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Gran Bretaña
“Ukipización” del Partido Conservador: la izquierda pro-Brexit no lo asume
22/08/2016 | Alan Thornett (Socialist Resistance)

Estaba claro, mucho antes de su lanzamiento, que el referéndum sobre la Unión Europea contendría serios riesgos para la izquierda, para el multiculturalismo y el antirracismo en Gran Bretaña. La propia campaña no podía sino ser un festival de racismo y de xenofobia y una salida favorable el Brexit no podía sino provocar un deslizamiento importante hacia la derecha de la política en Gran Bretaña, tanto a nivel del gobierno como de la actitud de la opinión pública. El racismo y la xenofobia no podían sino ser reforzados y la izquierda quedaría a la defensiva.

¡Ahora ya estamos ahí! El gobierno de Theresa May, constituido tras un número notablemente limitado de días de frenesí, es el más a la derecha de la era moderna, no solo a propósito del Brexit sino en todos los terrenos; y juega ese papel a tope. Osborne se ha ido, reemplazado por Phillip Hammond; Nikki Morgan se ha ido, reemplazado por Justine Greening; Michael Grove se ha ido, reemplazado por Liz Truss; Amber Rudd es Ministro del Interior; Jeremy Hunt ha seguido en Salud, seguramente para proseguir la confrontación con la profesión médica.

Lo más aterrador es quizá el nombramiento de Andrea Leadsom, una fanática del Brexit, para medio ambiente -el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales-. Es no solo una climato-escéptica y una partidaria del restablecimiento de la caza del zorro. Posee igualmente estrechos lazos con el Tea Party norteamericano.

Si Leadsom hubiera sido elegida para la dirección del Partido Conservador -lo que habría podido producirse muy bien si la base del Partido Conservador hubiera podido expresarse- habría estado a la derecha de May y la forma en que ha sido descartada prematuramente de la carrera podría traducir divisiones en el seno de la clase dominante sobre la forma en que el Brexit debe producirse.

De todas formas, el cambio de dirección en favor de May representa un deslizamiento significativo hacia la derecha y un cambio que ha llevado a los Conservadores a un posicionamiento más unido y más coherente en el plano ideológico de lo que había bajo Cameron, a pesar de los problemas a los que se ven ahora confrontados intentando poner en práctica el Brexit. Por el momento, el UKIP ha sido apartado debido a lo que es, en realidad, una “ukipización” del Partido Conservador.

De forma aún más significativa, las posiciones clave en materia de Brexit -lo que va a ser determinante para definir la orientación gubernamental- han sido atribuidas a partidarios muy estrictos y muy a la derecha del Brexit: David Davies como Ministro del Brexit, Liam Fox en tanto que Ministro de Comercio Exterior (un puesto recién creado) y Boris Johnson como Ministro de Asuntos Exteriores. Esto significa que se ha dado a esa gente el poder de reformatear el lugar de Gran Bretaña en el mundo para la nueva generación, si lo logran.

Ha habido igualmente cambios importantes a nivel de la estructura gubernamental. El cambio más significativo es la desaparición del Ministerio de la Energía y del Cambio Climático que ha sido fusionado con el de la Industria: una catástrofe para el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático.

La derecha del Partido Conservador, que había permanecido emboscada sobre el tema de la UE desde que David Cameron ganara a David Davis (así como a Liam Fox) en 2005 para la dirección del Partido Conservador, consigue al fin su venganza. Es ella ahora quien está al frente y dirige el espectáculo.

Es a esa gente a la que el resultado del referéndum ha dado la oportunidad de reestructurar la política británica (y el lugar de Gran Bretaña en el mundo) a una escala equivalente a la que Thatcher dispuso tras la derrota de la huelga de los mineros en los años 1980. ¡Y pretenden aprovechar esta oportunidad! No será fácil y habrá muchas trampas en el proceso del Brexit. Pero, a menos que la dirección May sea derrotada en unas nuevas elecciones -y solo Corbyn podría lograrlo- es una dirección muy peligrosa.

Aunque May esté más bien inclinada a hacer algunas concesiones sobre el Brexit, habrá numerosos miembros de la derecha conservadora dispuestos a manifestarse en contra e impedirlas. El UKIP va a esperar a fin de capitalizar en caso de vuelta atrás y habrá numerosos diputados conservadores dispuestos a rebelarse.

Todo esto no constituye solo un mal golpe para la izquierda en Gran Bretaña, sino que sirve también de inspiración para todas las fuerzas derechistas de Europa. Ya hemos visto aplaudir a Le Pen estas noticias y prometer la celebración de un referéndum idéntico en Francia si gana las elecciones presidenciales el año que viene.

La juventud británica es la categoría social que ha perdido más bajo los gobiernos precedentes; por primera vez, vivirá peor que la generación precedente; es la más hostil a todo esto y ha sido la categoría más favorable al mantenimiento en la UE y, de nuevo, es ella la que tiene más que perder.

En Gran Bretaña, hay tres millones de ciudadanos miembros de la Unión Europea a quienes se les ha negado el derecho a votar en este referéndum. Se preguntan ahora cual será su estatus en este país, cuando May haya acabado de utilizarlos como una moneda de cambio durante las negociaciones con las élites de la Unión Europea.

Esto se ha traducido en la manifestación que ha reunido en Londres a más de 100 000 personas, principalmente jóvenes, inmediatamente después de la votación, convocada por las redes sociales. Esta manifestación no estaba organizada por la izquierda o por el movimiento obrero; estaba organizada sobre una base progresista y fuertemente “proinmigración”.

La situación de la izquierda

Socialist Resistance /1 se había pronunciado por un voto en favor del mantenimiento en la Unión Europea, teniendo en cuenta que el referéndum sería un festival reaccionario que conduciría a un importante desplazamiento a la derecha de la política británica. Hemos tenido razón en estos dos puntos.

Las organizaciones de extrema izquierda -el SWP, el Socialist Party, Counterfire, el Partido Comunista británico- han hecho campaña a favor de la salida de la UE afirmando que tal voto derrocaría a Cameron, empujaría a la izquierda la situación política y abriría nuevas oportunidades para políticas radicales, incluso para un nuevo gobierno laborista. Se han equivocado dramáticamente. De hecho, incluso una semana después de la formación del gobierno May, ¡algunos pretenden aún que no ha habido deslizamiento a la derecha!.

Un voto favorable al Brexit llevaba de forma natural a la caída del gobierno de Cameron pero su reemplazo, como había anunciado Socialist Resistance, iba a hacerse por la derecha. Iba con toda seguridad a abrir la vía a un realineamiento político en favor de la derecha dura -tanto en el seno del Partido Conservador como en el marco de un movimiento más amplio. En la práctica, esto se ha producido según esta primera opción, de forma más rápida y peor de lo que habíamos predicho.

Quienes han defendido las posiciones de Socialist Resistance sobre el referéndum -un voto crítico por el mantenimiento en la UE a fin de combatir la xenofobia- han sido acusados por los partidarios de izquierda de la salida de la UE de ser “liberales de izquierdas” o también de abandonar los principios básicos sobre la naturaleza de clase de la Unión Europea.

En la página web de Counterfire/2, John Rees nos ha acusado de practicar lo que llama una “escuela lineal de análisis histórico”: “No habrá ningún bandazo automático a la derecha si personajes como Johnson o May se convierten en líderes del Partido Conservador. Los Conservadores solo van a sufrir su más importante derrota después de la de Thatcher. El grupo parlamentario está dividido por la mitad. No tienen ya más que una mayoría de diez y siete escaños. Están sometidos a procedimientos judiciales por fraude electoral sobre un número superior de escaños. Están obligados a realizar una serie de cambios políticos. Solo adeptos a la escuela lineal de análisis histórico pueden dejar de ver las oportunidades abiertas a la izquierda por una situación así”.

Alex Callinicos /3 se situaba en el mismo tono en International Socialism, justo antes de la votación. A la vez que acusaba a la campaña “Una Europa diferente es posible” de deslizarse hacia la colaboración de clases, pretendía que un voto por el Brexit haría estallar al gobierno Cameron, menos de un año después de su victoria electoral. ¡Por supuesto! Pero, ¿y después? En la práctica, se equivocó dos veces: primero el voto en favor del Brexit no ha aportado ningún deslizamiento hacia la izquierda, sino el más importante deslizamiento a la derecha de la política británica desde la llegada al poder de Thatcher en 1979. Y, salvo inversión de esta tendencia, este voto podría también tener consecuencias desastrosas a largo plazo.

De todas formas, los partidarios de izquierda de la salida de la UE siguen defendiendo las mismas posiciones tres semanas después del voto. Veamos la posición defendida, tres semanas después de la votación, por Peter Taaffe /4 en Socialisme Aujourd´hui: “el voto favorable a abandonar la Unión Europea ha sacudido las instituciones capitalistas en Gran Bretaña e internacionalmente. Es otra refracción de la cólera contra la pobreza masiva y la austeridad brutal y de un sentimiento creciente de hostilidad contra la clase dominante. Es totalmente erróneo sacar conclusiones completamente pesimistas como las de los pequeños grupos de izquierdas que no ven en ello más que un festival de reacción en Gran Bretaña y un estímulo para las fuerzas de derechas, en Europa y otros lugares”.

La carta racial

Ahora, debería estar claro -si no lo estaba ya antes- que, al final, este referéndum no trataba sobre la Unión Europea sino sobre la inmigración. A saber: ¿está Vd por la libre circulación, si o no? Este guión se ha desarrollado entrevista tras entrevista, en las calles. Y la respuesta era muy mayoritariamente: ¡demasiada inmigración! ¡Poned fin a la libre circulación! Y, teniendo en cuenta hechos como la historia colonial e imperialista de Gran Bretaña, decenios de racismo institucional bipartidario practicado a la vez por los Conservadores y los Laboristas y, desde hace decenios, la xenofobia repugnante de los tabloides -el Sun, el Mail y el Express, en particular- no podía ser de otra forma.

Desde la votación, el racismo se ha reforzado; los crímenes inspirados por el odio racista se han duplicado; la situación política se ha desplazado hacia la derecha. El Partido Conservador ha evolucionado hacia la derecha y nos dirigimos hacia un proceso de salida de la Unión Europea que será estructurado por la derecha xenófoba y cuyas consignas serán poner fin a la libre circulación de las personas y reducir al máximo la inmigración.

Por supuesto, no se puede reducir el referéndum a la inmigración. Había otros asuntos, entre ellos la pobreza, la alienación y la reacción contra el establishment. Pero al final, es el racismo el que ha dinamizado y difundido su veneno en la campaña por el Brexit. La fuerza motriz de la participación en la votación ha sido el racismo.

Richard Seymour /5 lo ha señalado así: “Ha sido la cuestión de la libre circulación de los trabajadores en el interior de la Unión Europea lo que ha movilizado las energías en favor de la salida de la Unión Europea”. Prosigue: “de hecho, la mayor parte de quienes han votado por la salida no tenía gran experiencia de la inmigración: es en las zonas en las que viven más ciudadanos de la UE donde se encuentran más votos en favor del mantenimiento en la UE. Pero es así como están las cosas en el Reino Unido cuando se trata de cuestiones raciales”. Naturalmente, hay excepciones a esto. Pero es en gran medida exacto.

De todas formas, la dinámica racista difícilmente habría podido ser más clara. Desde el comienzo, la principal campaña por el Brexit decidió centrarse casi exclusivamente sobre la inmigración. Y el voto por el Brexit ha tomado la cabeza en los sondeos. Por supuesto, hubo una reacción anti-establishment. El problema es que tal reacción no es necesariamente progresista. De hecho, es la base de una gran parte del apoyo al UKIP.

En la práctica, los principales partidarios del Brexit han realizado la campaña más abiertamente racista de los tiempos modernos, y han sido muy eficaces. Utilizar la carta racial se ha convertido ahora en una forma “normal” de hacer política. A menos que se produzca un cambio rápido de la situación, esto va a provocar serios daños a la sociedad británica. El peor daño a largo plazo causado por esta campaña del referéndum en Gran Bretaña es haber dado carta de “respetabilidad” al racismo.

La respuesta aportada por los partidarios del Brexit a quienes están explotados y alienados ha sido: los inmigrantes quitan empleos a los británicos; hacen bajar los salarios y viven de los subsidios. Su campaña televisada estaba ilustrada por un mapa de Europa en el que todas las flechas -que representaban a los flujos de migrantes- estaban dirigidas hacia Gran Bretaña, principalmente las procedentes del Este. Durante la campaña, una diputada laborista, Jo Cox, ha sido asesinada por un fascista al grito de “¡Gran Bretaña primero!”.Es difícil separar estas acciones, al menos en este momento, del discurso político mayoritario entre los partidarios del Brexit. Era una advertencia sobre el tipo de fuerzas repugnantes que están en marcha.

Peor que eso: las conclusiones del sondeo Ashcroft “a pie de urna” muestran que las categorías que tienen una buena opinión del multiculturalismo, del feminismo, del movimiento ecologista y de la inmigración han votado mayoritariamente por el mantenimiento en la UE, mientras que las que tienen una mala opinión de todas ellas han votado por el Brexit, en proporciones aún superiores. Este es un paisaje totalmente aterrador.

Ha habido otro tema igualmente a subrayar. Las organizaciones que se han pronunciado por una salida de izquierdas de la UE tienen largas historias marcadas por el antirracismo. Antes como después de la votación, han subestimado e intentado minimizar el racismo y la xenofobia desarrollados durante el referéndum. Lo mismo sobre la situación de los 2,4 millones de ciudadanos de la Unión Europea que viven en este país y que van a servir de moneda de cambio en las negociaciones sobre el Brexit con la UE.

La campaña de izquierdas por la salida ha rechazado tomar la suerte de esas poblaciones en consideración como uno de los problemas en la campaña y no ha dicho nada después sobre ese tema. Cuando planteé esta cuestión en un mitin de lanzamiento de la campaña, se me respondió que no era un verdadero problema.

Elecciones generales

La eventualidad de elecciones legislativas anticipadas es muy peligrosa para el Partido Laborista porque el voto en favor del Brexit ha empujado hacia la derecha a la situación política. Una de las razones por las que May subraya que “Brexit significa Brexit” y que una reducción importante de la inmigración es su línea roja en las negociaciones con la UE es poder hablar en nombre del Brexit en las próximas elecciones legislativas cuando tengan lugar.

No decidirá sobre elecciones anticipadas más que cuando tenga una confortable ventaja en los sondeos y tenga confianza en su capacidad para aprovechar de forma eficaz el voto Brexit. El Partido Laborista tiene necesidad de tiempo para hacer frente al voto en favor del Brexit y comenzar a desplazar de nuevo la situación hacia la izquierda antes de poder esperar ganar unas elecciones.

Quienes, en el grupo parlamentario laborista, conspiran con los Conservadores para eliminar a Jeremy Corbyn con el pretexto de que su salida sería necesaria para poder ganar las próximas elecciones, ¡difícilmente podrían equivocarse más! La clave para derrotar al tipo de gobierno que construye May es precisamente la alternativa radical antiausteridad y antirracista que representa Corbyn. Este planteamiento es el único que puede tener una posibilidad de desgarrar la confusión xenófoba, de dar una verdadera esperanza a los marginados y abandonados, y de construir el tipo de movimiento que es necesario.

El argumento de los conspiradores del grupo parlamentario según el cual el mejor medio para ganar es volver a las políticas que han provocado ya la derrota en las dos últimas elecciones es absurdo. Es una incomprensión completa de la dinámica actual de la vida política británica.

Para ganar las próximas elecciones, el Partido Laborista tiene necesidad no de volver a las viejas políticas fracasadas, sino de tener un programa radical de medidas para liquidar la austeridad a fin de movilizar a los desfavorecidos, los oprimidos y los olvidados. Una mezcla de políticas tomadas prestadas de los Conservadores no permitirá la movilización necesaria.

Será muy difícil conseguir una mayoría absoluta laborista si, como es probable, se mantienen las proposiciones de la comisión sobre el recorte del número de escaños en Westminster. El Partido Laborista debe llamar a una alianza parlamentaria contra la austeridad con el SNP y los Verdes, desde ahora y en la próxima campaña electoral, sea cual sea la fecha en que tenga lugar.

Para el Partido Laborista, uno de los medios para aumentar sus posibilidades en las próximas elecciones es luchar por una reforma electoral radical. Comenzando por acabar con el sistema mayoritario a una vuelta. Esto no solo permitiría ganar votos en estas elecciones, sino reestructurar el sistema para ponerle en correspondencia con las nuevas realidades de la política británica. Permitiría igualmente aumentar la tasa de participación puesto que todos los votos contarían; lo que es un factor que favorece la participación, como ha mostrado el referéndum.

La estructura política de Gran Bretaña que ha prevalecido en el curso del siglo XX se ha hundido con la emergencia de nuevos partidos. El sistema electoral sobre el que se basaba se ha convertido en sinónimo de todo lo que es antidemocrático y corrupto. Han emergido partidos más pequeños (tanto de izquierdas como de derechas), reuniendo un número significativo de sufragios; principalmente el Partido Verde y el UKIP en Inglaterra o el SNP en Escocia. En realidad tenemos ya un sistema con seis partidos. En estas condiciones, el sistema mayoritario de una sola vuelta ya no solo es antidemocrático, sino también totalmente escandaloso.

En las últimas elecciones legislativas, partidos pertenecientes tanto a la derecha como a la izquierda han recogido millones de votos, pero solo han obtenido una representación mínima. Escocia, con razón, se dirige hacia la independencia, aunque el hecho de saber si la administración May dará su acuerdo (como hizo Cameron) sigue siendo una cuestión abierta. En cualquier caso, Escocia no será aún independiente en 2020; pero luego no lo sabe nadie.

Jeremy Corbyn debe coger al toro por los cuernos y posicionarse con fuerza en favor de la reforma electoral. John MC Donnell, Clive Lewis /6 y otros se han expresado ya en este sentido, de acuerdo con Caroline Lucas y Owen Jones /7. Para el Partido Laborista, sería un gran error ir a las próximas elecciones, cualquiera que sea la fecha, sin propuestas radicales en favor de la proporcional, permitiendo que cada voto cuente y no solo algunas circunscripciones marginales. La representación proporcional no solo permite ganar votos; resulta crucial en una situación tan volátil en la que el viejo consenso se hunde. Es preciso igualmente añadir a ello el derecho al voto a 16 o 17 años.

Estas propuestas deben formar parte de un manifiesto que trata igualmente de la crisis de la vivienda, de la destrucción del sistema de salud (NHS), del desarrollo de los contratos “cero horas” y de los bancos de alimentos, del ascenso del racismo y de las demás formas de desigualdad. Ese es el camino que tenemos que recorrer, un camino que movilizará a un número aún más importante de personas de las que Jeremy Corbyn logró movilizar el memorable año pasado.

Traducido de la versión publicada en francés en https://www.ensemble-fdg.org/content/ukipisation-du-parti-conservateur-la-gauche-pro-brexit-dans-le-deni Las notas son de la redacción de Ensemble.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Socialist Resistance es la sección británica de la IV Internacional; sus militantes forman parte de Left Unity.

2/ Counterfire es una web y una organización de izquierda revolucionaria, animada por antiguos dirigentes del Socialist Workers Party (SWP).

3/ Alex Callinicos es portavoz del Socialist Workers Party (SWP), la principal organización de la izquierda revolucionaria del Reino Unido. Ver su artículo sobre el tema en http://www.vientosur.info/spip.php?article11595

4/ Peter Taaffe es el principal dirigente del Socialist Party (SP), una organización de la izquierda revolucionaria británica.

5/ Richard Seymour es periodista en la prensa escrita y la radio. Abandonó el SWP en 2013. Anima un célebre blog político: Lenin´s tomb (http://www.leninology.co.uk )

6/ John Mc Donnell es dirigente del Partido Laborista y Ministro de Finanzas en el “gabinete fantasma” de Jeremy Corbyn. Clive Lewis representa a la izquierda laborista; es ministro de defensa en el “gabinete fantasma”.

7/ Dirigente del Partido Verde de Inglaterra y del País de Gales, Caroline Lucas es la única diputada ecologista. Periodista y ensayista, Owen Jones se reivindica de la izquierda laborista.



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