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Francia, contra la Ley El Khomri
Valls no quiere salir del túnel
30/06/2016 | Léon Crémieux

Valls no quiere salir del túnel

El gobierno de Valls no llegará acallar el rechazo a la Ley El Khomri antes del 5 de julio, fecha en la que el proyecto de ley comenzará a debatirse de nuevo en la Asamblea Nacional para ser votado definitivamente. Lo más probable es que ni siquiera logre evitar tener que echar mano, de nuevo., del Art. 49.3 de la constitución salvo que modifique realmente el contenido de su proyecto de Ley.

Esa es la conclusión a la que han tenido que llegar los dirigentes socialistas la noche del 29 de junio tras la reunión del gobierno con los dirigentes sindicales de la CGT y FO. Y ello, a pesar de que en estas dos últimas semanas se ha hecho lo imposible para reducir al mínimo al movimiento.

Tras la inmensa manifestación del 14 de junio en Paris, el gobierno puso en marcha una enorme campaña de propaganda en todos los media para hacer creer que el país marchaba a sangre y fuego, que cada manifestación se convertía en una guerra civil. Las pedradas contra las ventanas de un hospital pediátrico parisino sirvieron de base para una avalancha mediática cuyo objetivo era presionar a los dirigentes sindicales con la intención de que pusieran fin a las manifestaciones; sobre todo, a la prevista para el 23 de junio. La cuestión era quebar el movimiento y reducir a la nada su principal expresión: la manifestación de Paris. El objetivo del gobierno, ensalzando la fatiga de unas fuerzas del orden erigidas en héroes de la nación desde los atentados del 15 de noviembre y puestas en estado de guerra permanente con el Estado de excepción, el Euro2016 y las movilizaciones, era que la opinión pública se posicionara contra los manifestantes. Resulta obvio que para Valls la única solución para relajar a los CRS y la gendarmería era que se acabaran las manifestaciones.

Con esta lógica, Valls trataba de imponer a los sindicatos la anulación de la manifestación del 23 de junio y su sustitución por una simple concentración. Ante la negativa de la Intersindical, el Primer ministro pensaba que contaba con la relación de fuerzas suficiente para una buena partida de póker y para lograr imponer la prohibición. Una prohibición que decretó la mañana del día 22, la víspera de la manifestación. Opinión que Valla hizo prevalecer en una reunión en petit comité con Hollande y Cazeneure (Ministro del Interior).

Ahora bien, la prohibición de una manifestación sindical en Francia es un fenómeno muy raro. Hay que remontarse al 8 de febrero de 1962 para encontrar una medida similar. En esa fecha, en plena guerra de Argelia, el prefecto de policía de Paris, Maurice Papon quiso prohibir una manifestación de los partidos de izquierda y de los sindicatos a favor de la paz en Argelia. Ese día, la represión de la policía contra los manifestantes provocó, en un sólo día, la muerte de 18 personas en la boca del metro Charonne, en Paris.

La decisión de Valls desencadenó la indignación general de los sindicatos y de los partidos políticos, más allá de la izquierda radical y de los ecologistas. Incluso la CFDT se pronunció contra esa decisión, así como un gran número de responsables del Partido Socialista.

El primero en manifestarse fue Olivier Besancenot que anunció en los media que no respetaría la prohibición, y en menos de una hora le siguieron los representantes del Parti de Gauche, del PCF, responsables de la Intersindical… e incluso varios "críticos" del PS.

Por segunda vez desde febrero, Manuel Valls había subvalorado la fuerza del movimiento, la fuerza del rechazo a la Ley El Khomri y había sobrestimado en mucho la relación de fuerzas de la que podía disponer. Rápidamente Hollande y Cazeneuve dieron marcha atrás, desautorización a Valls y ofrecieron a la Intersindical una victoria simbólica levantando la prohibición y aceptando la manifestación, aún cuando ésta sólo fue autorizada con un recorrido reducido al mínimo.

Este episodio constituye un exponente de los aspectos contradictorios de la situación actual: el movimiento no tiene la fuerza suficiente para bloquear al gobierno. No ha habido, ni habrá en los próximos días, ninguna huelga general capaz de bloquear la economía e imponer, a través de una relación de fuerzas directa, la retirada de la Ley. Las y los militantes movilizados en las empresas, en las localidades y quienes participan en Nuit Debout bastaban para hacerlo, pero, para llegar a buen puerto, hubiera sido necesario no dispersar la movilización; que la dirección del movimiento planificara el enfrentamiento de forma organizada. Las direcciones confederales de CGT y FO no querían este enfrentamiento prolongado y ofensivo. Desde marzo, han cabalgado el movimiento, sin dotarle de una dirección ofensiva. Muchos trabajadores y trabajadores de múltiples sectores se lanzaron a huelgas de varios días ya en marzo. Ahora mismo, el movimiento ha agotado su capacidad de movilización en grandes sectores profesionales. Si a pesar de eso hemos llegado a finales de junio manteniendo un nivel alto de enfrentamiento, se debe a que decenas de miles de militantes siguen aún movilizados, imponiendo su radicalidad a los dirigentes sindicales y apoyándose en un descrédito profundo de Hollande, de Valls, del PS y en el rechazo a la Ley El Khomri. La cuota de popularidad de Hollande sigue en capa caída (en el último sondeo publicado hoy, la opinión desfavorable sobre Hollande se sitúa en el 88 % y la de Valls en el 80 %). Y, en el mismo sentido, un 73 % es contrario a la utilización eventual del artículo 49.3 por parte del gobierno.

Esa es la razón por la que hemos llegado a finales de junio con manifestaciones en la calle y con numerosas huelgas en empresas del sector privado, sobre todo durante los días de las manifestaciones intersindicales [23 y 28 de junio]. Para el próximo 5 de julio se anuncian nuevas huelgas y manifestaciones y muchos prometen no pararse ahí, a pesar de las vacaciones de verano y de que la ley sea aprobada.

Estas contradicciones están vivas y, si se puede decir, en sus intentos por desgastar al movimiento quien se desgasta es el gobierno.

El obstáculo al que se enfrenta Valls es que la ley vuelve a la Asamblea Nacional para su debate definitivo el 5 de julio. Extrayendo lecciones del descrédito que implicó la utilización del Art. 49.3 en abril, el PS intenta desmantelar la oposición interna que le podría situar ante el mismo escenario la próxima semana, lo que entrañaría un descrédito aún mayor del gobierno.

Esto es lo que explica el juego político que ha montado Valls estos últimos días recibiendo a los dirigentes de la CGT y FO el 29 de junio e intentando dar la imagen de un gobierno dispuesto al diálogo. Toda una pose. Porque Valls no quiere negociar nada sobre el contenido de la Ley. Su único objetivo es mostrar que es él quien tende la mano, en un intento para mejorar la imagen soberbia y arrogante que viene presentando desde hace varios meses.

Lo más probable es que la maniobra no haya servido para nada. Incluso aún cuando Mailly [Secretario General de FO) y Martinez [CGT] estaban dispuestos a ir bastante lejos al no plantear por delante la retirada de la Ley (que, sin embargo, es el lema de la Intersyndical), la reunión ha sido un fracaso. Valls quiere dar una imagen de flexibilidad sin doblar el espinazo. Sin embargo, la dirección de la CGT, ya había dado muestras de flexibilidad ante el gobierno renunciando a ejercer su derecho a veto al acuerdo firmado por la CFDT y UNSA en la SNCF, cuando si la CGT hubiera compartido el rechazo a la misma con SUD-rail, los acuerdos no tendrían ninguna validez y hubieran dado un nuevo aliento a la movilización.

Hasta ahora toda esta pantomima no ha logrado convencer a los diputados y diputadas críticas del PS para que le garanticen el voto en el parlamento y por el momento todos los escenarios están abiertos.

Junto a esto, tenemos que a pesar de este bloqueo y el descrédito creciente de este gobierno, éste se hunde día tras día en una política de violencia policial y de atentado a los derechos democráticos. Aún cuando no fueran prohibidas, las dos últimas manifestaciones en París tuvieron lugar entre pasillos de las fuerzas del orden: para acceder a la manifestación cada manifestante debía pasar varios controles policiales y era obligado a realizar un largo desvío si quería llegar al punto de partida.

Esto también constituye un ataque sin precedentes desde hace décadas; ni en los 70 se vivió eso, cuando las manifestaciones conocieron un nivel de violencia y enfrentamiento con la policía mayor. La presión y la provocación son omnipresentes. El 28 de junio más de 100 militantes se encontraron con la prohibición preventiva de manifestarse. En París 2 500 policías encuadraron los 2,8 kms de manifestación armados hasta los dientes (lanza granadas, flash balls, etc.). Peor aún, ese día la policía dio un nuevo paso: registró el domicilio de 5 militantes parisinos, llevándose sus ordenadores y material informático y reteniéndolos en comisaria. El mismo día, 200 militantes (intermitentes del espectáculos, carteros…) reunidos en la Bolsa de Trabajo antes de la manifestación, fuero bloqueados durante varias horas y los CRS y los gendarmes les prohibieron manifestarse. En respuesta, tras la manifestación y el fin de los bloqueos policiales, 800 militantes se reunieron en la misma Bolsa de Trabajo. A lo largo del día hubo todo tipo de atropellos policiales en otras ciudades, entre las que destaca Lille, donde varios manifestantes fueron detenidos por la policía.

Esta escalada policial en la violación de los derechos democráticos elementales está siendo posible gracias al Estado de excepción [vigente desde los atentados de noviembre pasado] y todo un arsenal de disposiciones liberticidas que el gobierno ha puesto en pie desde los atentados de 2015.

Unos días después del atentado homófobo de Orlando, el gobierno incluso intentó, sin éxito, anular la manifestación por el orgullo gay prevista en Paris para el 2 de julio. Marcha que finalmente ha sido desplazada una semana… para no molestar el desarrollo del Euro2016.

Los artículos, las investigaciones y los informes sobre las violencias policiales desde el inicio del movimiento se multiplican, informando de la utilización de armamento ofensivo, de aporreamientos de detenidos en el suelo, etc. Un informe hecho público recientemente por una comisión de investigación independiente en torno al periódico ecologista en línea Reporterre resulta, por desgracia, muy elocuente. He aquí una pequeña cita de su introducción: "El informe que leerán a continuación confirma que la acción para el mantenimiento del orden en Francia ha adquirido un cariz muy peligroso: amenaza la integridad física de numerosos ciudadanos y ciudadanas pacíficos; a veces, de menores e incluso de niños. El uso de las balas de goma se ha hecho corriente cuando debería ser excepcional e, incluso, prohibido. Los tiros a dar de granadas se multiplican de forma inaceptable. La utilización de la policía camuflada par detener a la gente o reprimir se ha convertido en sistemática. El no respeto del derecho de las y los periodistas a desarrollar su trabajo sin temor a lo que les pueda ocurrir se ha convertido en pan de cada día… [Entre los policías interrogados] algunos se consideran instrumentalizados por el poder, no para restablecer el orden, sino para producir imágenes que impresionen a la ciudadanía, como si Francia estuviera amenazada por "vándalos" tan violentos como anónimos y ajenos al cuerpo social". (https://reporterre.net/Violences-policieres-le-rapport-qui-dit-les-faits)

Recientemente, un artista realizó una buena ilustración de la política de Valls y Hollande en un fresco expuesto en el conjunto "Street Art Fest" en Grenoble, al plasmar a Marianne [símbolo de la libertad] tirada por tierra y vapuleada por dos CRS; uno con un escudo simbolizando que defiende el Art. 49.3. Una pintura que ha levantado una ola de indignación en los responsables de la derecha y del PS. Al parecer, la blasfema anti-republicana no es tolerable para quienes [en enero de 2015] se sintieron orgullosos de apoyar la insolencia y la libertad de tono de los periodistas de Charlie-Hebdo…

30/06/2016

Traducción: VIENTO SUR



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