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Yemen
La guerra sucia de Arabia Saudí
11/07/2016 | Bertold du Ryon

Casi ha desparecido de “nuestros” medios dominantes. Pero la sangrienta guerra que lleva a cabo (en primer lugar) “nuestro” [europeo] aliado, el régimen saudita, en tierras yemeníes continúa causando estragos, un año y cuatro meses después de su comienzo...

Este conflicto militar en uno de los países árabes más pobre ha costado la vida, hasta ahora, a alrededor de 6400 personas. Se cuentan también 40 000 heridos/as y 2,5 millones de yemeníes se han visto obligados a abandonar sus hogares. La mayoría de esas personas vive como “desplazadas internas” en otras partes del país. El 11 de abril de 2016 se abrió, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, una negociación de paz en Kuwait... sin grandes resultados.

Desde el punto de vista del régimen wahabí saudita, ese conflicto se presenta ante todo como una guerra “por delegación” contra su rival estratégico en la región: el régimen iraní. Los beligerantes yemenitas son considerados, “vistos desde Riad” (la capital saudí), como peones en este juego de geopolítica y tintes confesionales. Esto concierne ante todo a los “hutíes”, una fuerza rebelde de obediencia chiita que el régimen saudí considera como una marioneta de Irán.

La realidad tiene más matices: si las consignas de esta milicia chiita (“Muerte a América, maldición a los judíos”, apoyo al “Eje de la resistencia” formado en particular por los regímenes iraní y sirio, etc.) están en sintonía con los del poder de Teherán, saca su fuerza de los conflictos internos de la sociedad yemení. En un país con un juego político en gran medida confesionalizado y tribalizado, traduce las aspiraciones y exasperaciones de la minoría chiita (zaidita).

Bombardeos ciegos

Los “hutíes”, que entraron en la capital Saná en septiembre de 2014, se habían aliado con el antiguo presidente del país Ali Abdalá Saleh y sus partidarios, contra su sucesor (desde 2012), Abd Rabbo Mansour Hadi. Saleh había presidido el país de forma autocrática desde 1978, pero renunció al poder bajo la presión de un movimiento de masas surgido en 2011. De carácter civil, este movimiento se inscribía en la onda de las “primaveras árabes”. Tras varios meses de revuelta democrática, su antiguo vicepresidente, Mansour Hadi, fue elegido presidente en unas elecciones en las que era el único candidato. Saleh, herido en los combates, se había refugiado primero en Arabia Saudí, y luego en Estados Unidos, a donde acudió para recibir tratamiento médico. Pero animado por el deseo de volver a la escena política yemení, ha alimentado un conflicto que ha llevado desgraciadamente a una reconfesionalización extrema de las diferenciaciones políticas.

El régimen saudí ha intervenido abiertamente contra el avance de la milicia rebelde chiita, desde finales de marzo de 2015, con la operación militar bautizada “Tempestad decisiva”. Está apoyado por una alianza político-militar que incluye a varias monarquías del Golfo y otras monarquías árabes -Jordania y Marruecos-, así como a los regímenes egipcio y sudanés. Pero sobre todo es el régimen saudí el que actúa con una violencia extrema en esta guerra.

El pasado 15 de marzo, uno de los bombardeos ciegos del régimen saudita mató al menos a 119 personas (entre ellas 22 niños y niñas) en un mercado en la provincia de Hajja. Poco tiempo después, el Alto Comisariado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas publicó un comunicado explicando a propósito de los bombardeos de la coalición saudita que “han atacado mercados, hospitales, clínicas, escuelas, fábricas, celebraciones matrimoniales, y centenares de residencias privadas en pueblos, ciudades incluyendo la capital Sanaa”.

Pero Arabia Saudita sigue siendo un gran socio de las principales potencias europeas así como, a pesar de algunas tensiones, de los Estados Unidos.

http://www.npa2009.org/actualite/international/yemen-la-sale-guerre-de-notre-ami-larabie-saoudite

Hebdo L’Anticapitaliste - 344 (07/07/2016)

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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