" Librado, Secretario General de Kilusang Mayo Uno-Mindanao, el movimiento sindical asociado al ambiente "nacional democrático" pro PCP. Las organizaciones legales nacional-democráticas han sido relativamente suaves en sus críticas a Duterte tratándole más bien como una especie de aliado. Una gran parte de las investigaciones críticas sobre el DDS, por otra parte, no fueron hechas por los grupos de defensa e los derechos humanos nacional-democráticos sino por quienes integran la izquierda liberal más amplia. Duterte ha logrado a mantener el equilibrio entre la extrema derecha y los maoístas: desde 2001 reconoció a los partidos del bloque nacional-democrático mientras expresaba su admiración por Marcos y pedía que este fuera enterrado en el cementerio de los héroes nacionales.

Muchas de las aparentes contradicciones de Duterte cobran un sentido cuando se las interpreta en el contexto regional. Puede ser un nacionalista filipino que apoya un gobierno descentralizado, llamar a la autonomía musulmana y promover la paz con el PCP. Su extraña combinación de machismo, de misoginia y de apoyo al matrimonio homosexual adquiere sentido cuando se conoce la antigua tradición de homosexualidad declarada, aunque sea de forma muy delimitada, en Mindanao.

Elecciones combinadas y preparadas

Duterte declara que es socialista y el primer presidente de izquierda de Filipinas -pero hay muchas razones para creer que no es otra cosa que demagogia- Bajo su presidencia, las políticas parecen seguir la senda de la continuidad. En cuanto fue designado ganador, Duterte precisó que tenía la intención de seguir las líneas principales de las políticas económicas de Aquino. El capital reaccionó favorablemente: algunos días después de su elección, Bloomberg ha declarado que "revaloriza los mercados financieros de los filipinos por su transformación en líder amigo del mundo de los negocios". Sus declaraciones económicas iniciales así como los nombres que figuran para su gabinete ministerial (sobre todo, personas del establishment muchas de las cuales formaban parte de las administraciones precedentes) le han generado elogios del gigante financiero JPMorgan que declaró que "los mercados financieros van a desear la bienvenida al compromiso explícito de la nueva administración de proseguir las políticas macroeconómicas actuales".

En realidad, parece que Duterte va a liberalizar la economía filipina todavía más de lo que querían Aquino o Roxas. Quiere suprimir las limitaciones constitucionales a la propiedad extranjera de las empresas de Filipinas, organizar más Zonas especiales económicas y reducir los impuestos pagados por las empresas.

La izquierda que, en general, no está en condiciones de avanzar un paso en el campo electoral dominado por el clientelismo y la corrupción, no ha logrado oponerse. Después de la caída de la dictadura de Marcos, los nacional-demócratas organizaron el partido Ng Bayan (Partido Popular) pero después de dos elecciones decepcionantes, este partido "prácticamente se autodisolvió". La situación no mejoró en los años siguientes. En 2010, dos candidatos nacional-demócratas conocidos, Satur Ocampo y Liza Maza, fueron candidatos al senado pero no estuvieron entre los 12 victoriosos. Al obtener 3,6 millones de votos, Maza era la vigesimoquinta, mientras que Ocampo con 3,3 millones de votos terminó en el vigesimosexto puesto. En 2016 el único candidato al senado nacional-demócrata, Neri Colmenares, sacó cerca de 6,5 millones de sufragios pero no obtuvo un escaño al ser vigésimo. La izquierda filipina tuvo más éxito en las elecciones por listas de partidos. Cincuenta y siete escaños de la cámara de representantes (20% del total) están reservados a las listas de los partidos, supuestos representantes de los grupos geográficos dispersos y marginalizados que no obtendrían representación sin esta posibilidad. Los filipinos pueden votar una lista de partidos además del voto a candidatos individuales. En 1998, en las primeras elecciones abiertas a estas listas, la izquierda retornó al Congreso. Varios grupos socialistas y socialdemócratas como Sanlakas y Akbayan llegaron a obtener escaños. Los nacional-demócratas se inclinaron hacia la política electoral en 2001 con la organización Bayan Mina (La nación primero). Después sustituyeron a las otras fuerzas de izquierda en las elecciones por listas presentando una variedad de listas dirigidas a sectores diversos. Pero también en esta modalidad la izquierda está en dificultades. La élite depredadora descubrió que este sistema puede ser empleado para acceder a los recursos públicos y ha puesto en marcha sus propias listas partidarias. En realidad, varias de las listas que han salido mejor paradas en el terreno electoral tienen poco que ver con los sectores marginalizados que se suponen que representan. Son hombres de negocios, antiguos administradores de gubernamentales de alto rango y miembros de las familias políticas dominantes que utilizan este sistema para hacerse elegir.

Otra forma de la izquierda de intentar sortear los obstáculos electorales impuestos por los oligarcas pasa por alianzas con partidos burgueses. Pero estas alianzas obligan a la izquierda considerables imposiciones políticas. Esta es la orientación que ha seguido Akbayan, en origen creada como una alianza electoral entre diversos grupos socialistas y socialdemócratas. Fue la formación electoral de izquierda que mejores resultados obtuvo. Pero en 2010 se alió con Benigno Aquino III y su Partido Liberal. Bajo la presidencia de Aquino, Akbayan estuvo cada vez más próxima al gobierno comprometiéndose a apoyar a su candidato presidencial en 2016 fuera quien fuera. La elección de esta alianza parece que se pagó a su candidata a senadora, Ana Theresia Hontiveros: después de haber suavizado su perfil de izquierda hasta el punto de ser indistinguible entre los reformistas liberales, finalmente consiguió ser una de las doce personas ganadoras. Pero Akbayan cayó este años de ser la quinta a las decimotercera fuerza en las elecciones de las listas de partidos. Descontento del apoyo incondicional de su partido a Aquino y al Partido Liberal, el representante de Akbayan más conocido, Walden Bello, dimitió de su escaño en el Congreso en 2015. Al hablar de los resultados de su partido ese año, Bello dijo: "No quisiera meter el dedo en la llaga hasta ese punto pero pienso que la pérdida de más de 200 000 votos respecto a 2013 y el desplazamiento del quinto al decimotercer puesto está unido la identificación con el Partido Liberal".

Los resultados de los nacional-demócratas de Bayan Muna también fueron decepcionantes. Este partido arrancó con fuerza en 2001 con el apoyo de Gloria Macapagal-Arroyo, vicepresidenta (1998-2001), después presidenta (2001-2010) de Filipinas. "El PCP aparentemente fue capaz de garantizar el apoyo al clan Macapagal-Arroyo que en contrapartida, ayudó a Bayan Muna ha obtener el mayor número de sufragios para su lista y el máximo de escaños" escribía Dominique Caouette en su estudio sobre el PCP en 2004. Pero ese año Bayan Muna llegó en el puesto decimocuarto (tercero en 2013). El bloque nacional-democrático hace habitualmente alianzas con políticos burgueses sobre la base de acuerdos políticos escritos. Pero nadie espera verdaderamente que estos políticos respeten los acuerdos. Lo que importa es la base de la transacción para estos acuerdos. Los nacional-demócratas suministran los sufragios de sus partidarios a cambio de recursos y de la publicidad para su campaña. Tales alianzas permiten conseguir escaños en el Congreso pero no ayudan a construir un movimiento socialista independiente pues somete la izquierda a socios dominantes. Esto también lleva a alianzas inesperadas como en 2010, cuando los candidatos nacional-demócratas compartieron la tribuna con Romualdez Marcos Jr., el hijo y orgulloso de serlo, del último dictador que concurría para el senado (por otra parte, con éxito).

Sin embargo, este año hubo una experiencia interesante que podría abrir una vía para el futuro. Después de haber dimitido de su escaño, Walden Bello se presentó como independiente. Aunque se sigue considerando miembro de Akbayan, el partido no apoyó su campaña. Así mismo, Bello rechazó el dinero de los oligarcas, rechazó el apoyo de los jefes líderes religiosos y no hizo ninguna alianza con los partidos establecidos. Al contrario, su campaña se benefició del apoyo de los movimientos sociales y de los grupos progresistas. Bello reunió un número escaso de votos -justo un poco más de un millón- pero su candidatura independiente y su plataforma progresista podrían convertirse en un primer paso hacia algo más importante.

Como siempre, las estructuras clandestinas del movimiento nacional-democrático, el propio PCP y su marca legal -el Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP) no apoyaron a ningún candidato llamando a la "revolución, no a la elección". Pero una personalidad maoísta de primer nivel tenía cosas agradables para decir de Duterte. José María Sison, el presidente fundador del PCP y de siempre el más importante ideólogo del maoísmo filipino, declaró en sus entrevistas antes de las elecciones que una presidencia de Duterte será la mejor opción para la "unidad nacional". También se delató optimista a propósito de las reformas que el próximo gobierno podría realizar. Y lo que es una primicia para una campaña presidencial de Filipinas, Sison y Duterte se hablaron (por Skype) unas semanas antes de las elecciones. Makabayan (Nacionalista) – la alianza política legal de los nacional-demócratas, declaró su apoyo a la candidatura presidencial de Grace Poe. Pero los medias sostuvieron que una parte de este movimiento apoyaba a Duterte. Peter Tui Lavina, el portavoz de Duterte, criticó el apoyo de los nacional-demócratas a Poe pretendiendo que "al menos la sección de Mindanao, que son los más implantados, no tomaron parte en actitudes egoístas, miopes y oportunistas de sus órganos supremos nacionales". Las secciones del PCP reforzaron aún la imagen de Duterte como constructor de la paz al remitirle personalmente la lista de los presos de guerra cuando la campaña estaba a tope. Duterte pretendía que Sison, que vive en el exilio en los Países Bajos desde 1987, pueda esperar a volver rápidamente a Filipinas en cuanto se reabran las conversaciones de paz. Así mismo, Duterte ofreció al PCP varios puestos en su gobierno, una oferta que Sison calificó de "magnánima". Según Luis Jalandoni del NDFP esta propuesta es "un gran paso hacia la unidad y va a romper las cadenas de opresión y explotación". La NDFP incluso sugirió que Duterte podría ser el Hugo Chávez de Filipinas. Pero las propuestas de Duterte han colocado al PCP en una posición difícil. Después de haber cultivado durante años buenas relaciones con las secciones del PCP de Mindanao, goza de simpatías en su seno. Si el PCP rehusa apoyarlo, Duterte puede enemistar las secciones de Mindanao con la dirección del partido. Pero si acepta su oferta, se arriesga a considerarse apologista de un gobierno burgués. La sugerencia de Sison de que los puestos gubernamentales ofrecidos sean ocupados por "patriotas" cualificados, que no fueran necesariamente del PCP, preservaría una cierta distancia con el partido y el gobierno.

El plan de Duterte de reabrir las conversaciones de paz provoca dilemas semejantes. El PCP siempre ha declarado que la revolución armada es la única vía para resolver los problemas del país y pretende que su ejército guerrillero está preparado para par a un nivel superior de lucha. Sin embargo, el nuevo gobierno quiere que los maoístas abandonen las armas. Rechazar la oferta de negociación costaría una pérdida de apoyo al PCP, en tanto necesita un apoyo masivo para obligar al gobierno a hacer concesiones significativas. Es significativo que Duterte haya propuesto a los nacional-demócratas los puestos en Asuntos Sociales mientras ha dejado el verdadero núcleo de poder del estado, las finanzas y el ejército, en manos de los representantes del establishment. Sin duda, es demasiado pronto para decir qué tipo de "revolución" traerá Duterte a Filipinas. Sin embargo, una cosa parece cierta: los ciudadanos pueden esperar experimentos de políticas draconianas de mantenimiento del orden público pues Duterte ha dicho que quería reintroducir la pena de muerte por ahorcamiento. Su historia en Davao City muestra que no le preocupan los derechos civiles de los sospechosos. Los sectores más pobres y más vulnerables de la sociedad pagarán un precio caro. La violencia de la policía ya es omnipresente. Ahora los policías cuentan con un presidente que piensa que deben actuar sin consecuencias. Vista desde el exterior, la situación puede parecer sombría. El presidente Duterte no va a combatir la impunidad, la pobreza y las desigualdades que afligen al país. Solo una izquierda fuerte podría hacerlo. Los filipinos ya tienen una izquierda relativamente potente pero está dispersa en en gran número de grupos políticos, de movimientos y organizaciones sociales. Traducir este peso social en representación política es difícil como lo demuestran los resultados de las recientes elecciones. Pero la construcción de una izquierda independiente y socialista se espera desde hace tiempo y hay muchos militantes que podrían transformar esta espera en una realidad.

* Alex de Jong, codirector del Instituto internacional de investigación y formación (IIRF/IIRE) de Amsterdam, es miembro del Bureau Exécutif de la IVª Internacional y redactor jefe de Grenzeloos, la revista de Socialistische Alternatieve Politiek (SAP, Alternativa política socialista, sección holandesa de la IV International).

Traducción VIENTO SUR

https://mail.google.com/mail/u/0/#trash/1560cb146e9ae04a?projector=1

Ultima hora, nota de VIENTO SUR:

Según una nota de EFE de ayer, 22 de agosto, el Gobierno filipino y el Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP) han reanudado en Oslo las conversaciones de paz: http://www.efe.com/efe/america/portada/el-gobierno-y-los-comunistas-filipinos-abren-dialogo-optimistas-por-proximo-acuerdo/20000064-3019442



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