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Un marxismo sin garantías
Stuart Hall y por qué la raza cuenta
21/07/2016 | Satnam Virdee

[Stuart Hall merece ser leído. Durante demasiado tiempo tomado con reservas por los marxistas más tradicionales, siempre sospechoso de haber hecho demasiadas concesiones al “posmodernismo” y de haberse alejado del marxismo, Satnam Virdee propone aquí leer la obra de Hall como una contribución materialista crucial para comprender el racismo. El gran mérito de Hall es, según Virdee, haber aproximado dos puntos de vista antitéticos sobre la conciencia de clase y la ideología: Althusser y E.P. Thompson. A contracorriente de las querellas de escuelas en el marxismo, Satnam Virdee esboza los puntos de vista sobre los que Hall se ha mostrado especialmente fecundo así como los límites de su trabajo pionero.]

Para cualquier persona de mi generación, nacida en un suburbio inglés a mediados de los años 60 del siglo pasado, y consciente políticamente debido a la más importante ola de agitación social que este país haya visto desde hace más de 50 años, es difícil hablar de Stuart Hall sin un profundo afecto. La década de 1970 y el inicio de los 80 en Gran Bretaña fueron el momento de una “crisis orgánica”, un periodo que vio la explosión masiva de huelgas obreras, así como el nacimiento de importantes movimientos antirracistas y de mujeres.

Sin embargo, también fue un periodo de reacción, especialmente de reacción racista, con, por ejemplo, la marcha del Front National a través de los pueblos y de las ciudades entonando “No a los negros bajo la bandera británica” (There Ain’t No Black in the Union Jack) y pidiendo la repatriación de todas las personas negras o morenas incluyendo quien, como yo, no habían conocido otro país que no fuera Inglaterra.

Ninguna minoría tomó tales intenciones racistas a la ligera: nunca fuimos simplemente víctimas. Alguno de nuestros padres y abuelos fueron muy activos como nacionalistas, socialistas y comunistas en todas las luchas anticoloniales de la generación precedente y aportaron sus ideas de organización y de su resistencia en Gran Bretaña. Sin embargo, luchando contra el racismo en nuestras escuelas, en nuestras comunidades y en nuestros lugares de trabajo, algunos de nosotros intentamos así mismo entender mejor las raíces de semejante ofensiva racista y, especialmente, las del racismo que emanaba de la clase obrera que, como no dejaba de recordar una parte de la izquierda, era nuestra aliada y nuestra amiga; que como nos decía, compartía nuestra posición en las relaciones de clase; como nos repetía, se trataba de una cuestión de clase y no de raza - ¡imagino que entendéis a qué tipo de marxistas y revolucionarios hago referencia!

Entonces, ¿en qué nos basábamos? ¿Dónde encontrábamos los recursos de nuestra crítica para hacer frente al racismo y crear los espacios necesarios para tener la esperanza de vivir y respirar un aire menos sofocante? Los encontramos en nuestras familias o donde nos habían contado los relatos de la resistencia al racismo colonial; los extrajimos de la música que escuchábamos entonces -Bob Marley, Steel Pulse, Linton Kwesi Johnson y su defensa de políticas utópicas de liberación; y también las encontramos en los trabajos de Stuart Hall.

El racismo de la clase obrera como experiencia vivida

Me gustaría recordar una de las mayores contribuciones de Hall en nuestra comprensión de la relación, a menudo difícil, entre el racismo, la clase obrera y las políticas antirracistas, especialmente a través de su compromiso crítico con el estructuralismo marxista de Althusser y el humanismo marxista de Gramsci.

Una de sus contribuciones más importantes fue permitirnos profundizar en nuestra comprensión del racismo de la clase obrera, un tema sobre el que, durante mucho, tiempo los marxistas de Occidente mostraron su ceguera (blindspot). Los relatos marxistas, como el propuesto por Oliver C. Cox, defienden la idea de que el racismo es una ideología de la clase dirigente, ideología “propagada en la opinión pública por una clase explotadora con el fin de estigmatizar a ciertos grupos como inferiores de manera que la explotación de este grupo o de sus recursos se puedan justificar” (Cox, 1970) Para Cox y las generaciones de marxistas que siguieron, el racismo era fundamentalmente un racismo de la élite y el racismo de la clase obrera fue simplemente aprendido como una forma de falsa conciencia,.

Sin embargo, reducir el racismo en la clase obrera a una especie de conspiración de los capitalistas plantea el siguiente problema: semejante concepción rebaja a los trabajadores a un estatus de “imbéciles culturales”, les asimila a receptáculos en los que se verterían falsas ideas que ellos avalarían sin ninguna distancia crítica. Es una representación bastante negativa de las facultades críticas de la clase obrera; por tanto, es doblemente problemática para los marxistas que desean preservar la idea según la cual esta clase social es el primer agente de transformación social radical incluyendo ahí la superación del racismo.

Stuart Hall ofrece una salida a este impasse. Aclara la forma como la clase dominante logra obtener el consentimiento del pueblo mediante una red compleja de organizaciones e instituciones de la élite que Althusser (1970) denominaba “aparatos ideológicos del estado” (AIE). Los AIE propagan una concepción ideológica del mundo que participa de la construcción de las condiciones necesarias para asegurar el conformismo al servicio de la dominación de las élites. Especialmente, conforman a los individuos como sujetos sociales mediante un proceso de interpelaciones que confieren identidades sociales a cada individuo a través de las que adquieren su comprensión de la realidad social.

A partir de esta concepción, Hall llega a una aprehensión más compleja de la ideología; no una sencilla tela de falsas ideas o creencias, como en el trabajo de Cox citado más arriba, sino una especie de imaginario ideológico incontestable del mundo real que proporciona a los individuos: “(…) estos sistemas de conceptos, categorías y representaciones que dan sentido al mundo y a través de los que cada hombre llega a a ‘vivir’ (…) de forma imaginaria, en relación a lo real, a las condiciones materiales de su existencia (Hall, 1980).

Esta reinterpretación permite a Hall orientar el campo de estudios sobre el racismo hacia una neta focalización sobre el estudio de la forma como los individuos y los grupos participan activamente en la creación de su percepción de la realidad social. Esto le permite a Hall elaborar un cierto número de conclusiones sobre la raza y la clase.

En primer lugar, la inclinación de la clase obrera hacia el racismo no se analiza ya como el resultado de la manipulación desde arriba en la producción de las relaciones sociales, una falsa conciencia podría ser barrida por la yuxtaposición de una contra-ideología (revolucionaria) como Cox y los socialistas de hoy lo creen. Al contrario, la cuestión de la raza es entendida a partir de ese momento como profundamente integrada en las costumbres culturales y políticas de la sociedad, incluyendo la cultura de la clase obrera, de forma que pueda ser utilizada como parte de un conjunto de disposiciones inconscientes y persistentes a partir de las cuales la clase obrera da sentido al mundo que la rodea.

En segundo lugar y correlativamente, la clase obrera blanca no es más -en esta concepción- el recipiente pasivo de una falsa ideología. Al contrario, la capacidad de acción que Hall atribuye a la clase obrera es crucial para entender y movilizar activamente tales pensamiento (race-thinking) y producción (race-making) sobre la raza, de tal suerte que: “(…) las relaciones de clase que le son atribuidas funcionan como relaciones de raza. Así, la raza es igualmente la modalidad por la cual la clase es ‘vivida’, el medio por el que se hacen las relaciones de clase, la forma mediante la que es apropiada y ‘combatida’(Hall,1980). Por lo tanto, en parte, es así como la clase obrera interpreta su dependencia de clase a través del prisma de la “raza” y a veces, intenta activarse sobre esta base para mantener su seguridad económica y política.

En tercer lugar, en fin, Hall dibuja los perfiles de las consecuencias políticas desastrosas, para la solidaridad en el seno de la clase obrera y el cambio social radical, de este proceso de traducción ideológica que transforma las clases en razas. Especialmente, la adhesión consciente a las identidades racistas activadas a partir de las cuales, la facción blanca de la clase obrera aumenta su pertenencia identitaria y su sentimiento de tener sentido en la sociedad y que actúa, según la evocadora fórmula de Gramsci, como un “crimen social”, uniendo así esta facción de la clase obrera a su clase dirigente, contribuyendo de esta forma a su fragmentación en las esferas políticas, ideológicas y culturales. Sin duda, es esto lo que asegura la continuación del control capitalista sobre las dos facciones de la clase obrera.

El antirracismo y la cuestión negra racializada

Lo que hace original el análisis de Hall (1980;1986) reside en la manera en la que expone su concepción de la ideología para comprender analíticamente cuestiones de formación identitaria y de resistencia a la dominación. El telón de fondo de todo esto se sitúa en el polémico ataque de E.P. Thompson (1978) contra Althusser y su objetivo de unir el estructuralismo y marxismo. Para Thompson, esto ha resultado de la construcción de un aparato teórico sesgado -un error monumental- que, efectivamente, eliminó la subjetividad humana del marxismo.

Debido al riguroso diálogo que estableció con el trabajo de Althusser, Hall fue objeto de la cólera de Thompson en un tristemente célebre (in/famous) debate en el Ruskin College de Oxford en diciembre de 1979 (Samuel, 1981). Al rechazar muchas de las críticas sustanciales de Thompson, aprehende a Gramsci para resolver algunos de los problemas asociados al marxismo estrictamente althusseriano. Como él reconoce posteriormente: “es en Gramsci en el que me detuve en mi recorrido hacia el estructuralismo y el teoricismo. En un momento, caí en Gramsci, y he dicho, ‘¡Aquí y no más lejos!’” (Hall, 1988).

La prueba de la superación por parte de Hall de la perspectiva estrictamente althusseriana se puede considerar a la luz de su reconceptualización de la ideología como otro espacio de la lucha de clases. Lo que permite a Hall romper con el enfoque althusseriano según el cual solo las ideologías dominantes pueden ser reproducidas -lo que suprime desde ese momento la posibilidad de resistir a la interpelación ideológica. Al contrario, para Hall hay una lucha que se desenvuelve a nivel del sentido incluyendo en este las interpelaciones racistas atribuidas de manera que, bajo ciertas condiciones (no establecidas), estas identidades racistas puedan ser asumidas por las personas racializadas y recuperadas en el marco de una nueva ideología de resistencia en vista a combatir el racismo y la discriminación

Teniendo en cuenta esta concepción de la ideología bastante amplia, Hall llega a captar a la vez la forma en la que la ideología produce sentido y la manera en la que una idea como la raza -que es la piedra angular del racismo científico- puede en condiciones políticas e históricas específicas, ser reapropiada y reinyectada al servicio de una política de luchas contra el racismo. Esta contribución resulta de gran importancia y nos ayuda a comprender la política antirracista negra en el mundo angloamericano y, sin duda, más allá.

Los límites del marco teórico de Hall

Sin embargo, el análisis de Hall de la raza y de la clase también tiene sus límites. Por ejemplo, Hall se muestra profundamente escéptico en cuanto a la posibilidad de formación de la clase obrera e incluso a desarrollarse en las sociedades capitalistas atrasadas. En mi opinión, este pesimismo se debe en parte, a su estudio intensivo de la ideología que le lleva a creer que sus identidades -negras y blancas, hombres y mujeres, etc- estaban tan profundamente imbricadas en la cultura cotidiana incluyendo en la clase obrera que no sería posible superarlas. La resistencia al racismo resulta posible pero debería implicar precisamente a aquellos y aquellas que son víctimas del proceso de racialización, la resistencia al sexismo sería posible pero debería implicar a las personas en la mira del sexismo, etc.

La ironía de todo esto es que un proceso de formación de una clase obrera contra la explotación y el racismo se produjo a finales de los años 70 del siglo pasado y a comienzos de los años 80 en Gran Bretaña precisamente en el momento en que Hall desarrollaba su marco teórico. En ese momento de crisis sistémica profunda del capitalismo británico -entre, por una parte, un estado providencia en plena desintegración y por otra, un neoliberalismo cuya victoria no estaba todavía asegurada-, las subjetividades racializadas como la de los negros demostraron no constituir una alternativa a la formación de una clase obrera sino más bien su precursor esencial. En efecto, no había ninguna necesidad de rechazar la identificación en tanto que negro en provecho de una identidad de clase: al contrario, el hecho de ser negro (blacness) engendra una conciencia de clase aún mucho más fuerte.. Lo que fue central en este proceso de formación de la clase obrera fue la mediación de las fuerzas de la izquierda revolucionaria -especialmente las constituidas por descendientes de las minorías racializadas. Estas fuerzas dieron una pequeña muestra, enormemente atractiva, del potencial emancipador de una amplia solidaridad multiétnica hasta que tales resistencias colectivas no fueron aplastadas por el la bota de hierro de un neoliberalismo en el momento de su consolidación.

Durante mucho tiempo, Stuar Hall fue visto de manera bastante sospechosa por los marxistas ciegos ante la raza (color-blind) que le acusaban del pecado de “teoricismo” y de “ideologicismo” y lo convirtieron rápidamente en peligroso post-estructuralista. En mi opinión, no hay ninguna duda de que esta impresión se consolidó por la mala apropiación que se hizo de Hall por la segunda ola de universidades de los estudios culturales (cultural studies) que utilizaron tanto como punto de referencia para desviar la atención de la mediocridad de sus programas de investigación, como de su naturaleza increíblemente apolítica.

Al contrario de esta impresión, creo qe Stuar Hall fue uno de los intelectuales socialistas más importante de Gran Bretaña post Segunda Guerra Mundial. Hall fue notablemente un intelectual orgánico, alguien que sabía que la “teoría era una curva en el camino hacia algo más importante” al contrario de muchos marxistas occidentales que tendieron a producir un tipo de teoría muy separada de la práctica política. Por tanto, es esencial reapropiarnos de Hall para el marxismo, para un “marxismo sin garantías”.

16/02/2015

http://www.contretemps.eu/interventions/%C2%AB-marxisme-garanties-%C2%BB-stuart-hall-ce-pourquoi-race-compte

* Satnam Virdee es profesor de sociología en la Universidad de Glasgow, Reino Unido y autor de Racism, Class and the Racialized Outsider (2014).

Traducción VIENTO SUR

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