Grabar en formato PDF
Tras el 26J
El régimen resiste frente a la apuesta por el “cambio”
27/06/2016 | Jaime Pastor

Con una participación de solo un 4% menos que en el pasado 20D (69,84% frente a 73,20 %), los resultados de esta “segunda vuelta”, con un PP que aumenta sus votos (más de 600.000, con un 33%) y llega a 137 escaños (14 más) y un PSOE que, pese a retroceder en votos (pierde más de 100.000, con un 22,7 %) y escaños (5), se mantiene como segunda fuerza, suponen un respiro para el régimen frente a una UP (con una pérdida de más de 1 millón cien mil votos y un número igual de escaños) que no ha llegado a convertirse en “marea de mareas” a favor del cambio. La buena noticia ha sido el notable retroceso de C’s, que ha perdido más de 400.000 votos y 8 escaños, si bien ha sido en beneficio del PP, que ha sabido explotar el voto útil contra el “Cambio”.

Con todo, en Catalunya se mantiene un escenario que sigue mostrando la persistencia de una clara mayoría a favor del derecho a decidir: 56,6 % de votos y 29 escaños frente a 40,4 % de votos y 18 escaños. Ahí se sigue encontrando la grieta más visible del régimen y que sin duda se puede ir agrandando en los próximos tiempos si se reactiva un movimiento que, esperemos, también sepa unir su exigencia de referéndum y de un proceso constituyente propio con el firme rechazo a los recortes sociales del nuevo gobierno del Estado y de la derecha catalana.

Tiempo habrá para analizar los factores que han influido en este resultado final, muy diferente del que anunciaba la gran mayoría de las encuestas y en el que quizás haya incidido también el triunfo del Brexit en un sector de indecisos a favor del principal partido conservador. No es difícil, por tanto, concluir que en comparación con el 20D no se ha reforzado la tendencia al “Cambio” sino que, al contrario, se ha inclinado más la balanza a favor de la resistencia al mismo.

En todo caso, no es un escenario de cómoda gobernabilidad el que se abre ahora: el PP necesitaría no sólo el apoyo de C’s (32) y Coalición Canaria (1), sino también el voto a favor y/o la abstención de PNV (5 escaños) y PSOE (85) para poder formar gobierno, aunque fuera por mayoría simple. Tanto C’s como PSOE van a tener que sufrir además la presión de permitir que ese gobierno sea presidido por un Rajoy que sale reforzado de estos comicios, pese a las promesas hechas en campaña de que no permitirían esa hipótesis. Una presión que ya se está haciendo notar especialmente sobre el PSOE por parte de medios como El País, el cual en su editorial de hoy ya le pide que “permita con su abstención que gobierne aquel que tenga los votos necesarios para hacerlo”.

Seguimos teniendo por delante, por tanto, un panorama en el que, en medio de la incertidumbre creada por el Brexit ante una UE que se presenta ya como un proyecto fallido y una eurozona cada vez más asimétrica y polarizada entre “acreedores” y “deudores”, nada es más seguro que el aumento de las desigualdades y con ellas del malestar social y la inestabilidad política frente a la persistencia de las políticas austeritarias. El desafío sigue estando en qué fuerzas van a ser capaces de canalizar ese malestar: si las que explotan la “política del resentimiento” frente a los y las de más abajo (personas refugiadas e inmigrantes) para reconstituir neofascismos “societarios” (como hace tiempo denuncia Boaventura de Sousa Santos) o, por el contrario, nuevas formaciones sociopolíticas alternativas que apunten hacia una refundación solidaria de lazos entre los pueblos, empezando por los del Sur de Europa, frente a la deudocracia y la xenofobia.

En cuanto a UP, pese a la repetición como primera fuerza en Catalunya y Euskadi, es incontestable que las expectativas generadas por la coalición de Podemos con IU no se han reflejado en los votos y no se ha producido el “sorpasso” al PSOE que anunciaban las encuestas. Habrá que analizar las causas y también a qué otras opciones ha ido ese más de un millón de votos que no se ha podido ganar en esta ocasión. Como apuntes posibles de respuesta creo que habría que encontrarlas en la coexistencia y sucesión de distintos discursos en poco tiempo que han podido desconcertar a uno y otro lado de su potencial electorado. Así, desde el “nacional-populista”, que demostró sus limitaciones tras las elecciones catalanas del 27S de 2015, se pasó a otro “plurinacional” que pronto se vio subsumido en la obstinación en resignificar una idea de “patria” que, como hemos podido comprobar, no parece que haya logrado cuajar. Simultáneamente, a partir sobre todo del 20D, se pasó a olvidar el eje “pueblo versus casta” para alinearse en la izquierda en su sentido más convencional, incluyendo al PSOE en ella como fuerza de “Cambio” y, a la vez, pactando con una IU que aspiraba a reconquistar el espacio de una izquierda rupturista y que se ha insertado ahora dentro de un caótico encaje de distintos discursos por parte de Pablo Iglesias que no ha logrado convencer a una parte significativa de votantes de esa formación. Un Pablo Iglesias que, por cierto, junto con Íñigo Errejón ha seguido protagonizando un liderazgo cuyo desgaste es innegable, razón de más para que haya uno nuevo más plural y compartido a partir de ahora.

Los límites y contradicciones de ese recorrido discursivo han quedado más patentes con la ambigüedad programática mostrada ante cuestiones fundamentales como la actitud ante la troika, el problema de la deuda o el balance crítico que se debía haber extraído hace tiempo de la derrota sufrida por Syriza en Grecia, por destacar lo más relevante. Ambigüedades que se reflejaron claramente en las negociaciones con el PSOE tras el pasado 20D y las consiguientes rebajas y renuncias hasta el punto de dejar en el olvido la aspiración a una ruptura constituyente.

Unas limitaciones que se han visto agravadas por no haber contado con el anclaje territorial que se podía haber alcanzado con otro modelo de partido distinto del que salió de Vistalegre. Un “modelo”, el de la “máquina de guerra electoral”, que en realidad ha sido el de un partido enormemente convencional, verticalista y nada pluralista, que ha generado multitud de crisis y conflictos internos y ha restado esfuerzos para construir ese músculo organizativo imprescindible para conseguir arraigo territorial y complementar el, muy necesario también pero insuficiente, que se ha hecho desde las redes sociales y las televisiones.

Con todo, no es cuestión de flagelarse ni de buscar ajustes de cuentas sino de reconstruir un ambiente de solidaridad y fraternidad, de respeto de la pluralidad y de buscar un nuevo marco de consenso de trabajo en común porque “sí, se puede”, aunque hará falta más “guerra de posiciones” en todos los frentes posibles. Toca ahora hacer de oposición, reformular discurso compartido y propuestas programáticas coherentes sin temor a la radicalidad, reforzar un municipalismo democrático y desobediente desde los ayuntamientos del “Cambio” y no retroceder en el camino de las confluencias, incluida IU. Buscando siempre, eso sí, reconstruir lazos con las organizaciones sociales desde las resistencias que sin duda se van a producir frente a la austeridad ordoliberal y este régimen a su servicio.

27/06/2016

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR

Este artículo es una ampliación del publicado en el periódico Diagonal con el título “El bipartidismo resiste, el ‘Cambio’ se aplaza”.



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons