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Tribuna Viento Sur
Orlando: una masacre homófoba y racista
23/06/2016 | Jean Batou

¿Qué pudo incitar a Omar Mateen, en la noche del 13 de junio, a asesinar fríamente a 49 clientes del club Pulse de Orlando (Florida), frecuentado por gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT), en su mayoría latinos y negros? Ante todo, el odio por las personas LGBT y la gente de color que frecuentaba discretamente por la noche, alimentado por el virilismo, la homofobia y el racismo de su entorno de trabajo, durante el día; estaba empleado por la compañía G4S, gigante de las sociedades militares privadas, conocida en particular por su abusos contra la inmigración.

Una homofobia religiosa

La homofobia, inherente a las sociedades patriarcales, es alimentada por todas las religiones, lo que permite cada año a miles de asesinos encontrar justificación para sus crímenes contra personas LGBT. Así, al día siguiente de la tragedia, dos pastores baptistas estadounidenses llamaban a la muerte de los “sodomitas”. El primero lamentaba que no hubiera habido más “depredadores” y “pedófilos” muertos: “Si viviéramos en una nación justa (…), añadía, el gobierno haría una redada de toda esa gente, les pondría con la espalda contra la pared, frente a un pelotón de ejecución, y les reventaría el cerebro”. El segundo declaraba: “La buena noticia es que al menos 50 de esos pedófilos no van nunca jamás a atacar a niños; la mala, es que numerosos homosexuales de ese bar siguen con vida…” (Washington Post, 15 de junio).

Igualmente, en los países en que domina el islam fundamentalista, las personas LGBT sufren actualmente penas de prisión, castigos corporales, incluso la pena de muerte. En otras partes, la mayor parte de los imanes, incluso los “liberales”, condenan la homosexualidad como un pecado, aunque a menudo llamen a no condenar al pecador al ostracismo… El obispo católico de St. Petersburgo (región de Orlando), no se equivoca cuando constata: “Es la religión, incluyendo la nuestra, quien ataca verbalmente y alimenta el desprecio hacia los gays, las lesbianas y las personas transgénero. Esos ataques contra los hombres y las mujeres LGBT siembran a menudo la semilla del desprecio, y luego el odio, que puede finalmente conducir a la violencia” (Washington Post, 13 de junio).

Del racismo a la queerofobia

En los Estados Unidos, las religiones muestran una “tolerancia” muy relativa respecto a la homosexualidad. La principal encuesta de opinión, realizada en 2014, con una muestra muy amplia de fieles, demuestra que solo el 36% de los cristianos evangelistas y de los mormones consideran la homosexualidad como socialmente aceptable, contra el 45% de los musulmanes, el 66% de los demás protestantes, el 70% de los católicos y el 80% de los judíos y budistas. Estas diferencias dicen, por otra parte, mucho más sobre el peso de los tradicionalistas en el seno de cada una de esas confesiones, que sobre una verdadera diferencia de punto de vista entre ellas. Es así como los medios cristianos reaccionarios y racistas hicieron adoptar leyes homófobas, en nombre de la “libertad religiosa”, en los Estados del Sur, en respuesta a la decisión del Tribunal Supremo de legalizar el matrimonio para todos a nivel federal, en junio de 2015.

Sin embargo, la mayoría del establishment estadounidense ha tomado una dirección diferente: dar un estatus respetable a los gays de clase media, blancos o que llevan una “máscara blanca”, según la fórmula de Frantz Fanon, a los que han abierto las puertas del matrimonio -el 58% de la opinión pública es favorable a ello, el Tribunal Supremo ha validado este derecho, y un amplio lobby de grandes empresas lo defiende activamente contra la derecha cristiana. ¿No son los portadores designados del homo-nacionalismo que hace frente al sur bárbaro, un sur que acecha los territorios dominados por el Imperios, pero también los suburbios no blancos de las ciudades estadounidenses? Un sur estigmatizado, unas veces como islamista “intolerante” y violento, otras como sospechoso y vector de prácticas sexuales poco claras (queers)/1. ¿No habría obedecido Omar Mateen, al diezmar con un fusil de asalto un club LGBT latino y afroamericano de Florida, a un odio más queerófobo que estrictamente homófobo?

El arma de las fuerzas especiales estadounidenses

No es casualidad, en efecto, que el arma del crimen de Orlando haya sido el famoso Sig Sauer MCX, desarrollado para las fuerzas especiales estadounidenses. El balance aterrador de este acto de guerra surge así de las mismas fuentes que alimentan los admiradores bienpensantes de Donald Trump: la fascinación mórbida por las Operaciones Especiales del imperialismo con sus armas de fuego ligeras, silenciosas y extremadamente letales/2. Así, el asesino de Orlando podía identificarse tanto con el NYPD, un cuerpo de policía que no le había admitido, a los boinas verdes, a los agentes de la sociedad militar privada G4S, así como a las unidades de Hezbolá o de Daech que son por otra parte su imagen en espejo. Estos profesionales de la violencia, a menudo en conflicto con la ley y la moral ordinaria, despertaban en él la misma atracción, cualquiera que sea su obediencia política.

Por otra parte, ¿hay que extrañarse, cuando se sabe que los Estados Unidos realizan sus mayores contratos de armamento con Arabia Saudita y las demás petromonarquías wahabitas, que el Departamento de Estado trabaja de la mano con la Rusia de Putin, con la República Islámica de Irán, aliada a Hezbolá… contra Daech en Siria y en Irak? Igualmente, ¿no despliega sus efectos esta “guerra sin fin” hasta en las calles de los Estados Unidos, en las que diferentes policías recurren a equipamientos militares provenientes de los excedentes del ejército, y hacen un uso desproporcionado de la fuerza, en particular contra las minorías de color?

Omar Mateen no era un peón teledirigido por Daech o por cualquier otra organización terrorista, como revela hoy la investigación en curso. Portaba en él las contradicciones más explosivas de un mundo en el que la guerra de todos contra todos y a menudo de cada uno contra sí mismo desarticula el cuerpo social según múltiples fracturas de clase, de color, de nación, de género, de orientación sexual, etc. Para los más vulnerables y los más heridos, ocurre entonces que la religión no permite ya siquiera expresar, por parafrasear a Marx, “el suspiro de la criatura oprimida”, o “el alma de un mundo sin corazón”. Ante el terror cotidiano, puede ocurrir que prefieran un fin aterrador, cualquiera que sea el precio para ellos mismos y para “los suyos”.

20/06/2016

Jean Batou

Traducción: VIENTO SUR

Notas:

1/ Ver al respecto el libro de Peter Drucker, Warped : Gay Normality and Queer Anti-Capitalism, Chicago, Haymarket Books, décembre 2015.

2/ Según un experto, le Sig Sauer MCX es "tan silencioso que un MP5, tan letal como un AK47 y más modular de todo lo que se haya podido concebir hasta el presente".



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