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Tras el 26J
Las encuestas y la campaña
05/07/2016 | Juan José Ruiz Blázquez

¿Qué ha sucedido para que Unidos Podemos no haya logrado los resultados esperados? Si nos centramos demasiado en contestar a esta pregunta tan simple e inocente erraremos en lo que verdaderamente ha

sucedido. Más importante que la pregunta es quién la hace y el momento en que se hace, y esta es la clave para entender lo sucedido. No es lo mismo que la hagan los medios de comunicación, los adversarios políticos, la dirección de Podemos o los simpatizantes, militantes y votantes de Podemos. Seamos claros, esta pregunta esconde una trampa de la que hay que huir, es una pregunta abstracta y vacía en cuanto a su pretensión de conocer la verdad, es el eslogan principal de la campaña postelectoral del Partido Popular, es la pregunta que tenían guardada en el gabán porque sabían que no podíamos contestarla. Es el último spot, la última frase de la campaña electoral de las fuerzas reaccionarias al cambio. A tenor de lo sucedido parece como si nos hubieran hecho la campaña electoral y nos la estuvieran haciendo todavía.

Al haber puesto el acento en Podemos como maquinaria electoral, es lógico que entráramos en una competición para obtener calorías y energía para ser competitivos en la carrera electoral, necesitábamos combustible para alimentar la caldera de la máquina. ¿De qué energía hablamos? De una muy especial y compleja: la información que nos trasladan las encuestas. En las elecciones del 20 de diciembre de 2015 teníamos a nuestra disposición un combustible fiable y casi gratuito, producto de la novedad, unos imputs que sirvieron para modelar la campaña en función de nuestro momento electoral, pero en las elecciones del 26 de junio nos dieron un tipo de información errónea, y lo que es peor, la compramos a un precio que al final nos salió muy caro, dejándonos arrastrar por los cantos de sirena de las encuestas. A su vez, no sabíamos que nos estábamos quedando sin combustible, sobre todo en la última recta de la campaña, no disponíamos de una información de lo que estaba sucediendo realmente con la motivación del electorado, y si lo sabíamos era porque de manera acrítica aceptamos un tipo de información procedente de los medios de comunicación y las casas encuestadoras de mala calidad. Carolina Bescansa, en un gesto de autocrítica y madurez intelectual que hay que agradecer, lo ha reconocido públicamente: se equivocaron al no hacer encuestas propias. Pero lo que no he escuchado es por qué no se manejaron otro tipo de metodologías de exploración de la realidad electoral. Quizá en esta opción por estudios exclusivamente demoscópicos, presumo, está la clave de lo que ha sucedido en estas elecciones.

El encantamiento por las encuestas no está desligado de lo que ha sido la campaña electoral y su propaganda. Echemos un vistazo al famoso catálogo de Ikea. Si lo miramos con un poco de atención, vemos que aparecen nuestros candidatos en distintas partes del hogar: en la cocina, en el cuarto de baño, en el escritorio, en la alcoba, en la terraza, pero sin gente que los acompañe, en la más absoluta soledad y sin la mínima calidez que ofrecería un paisaje con gente, trabajando, estudiando, amando, conversando, en fin, en una madeja de relaciones sociales cotidianas. Una imagen, la de este catálogo, que condensa simbólicamente la dificultad de Podemos en esta campaña de parecerse al pueblo, de sentir como pueblo. Parafraseando la proclama del absolutismo ilustrado “todo para el pueblo pero sin el pueblo” ahora bien podría decirse “hacer pueblo pero sin el pueblo”. Creo que nos ha faltado conectar con la gente en su realidad cotidiana, ser fiables y coherentes tanto en las formas como en el contenido. Mucha gente de la que nos votó en las anteriores elecciones y que ahora no lo han hecho, quizás, nos ha colocado en el mismo lado de los partidos tradicionales porque no nos hemos identificado con ellos, o lo que es lo mismo, porque no hemos sabido construir los canales de comunicación adecuados a la realidad y a la estructura social en la que están insertos la gente corriente, el pueblo. Hemos sustituido la política por las encuestas, la complejidad por la simplicidad. No hemos sido claros, no hemos merecido ser confiables. Un ejemplo clarificador de lo que estoy exponiendo lo dio un compañero del Círculo de Hortaleza cuando dijo que por qué teníamos que sonreír cuando lo estábamos pasando mal. Toda una lección de sociología electoral y de lo que significa ser pueblo. ¿Acaso todo esto tiene que ver con la posición de clase de la dirigencia de Podemos? Sinceramente no lo sé, pero necesitamos hacer un ejercicio de reflexividad, en el que asumamos que las categorías que aplicamos a los demás para hacer nuestros análisis tenemos que aplicárnoslas en primer lugar a nosotros mismos, es decir, extrañarnos de nuestras certezas más intimas y tener en cuenta el papel que juegan en la toma de decisiones nuestra posición y trayectoria social. Y si, como presumo, esta hipótesis es razonable, podemos deducir que existe una correspondencia entre los métodos y herramientas en la ideación de la campaña electoral y nuestra posición social, lo que directamente nos lleva a pensar que la misma transversalidad en sí no ha operado de manera correcta en el diseño de la campaña, pues se ha impuesto una mentalidad y unas prácticas propias de un segmento de esa totalidad que es la sociedad. Tal vez, la preeminencia de la encuesta como método de análisis electoral, con esa pretensión de intentar explicar el mundo social en base a la suma de opiniones tan funcional al capitalismo de consumo, donde la política termina por ser análoga a un mercado de votos, donde la voluntad del electorado se compra con publicidad e ideas ingeniosas, ha sido un factor determinante para que la campaña electoral nos la hayan hecho desde los platós de televisión.

Mucho se habla de que ha sido la campaña del miedo la causante de estos resultados. A mi juicio es muy simplista tal conclusión, pareciera como si los votantes respondieran a un esquema demasiado conductista basado en términos de estimulo-respuesta. Hay que ir más allá de esta explicación. El miedo lo hemos creado nosotros con unas expectativas infladas, en base a una información que no era real. Existen unas consecuencias no queridas de la acción social, y no haberlas previstas ha generado un discurso social, del que han participado fundamentalmente los medios de comunicación para después trasladarse a la ciudadanía. Tal discurso puede resumirse en la pregunta que muchos ciudadanos y ciudadanas se han hecho durante la campaña “¿Tanta es la fortaleza de Podemos?” La deriva de esta pregunta ha podido tener como consecuencia cierta perplejidad, no tanto porque fuera verdad tal fortaleza y haya asustado al electorado, sino por el hecho de que un fenómeno para que pueda ser asimilado necesita ser la consecuencia lógica de un proceso en el tiempo, de lo contrario, es rechazado por ser poco creíble. De todas las maneras el millón de votos que presumiblemente hemos perdido, son electores o bien que un día nos votaron, y en estas elecciones no lo han hecho, o votantes de Izquierda Unida que no nos han votado. Sea una cosa o la otra, está claro que este millón de votos no estaba atenazado por el miedo. ¿Tanto confiaban en nuestro poderío? ¿O más bien no? Nos han hecho fuertes y nos lo llegamos a creer, pero como digo, crecer requiere de un tiempo razonable, tendríamos que haber preparado la campaña y sus posibles contingencias nada más acabar la del 20 de diciembre para habernos hecho creíbles, también en lo que respecta a la sinceridad del pacto con Izquierda Unida, que tendría que haberse producido muchísimo antes para ser digerido y no comernos de golpe esta confluencia. Pero una vez más, hemos estado más atentos a la magia de las encuestas que a los procesos y a los tiempos políticos de asimilación ciudadana. Hemos corrido más deprisa que la ciudadanía, y en una sociedad democrática esto se paga caro, y por supuesto, y de nuevo, las encuestas han jugado en nuestra contra ofreciendo en un abrir y cerrar de ojos como por arte de encanto un escenario político que hubiera requerido de una pedagogía por parte de Podemos, pero claro, hemos ido muy deprisa ¿Quién ha provocado el miedo entonces?

Llegados a este momento, es lógico que nos cobren con intereses el combustible prestado, las encuestas, y el peaje del reposte, las televisiones, y que nos lo cobren con la pregunta, “¿qué ha sucedido para que Unidos Podemos no haya conseguido los resultados esperados?” La campaña electoral no ha terminado, teníamos que haber previsto lo que íbamos a transmitir después del escrutinio, tanto si hubiera sido un éxito como si hubiera sido un fracaso, pero lo cierto es que nos hemos quedado cariacontecidos, sin saber qué contestar. Hay que neutralizar esta pregunta perversa, y nada mejor que un ejercicio de humildad de unos y de otros por el bien del proyecto transformador que es Podemos. O se asumen responsabilidades sinceras fundadas en una evaluación sincera de lo que ha sucedido, o no habremos aprendido nada. Hay que huir de la tentación de que las conclusiones de los estudios que se hagan estén escritos de antemano, o que las conclusiones fueran tantas que finalmente se diluyeran las verdaderas razones de lo sucedido, distribuyéndose por igual los errores, lo que finalmente conduciría a concluir que son tantas las variables intervinientes que se diluyeran las verdaderas razones nucleares del tropiezo. En definitiva, esperemos que las hipótesis de partida de los estudios en marcha en Podemos no sean favorables de antemano a determinadas tesis interesadas. Para contrarrestar este peligro hay que huir de los estudios positivistas y tecnocráticos, que al final no hacen sino consolidar, de manera consciente e inconsciente, las posiciones de quien detenta el poder, por lo que hay que recurrir a una indagación de lo sucedido más democrática, alejada de los gabinetes de estudio. Una lección hay que aprender a partir de ahora: los instrumentos de información no son neutros, son relaciones sociales, son mercancías que esconden su misterio y tienen un coste.

Si, como mantengo, nos han hecho la campaña electoral nuestros adversarios, hagamos entre todos el diagnostico de lo ocurrido, y cambiemos la pregunta “¿Qué ha sucedido para que Unidos Podemos no haya conseguido los resultados esperados?” por otra pregunta “¿Por qué se empeñan en decir que hemos sacado malos resultados, si tenemos 71 escaños?”. Sé qué es difícil, pero es posible. Eso sí, esos 71 escaños que representan la voluntad de millones de votantes tienen que participar en el diagnóstico, de lo contrario no habremos aprendido nada y seguiremos equivocándonos de combustible hasta que el vehículo se pare.

3/07/2016

Juan José Ruiz Blázquez es sociólogo, miembro fundador del Círculo de Podemos de Ecuador y en la actualidad miembro del Círculo de Podemos de Hortaleza



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