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26J: primer fracaso de Podemos en las urnas
Cambio de ciclo, nuevas hipótesis, nuevas oportunidades
22/07/2016 | Ricardo Martín Santos

Desde el domingo por la noche del 26 de Junio no han dejado de aparecer múltiples análisis y reflexiones acerca del “fiasco” de Unid@s Podemos al no alcanzar los resultados prometidos por una confluencia que parecía que llevaba inevitablemente al sorpasso del PSOE. Así lo pronosticaban todas las encuestas electorales, hasta la más completa y ajustada como la del CIS, lo reflejaban los medios de comunicación y así lo creía la mayoría de la población, tanto los/as que la deseaban como los/as que no. Por ello, como los resultados no son reales hasta que se abren las urnas, pasamos del sorpasso a la sorpresa para propios/as y extraños/as, menos quizás para quienes decidieron abstenerse para no votar a la confluencia. Felicidad para un Régimen que veía cómo los resultados salvaban la ingobernabilidad de la austeridad, alivio para un PSOE que veía cómo se desvanecía la fatal amenaza de pasar a ser una fuerza subalterna en el campo de la izquierda y pesadumbre para los/as integrantes y simpatizantes de Podemos y las confluencias que debían asumir el cierre de una oportunidad histórica de cambio. El desconcierto en Podemos, y en el campo transformador, ha sido de gran calado como lo muestran el animado debate surgido desde la noche electoral en las redes, en los espacios de trabajo, de amistad, con diversos argumentos a favor y en contra, incluida la sospecha por parte de una capa importante de votantes de que ha existido un pucherazo electoral, regado por los múltiples artículos, las declaraciones dispares de los diferentes dirigentes que tratan de explicar lo sucedido…

A día de hoy, casi a tres semanas de las elecciones, no existe una única y redonda explicación de lo acontecido. Continúan existiendo partes muy oscuras de lo que pudo pasar para no ser conscientes de lo que estaba en ciernes, que Podemos se estaba estancando contradiciendo el mito de una inevitable subida sin parangón a los cielos. Ante la falta de explicaciones, parece inevitable que la frustración de los resultados lleve a muchos/as a insinuar el pucherazo electoral como forma simplista de explicar los resultados. Pero no lo debería ser igualmente que se esté aprovechando el fracaso para utilizarlo en la guerra interna de posiciones de manera oportunista. El hecho de que una parte importante de los votantes se quedaran en la abstención hace que cualquier explicación, por muy traída por los pelos que sea, pueda ser dada por válida, desde que se hicieron demasiados guiños al PSOE y que la gente castigó a Podemos, a la contraria, que apareció excesivamente duro y muy delimitado en el lado izquierdo del tablero al juntarse con IU en la confluencia. No es esa la mirada que ahora mismo necesita Podemos, miradas simplistas o sesgadas, sino una mirada macro y larga tanto pre como post noche electoral. Porque ante la complejidad de la situación no es rechazable a estas alturas que algunos de los factores objetivos y subjetivos que trajeron a Podemos hasta aquí han comenzado a mutar, mientras internamente se sigue corriendo un tanto desorientados/as y sin poder atarse los cordones.

Es hora de coger el pulso a la situación

La respuesta no es fácil, la no certeza de explicaciones contundentes nos habla de que sean varios los factores que se han concitado en este resultado. La complejidad es tal que en una primera evaluación podríamos decir que, y a falta de comprobarlo, todas las respuestas dadas puedan ser válidas y han podido influir en mayor o menor medida, incluso siendo contradictorias entre sí. Es más que probable que haya un número de votantes que no le gustó la gestión que se hizo tras el 20D de lo pactos de gobierno al no haber pactado con el PSOE, máxime cuando las explicaciones fueron débiles y que pareció que no se intentó en serio, y también que haya votantes que han considerado que tantos guiños al PSOE desdibujaban el cambio. La explicación a esto no debería extrañar, Podemos se dirige a una capa poblacional muy amplia en la escala ideológica y por lo tanto caben muchos discursos. Lo que sí extraña es que se hayan dado estas cosas al mismo tiempo, que votantes de toda la escala ideológica hayan preferido abstenerse congelando su confianza en Podemos aun habiendo sumado con la confluencia Unidos Podemos. Lo que sí está claro para la mayoría es que algo o algunas cosas están fallando en Podemos, como ha puesto de manifiesto la encuesta a los círculos encargada por el secretario de organización Pablo Echenique. También es ya evidente para toda la organización que hemos entrado en un tiempo nuevo, un cambio de ciclo en el que debemos volver a construir la hipótesis de trabajo. Ésta será una discusión que tome su tiempo. Como paso previo y fundamental para un debate más profundo hemos de buscar las respuestas ante el fiasco electoral, pero de manera rigurosa, realizando un estudio cualitativo para encontrar las claves de lo que influye de manera no apasionada o interesada. A falta de ese estudio en camino, encargado por la secretaría de coordinación, se impone trazar una serie de pistas en las que profundizar. Por ello, trataré de aportar algunas claves de manera intuitiva y sin tampoco querer jerarquizarlas.

Decir una cosa previa: no deberíamos tomarnos la discusión con tremendismo, como si fuera ahora o nunca el momento para arreglar todos nuestros problemas, o a la búsqueda implacable de los culpables de la estrategia. Debemos aceptar que ha sido un fracaso, pero también saber que las elecciones, generalmente, son un campo minado para una fuerza transformadora frente al régimen actual. No así para las fuerzas conservadoras. Con las elecciones se ponen en juego todas las herramientas y dispositivos de legitimización y de integración del sistema y por ello una fuerza transformadora siempre está en una posición de desventaja respecto a las fuerzas pro sistema.

1º Fin de ciclo: el 15M llegó hasta donde llegó.

La falta de certezas de lo que ha pasado y cómo arreglarlo nos sugieren que nos hallamos ante el cierre de un período político: el que se inauguró desde el nacimiento del 15M y que ha llegado hasta estas elecciones del Domingo 26J. Digamos que, en un rápido esbozo, de la explosión de la indignación social en las calles ante las políticas injustas y desiguales de la crisis con el 15M, configurando un nuevo sujeto político que desafiaba a las instituciones del régimen, de ahí su crisis, en grandes movilizaciones en defensa de los intereses de los de abajo, pasamos a la canalización de esas demandas vía electoral con el nacimiento de Podemos para institucionalizar lo conseguido en la calle y poder así sortear el cerrojazo institucional ante las demandas de la calle. De manera no mecánica, Podemos es capaz de agregar las diferentes demandas existentes en la crisis de régimen, tanto sociales, económicas como políticas, en un marco de partido abierto, o partido movimiento, que dispute a las fuerzas pro-régimen el poder con el objetivo de iniciar un nuevo proceso constituyente que de solución a esas demandas. Y tras varias jornadas electorales, y repitiendo el 26J las elecciones generales a modo de desempate o segunda vuelta, Podemos ha llegado a su techo potencial por ahora. Porque por mucho que Podemos insista en tener una táctica y estrategia voluble para llegar a más votantes, lo que hay es lo que hay, la materia cultural del cambio es la que es.

El 15M caló y profundizó en amplias capas poblacionales pero muy concretas, aquellas interesadamente llamadas como clases medias que veían frustradas sus expectativas vitales en el sistema, los estudios valían para poco ante el despido masivo y la precarización. Joven-adulto/a, urbano/a, con estudios… es el perfil preferente de Podemos. Aun a pesar del apoyo masivo de las clases populares al 15M, éste no consiguió transformar en sujeto activo a las capas de extracción más bajas de la clase obrera, aquellas que llevaban ya años en la precariedad vital antes de la crisis. Estas capas poblacionales están hartas como las otras de su falta de horizonte y de la pobreza, pero aún no se han cuestionado el tipo de sociedad que quieren, cómo mejorar de manera colectiva. Se imponen mayoritariamente en estas capas las salidas individuales. Esto hace que sean más proclives a creerse la campaña del miedo contra Podemos, y que cale poco el discurso de una organización preferentemente universitaria. Tampoco el 15M supuso un cambio en la experiencia de fracaso y resignación de la mayoría de trabajadores que vieron como se perdían sus derechos y que su aprendizaje es el de un sistema poderoso que acaba imponiendo sus deseos. Pero ese quizás es otro asunto más profundo.

Que el 15M llegara hasta donde llegara no justifica que Podemos perdiera 1 millón de votantes con la confluencia, son otras las causas, pero sí explica los límites a la hora de poder llegar a más votantes, de extender su campo de influencia entre las clases populares, de arrastrar a nuevos sectores.

2º Los mitos de la sociedad del espectáculo: la profecía no autocumplida.

Lo ocurrido en estas elecciones pasará a la historia electoral de este país; nunca se habían equivocado todas las empresas privadas e institutos públicos demoscópicos todo el tiempo y a la vez. O quizás lo que ocurra es que se han demostrado desenfocados los propios mitos de la sociedad del espectáculo, que por mucho construir un relato en el imaginario social no por ello se hace cierto en lo material, aunque éste acaba influyendo. Es decir, que en la discusión acerca de la construcción del relato, éste no se construye sobre una base no material, exclusivamente ideológica, máxime porque lo ideológico está inmanentemente unido a lo material, pero también se demuestra que el propio relato ideológico viene a configurar otra vez lo material, porque una materia está llena de múltiples significados. Las propias dirigencias de Podemos e IU dieron por cierto que la suma de las dos organizaciones más las confluencias territoriales de Catalunya, Balears, Pais Valenciá, Galiza, inevitablemente llevaba a obtener más votos que el PSOE y que el sorpasso era posible. Debido a que la dirección de Podemos había demostrado ser infalible ante sus apuestas electorales y que las empresas demoscópicas habían fallado siempre, esta vez quisieron creérselo y compraron el discurso del propio Podemos de la realidad ineludible del sorpasso. Pero eso hizo que el propio Podemos se confiara, que la gente lo diera por hecho, que el PSOE se pusiera en pie de guerra y que el régimen sacara ya toda su maquinaria del miedo ante lo que parecía lo inevitable.

Podemos se ha confiado en exceso, su campaña ha sido más conservadora que otras veces, con menos detalle de las propuestas, con menos explicación. Sus votantes se han desmovilizado más, se veía muy cerca la victoria. Era normal que tras el desgaste de los frustrados pactos postelectorales con el PSOE, Podemos apareciera tendiéndole la mano al PSOE como una fuerza útil y con intención de gobierno, que ante la campaña del miedo apareciera como una fuerza amigable, pero eso ha representado un Podemos más electoralista y con un discurso menos programático; al menos, haber diseñado un eje de coherencia de las políticas para salir de la crisis con más justicia social. Podemos se volvió más evanescente, con menos perfil. Por el contrario, el PSOE y el régimen han diseñado una campaña para explicar por qué un proyecto populista es lo más desaconsejado en estos momentos, los riesgos que se corren para la Europa de los mercados y el castigo social que supondría elegir a esa fuerza. El Brexit llegó en el mejor momento. Ese discurso no tenía contrarréplica con un Podemos repartiendo corazones y sonrisas para no asustar demasiado y una Izquierda Unida recordando a diestro y siniestro que, aun a pesar de unirse a una fuerza transversal como Podemos, ellos/as seguían siendo inalterablemente comunistas.

3º La ruptura generacional: los mayores no se fían de sus jóvenes.

Uno de los elementos que más ha pesado en el fiasco electoral de Podemos tiene una vertiente generacional más allá de las cuestiones de adscripción de clase. Desde la irrupción de Podemos y su correlato en la derecha, C’s, los diferentes estudios de los perfiles electorales de cada partido, sobre todo el realizado por el CIS, ponen en evidencia que ahora mismo el bipartidismo se sostiene principalmente por la generación de personas mayores de los 55 años, tanto hombres como mujeres. El PP se ha convertido en el partido de más voto en las personas a partir de los 65 años y el PSOE en la franja entre 50-64 años. Y a la inversa Podemos es ya el partido preferido entre los más jóvenes y C’s le sigue en algunas franjas. Son, digamos en términos sociológicos, fuerzas de futuro. Pero mientras eso llega, las personas mayores ven con mucho recelo el cambio de paradigma que supondría una victoria de una fuerza nueva como Podemos. Estamos ante una ruptura generacional, un distanciamiento cultural entre las personas de una generación superior que no acaban de fiarse de las nuevas propuestas de sociedad y nuevas formas políticas que traen los más jóvenes.

Esta situación se podría explicar por la adscripción de una generación mayor al modelo del régimen de la Transición, un correlato que supo construir toda una estructura de contrapesos ante las anomalías del propio régimen, la construcción de un Estado del bienestar mientras se inauguraban las políticas neoliberales para destruirlo, la extensión de derechos sociales mientras se cuestionaban otros, el desarrollo de un capitalismo agresivo y la extensión de la negociación laboral, la aceptación de diferentes nacionalidades mientras se aplicaba un modelo centralista español exclusivo... Un régimen que era capaz de equilibrar sus tensiones y surfear sus contradicciones, cosa a la que se acostumbraron nuestros mayores. La disrupción que significa el nacimiento del 15M en el relato del régimen de la Transición, que abre en canal las múltiples fisuras del régimen, no configura un correlato de necesidad de cambio de la estructura para la generación de nuestros mayores, a ésta no la satisface esa demanda. Es decir, que ellos y ellas no niegan la necesidad de cambios, algo hay que cambiar, pero quizás no todo y a la vez. El mayor distanciamiento se produjo, en el caso de Podemos, durante las gestiones de la formación de gobierno post electoral del 20D. En ese momento, el PSOE supo explotar las debilidades de un Podemos que aparece como el hijo que desafía al padre y le echa en cara su deficiente gestión con aquella célebre frase ya de Pablo Iglesias de los “gobiernos de la cal viva de Felipe González”. Toda una generación se sintió cuestionada y atacada aquella tarde porque formaban parte de esa historia, porque esos gobiernos los sienten como suyos, como el resultado de su esfuerzo en la construcción de una nueva sociedad tras el franquismo. Entonces el régimen consiguió incorporar a amplias capas de la población a su tarea.

4º Una confluencia hecha para salvar los propios límites del momento: la carencia hecha virtud.

Una vez más ha quedado demostrado que en política uno más uno no son dos ineluctablemente, pueden ser cero, medio punto, uno o tres porque las elecciones traducen las tensiones sociales existentes. Lo miremos desde el punto de vista que lo miremos, la confluencia con IU no ha funcionado ni en términos electorales, no supusieron sumar más votos, ni en términos sociales de construir un nuevo bloque social de los de abajo frente a las élites. Las razones de ello tienen que ver con la naturaleza de la propia coalición, un acuerdo de partidos por arriba sin la capacidad de un impulso social, sin el desborde que la propia confluencia repetía como un mantra. La confluencia se construye como forma de querer burlar los límites de la propia realidad que se había configurado la noche electoral del 20D, la situación de “empate catastrófico” entre un régimen que no puede gobernar con normalidad y un vector del cambio que tampoco puede desalojar a las fuerzas conservadoras del gobierno.

La confluencia es el síntoma y el resultado de las propias carencias de las fuerzas del cambio social que no son capaces de articular un bloque hegemónico social para darle la vuelta a las políticas de la austeridad y por ello se tratan de sumar votos de manera aritmética. Más allá de los círculos militantes de las organizaciones, amplias capas poblacionales no han visto la confluencia como una coalición de los de abajo para cambiar las cosas, sino más bien como una estratagema electoralista calculada para “sorpasar” al PSOE. En esta confluencia la gente ha sido más bien espectadora que parte de la operación. Lo que no funcionaba tras el 15M, el frente popular multipartidista de izquierdas, no iba a funcionar ahora. Eso no quita que la unidad sea necesaria, que de hecho la hipótesis clave del momento actual siga siendo la unidad popular, pero no de esta manera.

5º El miedo ante la incertidumbre del cambio.

La campaña del miedo ha funcionado con efectividad para el régimen. En esta ocasión, los/as votantes de Podemos tenían cierta sensación de acercarse al abismo, entendido como el de una sociedad que se rompe en un conflicto irresoluble. La incertidumbre de qué pasaría al acabar con el modelo bipartidista, eliminar la influencia de uno de los grandes partidos, el PSOE, quizás para algunos/as ha sido demasiado. Una encrucijada terrible la de muchos/as padres y adultos/as que pensaban en el futuro de sus hijos e hijas, en dotar de nuevas oportunidades a las nuevas generaciones, pero a costa de sacrificar al partido de “izquierdas” de siempre, el que trajo el Estado del bienestar. El propio Spot electoral de Podemos tratando de reflejar un “cambio tranquilo” no era capaz de desprenderse de cierto aire de post-abismo, de un cambio más profundo de lo que pueda parecer. No sabremos con exactitud cuánto pudo afectar, pero sin duda el Brexit llegó para ponerle la puntilla a esta campaña de polarización del miedo, dando argumentos y razones a las fuerzas conservadores de a dónde llevan los ”populismos”: a tomar medidas desaconsejadas y acercarse al abismo, por cierto, un abismo de fractura social diseñado por los propios mercados.

El ejemplo de Grecia sigue pesando en este ciclo electoral. Todavía no hay una propuesta clara de cómo mejorar y superar los límites de la Unión Europea austeritaria sin que los mercados amenacen con el apocalipsis financiero que traerá una situación de mayor pobreza y precariedad. Capas importantes de la población son conscientes de lo injusto del sistema, de una economía desigual, pero tienen la sensación resignada de que las cosas funcionan así, que los mercados financieros controlan la economía, que poco puede hacerse para cambiar esto y que es mejor no enfadar a las elites financieras porque podemos tener un resultado peor. Grecia es un buen ejemplo de esto, una Syriza derrotada frente a la Troika y obligada a cumplir con la austeridad en contra de su pueblo. Frente a este escenario no caben artimañas, hay que explicar bien el funcionamiento de la economía, de la posibilidad de articular otras políticas más distributivas sin que eso signifique el caos económico más allá del enfado de los/as privilegiados/as, de la necesidad articular solidaridad entre pueblos, pero sobre todo de que no hay otra manera que “rebelarse” como pueblo frente a los planes de la Troika si queremos trazar un futuro más justo para todos y todas. Esa debe ser uno de los ejes de construcción de un nuevo bloque social popular.

6º Las incoherencias se pagan: un exceso de electoralismo.

Estando Podemos en un permanente punto de mira y observación, las incoherencias se pagan mucho más que en otros partidos. Cierto que Podemos se desenvuelve en un terreno de juego poco favorable, pero precisamente por ello las jugadas deben ser comprensibles y coherentes para la mayoría, es mejor explicar bien las cosas, hacer pedagogía, que no ser entendido o malinterpretado. Desde su puesta en escena, Podemos ha dado excesivos bandazos, diciendo una cosa y la contraria. Podemos era un movimiento de la gente que se organizaba para hacer frente a la emergencia social provocada por la crisis y canalizar las demandas populares por la vía electoral, para construir una alternativa a los viejos partidos no democráticos, pero luego se convirtió en un partido centralizado y jerárquico en pro del objetivo electoral, muy parecido el funcionamiento a esos partidos. Podemos venía a iniciar un proceso constituyente de cambio de régimen, pero en esta campaña Podemos sólo aspiraba a gobernar un cambio tranquilo, aunque era tan sólo un postulado para el momento. Su programa comenzó exigiendo solucionar el problema de la deuda, renta básica, vivienda para todos, banca pública, y luego el programa ha ido perdiendo algunos de sus postulados a medida que se quería llegar a más gente. Con IU no era posible pactar por ser una organización vieja, porque la confluencia debía ser un pacto de la gente, no de partidos, pero luego se vendió el pacto como si fuera lo más natural. Pero fundamentalmente es en la gestión de pactos tras las elecciones y en su relación con el PSOE donde se han podido ver mayores grados de incoherencias. Se tiene claro desde el principio que al PSOE hay que desbancarlo como fuerza hegemónica en la izquierda porque formaba parte del problema de la grave situación social al ser una fuerza comprometida con la austeridad, y por ello no se entraría en ningún gobierno con ellos. Pero luego tras el 20D se propone un gobierno conjunto de cambio y se le tiende la mano continuamente para aparecer como una fuerza flexible y útil capaz de gobernar, cuando en realidad no se quería pactar por los riesgos que ello conllevaba. Se le aceptaba como fuerza del cambio a la vez que se le criticaba como fuerza del régimen. Además, a nivel ideológico, algunas declaraciones de Podemos son de cierto travestismo ideológico al autodefinirse como socialdemócrata para robarle su espacio al PSOE.

Todo lo dicho anteriormente puede tener su explicación y sus justificaciones ante los retos de la realidad, centralizarse para crecer rápido y ser eficaz en le mensaje, rebajar el tono de la confrontación para no parecer como demasiado radical, ajustar cosas del programa para ser más creíbles, tender la mano al PSOE como forma de ser proactivos en la búsqueda de la unidad en el campo progresista y formar un gobierno, reconocer que en el fondo tus propuestas son socialdemócratas… Pero todo estos elementos juntos suponen demasiadas cosas inconexas en el discurso, traducen un relato incoherente en el que Podemos va modulando el mensaje dependiendo del momento. Esto te hace parecer como una organización oportunista y refuerza el argumento del régimen de que Podemos es una fuerza populista, dice una cosa hoy y mañana otra sólo por puro interés de ser aceptada por la mayoría y no revelar sus verdaderos objetivos. La gente ha percibido un excesivo grado de electoralismo en Podemos y eso hace no confiar demasiado en ella ni verla como una fuerza de apuesta de futuro al no ser lo suficientemente creíble.

7º El potencial de Podemos es el de ser una fuerza outsider, no el de una fuerza más.

El período político que va desde las elecciones del 20D hasta la repetición electoral del 26J ha servido al régimen pare recomponer sus fuerzas. Con las negociaciones para conformación de un gobierno, Podemos se mete en el feo y viscoso juego de los dimes y diretes de los pactos de partidos en los fríos salones parlamentarios, de las razones de partido y estado que no son las razones de la gente, y ahí el régimen ha conseguido debilitar a Podemos y que aparezca como una fuerza más. Una fuerza que pone sus intereses como partido, lo que puede sacar del poder, por encima de los intereses de la gente al estilo del utilitarismo que nos tenía acostumbrado el bipartidismo. Tras el anuncio de ofrecimiento de un gobierno conjunto con el PSOE por parte de Pablo Iglesias la versión mediática que se extrajo fue la insistencia en que Podemos sólo buscaba cargos y sillones en ese ofrecimiento, reforzada continuamente por las tres fuerzas del régimen, PP, PSOE y C’s. En este período Podemos se adaptó a los engranajes y funcionamientos parlamentarios, lógicos por otro lado, y su presencia se desdibujó en la calle y en la sociedad civil, es decir, que aparecía más como una fuerza parlamentaria política que la de una fuerza social. En la gestión de los pactos, Podemos apareció como una fuerza hábil para negociar, llevando siempre la delantera, pero no quedó claro su papel de defensa de las demandas de la calle perdidas entre el juego del ratón y el gato de un PSOE que tenía que justificar que nunca pactaría con Podemos para no pagar ese peaje social. Quizás Podemos debería haber buscado alguna demostración de fuerza social además de los juegos de salones parlamentarios para reforzar su papel como fuerza política de cambio. Y aquí, sin duda, es donde Podemos pierde potencial como fuerza outsider, como fuerza capaz de patear el tablero para cambiarlo por otro más favorable para la gente.

Porque por mucho que Podemos haga juegos de birlibirloque tratando de engañar a la gente con que es una fuerza creíble de gobierno, la gente sabe bien lo que está en juego: una revolución política entendida como un proceso constituyente hacia un nuevo régimen, en definitiva, un cambio político de importancia. Por eso, porque es una apuesta de futuro pero también de riesgo, van a pensarse más si merece la pena confiar en ella, si eso realmente va q traer una mejoría en sus vidas. Y ante eso sólo cabe pedagogía de la política, explicación detallada de las propuestas, un programa de cambio creíble pero sobre todo diseñar un mundo social nuevo con el que pueda soñar la mayoría. Las tesis politológicas acertaron en partir desde el sentido común del momento para construir un nuevo relato social de cambio, desde el que resignificar los conceptos sociales para agregar a una mayoría. Pero no es suficiente para construir un proyecto ganador contentarse con la materia semisolidificada por el 15M en las pantanosas aguas de la conciencia por puro electoralismo, para llegar a más gente; más bien, hay que seguir solidificando la conciencia si queremos vencer. Un proyecto y una ruta más clara.

8º Sin conflictividad social no hay margen para crecer.

En este período electoral de dos años, marcado por el cese del fuerte flujo movilizador tras el ciclo iniciado en el 15M, el relato de la crisis sobre las políticas injustas y de la emergencia social ha ido diluyéndose. El gobierno popular, con la connivencia de la UE, ante la ingente movilización social y un ambiente muy caldeado, decidió relajar las políticas de recortes para dar cierto alivio a una sociedad asediada por la pobreza y la precariedad. En esta coyuntura de extraña paz social el régimen consigue que sus ideas de recuperación económica y de salida de la crisis calen mejor aunque el paro se mantenga por encima del 25%. La conflictividad social surgida por el malestar ante un régimen incapaz de garantizar las condiciones de vida dignas es el factor determinante para la explosión inaudita de Podemos como marca electoral. Sin ese acelerante social, sin un debate acerca de la necesidad una alternativa al régimen, sin una estrategia clara de cómo satisfacer las demandas de la gente, Podemos no tiene mayor espacio para crecer como fuerza alternativa. Podemos nació para los tiempos condensados donde la gente hace la política, no para los tiempos laxos de un régimen que encuentra la forma de cooptación social para su favor. Asaltar los cielos no se hace sin la gente.

Ahora, no quiere decir esto que Podemos deba decretar la movilización social, no podría aunque quisiera ya que ésta surge de las demandas, de las necesidades, de los malestares e indignación de los sectores sociales golpeados por un sistema injusto, pero sí que puede ser animador de la sociedad civil, animar el debate y la participación de la gente en la política con mayúsculas.

9º Conclusión: Podemos como una hidra, una marca electoral a la vez que movimiento social.

Podemos se ha construido desde su inicio en la tensión de ser una marca electoral para llegar a amplias capas poblacionales y disputar el terreno de juego mediático, a la vez que ha sido un espacio de autoorganización de las capas populares para hacer política y canalizar los deseos de cambio. Esta tensión genera continuas contradicciones que son a veces difíciles de resolver pero es sólo en este vector de fuerza donde su actuación encuentra su sentido y donde está el mayor potencial de Podemos. El de ser una fuerza que dialoga con toda la sociedad, que se mueve en el tablero del régimen pero que a su vez ofrece una alternativa de sociedad sobre la base de ser una fuerza popular asentada. Es tan vital estar presente en el debate mediático, ser una fuerza parlamentaria, como la de ser una fuerza real presente en las calles de barrios, ciudades y pueblos del Estado que teje alianzas con la gente. La relación con la gente, con la sociedad civil, no puede ser exclusivamente la de una fuerza líquida mediática porque son unos lazos débiles. Esta doble identidad, la de marca electoral-parlamentaria y fuerza popular plebeya, lo que ha venido en llamarse el partido-movimiento, sólido en su espina dorsal y permeable en su cuerpo capaz de acoger las diferentes propuestas y culturas populares de la sociedad, es la línea de trabajo que más potencial de desarrollo e interés tiene en Podemos tras su fiasco en las elecciones.

Abrir el partido a un debate sereno y constructivo, escuchar las diferentes voces y sensibilidades, hacerlo más participado, contar con sus círculos, agregar a la gente sin importar su procedencia, fraguar un movimiento social que cifre las demandas de cambio ante la urgente situación social pero también que sueñe con una nueva sociedad es el mejor punto de partida para comenzar a resolver el fiasco que han supuesto las elecciones transicionales del 26J.

22/07/2016

Ricardo Martín Santos forma parte de Podemos Sevilla y es militante de Anticapitalistas



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