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Tras el 26J
Euskal Herria: una excepción al triunfo de la derecha
28/06/2016 | Mikel de la Fuente

El resultado electoral en Hego-Euskalherria (Comunidad Autónoma Vasca-CAPV y Nafarroa) difiere sustancialmente del que ha tenido lugar en el Estado español. En la CAPV la participación, del 67,4 %, ha sido cuatro puntos inferior a la de diciembre del 2015 (20D), con porcentajes en ambas fechas cuatro puntos inferiores a los del Estado. La distribución de los 18 escaños ha sido muy similar a la del 20D, con el único cambio de uno más que ha ganado UP en Bizkaia en detrimento del PNV. De esta forma el bloque que defiende el derecho a decidir ha obtenido 13 escaños, 6 de UP, 5 del PNV y 2 de EH Bildu frente a los 5 del constitucionalismo españolista, 3 del PSE-PSOE y 2 del PP. El conjunto de los votos del sector pro-derecho a decidir asciende a 772 737 frente a los 351 593 del constitucionalismo (que incluye a Ciudadanos), con porcentajes sobre el total de ambos sectores del 64,73 % y 35,27 % respectivamente. Comparados con el 20D el derecho a decidir ha aumentado ligeramente su apoyo, al llegar el 64,90 %, frente al 35,10 % del PSOE-PP-Ciudadanos.

En Nafarroa la participación ha sido ligeramente más elevada que la media estatal y ha superado en tres puntos a la de la CAV. El bloque constitucionalista, compuesto por UPN-PP, PSOE y Ciudadanos supera al sector partidario del derecho a decidir (UP, EH Bildu y Geroa Bai), con porcentajes respectivos del 55,33 % y 41,99 %. Estos resultados son mejores para los constitucionalistas-unionistas que los del 20D cuando tuvieron casi cuatro puntos menos. No se ha concretado el posible sorpasso de UP a la coalición UPN-PP, que con el 31,88 % obtiene 3,53 puntos más que UP. La tentativa frustrada, por la negativa de UP, a plasmar una candidatura conjunta de las cuatro fuerzas que apoyaron el nuevo gobierno de Nafarroa y la presentación por separado de EH Bildu y Geroa Bai, el partido de la presidenta Uxue Barco, ha facilitado la minorización de ambas fuerzas, especialmente de Geroa Bai que ha perdido la mitad de sus votos (del 8,68 % al 4,28 %) y, además de dar lugar a que el PSOE mantuviera un escaño, ha permitido la victoria de UPN/PP, lo que va a darle alas en la tentativa de hostigamiento al gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Iruña/Pamplona.

A pesar de que tanto el PSOE como el PP han mejorado en la CAV sus resultados, en 0,99 puntos el primero (del 13,25 % al 14,24 %) y en 1,23 el segundo (del 11,62 % al 12,85 %), siguen siendo fuerzas minoritarias y ello a pesar de que estábamos en presencia de elecciones estatales en las que estaba en juego evitar el sorpasso para el PSOE y mantener el gobierno para el PP. El aumento conjunto de votos de ambos, de unos siete mil votos, no llega a compensar la pérdida de casi diez mil de Ciudadanos. Y sus resultados son muy inferiores a los que consiguieron en las elecciones de 2008.

Unidos Podemos ha conseguido los mejores resultados de todo el Estado en la CAPV, al convertirse en la primera fuerza política tanto en escaños como en votos superando al PNV en 47 500 votos. A pesar de que sus más de 333 000 votos son veinte mil menos que la suma de Podemos e IU-UP el 20D, el porcentaje del 29,05 % es 0,13 puntos superior al de la suma en el 20D. Es la primera fuerza en los tres territorios (habiendo obtenido los mejores resultados de todo el Estado en Araba, con el 30,87 %, superando en más de 10 puntos al PP, segunda fuerza) y en Donostia y Vitoria-Gazteiz, en la gran mayoría de los pueblos de Bizkaia de más de 20 000 habitantes y en varios grandes de los de Gipuzkoa (Eibar, Irún, Andoain, Zumarraga...). La utilización de fórmulas ambiguas, o peor aún, por parte de la dirección estatal de Podemos, sobre "pueblo", "patria", etc., no parece que ha tenido coste electoral, pero si deben ser criticadas. Que, junto a Catalunya, los mejores resultados de UP se hayan producido en Euskal Herria, tanto en la CAV como en Nafarroa, son una muestra de la mayor cultura política de estas poblaciones y de su capacidad para resistir a las manipulaciones y chantajes de todo tipo, en este caso de forma señalada de la amenaza de inestabilidad provocada por el Brexit.

El PNV, aunque ha perdido 16 000 votos en la CAV, ha mejorado levemente su porcentaje, pasando del 24,72 % al 24,91 %. Esa estabilidad consolida la apuesta de la dirección del PNV de evitar la salida rupturista de enfrentamiento radical con el Estado que ha traído malos resultados electorales a sus socios históricos de CDC en Catalunya. El PNV está muy interesado en que el proceso de mejora del autogobierno se produzca sin “convulsiones” y de forma negociada con los partidos constitucionalistas. Si el PSOE no permite la formación de un nuevo gobierno del PP por activa o por pasiva (mediante la abstención), es posible que los votos del PNV sean claves. Habrá que ver si el PNV hace tabla rasa del enfrentamiento que han tenido el gobierno vasco durante los últimos cuatro años y medio por temas tales como la política penitenciaria, la normalización política, la política educativa y, en general, todos los ataques contra las competencias autonómicas y da sus votos a cambio de alguna pequeña transferencia y/o inversión. Sabe que en este caso corre el grave riesgo de enfadar a una parte de su electorado en las próximas elecciones autonómicas de noviembre.

El PSOE ha logrado frenar el proceso de caída electoral, especialmente acusado desde que, con el apoyo del PP, presidió el gobierno vasco entre mayo de 2009 y diciembre de 2012. Ha dejado de ser la primera fuerza en todos sus feudos tradicionales, tanto en Bizkaia como en Gipuzkoa. Aunque ya había sido sobrepasado en muchos ayuntamientos por el PNV en las elecciones locales, esa situación se generaliza y, muy frecuentemente, es superado tanto por Podemos como por el PNV. El PP se ha beneficiado de la polarización, obteniendo una parte del electorado de Ciudadanos.

EH Bildu no ha visto confirmadas sus expectativas de comenzar a remontar la brutal caída electoral del 20D, cuando se redujeron a dos los siete escaños obtenidos bajo las siglas de Amaiur (de los que 6 fueron en la CAV y 1 en Nafarroa). Muy al contrario, no solo no ha conseguido ningún nuevo escaño sino que ha sufrido una caída de más de 31 000 votos y un porcentaje del 1,76 %.

La dirección de la izquierda abertzale explica esa caída por dos razones. Una consistiría en que una parte de su electorado ha votado a UP para desembarazarse de Rajoy y, de esta forma, forzar a un cambio político en Euskal Herria. La segunda es el abstencionismo de una parte del independentismo de izquierda. Ambas razones, sobre todo la primera, tienen una parte importante de verdad. La primera es evidente ya que el ascenso electoral de UP tiene diversos orígenes y sus votos provienen de nuevo voto joven, de antiguos abstencionistas, de críticos con la política entreguista del PSOE, pero un componente no pequeño proviene de votantes de EH Bildu, que en una parte puede volver a éste en las próximas autonómicas, elecciones en las que ya no estará presente el freno al PP sin que se valorarán las propuestas sobre Euskal Herria. En relación con la segunda, es cierto que la abstención ya más elevada en la CAV es dos puntos mayor aún en la provincia en la que la izquierda independentistas es más fuerte, Gipuzkoa.

Sin embargo, esas explicaciones no dan razón de la importante caída en el voto más joven que durante mucho tiempo había sido una de las reservas de la izquierda abertzale y cuya explicación exige dar cuenta de la desconexión con las preocupaciones, lenguaje y cultura de los jóvenes. Tampoco integra el lastre que supone la morosidad del proceso del desarme de ETA y lo que una parte de la población considera como respuestas insuficientes en materias de balance del pasado. Falta, además, el todavía embrionario e insuficiente giro de lo que Petxo Idoiaga calificaba en VIENTO SUR (http://www.vientosur.info/?article11315) como desenganche político de lo que ocurriese en España y su olvido de los procesos del 15M, de las mareas, etc. Es cierto que han dicho que estaban dispuestos a acompañar la tentativa de cambio político en el Estado a la vez que reclamaban a las fuerzas estatales del cambio que, si éste se frustraba, pasasen a apoyar los procesos endógenos en Euskal Herria. Pero, además del retraso en esa implicación con el cambio democrático en el Estado español, esa evolución se condiciona por el apoyo a los procesos de cambio solo o, al menos principalmente, en función de su posible repercusión en Euskal Herria.

Nuevo escenario

Los resultados del 26J van a influir en las próximas autonómicas en la CAV desde varios puntos de vista.

Primero, cuando la composición del nuevo parlamento español y del posible gobierno alejan de todo horizonte posible un cambio constitucional que permitiese referéndum pactados sobre el derecho a decidir, UP se va a tener que pronunciar, como también en Catalunya En Comun Podemos, sobre los referéndum unilaterales necesarios frente al boicot y la criminalización del Estado, para los que convendría que hubiese una amplia negociación entre las fuerzas que apoyen ese proceso sobre la pregunta o preguntas a formular.

Segundo, van a obligar a definirse al PNV sobre si la consecución de un nuevo estatus político de la CAV, que ya está atrasada en relación con los compromisos electorales de las anteriores elecciones, la pretende realizar sobre la base de los acuerdos con las fuerzas vascas del derecho a decidir o “negociada” con aquellos para los que la “unidad de España” es innegociable. Para que el PNV se vea presionado a un giro en el primer sentido haría falta que en Euskal Herria se desarrollasen las movilizaciones multitudinarias por el derecho a decidir que han tenido lugar en Catalunya y surgiesen organizaciones similares a la ANC.

Tercero, está pendiente de ver si las principales fuerzas del cambio social en Euskal Herria, UP y EH Bildu, se ponen de acuerdo, más allá de las declaraciones parlamentarias, pero también en ellas, en el apoyo a los objetivos de los trabajadores. trabajadoras a la hora de impedir los cierres y deslocalizaciones que se propagan por toda la geografía vasca, de los que Arcelor es solo un ejemplo.

Cuarto, que el cambio político en frío en el Estado español se aleje no obvia la necesidad de que las organizaciones políticas, sindicales y sociales vascas, tomen parte en la oposición, junto a las fuerzas y movimientos sociales de todo el Estado español, a las tentativas de nuevos recortes que el nuevo gobierno español querrá imponer en cumplimiento de las órdenes de la Troika para reducir los déficit y deuda públicos y pagar a los acreedores, públicos y privados.

Quinto, aunque es transversal a los puntos anteriores, es la gran hora para poner de verdad en marcha y dar cuerpo a esa expresión que, afortunadamente, se ha escuchado en varios de los mítines de EH Bildu: el soberanismo social. Es la hora de superar la mera idea de que la independencia crearía mejores condiciones para las políticas sociales y defender la soberanía nacional en el cruce programático de la máxima democracia y los derechos sociales, en el cruce del derecho a decidir y la perspectiva anticapitalista. De esta forma podría haber una confluencia en una formulación del derecho a decidir para resolver los problemas sociales, como forma de romper con las políticas austeritarias impuestas por Madrid y del agrado del PNV, UPN, PP y PSOE en la CAV y Nafarroa.

Sexto.El espacio político sobre el que eso podría articularse tiene nombres y apellidos: Unidos Podemos y EH Bildu.

27/06/2016

Mikel de la Fuente es miembro de la redacción de la web de VIENTO SUR

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