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Italia
Tenemos un problema: los bancos
30/07/2016 | Franco Turigliatto

Tras su popularidad inicial y la imposición con éxito de una serie de contrarreformas neoliberales, Matteo Renzi se enfrenta ahora con una situación más difícil: el declive de su credibilidad en amplios sectores populares y una clara derrota en las elecciones municipales (junio 2016). Todo esto se integra en una situación económica incierta en el contexto de una crisis de la Unión Europea.

Un sistema en crisis

Tras haber sacado adelante numerosas contrarreformas que han masacrado el derecho del trabajo, puesto patas arriba el sistema público de enseñanza, realizado recortes enormes en los gastos sociales, en particular en el sector de la salud, Renzi ha llevado a cabo de forma paralela una reforma institucional y una ley electoral profundamente antidemocrática, funcionales a la predominancia del ejecutivo y que garantizan mayorías parlamentarias artificiales. Sin embargo, el curso de la política de Renzi hace frente a numerosos obstáculos.

En primer lugar, la distancia entre su demagogia y la realidad se reduce. Esto, bajo el efecto del paro que sigue a un nivel muy elevado: no hay casi empleos para los jóvenes. Y, cuando los hay, están marcados por una fuerte precariedad. El relanzamiento económico es muy débil. No ha producido, en absoluto, una mejora de las condiciones de vida para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, una parte de la cual está a menudo marginada, mientras otros sectores están preocupados por su porvenir y el de sus hijos e hijas.

Las incertidumbres de la situación económica internacional tienen una influencia enorme. Las contradicciones de un sistema capitalista que continúa sufriendo situaciones tempestuosas solo pueden ser retrasadas, con grandes dificultades, por las iniciativas financieras y monetarias del Banco Central Europeo. Las insoportables políticas de austeridad, muy lejos de ser abandonadas, siguen siendo el alfa y omega de las clases dominantes europeas. Unas políticas que encontrarán una nueva concreción en la próxima ley de finanzas en la que trabajan Matteo Renzi y Pier Carlo Padoan, el Ministro de Economía y Finanzas.

La crisis de los bancos

El presidente del Consejo, Renzi, se enfrenta a una urgencia más grave: la crisis y la posible quiebra de numerosos bancos italianos /1. Esta crisis, negada durante mucho tiempo, se ha manifestado con toda su gravedad, y tiene un potencial efecto dominó. Preocupa no solo al gobierno italiano, sino también, debido a sus potenciales repercusiones internacionales en el contexto post-Brexit, a todas las autoridades políticas y económicas de la Unión Europea.

Como consecuencia, se han puesto en marcha frenéticas negociaciones entre el gobierno italiano y las autoridades europeas. Tratan sobre las medidas a adoptar para hacer frente a esta crisis de los bancos. En todos los casos, se trata de impedir una extensión del contagio. Tras las intervenciones de amplitud, para el rescate de los bancos como consecuencia de la crisis de 2008 en Europa y los Estados Unidos -que han transformado importantes deudas privadas en deudas públicas- se ha definido una nueva norma a escala europea. Para efectuar nuevos rescates, esta regla recurre no solo a los accionistas de los bancos, sino también a la gran mayoría de quienes tienen en sus manos obligaciones (las obligaciones subordinadas -es decir aquellas cuyo reembolso no es prioritario si el emisor quiebra- y las senior no garantizadas), incluyendo a los ahorradores que tienen más de 100 000 euros en sus cuentas de ahorro. Esta norma es conocida con el nombre de bail in.

Las grandes inyecciones de liquidez operadas durante los años pasados por el BCE en dirección a los bancos italianos han impedido algunas crisis abiertas. Sin embargo, estas inyecciones no han logrado modificar el deterioro de la crisis estructural. La intervención del Fondo Atlante [Fondo de inversión dotado de un capital de entre 5 y 6 mil millones de euros que debía servir para una recapitalización de los bancos] no ha sido suficiente y sus reservas han sido casi todas agotadas para hacer frente a la crisis de los bancos de Venecia. Por esta razón se habla desde hace algunos días de un instrumento preventivo en caso de necesidad. Pero, ¿cómo permanecer en el interior de las reglas de las burguesías de Europa, tal como son, o eventualmente modificarlas según se necesite? Es la discusión en curso en las últimas reuniones del Eurogrupo y del Ecofin (reunión de los ministros de finanzas).

En realidad, una masa enorme de créditos dudosos pesa sobre los bancos italianos, por un montante de unos 360 mil millones de euros (como media, estos créditos representan el 16,8% de la capitalización total del sistema bancario). Esta suma de 360 mil millones pesa sobre todos los bancos, pero en particular sobre algunos de ellos, como el Monte dei Paschi di Siena (MPS). Estos créditos “de mal rendimiento” no son sino el producto de la larga crisis económica y productiva que se manifiesta desde hace cerca de un decenio.

El gobierno italiano quiere obtener de la UE la posibilidad de una intervención pública más amplia para salvar a los bancos en peligro y no hacer recaer el coste del saneamiento de los institutos bancarios sobre los accionistas, sobre los poseedores de obligaciones y sobre los ahorradores. Dicho de otra forma, hagamos caer el rescate sobre toda la “colectividad” (el conjunto de los contribuyentes, como ha ocurrido en todos los rescates). No es una casualidad si el presidente de la Asociación de Banqueros, que hasta el presente no ha sido siempre un defensor de la intervención del Estado, ha afirmado: “Italia ha sido tacaña con los bancos, utilizando los fondos públicos de forma muy limitada”. Ha añadido que el capitalismo italiano está enfermo y que el futuro de millones de empresas está en juego. Evidentemente este señor no recuerda las preocupaciones de parados y paradas así como de los jubilados y de los asalariados explotados.

Resulta pues que los banqueros y los patronos así como sus lacayos políticos se oponen como la peste al Estado cuando se trata de garantizar los salarios, las jubilaciones y los servicios públicos. En cambio, apoyan vigorosamente al Estado cuando se trata de garantizar sus intereses, sus cuentas bancarias y sus rentas, sobre las espaldas de los ciudadanos y ciudadanas. Somos favorables a la intervención pública. Pero, en la perspectiva de una nacionalización de los bancos con el objetivo de poner en pie planes de desarrollo productivos y sociales que respondan a los intereses de la colectividad.

Las discusiones en las cumbres del poder europeo tratan sobre la naturaleza de las medidas. ¿Hay que ayudar, y en qué medida, al gobierno italiano y permitirle suspender, en totalidad o en parte, el mecanismo del bail in?. Algunos querrían escapar a las reglas establecidas hace poco tiempo, pero todos están enormemente preocupados por los riesgos de inestabilidad que enfrentaría un sistema ya muy perturbado. Esto tanto más en la medida en que la crisis de los bancos está al orden del día no solo en Italia, sino también en otros países. Los créditos dudosos de los títulos tóxicos están de hecho presentes en muchos institutos financieros.

Hacia el referéndum constitucional

En este contexto el “arma decisiva” de Renzi es el referéndum que trata sobre la contrarreforma constitucional que debía ser el instrumento de su victoria definitiva. Hoy muestra sus límites. El riesgo de tener entre manos un petardo mojado es tal que el presidente del Consejo ha decidido retrasar el referéndum a fin de intentar recuperar nuevos márgenes de maniobra. Tras haber defendido con gran vigor la ley electoral, querría hoy modificarla un poco al haber constatado que en lugar de garantizar la victoria del Partido Demócrata (PD), podría favorecer el éxito del Movimiento Cinco Estrellas.

Renzi y sus acólitos tienen una concepción a geometría variable de las instituciones y de la democracia. Eligen “a la carta” lo que les conviene o lo que hay que cambiar, según la coyuntura política y sus intereses específicos.

En el marco de las grandes crisis del sistema y de las dificultades gubernamentales, existiría la posibilidad, teniendo presentes las luchas realizadas en Francia durante los últimos meses, de una contraofensiva del movimiento de los y las asalariadas, de los sindicatos, de los movimientos sociales sobre temas esenciales como el salario, el empleo, la defensa de los derechos de los trabajadores, de los servicios públicos y el rechazo a la austeridad y a pagar los costes de la crisis. Sería necesario un movimiento de oposición a los gobiernos patronales y antipopulares en nombre de un programa alternativo de justicia social y de democracia real.

Falta un sujeto social y político

Hacemos frente aquí a una dificultad dramática. El movimiento obrero y las clases trabajadoras, como consecuencia de las derrotas sufridas y de las decisiones deletéreas de los grupos dirigentes sindicales, no forman un sujeto político activo en esta fase. Así, sufren todas las operaciones de división y las incursiones políticas e ideológicas provenientes de las fuerzas de las clases dominantes.

Las direcciones sindicales, en los lugares de trabajo, en lugar de trabajar con el objetivo de unificar a los trabajadores y de hacer frente a la ofensiva de la patronal, se hacen garantes de las reivindicaciones y de las decisiones de estos últimos firmando los peores contratos, entre ellos el asunto de la Fincantieri (acuerdo que pone en cuestión el salario, el derecho de huelga, el desarrollo de la vigilancia sobre el puesto de trabajo, etc. en una empresa cuya rentabilidad es grande) no es más que la punta del iceberg.

La CGIL no ha tenido siquiera la valentía de pronunciarse por el No a propósito del referéndum constitucional, tanto debido a su actitud de subordinación frente a las instituciones como para evitar una ruptura con la llamada izquierda del PD, renunciado a partir de ahí a tomar posición en favor de la Constitución de 1948, como lo había hecho en otras ocasiones, jugando el papel elemental de defensa de los intereses democráticos del conjunto de los trabajadores y de la sociedad. Es lo que debería hacer: oponerse. Pues, su interlocutor oficial, es decir la Confindustria (la organización de la patronal italiana ndt), ha expresado su acuerdo pleno y total con las contrarreformas de Renzi estimulando desde ya, y aún más fuertemente en los próximos meses, la puesta en marcha de estos instrumentos y estos recursos en favor de esta contrarreforma.

En esta situación, algunos podrían pensar que el Movimiento Cinco Estrellas sería apto para constituirse en una alternativa política real útil a la clase trabajadora. Las esperanzas o las ilusiones en dirección a este movimiento, en el seno de los sectores populares pero también entre militantes de la izquierda, han aumentado con fuerza como consecuencia de su victoria en las elecciones municipales en Roma y Turín. Pero por la naturaleza interclasista de su orientación, esta fuerza no puede y no quiere trabajar para estimular el movimiento social y de masas necesario e indispensable para oponerse a las orientaciones patronales y a la acción del gobierno.

En el mejor de los casos, se podría pensar que, como ha hecho el Movimiento Cinco Estrellas hasta ahora, intentará recoger los frutos electorales del descontento presente en la población denunciando algunas, pero solo algunas, de las decisiones del gobierno. No está en su espíritu poner en discusión el mercado y las reglas del capital.

Acabar con las reglas del capitalismo

Es imposible desarrollar un programa económico y social alternativo y aún menos implicarse en la construcción de un movimiento de masas de los asalariados y asalariadas sin una verdadera opción de clase y sin una ruptura decisiva con las políticas de austeridad y una puesta en discusión de los dogmas económicos del mercado capitalista. Hay que derribar las lógicas del capital y las decisiones neoliberales que, desde hace veinte años, hacen girar al revés la rueda de la historia en favor de las fuerzas dominantes.

Por esta razón, insistimos más que nunca en un trabajo que tenga por objetivo unir este otoño la batalla sobre los temas democráticos y el compromiso en los comités del referéndum con la que hay que llevar a cabo en los lugares de trabajo para defender las condiciones de los y las asalariadas para redefinir una plataforma contractual a la altura de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras, para construir perspectivas de luchas que cambien la correlación de fuerzas haciendo crecer la conciencia y la confianza en si mismos de los protagonistas. Por esta razón, apoyamos la corriente del sindicalismo de clase en el seno de la CGIL y las corrientes en el exterior trabajando por su unidad en iniciativas precisas. Las fuerzas que permanecen ligadas y dependientes de los aparatos burocrático se equivocan profundamente, aunque solo sea porque esos aparatos han llevado a la clase trabajadora a un callejón sin salida.

Trabajamos por que en el otoño se desarrollen las más amplias movilizaciones, por lanzar la manifestación más amplia y más participativa a escala nacional para decir No al referéndum, organizando esto esforzándonos por integrar a todos los sujetos afectados, los comités del referéndum, las fuerzas de la izquierda y los sindicatos disponibles o dispuestos a participar.

Todos y todas deben poder desarrollar sus propias proposiciones, pero hay que salir a la calle, todos juntos, sin sectarismo, a fin de cambiar la correlación de fuerzas y ser un punto de atracción creíble para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras y para muchísimos otros ciudadanos y ciudadanas.

No se puede dejar tiempo a Renzi y los patronos, a la Confindustria, de maniobrar y actuar para ganar esta batalla decisiva. Igual que no debería haber dudas frente a la ley de finanzas, frente a la que habrá que construir la oposición más amplia: la plena convergencia entre las movilizaciones sociales y económicas y las favorables a la democracia constitucional debe ser consolidada

(Artículo publicado en la página web de Sinistra Anticapitalista el 10 de julio de 2016).

https://anticapitalista.org/2016/07/11/abbiamo-un-problema-le-banche/

http://alencontre.org/europe/italie/italie-nous-avons-un-probleme-les-banques.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ En El País del 3 de julio de 2016, el economista Barry Eichengreen, especialista en cuestiones monetarias, preguntado sobre los efectos del Brexit, respondía: “Lo primero que hay que decir claramente es que la banca italiana atraviesa una crisis completa, como la que conoció el sistema bancario en los Estados Unidos en 2008-2009. Y hay que resolverla, sin tardar y con valentía. Ese es el debate clave en la Unión Europea y no el de saber quién será el primer ministro en el Reino Unido” (red. A l´Encontre).

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