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Bloqueo institucional y caída de los ingresos
Argelia se hunde silenciosamente
09/07/2016 | Jean Pierre Séréni

La mayor caída de los precios del petróleo de estos últimos treinta años, un presidente ausente, un déficit presupuestario de treinta mil millones de dólares y candidatos a la sucesión que no se ponen de acuerdo en nada, salvo en un inmovilismo peligroso, hacen el final del cuarto mandato presidencial de Abdelaziz Bouteflika particularmente incierto. A pesar de ciertos artículos de la prensa francesa que tienden a hacer creer lo contrario.

Dos años después del estallido de la crisis petrolera mundial, Argelia está paralizada por un triple bloqueo que amenaza con desembocar en lo peor. El atasco político nacido de la incapacidad de las figuras del régimen de ponerse de acuerdo en un sucesor al actual presidente Abdelaziz Bouteflika, totalmente incapaz de mantener las riendas del poder, impide cualquier progreso serio en la solución de la grave crisis financiera que atraviesan el Estado y el sector público. Además, Argelia, que vive del petróleo y del gas que exporta es incapaz, a diferencia de Arabia Saudita, Rusia, Irak o Irán, de aumentar sus exportaciones y compensar, al menos parcialmente, la bajada de los precios con un aumento de los volúmenes vendidos.

Su producción se reduce desde hace diez años mientras que su consumo interno se dispara y disminuye su excedente exportable. Sería preciso, para invertir la tendencia, un esfuerzo masivo de inversiones; el Estado argelino cada vez tiene menos medios para hacerlo debido a la crisis financiera. La compañía nacional Sonatrach ha sido deficitaria el año pasado, y el atasco político prohibe revisar las condiciones poco atractivas ofrecidas a las compañías extranjeras, que vuelven la cara al subsuelo argelino desde 2010.

El país no puede salir del peligroso círculo vicioso que se ha puesto en marcha más que levantando previamente la hipoteca política y arreglando por fin la cuestión de la sucesión que se arrastra desde la primavera de 2013 y la evacuación al hospital del Val-de-Grâce de París del Presidente Bouteflika, víctima de un accidente cardíaco del que, ciertamente, nunca se ha repuesto. Antes de las elecciones presidenciales de abril de 2014, fue evocada la candidatura del jefe del gobierno Abdelmalek Sellal, antes de ser rechazada in extremis por el jefe del ejército, el general Ahmed Gaid Salah. A comienzos de 2016 circuló el nombre del director del gabinete presidencial Ahmed Ouyahia, un superviviente de la vida política local en la que participa desde hace más de treinta años, como aspirante al puesto de Primer Ministro que ya ha ocupado en tres ocasiones. Pero sus rivales tuvieron miedo de verle tomar una posición seria de cara a la sucesión en caso de desaparición repentina de Abdelaziz Bouteflika y le atacaron en tromba.

Estancamiento político y déficit presupuestario

Los tres principales actores de esta tragicomedia, el ejército, los servicios de seguridad y la familia Bouteflika, se neutralizan y no están de acuerdo más que en el statu quo. El viceministro de defensa, jefe del estado mayor del ejército, el general Gaïd, se vería bien en la presidencia, pero el “colegio” militar es renuente a ver a uno de los suyos asumir el poder en circunstancias más que difíciles y prefiere dejar esta ingrata tarea a un civil. Saïd Bouteflika, el hermano “pequeño” del actual presidente, no tiene ni la audiencia ni la seriedad que exigen la situación. En fin, el jefe del gobierno, Sellal, carece de credibilidad y de apoyos. La oposición por su parte está dividida y es más testimonial que opositora, carente de un mínimo de libertades a pesar de las promesas y la revisión constitucional de comienzos de año.

En este atasco político en el que cada uno de los candidatos, conocido o desconocido, marca de cerca al otro, se impone esperar y diferir las “reformas” que las instituciones internacionales y los analistas recomiendan para hacer frente a la gravedad de la situación financiera del Estado. La inacción va a pagarse muy cara. La renta petrolera se ha hundido (70 000 millones de dólares antes de la crisis, 27 000 millones esperados para este año) y el déficit presupuestario esperado en 2016 podría alcanzar 30 000 millones de dólares, es decir, cerca del 20% del PIB. ¿Dónde encontrarlos? El dinero acumulado durante los diez años del boom petrolero (2004-2013) se está acabando rápidamente, el Fondo de Regulación de Gastos (FRR) que ha financiado desde hace seis años el déficit presupuestario estará vacío antes de finales de año.

Tras dos años de dudas, Argel parece resignarse a endeudarse de nuevo en el exterior. Pero le será difícil conseguir más de 4 o 5 mil millones del Banco Mundial o del Banco Africano de Desarrollo (BAD). Es insuficiente. El mercado financiero internacional es, de hecho, inaccesible para Argelia sin la garantía del Tesoro americano o japonés que ha obtenido Túnez; tal patronazgo sería vivido como una humillación nacional por los argelinos traumatizados por la precedente crisis financiera de los años 1990, que condujo a un plan de ajuste estructural ruinoso para los asalariados del sector público y los consumidores.

El crecimiento económico con problemas

En el plano interno, el gran “Empréstito nacional para el crecimiento económico” (ENCE) ha sido un fracaso a pesar de las presiones ejercidas por los banqueros y los aseguradores (apenas el equivalente a 2 000 millones recogidos hasta ahora) y ha costado su puesto al ministro de finanzas, Abderrahman Benkhalfa. ¿Qué otra solución queda a su sucesor, el tercer ministro de finanzas en dos años, sino hacer funcionar a tope la imprenta de los billetes y devaluar de forma salvaje el dinar con la complicidad del nuevo gobernador del Banco central? La consecuencia será forzosamente una inflación de dos cifras, penurias y empobrecimiento doloroso de la población, en conjunto una triple amenaza para la estabilidad social y política del régimen.

La última conferencia tripartita (gobierno, patronal, Unión General de Trabajadores Argelinos, UGTA) del 5 de junio pasado ilustra esta incapacidad del régimen, a pesar de la urgencia, para coger el toro por los cuernos. Albelmalek Sellal no se ha atrevido a hacer público el “ajuste” presupuestario 2016-2019 preparado por su equipo y la única medida anunciada, la vuelta de la edad de jubilación a los 60 años ha sido atrasada indefinidamente. La Caja Nacional de Jubilaciones (CNR), sin embargo muy deficitaria, se ha apresurado a hacer saber algunos días más tarde por vía de la prensa que las jubilaciones anticipadas al cabo de 25 años de carrera no estaban puestas en cuestión. Por su parte, las principales federaciones de la UGTA, en el mismo ambiente, han rechazado la firma de su central y reivindicado ruidosamente el mantenimiento de las conquistas adquiridas.

En el frente petrolero, la misma indecisión. A finales de mayo, con la ayuda de la Unión Europea, Salah Khebri, el Ministro de Energía ha organizado en Argel un foro destinado a atraer a las compañías internacionales, a incitarlas a volver a explorar y explotar el subsuelo sahariano, en particular gasístico. Los debates han sido un diálogo de sordos: las demandas de cambios sobre la fijación de los precios del gas o sobre la propiedad de los yacimientos que es hoy automáticamente un 51% argelina han sido rechazadas y la perspectiva de una vuelta de las inversiones extranjeras al sector se ha alejado un poco más todavía. En un contexto de bajada de los recursos de las compañías y de puja entre países productores para atraerlas, Argelia es menos que nunca, a ojos de las empresas petroleras, un destino seductor. Finalmente, la única decisión tomada tras el fracaso ha sido despedir al ministro, lo que no quiere decir que su sucesor será más abierto.

Represión anunciada

Las grandes potencias han querido creer que la jubilación el año pasado del general Mohamed Mediène, llamado “Toufik”, a la cabeza de los servicios secretos durante más de veinte años, la omnipresente Dirección de Información y de Seguridad (DRS) y la reorganización de su antiguo feudo, inauguraban una transición hacia un Estado “civil”, más respetuoso con las libertades y la oposición, e incluso una modernización del régimen. Los indicios en este sentido, al margen de la inestabilidad ministerial, son, no obstante, raros: la justicia sigue a las órdenes del poder, el Parlamento está marginado, los electos locales domesticados y los cuatro últimos diarios independientes amenazados y privados de publicidad oficial. El encarcelamiento sin juicio desde hace más de nueve meses de un general retirado que se había atrevido a criticar al hermano del presidente Bouteflika, o las presiones sobre Issad Rebrab, el hombre de negocios más rico de Argelia, se dice, rival de otro mejor colocado que él ante los poderes actuales, hacen temer que a la inacción y la pauperización se añada pronto la represión.

Jean Pierre Séréni, periodista, antiguo director de Nouvel Économiste y exredactor jefe de l´Express. Autor de varias obras sobre el Magreb, el Golfo, la energía, los grandes patronos y la V República.

1/07/2016

http://orientxxi.info/magazine/l-algerie-s-enlise-silencieusement,1388

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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