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Tribuna VIENTO SUR
26J en Catalunya: pocos cambios y muchas tareas
27/06/2016 | Marti Caussa

Los cambios electorales del 26J respeto del 20D son pocos. Las tareas para todos los agentes que aspiran a un cambio político i/o social tampoco son nuevas, pero se han hecho más urgentes y más claras.

Si miramos sólo el número de diputados, el cambio es mínimo: el PSC pierde un diputado y lo gana el PP. Si examinamos el número de votos y los porcentajes el cambio es un poco mayor y nos permite analizar algunas tendencias.

Pero hay que hacer una doble advertencia a fin de evitar cualquier traslación mecánica de los resultados del 26J a unas elecciones catalanas. En estas elecciones no se presentaba la CUP, que obtuvo 336 375 votos en las últimas elecciones al Parlament, y cuyos votos se habrán repartido, fundamentalmente, entre ERC, En Comú Podem y la abstención. En segundo lugar, en las elecciones del 20D se observó la existencia de un voto dual, que se dirigía hacia ERC o la CUP en las elecciones al Parlament del 27S y hacia En Comú Podem en las elecciones generales y que podría ser, si se confirmara, una especie de repetición del voto dual que históricamente se dio entre CDC y PSC.

La abstención en Catalunya ha sido 3 puntos mayor que el 20D y han votado casi 300 000 personas menos. Todos los partidos han bajado en número de votos, excepto el PP que ha ganado 44 268 y ERC 27 512; C’s es el partido que más votos ha perdido, 112 427, y se ha situado en la cola, por detrás del PP. En Comú Podem ha vuelto a ganar con autoridad revalidando los 12 diputados, seguido a distancia por ERC (9), CDC (8) y PSC (7).

El bloque de En Comú Podem+ERC+PSC obtiene el 58,8% de los votos, frente al 38,21% del bloque de derechas formado por PP y C’s; pero En Comú Podem, con 848 526 votos, es la componente mayoritaria y representa el 42% (el 44% el 20D). Dentro del bloque independentista ERC aumenta ligeramente su distancia en votos respecto a CDC: representa el 53% del voto independentista frente al 51,5 del 20D.

Los partidos soberanistas (ECP), unidos a los independentistas (ERC+CDC) superan a los unionistas (PSC+PP+C’s) en 560 000 votos (el 56,6%frente al 40,4); los independentistas representan el 32,1% y En Comú Podem el 24,5.

En resumen, globalmente se mantiene el desplazamiento del voto hacia la izquierda y la hegemonía de En Comú Podem (aunque con un ligero descenso); este desplazamiento a la izquierda es más claro dentro del bloque independentista. Los partidos independentistas unidos siguen siendo el bloque mayoritario, pero la mayoría absoluta de votos sólo se consigue con la suma de independentistas y soberanistas.

Las causas del desplazamiento del voto catalán hacia la izquierda son las mismas que en el resto del Estado: el rechazo de las políticas neoliberales, protagonizadas por CDC en Catalunya, que han cargado el peso de la crisis sobre las espaldas de las capas populares. Las causas del crecimiento de la opción del referéndum pactado con el Estado frente a la hoja de ruta defendida por los partidos de Junts pel Sí (CDC y ERC) se debe: 1) a los pocos avances conseguidos por el gobierno Puigdemont; 2) a las esperanzas de abrir una vía más fácil para el derecho a decidir: conseguir una gran victoria de Unidos Podemos y las confluencias, que permitiera formar un gobierno de izquierdas y que éste convocara el prometido referéndum sobre el futuro político de Catalunya.

El referéndum ha venido para quedarse

¿Son fundadas estas esperanzas? En mi opinión no, pero hay que estar abierto al debate y escuchar los pros y los contras. En todo caso, a pesar de que los resultados de las elecciones a escala estatal hayan sido muy diferentes de los esperados para los partidarios de En Comú Podem, la realidad es que en Catalunya están propuestas dos vías principales para saber si la independencia tiene el apoyo mayoritario del pueblo catalán: 1) la vía de la unilateralidad, representada por la resolución del Parlament de Catalunya del 9N de 2015, ahora en espera de su reformulación en el curso de la moción de confianza a Puigdemont en septiembre; 2) la vía de un pacto de Estado para acordar un referéndum, defendida por En Comú Podem.

Esta segunda vía la explicaba así Xavier Domènech en una entrevista reciente: “Estamos en 2016 y ha emergido una fuerza que puede ser el segundo partido el 26J, y que tiene el referéndum catalán en el programa. El discurso de la falta de interlocutores en el Estado empieza a tambalearse”. El 26J el segundo partido sigue siendo el PSOE y es muy improbable un gobierno con el referéndum en su programa, pero es verdad que la gente del Estado que defiende ahora un referéndum para Catalunya ha crecido mucho en los últimos tiempos, en gran parte gracias a Podemos.

En Comú Podem, explicaba Domènech en la misma entrevista, no es una fuerza independentista, sino “un intento de representar la mayoría soberanista del 80% de catalanes que están por el derecho a decidir. En nuestra lista electoral hay gente que apostaría por un estado independiente, otra por un Estado confederal o plurinacional –que es la propuesta que tenemos en el programa– y gente que considera que se debe hacer el referéndum pero quizá no tiene este tema entre sus prioridades”. La gran mayoría de gente independentista no comparte el objetivo de un “estado plurinacional”, pero estará de acuerdo que un referéndum claro es un magnífico instrumento para intentar conseguir la independencia. Por otra parte, el referéndum pactado nuca ha sido rechazado por ninguna fuerza independentista, simplemente lo han considerado muy improbable. Si una fuerza como Unidos Podemos lo defiende en todo el Estado hay que considerarla como una aliada del movimiento soberanista; y con mayor razón aún a En Comú Podem, que es una fuerza catalana claramente soberanista. Josep Ramoneda lo explicaba así la necesidad de una alianza: “Los partidos soberanistas ven a los podemitas con recelo, algunos por razones ideológicas y todos juntos porque les están comiendo el terreno. Pero cuando no es suficiente ir solos y la dificultad de progresar genera señales de agotamiento, es haciendo aliados como se avanza”.

¿Es posible la alianza de soberanistas e independentistas?

Para que sea posible es necesario que exista consciencia de su necesidad y voluntad política por una mayoría suficiente de ambas partes. Si lo anterior existiera, las bases políticas no parecen difíciles y me atrevo a hacer una aproximación.

En primer lugar haría falta convertir el referéndum por la independencia en un objetivo común, en algo a conseguir en cualquier circunstancia. Esto significa mostrarse dispuesto a apoyar la formación de un gobierno de izquierda que lo tenga en su programa, aunque esta posibilidad es muy remota tras el 26J. Pero no resignarse a esperarlo indefinidamente: si el referéndum pactado no es posible en un tiempo razonable hay que discutir con En Comú Podem como realizarlo unilateralmente en Catalunya y pedir a Unidos Podemos que lo apoye en todo el Estado. Y, al mismo tiempo e independientemente, llegar a acuerdos para impulsar medidas importantes que están en la Resolución del Parlament del 9N de 2015 y que pueden ser compartidas por En Comú Podem. Por ejemplo:

1) Un plan de choque social, abriendo una verdadera discusión (y no una trágala como se intentó con la CUP) sobre el que figura en el punto 9 del Anexo de la Resolución.

2) Blindar los derechos fundamentales que puedan resultar afectados por las instituciones del Estado español (punto 8 de la Resolución), especialmente en lo que se refiere a las medidas sociales contempladas en el Anexo. De hecho, En Comú Podem participó en la manifestación del 29 de mayo para defender las leyes anuladas por el Constitucional.

3) La apertura de un proceso constituyente ciudadano y participativo para preparar las bases de la futura constitución catalana (punto 3 de la resolución). No hay que estar de acuerdo en si Catalunya debe ser independiente o no para participar en este proceso constituyente, sobre todo si se ha acordado que la decisión sobre este punto se tomará en un referéndum. En el programa de En Comú Podem (pp. 75-76) se defiende la necesidad de “procesos constituyentes en todo el Estado respetando las múltiples soberanías y formulaciones por parte de las nacionalidades históricas...Entendemos estos procesos como interrelacionados, pero sin que ninguno tenga una posición de partida de subordinación respecto a los otros”.

No se trataría de una alianza por la independencia, sino por la soberanía, la defensa de las reivindicaciones sociales urgentes y un proceso constituyente popular. Como se ha dicho antes la cuestión de la independencia se zanjaría democráticamente en un referéndum, pactado si es posible en un plazo razonable, o unilateral en caso contrario. Una alianza como ésta no es fácil, pero es la posibilidad de evitar que se cierre la ventana de oportunidad hacia la ruptura con el régimen del 78 y el inicio de un cambio en los terrenos social y nacional. Tanto en Catalunya como en el Estado español.

27/06/2015



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