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Salud pública
Más allá de la batalla del ébola. Ganar la guerra contra futuras epidemias
13/07/2016 | Victor J. Dzau y Peter Sands

La batalla para contener y, finalmente, derrotar la epidemia de ébola de 2014-2015 ha sido vivamente descrita/1-3. Cogidos por sorpresa desde el principio y obstaculizados por una miríada de problemas de coordinación, comunicación y de otro tipo, una combinación de equipos locales e internacionales contraatacaron con determinación, coraje y, finalmente, con el despliegue de abundantes recursos para detener el contagio y salvar vidas. Sin embargo, más de 11.000 personas murieron y las economías locales quedaron paralizadas. La batalla se ganó, pero a un precio inmenso.

Terminada la crisis inmediata, la atención mundial se ha desplazado. El ébola ha desaparecido de los titulares y, significativamente, de la lista de tareas de los políticos. La atención se ha desplazado al zika y a otras prioridades en pugna. Pero sería un gran error darle la espalda y dar la guerra por terminada, pues África occidental sigue siendo vulnerable a un rebrote de ébola. Indudablemente habrá nuevos casos; la única pregunta es con qué efectividad serán contenidos.

Los medios e infraestructura necesarios para prevenir, identificar y responder a los brotes de enfermedades infecciosas están bien entendidas. Incluyen el seguimiento de la enfermedad y de su recrudecimiento, detección del caso y diagnóstico, localización de contactos y aislamiento, cuidado médico y control de la infección, colaboración de la comunidad y comunicación. Pero los países con bajos ingresos como Guinea, Sierra Leona y Liberia necesitan ayuda para poner en marcha y mantener estos mecanismos. No tienen ni el dinero ni los recursos humanos para hacerlo todo ellos mismos.

El imperativo de reforzar la preparación y capacidad de respuesta de la salud pública no es exclusiva ni para África occidental ni para el ébola. El zika ha mostrado debilidades similares en Latinoamérica y en el Caribe, igual que el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) en Oriente Medio y Asia. Pero mientras mientras luchamos por movilizar recursos en respuesta a nuevos brotes, escatimamos en construir mejores defensas.

Son esenciales medios en salud pública a nivel nacional más fuertes como primera línea de defensa contra posibles pandemias, como hemos señalado nosotros y otros miembros de la National Academy of Medicine Commission on a Global Health Risk Framework for the Future/4. La comisión ha hecho un llamamiento a que se hagan análisis de rendimiento rigurosos y transparentes de tales medios, planes concretos para subsanar las deficiencias y una financiación adecuada y sostenible.

Algunos observadores sostienen que hacer análisis de rendimiento en los países más pobres no tiene sentido, puesto que ya sabemos que tienen grandes deficiencias. Pero el análisis de rendimiento ayudará a los gobiernos y a los socios donantes a establecer las prioridades y a hacer un seguimiento de los progresos. Un análisis de rendimiento transparente permitirá darle a los países que estén haciendo progresos el crédito que merecen e inspirar un sentido de urgencia sobre aquellos países donde persistan las deficiencias. Además, las deficiencias en la preparación contra las pandemias se extienden más allá de los países más pobres. Muchos países con ingresos medios no tienen lo suficiente en este frente, igual que algunos países de economías avanzadas. El análisis de rendimiento permitirá que la sociedad civil haga a sus gobiernos responsables y agudizará los debates sobre las prioridades fiscales nacionales.

Nuestra comisión señaló que la preparación y respuesta contra las pandemias debe ser tratada como un principio esencial de seguridad humana y económica, no sólo como una cuestión de salud, y planteó una mayor inversión. Casi 100 millones de personas murieron en el siglo XX por la epidemia de gripe española de 1918-1919 y por la epidemia del VIH-SIDA. Examinando sólo los costes económicos directos, estimamos que las pérdidas anuales previstas por potenciales pandemias superaban los sesenta mil millones de dólares al año. Desde entonces, Fan et al. han proporcionado estimaciones incorporando los costes económicos de las muertes, con lo que asciende hasta 490 000 millones al año/5. De forma escandalosa, el mundo no ha invertido lo suficiente en esfuerzos para prevenir y mitigar los riegos de enfermedades infecciosas, en comparación con otras grandes amenazas para la seguridad global. La comisión propuso una inversión de 4500 millones de dólares al año; una suma no pequeña pero que tampoco era inalcanzable y sólo consistía en una fracción de lo que podemos perder si continuamos descuidando la preparación. En el componente más grande de esta inversión, que asciende a 3400 millones de dólares, se incluyen inversiones para mejorar los sistemas de salud pública nacionales.

El problema es que hasta que haya un brote y la gente empiece a morir, el atractivo político en invertir dinero en ello es limitado; vacilamos en invertir en la prevención y preparación para algo que puede no ocurrir. Igual que los coches de bomberos con las luces parpadeantes y las ruidosas sirenas corren en dirección a un incendio, una estrategia de respuesta eficaz puede ser una buena política. Pero tenemos que invertir el equivalente al mobiliario resistente al fuego, estrictos códigos de construcción e instalación de sensores de humo y sistemas de aspersores comerciales. Es la esmerada construcción de, quizás poco glamourosos, medios vinculados a la vigilancia, diagnóstico, preparación de emergencia y protocolos de control de infección de la enfermedad lo que salvará el mayor número de vidas y minimizará el impacto económico.

Se podrían haber salvado muchas vidas en la epidemia del ébola en África occidental si Guinea, Sierra Leona y Liberia hubieran estado mejor preparadas. Sabemos qué es lo que hay que poner en marcha. Y aunque los requisitos de financiación son substanciales, la cuestión de la seguridad y economía globales son apremiantes: es mucho más rentable invertir en preparación que gastar en la respuesta. Si, en unos años, hay otro brote de ébola que de nuevo mate a varios miles de personas, no tendremos excusa.

Notas

1/ Moon, S., Sridhar D., Pate, M. A., et al.: Will Ebola change the game? Ten essential reforms before the next pandemic. The report of the Harvard-LSHTM Independent Panel on the Global Response to Ebola. Lancet. 2015; 386: 2204-21.

2/ Médicins sans Frontières: Pushed to the limit and beyond: a year into the largest ever Ebola outbreak. 2015. (http://www.msf.org/sites/msf.org/files/msf1yearebolareport_en_230315.pdf).

3/ Factores que contribuyeron a la inadvertida propagación del ébola y que impidieron una contención rápida (http://www.who.int/csr/disease/ebola/one-year-report/factors/en/).

4/ Sands, P., Mundaca-Sha, C., Dzau, V. J.: The Neglected Dimension of Global Security: A Framework to Counter Infectious Disease Crises. New England Journal of Medicine. 2016. 374: 1281-7.

5/ Fan, V. Y., Jamison, D. T., Summers, L. H.: The Inclusive Cost of Pandemic Influenza Risk. Documento de trabajo del NBER nº 22137. Cambridge. MA: National Bureau of Economic Reseach. 2016.



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