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Estados Unidos
La Victoria de Trump en las primarias del Partido Republicano agita la política estadounidense
13/08/2016 | Dan La Botz

Para sorpresa de las agencias demoscópicas, para consternación del Partido Republicano y para horror de la clase política, Donald Trump ha sido elegido candidato oficial de los Republicanos. Su retórica racista, su programa económico nacionalista, su negativa a distanciarse del Ku Klux Klan y su estímulo de actitudes violentas en los mítines han dado pie a que algunos lo califiquen de fascista. Su victoria ha dividido al Partido Republicano y ha contribuido a la polarización de la sociedad estadounidense, y la posibilidad de su elección preocupa a las élites del mundo entero.

La victoria de Trump y el notable resultado de Bernie Sanders, quien se presentó declarándose abiertamente socialista y defendiendo una plataforma progresista dentro del Partido Demócrata, son claros indicadores del rechazo, por parte de los electores estadounidenses, a los partidos políticos tradicionales y sus candidatos desde la crisis económica de 2008. Al mismo tiempo, EE UU ha perdido peso como potencia económica y política mundial, un proceso particularmente angustiante para aquellos cuya fortuna personal también está en declive. Así, millones de votantes optaron por Sanders y Trump. Sanders resultó derrotado en las primarias del Partido Demócrata frente a la candidata del establishment, Hillary Clinton, pero Trump se alzó con la victoria en las del Partido Republicano y continúa con su campaña de marcado cariz racista.

Trump no es un político tradicional

Trump no es un político tradicional. Heredó de su padre un negocio inmobiliario multimillonario en la ciudad de Nueva York y lo convirtió en la Organización Trump internacional, una empresa de miles de millones de dólares dedicada a la construcción de rascacielos en Nueva York, como la Torre Trump, además de la gestión de hoteles, casinos y centros de vacaciones en varios Estados de EE UU y en países extranjeros. También es un famoso personaje de televisión. De 2004 a 2015 actuó en “The Apprentice”, un programa de telerrealidad basado en entrevistas a personas que aspiraban a trabajar en sus empresas y donde se dedicaba también a eliminar a los competidores “despidiéndolos” del programa y de paso a humillarlos. Trump cobraba un millón de dólares por episodio y ganó 214 millones de dólares a lo largo de las 14 temporadas que duró el programa. Gracias a este último llegó a ser un personaje conocido en todo el país.

Pese a que varias de sus empresas han quebrado, no ha dejado de ser un afamado hombre de negocios. Su fortuna se cifra en un total de más de 4 000 millones de dólares. Trump interviene en política desde la década de 1980, a veces como Republicano, otras como Demócrata, y durante un tiempo como miembro del Partido Reformista, un pequeño partido de derechas que incluyó en sus filas al líder del Ku Klux Klan, David Duke. En su tiempo dio grandes sumas de dinero tanto a Demócratas como a Republicanos, pero desde 2012 está con los Republicanos. Trump jugó durante un tiempo con la idea de presentarse candidato a algún alto cargo político por un partido u otro, pero nunca ha sido elegido ni nombrado para ningún cargo político. Las primarias de 2015-2016 han sido su primera candidatura a un cargo político y han supuesto un éxito notable, pues ha ido venciendo en un Estado tras otro a una docena de otros candidatos Republicanos, que casi en su totalidad eran políticos profesionales.

El estilo y el contenido de la campaña de Trump

La victoria de Trump ha sido fruto de la combinación de su estilo político personal y su programa político. A lo largo de las primarias, Trump renunció, a diferencia de otros candidatos, a llevar discursos preparados o leerlos de un teleprompter; casi siempre habló improvisando y compuso sus charlas con observaciones espontáneas y ocurrencias destinadas a sus adversarios políticos. Con sus palabras rudas y expresiones crudas atacó a otros candidatos, a sus esposas y a los periodistas por su talla, su peso, su aspecto físico, su género o su etnia; los acusó de falta de energía, de ideas y de valor. Ridiculizó, despreció y vilipendió sin piedad a Demócratas, Republicanos y periodistas. Muchos de sus seguidores estaban encantados con sus discursos espontáneos y descabellados, aplaudiéndole sus ataques a sus rivales y a los periodistas, a los musulmanes y los mexicanos y a los inmigrantes en general.

El lema de campaña de Trump es “Haced que América vuelva a ser grande”, aunque por lo visto muchos entienden que quiere decir “Haced que América vuelva a ser blanca y volverá a ser grande”. Mientras Trump prometía construir un muro para impedir que los mexicanos accedan a EE UU y prohibir la entrada en el país a los musulmanes, relacionaba estos ataques racistas con la promesa de retirar a EE UU de guerras extranjeras y de reconstruir la economía estadounidense, en particular su base industrial. Critica al ex presidente Bill Clinton por firmar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica(NAFTA) y se opone al Tratado Transpacífico (TTP) del presidente Barack Obama. Ha condenado a China por prácticas comerciales desleales y acusado a México de exportar criminales, drogadictos y violadores, aunque el mensaje subliminal es la exclusión de los competidores de bajo precio mexicanos de la mano de obra estadounidense. Ha roto con la política Republicana al negarse a reclamar austeridad y recortes de los presupuestos sociales o del sistema de pensiones de la Seguridad Social, que casi nunca menciona. Ha prometido utilizar sus propios conocimientos de las finanzas y los negocios y su capacidad de llegar a acuerdos para transformar la economía de EE UU, pese a carecer de un programa concreto para lograrlo.

La combinación de la retórica racista con un programa económico nacionalista ha permitido a Trump ganarse el apoyo de un número significativo de electores blancos, particularmente de hombres blancos sin educación universitaria, un grupo social duramente golpeado por la crisis económica y amenazado por los cambios demográficos que experimenta el país en un momento en que los negros, latinos y asiáticos representan ya casi un tercio de la población. Al mismo tiempo, Trump no goza de mucho apoyo entre las mujeres, los latinos y los negros. Estos últimos son muy conscientes de que, a pesar de haber centrado sus ataques en los mexicanos y los musulmanes, el mensaje que envía Trump a los electores blancos es que mantendrá a raya a los afroamericanos.

¿Puede ganar Trump?

Aunque Trump ha realizado una campaña notable para las primarias, se enfrenta a un desafío muy importante por parte de la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, y el apoyo que recibe de los Republicanos es más bien tibio. Su partido y sus proveedores de fondos habituales solo han aceptado a regañadientes la elección de Trump como candidato. Algunos dirigentes del Partido Republicano se han negado a respaldarle y otros lo han repudiado abiertamente. Trump no puede contar con el Partido Republicano para obtener fondos, reclutar voluntarios para su campaña o ganar apoyos políticos. Pese a que al principio quedó muy rezagado en la obtención de fondos, en julio casi alcanza a su rival al conseguir 82 millones de dólares frente a los 90 millones de Clinton. Sin embargo, Trump sigue careciendo de una sólida infraestructura organizativa, mientras que Clinton y los Demócratas pueden contar con la confederación sindical AFL-CIO y los distintos sindicatos, cuyos miembros colaborarán por millones en su campaña y en la obtención de votos.

Finalmente, mientras Trump conserva el mismo estilo de campaña que para las primarias, manteniendo la misma retórica racista que tanto agrada a sus seguidores blancos incondicionales, sus comentarios le alejan de muchos estadounidenses. Por ejemplo, el reciente ataque de Trump a los padres musulmanes de un soldado estadounidense que murió en Iraq ha ofendido a muchas personas, que consideran que esa agresión verbal al padre y la madre que han perdido a un hijo en la guerra ha ido demasiado lejos. Si Trump sigue haciendo estos comentarios, su respaldo político podría reducirse exclusivamente a la derecha blanca.

Hillary Clinton, que es muy impopular en muchos sectores de la sociedad, se enfrenta a sus propios problemas. Algunos de los seguidores de Bernie Sanders han afirmado que no votarán por ella, entre ellos los que apoyan a Jill Stein, la candidata del Partido Verde, un partido de izquierda independiente. La poco numerosa extrema izquierda de EE UU está dividida entre los que apoyan a Clinton, los que respaldan a Stein y los que dicen que debemos centrarnos en los movimientos sociales. Lo más probable es que Clinton gane las elecciones, aunque no conviene subestimar la atracción que ejerce Trump sobre un buen número de ciudadanos. No cabe duda que una victoria de Trump representaría un giro radical a la derecha.

07/08/2016

Dan La Botz es coeditor de New Politics, newpol.org.

Traducción: VIENTO SUR



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