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Brasil, entrevista a Michel Löwy
El estado de excepción es constante. Lo excepcional es la democracia”
30/07/2016 | Daniel Garroux y Gabriel Zacarías (Movimiento Democrático Marzo 18 –MD18-)

[Michael Löwy, sociólogo brasileño que vive en Francia, nos pone en guardia contra el riesgo que corre la democracia con los nuevos golpes en América Latina y el ascenso de la extrema derecha en Europa. El pensador cree que la izquierda debe unirse para detener el golpe de estado en Brasil, pero sin perder de vista sus horizontes utópicos. Experto en sociología de las religiones, Löwy analiza el impacto político de las iglesias neopentecostales en Brasil. Subraya igualmente la necesidad de criticar el modelo de desarrollo económico actual a partir de la perspectiva que pone en cuestión las consecuencias socio-medioambientales del capitalismo.]

MD18.- En un artículo publicado recientemente en Mediapart, afirmas que lo que ocurre en Brasil es un golpe de Estado. ¿Podrías comentar esta afirmación?

Michael Löwy.- En ese artículo cito la célebre frase de Marx, que a su vez cita a Hegel, según la cual la historia tiene lugar dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa. En lo que concierne a Brasil, la tragedia tuvo lugar cuando se produjo el golpe de Estado de 1964 con 20 años de dictadura, centenares de muertos y miles de torturados. Ahora, tenemos derecho a la farsa, con el ridículo espectáculo en el que centenares de diputados seguidos por senadores, la mayoría de los cuales está mezclada con asuntos de corrupción como la Lava Jato entre otros, han jugado a los salvadores de la patria, llegando incluso a vestirse con la bandera de Brasil. Era una payasada sin límites. Han destituido a la presidenta Dilma con el ridículo pretexto de un maquillaje presupuestario, algo que todos los presidentes precedentes han hecho y que los gobernadores de los estados brasileños siguen haciendo. Es un artificio común y recurrente que no constituye un crimen sino sencillamente una irregularidad administrativa. Se trata por tanto verdaderamente de una farsa grotesca que puede costar cara a la población brasileña, con consecuencias muy negativas. Esto ilustra claramente, una vez más, el desprecio de las clases dominantes brasileñas por la democracia, el desprecio de esta oligarquía que domina Brasil desde hace 500 años, aunque con otros nombres. Cuando la democracia no funciona como les gusta, le pasan por encima con un tractor. Ocurrió en 1964 y ocurre ahora de nuevo. He votado por Luciana Genro en la primera vuelta de las elecciones y apoyado a Dilma en la segunda vuelta, pero sigo siendo muy crítico en cuanto a su forma de gobernar. Hizo una campaña que se inclinaba a izquierdas pero muchas de sus promesas no han sido mantenidas. De entrada, propuso un ajuste fiscal. Luego ha hecho todas las concesiones posibles a los banqueros y a los grandes propietarios de la tierra. Ha nombrado a Katia Abreu, ministra de Agricultura, en fin, ha cedido al gran capital. Para los trabajadores no ha habido más que sacrificios. Era verdaderamente muy decepcionante porque ha hecho demasiadas concesiones a las oligarquías. Lo que ocurre es que, como digo en mi artículo, la oligarquía no se contenta ya con concesiones, quiere todo y ahora. No quiere ya negociar y quiere la totalidad del poder. Quiere ejercer el poder directamente por medio de sus hombres de confianza. Por consiguiente, asistimos ahora a una manifestación de intolerancia total por parte de la oligarquía.

MD18. En otros términos, ¿podemos decir que el modelo conciliatorio que fue establecido cuando la transición del fin de la dictadura se ha agotado?

ML.- Si, ¡eso es!

MD18.- Por ello, ¿no podría ser vista la crisis política que hoy vivimos también como una oportunidad? ¿Una ocasión para inaugurar una lucha de izquierdas que no estaría ya basada en este parámetro conciliatorio?

ML.- Eso sería una visión optimista. Sin embargo, como decía Gramsci, “creo en el pesimismo de la razón y en el optimismo de la voluntad”. El pesimismo de la razón dice que en estos momentos la coyuntura no es favorable. Hay una verdadera ofensiva de la derecha tanto en Brasil como en toda América Latina, donde la izquierda está aún demasiado aislada. El optimismo de la voluntad dice que tenemos precisamente necesidad de construir las condiciones para crear una izquierda nueva. Una izquierda coherente con el programa inicial del PT, un programa socialista en Brasil que esta vez no capitule ni haga una alianza con la oligarquía. Si esto se produce, si, podemos sin duda contemplar lo que ocurre como una oportunidad, quizás. Debemos luchar para esto sabiendo que se trata de una lucha a medio y largo plazo. En lo inmediato, hay que unir nuestros esfuerzos para detener a los golpistas. Unir a todos los que se oponen a este golpe de Estado, por razones diferentes pero en un frente único. Y en esta gran unidad, es preciso que los anticapitalistas planteen las cuestiones siguientes: ¿Constituye un buen método tejer alianzas con el PMDB y los grandes propietarios agrícolas? ¿Ha funcionado?. Es preciso por tanto que luchemos juntos aún planteando estas preguntas.

MD18.- Tras las manifestaciones de junio de 2013, los movimientos sociales han tomado aspectos nuevos en Brasil. La lucha se desarrolla en el interior de las grandes ciudades bien por ocupaciones de escuelas por los adolescentes, bien por el refuerzo del MTST. Hay igualmente un gran movimiento feminista que ha sido el primero en oponerse a las medidas retrógradas propuestas por Eduardo Cunha en la Cámara de Diputados. ¿Cómo ves estos nuevos actores que surgen así como sus formas de evolucionar con los antiguos movimientos?

ML.- ¡Es impresionante! Hay una efervescencia social en Brasil. Vimos en junio de 2013 un primer movimiento que comenzó con las manifestaciones organizadas de forma fantástica por el Movimento do Passe Livre (MPL, Movimiento por la gratuidad de los transportes públicos) contra el aumento de las tarifas de los transportes. Está igualmente, como has evocado, un refuerzo del MTST (Movimiento de los Trabajadores sin Techo), un movimiento muy político y radical, sin duda el movimiento social más importante actualmente en Brasil. Está también el movimiento ecológico, el movimiento feminista, los cristianos de base y muchos otros grupos de acciones muy interesantes. Esto no quiere decir que los movimientos antiguos hayan desaparecido. El movimiento sindical y el MST (Movimiento de los Sin Tierra) continúan siendo muy activos. Nuestra esperanza en Brasil hoy está en los movimientos sociales puesto que tienen una cierta coherencia e independencia. Este potencial es mucho menos importante en lo que se refiere a los partidos políticos. Como decía Frei Betto, cuando la política pierde su horizonte utópico, se vuelve mezquina. Es exactamente lo que ha ocurrido al PT: la corrupción, las capitulaciones y las regresiones. Muy evidentemente, hay aún personas en el Partido que creen en el socialismo y hay que intentar dialogar con ellas.

Pero considerando las esperanzas que teníamos en 1980, el balance del PT es decepcionante. A grandes rasgos, hay en Brasil un potencial de movilización, de organización y de manifestaciones sociales que es verdaderamente impresionante pero, desgraciadamente, todo esto no encuentra aún una expresión política adecuada. Esto puede cambiar en un momento dado, por supuesto, pero por el momento, no es así. Nuestra gran esperanza para el futuro es la radicalidad del movimiento social.

MD18.- Has hablado de expresión política, ¿piensas que debe pasar por la cuestión de la representación?

ML.- No solo. Un partido político anticapitalista no desemboca forzosamente en una representación parlamentaria o de otro tipo. Es una de las formas, pero no la única. Para un partido político que tiene por vocación cambiar la sociedad, su prioridad debe ser organizar las bases, participar en los movimientos sociales, aportar un mensaje anticapitalista y socialista al pueblo. Y por supuesto, las elecciones forman parte del proceso. Pero uno de los principales problemas del PT ha sido precisamente haber dado la prioridad total a la cuestión electoral y parlamentaria abandonando el resto. Solo faltaría que repitiéramos ese error.

MD18.- ¿Ves una relación entre lo que ocurre en Francia, donde la población intenta resistir a la puesta en marcha de una reforma neoliberal de la ley del trabajo y lo que ocurre en Brasil donde el gobierno provisional propone también una agenda de flexibilización de los derechos de los trabajadores?

ML.- Si. Los movimientos populares, los trabajadores, las clases subalternas, todos los movimientos sociales y de izquierdas del mundo entero tienen como adversario común el neoliberalismo. Es decir, el capitalismo bajo su forma neoliberal. Hay muchas similitudes entre lo que ocurre en Brasil y en Francia puesto que se trata de luchar contra las políticas neoliberales aplicadas bien por gobiernos de derechas o bien de centro-izquierda. Son exactamente las mismas políticas y el mismo enemigo. Dicho esto hay muy evidentemente aspectos específicos en coyunturas específicas. En el Brasil de hoy, el problema no es ya el de movilizarse contra las regresiones del gobierno de Dilma, sino el de enfrentarse a otro gobierno mucho más neoliberal. En Francia, por el momento, hay una gran batalla contra un gobierno de pseudoizquierda, que se demuestra como completamente alineado con el neoliberalismo. Tenemos batallas muy difíciles por enfrentar pero no se si podremos ganarlas. Si hay similitudes en todas partes es porque se sigue tratando de la lucha contra el capital, y es el capital quien domina las políticas hoy.

MD18.- En el Brasil de hoy, hay una desviación del orden democrático legítimo hacia un orden ilegítimo y excepcional. Aquí, en Francia, además del estado de urgencia decretado desde los atentados de noviembre del pasado año, el gobierno acaba de recurrir a un dispositivo de excepción (el artículo 49.3) para aprobar su reforma de la ley del trabajo. En lo que se refiere a la coyuntura mundial, observamos una creciente utilización de los dispositivos de excepción en países llamados desarrollados y conocidos por sus modelos democráticos. En este contexto, ¿piensas que sea posible pedir sin más un restablecimiento del orden democrático precedente? ¿Piensas que estamos ante un agotamiento de la democracia?

ML.- Si observamos la historia de los dos últimos siglos, veremos que el estado de excepción es algo muy corriente. En realidad son los períodos democráticos los que han sido excepcionales a lo largo de la historia. No diría que el modelo democrático se ha agotado sino, al contrario, que resulta un peso demasiado importante para el Estado, para las clases dominantes y para el capital financiero. La democracia molesta y no facilita el trabajo de la política capitalista. Por ello se encuentra una cierta tendencia a la reducción del espacio democrático utilizando desde medidas de excepción hasta los golpes de estado que han tenido lugar en América latina. Brasil no ha sido el primero en sufrir uno de ellos. Ha habido uno en Honduras, en Paraguay, y habrá sin duda otro en Venezuela. Lo que muestra que la democracia no es ya tan útil como antes y que resulta molesta para la aplicación de las políticas neoliberales. Recientemente esto ha ocurrido también en Grecia. El pueblo griego ha elegido un camino y el capital ha elegido otro, personificado por la Comisión Europea que ha pasado por encima de los resultados de las elecciones, para favorecer las leyes del mercado. Digamos que vivimos ya en un nivel de democracia bastante bajo, pero me parece que resulta aún demasiado alto para las clases dominantes y para el capital financiero. Por ello, han emprendido el camino de las medidas de excepción, aunque de forma diferente en cada país. En el caso de Brasil, ha habido un golpe de Estado pseudolegal, presentado como en un estado de derecho en el que la restricción de este último es cada vez más importante. Hay por otra parte la tendencia muy preocupante, no sólo en América Latina sino también en Europa, al ascenso de la extrema derecha que se beneficia de esta coyuntura para presentarse como una seria candidata al poder. Si esto llega a confirmarse lo poco de democracia que nos queda desaparecerá.

MD18.- Una de las principales facetas de tu trabajo es la sociología de las religiones. En Brasil, desde hace cierto tiempo, se observa un ascenso de las iglesias neopentecostales. ¿Cómo evalúas la transición de los años 1980, cuando había un trabajo de base importante por parte de la iglesia católica hasta la situación actual en la que las iglesias neopentecostales se convierten en un apoyo de base de la extrema derecha, que tiene ya una fuerza considerable en la Cámara de Diputados, y que amenaza con tomar aún más poder?

ML.- Entre los años 1980 y 1990 el cristianismo alimentó a la izquierda y los movimientos sociales, el MST, la CUT e incluso el PT. Entre esos movimientos, varios hunden sus raíces en las comunidades eclesiásticas de base, en la pastoral de la tierra, en definitiva en la Teología de la Liberación. Todo esto ha sido muy importante y ha tenido consecuencias sociales y políticas decisivas en Brasil. Solo que esta época ha entrado en crisis con la adaptación del PT al Estado burgués y a los intereses del capital y sobre todo con la debilitación de la CUT. Esta dinámica, que fue tan fuerte, en los años 1980, se ha agotado porque una parte de los responsables de lo que llamo “el cristianismo de la liberación” se ha encastillado en las instituciones -en el gobierno federal, las alcaldías, las cabezas de los partidos, etc. Ha habido sin embargo quienes han conservado una actitud profética de crítica del poder -es el caso de Frei Betto, por ejemplo- mientras que otros han buscado una posición intermedia, entre la crítica y el apoyo. En este dominio cristiano progresista, ha habido muchos católicos, pero el protestantismo histórico (metodistas, luteranos), también ha participado en él.

Como se sabe, estos últimos decenios, han aparecido lo que se llama los “evangelistas”. Estas iglesias neopentocostales han asumido una agenda muy reaccionaria en todos los terrenos, más específicamente , en lo que se refiere a las mujeres, los homosexuales, los cultos afrobrasileños. Y, en relación al capitalismo, ha habido una adhesión a lo que se llama la “teología de la prosperidad”. Se trata de una configuración reaccionaria con mucho impacto político puesto que esos grupos organizan y financian campañas electorales lo que es evidentemente muy inquietante. Esperemos que la Teología de la Liberación recupere el lugar ahora que el Vaticano da un poco más de posibilidades. Quizá, así, tendremos una nueva ola de cristianismo de la liberación que pueda disputar el espacio a los evangelistas. Pero, por el momento, no es el caso puesto que lo que observamos es el ascenso de esta gran ola evangelista reaccionaria en Brasil, pero también en varios países de América Latina. Dicho esto, sigue estando esta esperanza de que pueda nacer, en el seno de esas iglesias evangelistas, un sector más crítico. Por otra parte, pienso que ya existe uno de forma dispersa pero, por el momento, sin la fuerza necesaria para estructurarse en un pensamiento socioreligioso de peso. Por el momento, esto se resume en algunos individuos, pero puede surgir en un momento dado. Mirad la iglesia católica, durante siglos ha sido una fuerza ultraconservadora hasta que de repente hubo cristianos que se pusieron a leer a Marx. Quizá esto llegue a los evangelistas.

MD18.- Tu trabajo actual versa sobre una reflexión sobre el eco-socialismo. Sabemos que el modelo de desarrollo elegido por el gobierno Dilma -e incluso por el gobierno Lula- ha sido más bien un modelo productivista que no ha prestado la atención deseable a las cuestiones ecológicas.

ML.- ¡Es cierto! El modelo de desarrollo elegido por el PT no es muy diferente del de los gobiernos precedentes. Es un modelo basado en la agroindustria, en la producción de soja, en la explotación del petróleo, que engendra consecuencias ecológicas terribles. En fin la ecología no es una preocupación primordial. Es la razón por la que Marina Silva ha salido del gobierno y, al menos al comienzo, tenía una posición crítica y legítima. Dicho esto, lo que ocurre no es una particularidad brasileña. Los demás gobiernos de izquierdas no son muy diferentes. Tienen a veces un discurso más ecológico, como Venezuela por ejemplo. Pero, en el fondo, son todos semejantes: el petróleo y ya está. Por otra parte no es tan sencillo decir: “cambiemos el modelo, paremos de explotar los minerales, el petróleo, el gas”. Aunque esto sea, en último análisis, ecológicamente necesario, desde el punto de vista económico no es tan sencillo ponerlo en práctica. En el caso de Venezuela, por ejemplo, donde la economía es totalmente dependiente del petróleo, no es realista decir que hay que cerrar el grifo del petróleo. Desde el punto de vista ecológico, habría que hacerlo, no solo en Venezuela por otra parte, sino en todo el planeta. Hay un dicho “o bien acabamos con la sauva (una especie de hormiga ndt) o bien la sauva acaba con Brasil”. Y el petróleo es peor que la hormiga sauva. O bien acabamos con el petróleo o bien él acabará con la vida en nuestro planeta.

Es la verdad pero nadie quiere oírla. Si repites esto a los venezolanos de izquierda, incluso los que se ven como ecologistas, te preguntarán: “¿y de qué vamos a vivir?”. Tenemos que tener propuestas inmediatas y transitorias. Por ejemplo: El proyecto del Parque Yasuni. En Ecuador, en una parte de la Amazonia, vivía una comunidad indígena con una biodiversidad extraordinaria. Pero bajo la selva, había petróleo. Fue entonces cuando los ecologistas, los indígenas y los campesinos reflexionaron sobre una propuesta: preservar este lugar llamado el Parque Yasuni, exigiendo una compensación, una indemnización por parte de los países ricos -que dicen luchar contra los efectos de la polución- equivalente a la mitad del valor del petróleo que se dejaría de explotar. Era una propuesta razonable, pero es evidente que a los países ricos no les ha gustado esta idea. El gobierno de izquierdas de Rafael Correa que, al comienzo, había aceptado la propuesta, con el tiempo ha acabado por ceder y, desgraciadamente, ha abierto el parque a las compañías petroleras.

Este caso quedará para siempre como un ejemplo de lo que podemos exigir en países como Ecuador, Colombia y Venezuela: preservar los territorios de interés medioambiental a la vez que exigimos de los países ricos como los EU, Inglaterra y Alemania, indemnizarlos por el petróleo no explotado. De esta forma se instalaría una dinámica. Hay por tanto que criticar este modelo de desarrollo que es ecológicamente insostenible y comenzar a proponer proyectos concretos e inmediatos.

MD18.- ¿Cómo ves la cuestión del presal en Brasil?

ML.- Hay un consenso general según el cual el presal (las aguas marinas ultraprofundas del litoral sudeste brasileño guardan grandes reservas de hidrocarburos en rocas calcáreas situadas bajo un estrato de sal de gran espesor, llamado “capa presal” ndt) es nuestra salvación y por consiguiente el que va a erradicar la miseria y promover la educación, la salud, etc. Sin embargo se trata de un engaño, porque una gran parte de este dinero será acaparada por el capital. Más aún, el presal representa un gran riesgo de desastre ecológico. Exige una nueva forma de explotación en profundidad que no ha sido jamás practicada y, si llega a haber un accidente, será prácticamente imposible detenerlo. No basta con que Petrobras nos diga que todo está bajo control, porque hemos oído ya esta historia antes en el Golfo de México, Alaska, etc. Todo parece bajo control hasta que algo no funciona. Y si llega a ocurrir, todas las playas brasileñas serán inundadas por el petróleo. Será un desastre. Desgraciadamente, es muy difícil emprender una campaña contra el presal en Brasil, a causa de las ganancias económicas prometidas. Es preciso, sin embargo, plantear preguntas y sembrar la duda en esta euforia del presal que es un engaño.

MD18.- Dada la gran presencia de los territorios y de las poblaciones indígenas en toda América Latina así como la relación singular de estas últimas con la tierra, ¿no sería este continente un lugar privilegiado para poner en cuestión el modelo actual de desarrollo capitalista?

ML.- Absolutamente. En realidad, las comunidades indígenas son la vanguardia de esta lucha para salvar el planeta Tierra y para salvar la vida sobre la Tierra. Por sus culturas, sus historias, sus espiritualidades, estas comunidades tienen la experiencia de una relación diferente con la naturaleza y el medio ambiente. Aunque se les intente comprar, corromper y reprimir, ellas resisten. En realidad, en todos los países de América Latina, y también en Canadá, las poblaciones indígenas forman parte del frente de resistencia socioecológico a la destrucción del medio ambiente por el capital y merecen nuestro apoyo. En los países en los que hay una gran concentración de poblaciones indígenas -como Ecuador o Perú- ha habido ya algunas victorias. En Brasil, este peso demográfico y social de las comunidades indígenas es menor porque han sido exterminadas por el progreso. Pero es muy importante que estén presentes en Amazonia porque, si no lo estuvieran, el capital y el Estado habrían destruido ya la selva. Uno de los miembros de nuestro movimiento ecosocialista, Hugo Blanco, que es un dirigente peruano de origen indígena, lo dice a menudo: “¡el ecosocialismo es algo que practicamos desde hace siglos!”. Y tiene razón. La forma colectiva en que las comunidades indígenas se organizan y la relación que han establecido con la naturaleza son las semillas del ecosocialismo.

27/07/2016

Fuente: MD18 (Movimento democrático 18 de março / Mouvement Démocratique du 18 Mars), mai 2016. URL :http://www.md18.org/#!blank-7/rwzgb

Traducido de la versión publicada en http://www.anti-k.org/2016/07/27/letat-dexception-est-constant-cest-la-democratie-qui-est-exceptionnelle/#.V5so1mWwl89

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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