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México
El movimiento magisterial y las resistencias al neoliberalismo
24/06/2016 | Alejandra Araiza y Robert González

El retorno del PRI a los Pinos de la mano de Enrique Peña Nieto, en noviembre de 2012, supuso -para algunos analistas-el fin de la transición democrática en México, ya que el partido hegemónico regresaba al poder después de los dos sexenios panistas. Para otros, en cambio, el “nuevo” y el “viejo” PRI son la misma cosa, y su retorno supone la acentuación de las políticas neoliberales con un neo-autoritarismo y una involución democrática importantes. Lo cierto es que, después de los terribles sucesos de Ayotzinapa, la colonia Narvarte o la última masacre contra los maestros de Nochixtlán es necesario reflexionar sobre cuál es la realidad política del México actual, así como las perspectivas de cambio desde la sociedad civil y los movimientos sociales.

La continuidad en los diferentes gobiernos y el traspaso de las élites entre unos partidos y otros no hacen sino reproducir una rancia oligarquía mexicana, apuntalada sólidamente en el poder por prácticas como el clientelismo y el corporativismo. La apuesta por la ideología neoliberal desde Miguel de Madrid ha permanecido y se ha acentuado tanto en los gobiernos de la alternancia panista como en el retorno del PRI. La puntilla, según diversos analistas, es la muerte del pluralismo político que supuso el Pacto por México, mediante el cual los tres principales partidos, PAN, PRI y PRD se abrazan al libre mercado y su imposición autoritaria. El susodicho pacto incluye el desarrollo, a lo largo del sexenio, de una ambiciosa agenda neoliberal basada en 11 reformas estructurales (energética, laboral, fiscal, de telecomunicaciones, educativa, entre otras). El movimiento contra la reforma educativa se está alzando de forma vigorosa y contundente contra este neoliberalismo violento y autoritario.

Las reformas estructurales y la reforma educativa

La reforma educativa mexicana sigue las directrices de la OCDE en materia de mercantilización de la educación. Bajo el mantra de la mejora de la calidad educativa y de la necesidad de introducir nuevos mecanismos de evaluación, se proponen toda una serie de cambios que tienden al control y disciplinamiento de la mano de obra, el encarecimiento de la educación pública para las familias y la burocratización y encorsetamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje.

De los textos de la OCDE destacan las recomendaciones para la profesionalización, contratación, selección y evaluación de docentes, el incremento de la autonomía escolar, y el fortalecimiento del sistema de evaluación, rendición de cuentas y de mejoramiento para estudiantes, docentes y escuelas. Estas medidas se alinean con las reformas educativas ya aplicadas (o en proceso) en otros países como Chile, Inglaterra, Italia o Cataluña. Bajo criterios basados en la Nueva Gestión Pública, se emula el estilo gerencial del sector privado, por ejemplo, imponiendo la flexibilidad en las escuelas para la contratación y el despido de los maestros. Todo ello en un contexto como el mexicano, donde los salarios de los maestros son bajos (8 600 pesos al mes, unos 400 euros). Cada vez son más los contratados que carecen de seguridad social o son contratados por horas para no generar antigüedades. Asimismo, existe una profunda brecha salarial y de condiciones laborales en función del género. Todo ello en un contexto de pobreza de más del 50% de la población o de problemas graves en infraestructuras educativas en especial, en las zonas con mayor presencia indígena.

Los hechos

Desde hace unos cuantos meses, las maestras y los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que es una facción por la izquierda del sindicato nacional de maestros/as (SNTE), han estado manifestándose en contra de la reforma educativa. Primero, denunciaron lo relativo a la evaluación a que ha querido someterlos/as el gobierno de Peña Nieto. También se han manifestado por mejoras salariales. Pero, además, han denunciado lo que esta reforma reportará para la gente más pobre, pues las cuotas de los colegios públicos se tornarán legales y los libros de texto, otrora gratuitos, tendrán un costo significativo.

Así el panorama, tanto en el estado de Oaxaca como en el de Chiapas el movimiento magisterial iba intensificándose. Maestros y maestras hicieron paros (huelgas) en sus escuelas, tomaron carreteras, hicieron un plantón en la sede de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en la Ciudad de México y participaron en diversas manifestaciones en distintas ciudades del país. El movimiento ha ido creciendo y hay secciones de la CNTE en todo el país que están participando activamente. Fue entonces, cuando la represión llamó la atención del mundo. Ello ocurrió el 19 de junio de 2016, a más de un mes de paro magisterial, en Nochixtlán, Oaxaca, donde los pobladores realizaban un plantón en apoyo a los maestros y maestras de la CNTE. El gobierno federal envió ala policía federal a dispersar a los manifestantes con gases lacrimógenos. Era evidente su poca o nula voluntad de diálogo. Los plantones de la sociedad civil contra la reforma educativa habían ido aumentando en toda la región. Por ello, la policía puso retenes militares para que no pudiesen llegar más personas a solidarizarse con estos plantones. Por la radio comunitaria empezó a anunciarse que los policías estaban disparando contra civiles. El saldo fue de decenas de heridos y 10 muertos. Pero la cosa no para ahí, la lucha continua. Mientras escribimos estas líneas, la policía sigue reprimiendo y encarcelando a los maestros y maestras, así como a la población que los apoya, especialmente en Oaxaca y Chiapas.

Una larga historia de resistencia

Como otros sindicatos del México postrevolucionario, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) es un sindicato afín a los intereses del partido hegemónico (PRI) o -como los llamamos en México- es un sindicato charro (amarillo, blanco). Sin embargo, de sus propias filas, en 1979, en el sur del país surgió una facción crítica, conocida como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Era un grupo disidente al interior del propio sindicato y con la necesidad de democratizarlo. En 1989, bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el mismo que firmó en Tratado de Libre Comercio con América del Norte, México entró de lleno en el modelo neoliberal. Y los maestros y maestras de la CNTE hicieron un paro magisterial en busca de la democratización del sindicato, así como importantes mejoras laborales. Destacaron a nivel nacional las secciones de Oaxaca, Chiapas, Valle de México, Guerrero y Michoacán (las cuales siguen siendo las más activas de la CNTE).

Mucho después, a pesar de los intentos gubernamentales de debilitamiento de la CNTE que promovían las divisiones internas, en el año 2006, tuvo lugar en Oaxaca una protesta magisterial en la que se asomaba ya lo que estamos presenciando ahora. Nos referimos a una alianza entre el magisterio y la población de ese estado. No es casualidad que, en una de las regiones más pobres del país, con un alto número de municipios indígenas y rurales, la presencia de los maestros y maestras, formados en las normales rurales, tenga un peso a nivel social tan fuerte. En aquel entonces, la sección XXII de la CNTE se manifestaba por mejoras en la calidad de las instalaciones de las escuelas en Oaxaca. Para ello tomaron el centro histórico de la capital del estado. El movimiento se desbordó, tras un intento de desalojo violento por parte del gobierno, pues la población se unió en un frente más amplio, cuyo nombre era Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y cuya demanda principal era la destitución del entonces gobernador, Ulises Ruiz. La APPO cimbró al país, justo cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional realizaba en el territorio la Otra Campaña en un periodo pre-electoral. Contó con el apoyo y simpatía de los y las zapatistas y de otras capas de la sociedad mexicana. Y, aunque estuvieron a punto de destituir al entonces gobernador, a finales de octubre fueron desalojados del centro histórico de Oaxaca.

Hoy, diez años más tarde, volvemos a ver a las maestras y maestros oaxaqueños manifestarse contra la reforma educativa por los motivos que hemos ido explicando. Y de nuevo vemos a un pueblo que reconoce en sus maestras, en sus maestros, la voz de la conciencia social, la voz que grita exigiendo justicia, la voz que educa para la liberación.

Un elemento negativo que cabe tomar en cuenta en este contexto, es la estrategia de la “Guerra contra el Narcotráfico” -desatada por Calderón y continuada por Peña Nieto-, pues supone el paso de la represión sistemática a la legitimación del terrorismo de Estado, en una simbiosis entre Estado, crimen organizado y elites empresariales que busca la desmovilización total de la población ante el despojo sistemático de sus derechos y libertades.

Pero, como senda de esperanza, cabe destacar que existen importantes continuidades de una largo ciclo de luchas y resistencias, en las cuales confluyen las generaciones del movimiento antiglobalización y de la Huelga de la UNAM del 1999-2000, con las de la indignación internacional de 2011-2012 (15M, Primavera Árabe, Ocuppy, #Yo Soy 132). La crítica a la clase política y la lucha contra las consecuencias del neoliberalismo siempre cuentan con el zapatismo y sus ramificaciones como hilo conductor de la alternativa popular.

¿Qué sigue? A manera de conclusión

Los principales ejes del gobierno de Peña Nieto han sido las reformas estructurales, la represión a cualquier forma de disidencia fuera de la partidocracia y la corrupción como sistema de enriquecimiento de unos pocos y miseria para la mayoría, con la connivencia inestimable de los medios de comunicación masivos y privados. Pero el pueblo mexicano no ha permanecido impávido, los sucesos políticos y sociales de 2014, con la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el robusto movimiento de indignación ciudadana de respuesta; el movimiento feminista contra la violencia machista, las luchas magisteriales de Oaxaca y otros estados del Sur, las resistencias de las policías comunitarias en Michoacán y Guerrero o el movimiento huelguista estudiantil del Instituto Politécnico Nacional (IPN) son ejemplos del camino a seguir.

Ahora es la hora de acompañar la digna lucha del magisterio, porque es una batalla más contra el exterminio neoliberal, es decir, una batalla en favor de la vida misma. Y, como dicen los y las zapatistas: “una tormenta, además de tempestad y caos, también hace fértil la tierra de donde nace siempre un nuevo mundo”.

* Alejandra Araiza y Robert González, son profesoras de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México

24/06/2016



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