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Ante las elecciones del 26J
Los miedos de El País, los retos de Unidos Podemos
23/06/2016 | Josu Egireun

El 19 de junio, justo en el ecuador de la campaña electoral, cuando ya parece evidente no solo que el espacio político de los partidos pilares del sistema (PP-PSOE) se encoje como una piel de zapa, sino que Unidos Podemos se sitúa casi en un empate técnico con el virtual ganador de las mismas (el PP), el diario El País, salía en tromba contra el riesgo de que se abra un tiempo de cambio en el Estado español.

En un insólito triple salto mortal, el editorial de ese diario realizó un esfuerzo desmesurado por cuadrar el círculo. De entrada, según el editorial, ya no se trata de que la crisis y el continuum de políticas neoliberales que han representado los gobiernos del PSOE y el PP, hayan alimentado la polarización social entre el PP y Unidos Podemos, sino que la polarización es fruto de lo que el PP y UP quiere hacernos creer: una dicotomía "falsa e interesada" alimentada por esos dos partidos. Como si los datos que presentan las encuestas fueran puro espejismo.

Para demostrar la falsedad de esa dicotomía nada mejor que afirmar que "una mayoría de españoles se sitúan en posiciones ideológicas cercanas al centro". Y ello, a pesar de que las propias encuestas que presenta El País indicando que los partidos que representan ese "centro" (Ciudadanos y PSOE) ven reducido su espacio (126 escaños frente a los 130 el 20D) fruto de la polarización social subyacente.

Así pues, ¿cómo cuadrar el círculo? Muy sencillo. Basta con afirmar que frente a la mayoría de votantes del PP que "prefiere gobernar con C’s" y de los votantes de UP, que prefieren "gobernar con el PSOE", la mayoría de los del PSOE y C’s "se decantan con toda claridad por coaliciones transversales". El problema es que la mayoría votante de esos dos partidos sigue siendo una minoría atenazada entre el dilema de "cambiar todo para que nada cambie" del PSOE y C’s (como la reforma constitucional con un pacto social impulsado por un gobierno de centroderecha, propuesta por J.L Cebrián -El País, 9/1/2016- ) y la voluntad de cambio que vienen alimentándose desde el 15M que recordémoslo, estalló bajo el gobierno del PSOE. Una voluntad de cambio, y ruptura, que alimenta la resistencia numantina de las fuerzas tradicionales del régimen para evitarlo. Y los miedos de El País están en que esa voluntad de cambio y ruptura se imponga tras el 26J.

Su intento de identificar esta polarización social y política con la irresponsabilidad de "aquellos que quieren hacer creer que sólo se puede gobernar España desde un extremo ideológico en confrontación con el otro extremo", sin poder aportar un solo dato de ese "extremo ideológico" en el programa de Podemos, es una muestra palpable de que en la crisis actual, las necesidades del sistema ya no dan margen (por utilizar sus propio lenguaje) para políticas de "centro".

A fin de cuentas, ese -y no otro- es el balance de la legislatura de Zapatero que, en un intento póstumo por salvar su legislatura, no tuvo empacho en hacer pública las amenazas que le llegaron de la Troika (la famosa carta de Trichet) y ante las que cedió y atendió escrupulosamente. Preludio, para no perder perspectiva, de lo que después llegó en Grecia.

Esos miedos de El País, que llegan tras la apuesta fracasada de las élites del sistema tanto por encontrar una salida de recambio a la "quema" del PP-PSOE en Ciudadanos, como de los intentos desmesurados por salvar los muebles a través de una "gran coalición" tras el 20D, son los que están tras el ataque tan virulento contra UP o, mejor dicho, lo que UP representa: los sectores sociales que osan levantarse y decir ¡basta!, aunque sea solo en el terreno electoral/1. Una actitud que supone, también, un aviso para navegantes: un anticipo de la “brunete mediática” a la que vamos a asistir tras el 26J para impedir el cambio.

Los retos de Unidos Podemos

En esas circunstancias la reacción de la elites económicas y financieras no va a ser muy distinta, aunque adopte otras formas, de la que adoptaron ante la victoria de Syriza en enero de 2015. A lo que habrá que sumar los graves déficits democráticos del sistema político e institucional español. Para los defensores del status quo la victoria de fuerzas que lo ponen en cuestión es un cáncer a extirpar con la terapia más agresiva posible (la terapia del shock que diría Naomi Klein) para poder seguir imponiendo la agenda neoliberal. Cueste lo que cueste.

En ese sentido, Grecia constituye una experiencia que no conviene olvidar porque ilustra sobre los retos con los que se va a enfrentar Unidos Podemos tras las elecciones a la hora de impulsar una alternativa de gobierno.

Precisamente, Pablo Iglesias, en la tribuna de opinión publicada en El País (“Somos la alternativa”-3/06/2016-) hablaba de dos desafíos para gobernar. El primero, asumir "que solo podremos gobernar mediante una alianza -en España y en Europa- con la vieja socialdemocracia" sin que se sepa bien a que se refiere. Porque aquí y ahora, y aquí y en Europa, la única socialdemocracia con la que pueden materializar alianzas es con la que en España representa el PSOE, en Francia el PS y en Alemania el SPD. La misma que ante la tesitura de respetar la decisión democrática del pueblo griego en el referéndum del 5 de julio del año pasado rechazando el memorándum de la Troika optó imponérselo a la fuerza. Sin dudar un solo instante.

Ahora bien, P. Iglesias tiene razón en lo fundamental: vistos los resultados electorales en ciernes, un gobierno para el cambio exige una política de alianzas y la única posible es con el PSOE. Un problema que no parece que pueda resolverse mediante la fórmula de emprender "la apertura de un debate de país que debe incluir a sectores de la vieja socialdemocracia sobre qué tipo de políticas se podrían implementar desde un Estado y unas administraciones con enormes limitaciones soberanas y sobre qué papel queremos jugar en relación a Europa, Iberoamérica y el mundo." Un problema que precisa de propuestas concretas que marquen el fin de las políticas de austeritaridad y de asfixia democrática como única alternativa para salir de la crisis e iniciar un proceso de democratización real del sistema político. Algo, que aún queda por definir y que a lo largo de esta campaña no ha ido tomando cuerpo.

El segundo desafío que señalaba P Iglesias es el de "abrir un complejo diálogo para dar una salida institucional-constitucional por vías democráticas a la plurinacionalidad de España,…(lo que)… implica actualizar los debates y las fórmulas sobre el federalismo y el encaje constitucional y jurídico de las diferentes realidades y sentimientos nacionales".

Si bien es cierto que la izquierda en el Estado español arrastra un enorme déficit en la comprensión de su plurinacionalidad y sobre qué modelo de Estado plurinacional puede ser el idóneo para que todo el mundo se sienta integrado, la solución de los problemas nacionales actuales no puede quedar cautiva de que la izquierda resuelva ese déficit histórico.

En cierta medida ello se recoge en el programa de Unidos Podemos (punto "24. Derecho a decidir"), si bien su formulación resulta harto incomprensible: "Reconocimiento constitucional de la naturaleza plurinacional de España. Garantía constitucional del derecho de los gobiernos autonómicos a celebrar consultas a la ciudadanía sobre el encaje territorial de país cuando una mayoría lo pida con intensidad. Al amparo del artículo 92 de la CE, convocatoria de un referéndum con garantías en Cataluña para que sus ciudadanos y ciudadanas puedan decidir el tipo de relación territorial que desean establecer con el resto de España."

Veámoslo por partes. Empecemos por la última de las propuestas: "Convocatoria de un referéndum con garantías en Cataluña". ¿Qué diferencia a la nación catalana del resto de naciones del Estado español, para garantizarle un referéndum que no se les reconoce a las demás?

Siguiendo el hilo, ¿qué significa el garantizar a los gobiernos autonómicos el derecho a realizar consultas sobre el encaje territorial "cuando una mayoría lo pida con intensidad"? ¿Qué marca el parámetro: la mayoría (parlamentaria, social), la intensidad? y ¿quién enjuicia, y cómo, cuando existe esa mayoría y su grado de intensidad?

Por último, ¿si existe un artículo 92 en la Constitución española que permite amparar la convocatoria de referéndum, por qué no realizarla desde el principio y al amparo de ese artículo en las distintas naciones que componen el Estado español?

Conclusión

Tras señalar estos dos desafíos y de la pincelada con la que despacha el problema de la OTAN y la UE/2, temas con los que comparto la tesis de M. Garí/3 y F. Louçã/4, Pablo Iglesias llega a tres conclusiones; la primera, que el "fracaso de las política de austeridad patrocinadas por Alemania (¿sólo por Alemania?) en el Sur de Europa y el abandono por parte de la vieja socialdemocracia, arrastrada al callejón sin salida de la Tercera Vía, de las políticasneokeynesianas’, ha dejado abierto el espacio para una nueva socialdemocracia (…) que pueda reclamar una política a un tiempo europeísta y soberanista de carácter social".

La segunda, que "la enorme desafección hacia Europa como proyecto político tiene múltiples expresiones (los accidentados refrendos sobre el tratado constitucional europeo, la posibilidad real del Brexit o el avance de fuerzas políticas de la extrema derecha antieuropea son sólo algunos ejemplos) y sólo se puede combatir recuperando una idea de Europa asociada a los derechos sociales y el bienestar."

Por último, que "una nueva idea de España en Europa (…) requiere de amplias alianzas sociales, políticas y con sectores estratégicos del empresariado, tanto en nuestro país como en Europa", por lo que ante el hecho de que tras el 26J se vuelvan a plantear las dos únicas opciones de gobierno posible "la continuidad del PP al frente del gobierno o un gobierno con Unidos Podemos, el PSOE se verá seguramente en el dilema de decidir con cuál de las dos opciones se compromete y corresponsabiliza", convencido de que "la vieja socialdemocracia, decida lo que decida tras el 26J seguirá siendo una fuerza política fundamental y un aliado necesario para nosotros", dado que si no se suma al cambio se anclará en el pasado y "puede convertirse en una fuerza con mucho menos peso histórico a la hora de determinar el futuro de España".

Sin duda, aunque las encuestas confirmen el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE, cualquier alternativa para evitar la continuidad de las políticas actuales (sea mediante una "gran coalición" o una coalición PP-C’s con la abstención del PSOE) necesita de un acuerdo con el PSOE. Un acuerdo que necesariamente va a tener puntos contradictorios, porque un éxito electoral como el que puede alcanzar Unidos Podemos el 26J, convirtiéndose en una fuerza política determinante para una alternativa de izquierdas (porque el "cambio" también puede darse por la derecha), queda aún lejos de una victoria política neta que le permita contar con el respaldo suficiente para aplicar su propia alternativa política.

Por tanto, la cuestión está en el contenido y en el sentido de esa alianza. En cuando al contenido, los "50 pasos para gobernar juntos" que presenta el programa de Unidos Podemos, como decía J. Pastor en una tribuna reciente en esta misma web/5, siendo un "punto de partida" para ese cambio, le queda mucho por concretar. Sobre todo en el tema de la deuda, verdadera espada de Damocles. Como recuerda F. Louçã "La estrategia de Syriza demostró, la lucha por el gobierno de izquierdas ha de contar con una bandera, el rechazo de la deuda. (…) Para conseguir un gobierno de la izquierda es necesario saber hacia dónde se va y dónde se debe concentrar la presión, porque este camino exige alternativas para cambiar partidos y políticas. Toda la presión debe centrarse en la exigencia a los partidos de que presenten un plan para anular la deuda, por la vía de la negociación europea o, si fuera necesario, por la imposición unilateral de la moratoria y de la anulación."

Porque el desarrollo de un programa económico alternativo, de corte neokeynesiano como el de Podemos, depende menos de su propia coherencia, de su "eficiencia" económica -a la que de forma reiterada hace alusión P. Iglesias en los debates políticos- que de la relación de fuerzas sociales que se logre construir. Porque hablamos de economía, pero esto es todo menos economía: es lucha de clases. Y las élites económicas y políticas de Europa son conscientes de ello, como quedó claro en Grecia.

A las propuestas del gobierno griego para salir de la crisis no les faltaron ni argumentos coherentes, ni carácter "eficiente". Lo que le faltó fue "meterse en los zapatos" de sus enemigos (la derecha europea encarnada por A. Merkel, la socialdemocracia europea, encarnada por el gobierno socialista francés y los sectores estratégicos del empresariado, representados por las instituciones financieras internacionales) para definir una estrategia no condenada al fracaso. Una estrategia basada en la satisfacción básica de las necesidades sociales para "alterar radicalmente la relación de fuerzas actual, y para eso será determinante la movilización popular" (F. Louçã).

La condición básica para ello es que el programa de gobierno de Unidos Podemos aparte de cualquier acuerdo el mínimo atisbo de la inexistente "austeridad inteligente", ese pozo sin fondo en el que se encuentra el gobierno griego.

En cuanto a las alianzas, P. Iglesias considera que la crisis de las políticas de austeridad abre las puertas a una alternativa socialdemócrata que pueda reclamar al tiempo una política europeísta y soberanista asentada "en amplias alianzas sociales, políticas y con sectores estratégicos del empresariado". Sin embargo, los últimos 40 años son la muestra evidente de que las puertas de la alternativa socialdemócrata se han ido cerrando porque "la magnitud y multiplicidad de las agresiones (empleo, jubilaciones, cuidados, políticas energéticas, servicios públicos, privatizaciones, flujo de fondos públicos al sector privado… directa o indirectamente determinados por el ‘ajuste estructural’…) hace poco creíbles los objetivos de reforma sobre problemas particulares y plantea las alternativas como necesariamente globales, aunque no necesariamente anticapitalistas"/6.

Así pues, el desafío fundamental tras el 26J va a estar en lograr implantar esas medidas sociales básicas (en el ámbito de los salarios, las pensiones, el empleo, la democratización del sistema, la materialización del derecho a decidir, etc.) que alivien las condiciones de vida de millones de personas, permitan poner fin a las políticas de austeridad, y construir una movilización popular para revertir la relación de fuerzas actual. Porque el cambio, como lo demuestra la experiencia institucional municipal a lo largo de este último año, no puede venir sólo desde el ámbito institucional, como recientemente nos lo recordaba Montserrat Galcerán haciendo balance de la experiencia en el Ayuntamiento de Madrid/7.

Tenía razón el Wall Street Journal cuando el 24 de mayo del año pasado calificaba el éxito de Podemos como el éxito de la "extrema izquierda" (aunque el programa de Podemos en las elecciones autonómicas o en las municipales no se pudiera calificar de "extrema izquierda"), porque lo que la gente apoyaba con su voto era poner fin a las políticas neoliberales y de asfixia democrática que venimos padeciendo, no solo de mano del PP sino también del PSOE. Y las mareas que inundan los mítines de Unidos Podemos muestran que esa llama sigue viva. Por ello, para ser alternativa de gobierno, Unidos Podemos tendrá que tener la mirada puesta más en estas esperanzas que sobre los márgenes de maniobra de Pedro Sánchez en el PSOE.

Un PSOE que, efectivamente, se enfrenta a un dilema fuerte: sea cual sea el camino que adopte, va a ser traumático. Si llega a un acuerdo de gran coalición con la derecha corre el riesgo de convertirse en un partido residual; si llega a un acuerdo con Unidos Podemos, se va ver obligado a marcar una línea de ruptura con la política impulsada desde los años 80. Su margen de maniobra depende menos de querer recuperar el ideario de la vieja socialdemocracia, que de los estrechos márgenes que le deja su acelerada incrustación, desde los años 80, en el aparato de Estado y en las élites económico-financieras.

23/06/2016

Josu Egireun, forma parte del de la redacción Web de VIENTO SUR

Notas:

1/ Cuánto se echa de menos aquí la enorme movilización social que se vive actualmente en el Estado Francés, con unos sindicatos (CCOO y UGT) que ante una crisis social y económica de la gravedad que estamos padeciendo, pero sobre todo, ante el incremento desmesurado de las desigualdades y el incremento obsceno de la riqueza de unos pocos, están totalmente desaparecidos del mapa social y político.

2/ "A pesar de que tanto la estructura de nuestro sistema político como las

estructuras políticas, económicas y militares internacionales en las que se

subsume (UE, OTAN, etc.) son herederas del mundo bipolar, el contexto ha

cambiado lo suficiente como para imaginar nuevas posibilidades tanto hacia

dentro como hacia fuera."

3/ Ver http://www.vientosur.info/spip.php?article10696 y http://www.vientosur.info/spip.php?article10587.

4/ Ver http://vientosur.info/IMG/pdf/VS144_F_Louca_Una_agenda_para_Europa_la_lucha_por_la_solucion_de_la_deuda_y_el-.pdf

5/ http://www.vientosur.info/spip.php?article11396

6/ http://www.vientosur.info/spip.php?article5492

7/ Foro VIENTO SUR. "Elecciones 26J: la apuesta por el cambio". http://www.vientosur.info/spip.php?article11307



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