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Francia
Protesta social: el Frente Nacional en la cuerda floja…
23/06/2016 | Bertold Du Ryon

Algo que no es habitual: hace algunas semanas que no se le ha visto demasiado al Frente Nacional (FN) dominar el debate mediático, que no se le ha oído demasiado sacar pecho en los platós televisivos. Ciertamente, sigue ahí, instalado en el paisaje, pero ha adoptado una postura de relativa discreción y espera su ocasión. No hay secreto en esto: los períodos marcados por un intenso conflicto social, por un conflicto central que enfrenta a movimientos sociales y gobierno, no son tiempos fáciles para él.

Si apoya a la oposición social que sale a la calle, puede entonces cortarse de sectores enteros de la derecha, aparecer como "no creíble" a ojos de la patronal, y al mismo tiempo ser rechazado por -al menos- una parte de los sindicatos que podrían rechazar su apoyo. Si, al contrario, se alinea con el gobierno, se corta entonces de un electorado que ve en él un portavoz de sus cóleras y sus frustraciones.

Pero hay más: el electorado del FN, que está a veces compuesto de capas medias más acomodadas (en una parte del Sur de Francia, en ciertos lugares de Alsacia) y por uno más bien salido de las clases populares (en el Norte-Pas de Calais-Picardía, en Lorrena...), se muestra también dividido.

Esto no es algo nuevo. En noviembre y diciembre de 1995 /1, en las grandes huelgas en la función pública, el electorado del FN estaba claramente dividido en dos. Según los sondeos, entre el 50% y el 60% declaraba su "apoyo", "simpatía" o "comprensión" por este movimiento social, mientras que el otro bloque lo rechazaba claramente. El electorado del partido de extrema derecha era entonces el más heterogéneo en lo que se refiere a su actitud respecto a la huelga (el de la izquierda de la época, sumando PCF y PS, la apoyaba en un 80% y el de la derecha RPR/UDF la rechazaba en las mismas proporciones). Sin embargo, el núcleo duro del partido y su prensa -el FN editaba entonces su propio periódico semanal en papel, National Hebdo - denunciaba entonces brutalmente la huelga, "inadmisible secuestro de la nación". Solo una vez terminado el movimiento social anti-Alain Juppé, Brune Mégret, número dos del partido entonces, intentaba arreglar las cosas declarando en Le Monde del 13 de febrero de 1996: "Apoyamos a los movimientos sociales pero en un planteamiento renovado", este planteamiento que consistía, grosso modo, en decir que todo era culpa de la Unión Europea (entonces: el tratado de Maastricht) y del "mundialismo".

Hoy, una tendencia más clara cristaliza en el electorado del FN, cuando el propio partido se muestra mucho más prudente respecto al movimiento social, aún estando dividido en su interior.

El electorado FN apoya más al movimiento que el de los Republicanos

Actualmente, según una encuesta del Instituto Ifop cuyos resultados fueron publicados el viernes 17 de junio de 2016, no menos del 72% del electorado del FN consideraba que el movimiento social actual (que se opone al proyecto de "Ley del Trabajo") está "justificado" o es comprensible. El 46% en sus filas elige incluso la respuesta más fuerte de las propuestas: "completamente justificada". A título de comparación, al mismo tiempo, es decir entre el 6 y el 8 de junio (momento en que los participantes en el sondeo fueron preguntados), la respuesta más fuerte -"completamente justificada”- fue elegida por el 28% de todas las personas preguntadas; sabiendo que en total, las respuestas que daban de forma más o menos clara un apoyo al movimiento eran mayoritarias. También a título de comparación: en el electorado del principal partido de la derecha, Los Republicanos (LR), el total de las respuestas positivas para el movimiento social no supera el 31% y la proporción de quienes eligen la opción más fuerte ("completamente justificado") cae al 7% entre las personas que simpatizan con LR.

Esto tiende a demostrar que una visión que parecen tener ciertas personas simpatizantes del FN de si mismas, y según la cual ellos y ellas constituyen una fuerza de protesta contra el orden establecido, parece ser mayoritaria en estos momentos. Aunque aparezcan diferenciaciones de clase, que existen en el interior del electorado FN, a la hora de dar estas respuestas. Así, el 84% de los obreros y empleados que votan FN encontrarían al movimiento social o "justificado" o bien "completamente justificado", pero solo el 63% de los y las jubiladas que votan por ese mismo partido. Entre los (pequeños) patronos, comerciantes, artesanos...que votan por el FN, esta proporción cae al 58%...pero sigue siendo, a pesar de todo, mayoritaria. Dos factores explicativos pueden ser planteados: de un lado, esos miembros de la pequeña o mediana burguesía pueden considerarse, sumándose al voto FN, al menos temporalmente como miembros de una comunidad que ha entrado "en lucha" contra las fuerzas políticas establecidas. De otra, en sus explicaciones públicas, dirigentes del FN -ante todo Marion Maréchal-Le Pen- explican a su público que este proyecto de "Ley del Trabajo" sería malo también para los pequeños patronos, porque no daría derechos suplementarios más que a los grandes, a los "patronos del CAC40" (el Ibex35 francés ndt). Lo que no es forzosamente exacto, en absoluto, pero la idea parece haberse abierto camino, en todo caso entre el electorado pequeño burgués frentista.

El partido de extrema derecha no está al abrigo de contradicciones flagrantes

Así, los dos senadores que pertenecen al FN, David Rachline (alcalde de Fréjus) y Stéphane Ravier (alcalde de sector en Marsella), se apresuraban a presentar enmiendas ultraliberales en el debate sobre el proyecto de "Ley del Trabajo", que se desarrolla en el Senado del 13 al 28 de junio. Habrían endurecido más aún el texto, en caso de aprobación. Ahora bien, como consecuencia de una intervención de la dirección central del partido, han retirado sus enmiendas, explicando que sus delegados parlamentarios habían sido "particularmente celosos" y no habían demandado su acuerdo político sobre la naturaleza de las enmiendas.

Actualmente un debate -por lo menos táctico- atraviesa también a la dirección del FN, en lo que concierne a la actitud a tener respecto del proyecto del gobierno de prohibir manifestaciones sindicales como la prevista el 23 de junio en París.

Florian Philippot, que adopta el papel de especialista en demagogia social del partido, del que es uno de los vicepresidentes, denuncia así la idea del gobierno. Pone en guardia contra el riesgo de que en período electoral, mitines -parece pensar en los de su propio partido- podrían igualmente ser prohibidos, en nombre del estado de urgencia y porque "algunos delincuentes los ataquen". El día siguiente -viernes 17 de junio-, Philippot pedirá a la CGT que "haga limpieza", distanciándose de los malos radicales que causan destrozos en el mobiliario urbano; pero el eje principal de su denuncia no apunta abiertamente a los sindicatos. Apunta a la Unión Europea, puesto que es ella la que querría "precarizar al trabajador francés", y también ella quien estaría clara y únicamente en el origen del proyecto de ley /2.

Al contrario, la diputada FN Marion Maréchal-Le Pen no se muestra "particularmente contrariada" por la perspectiva de ver manifestaciones sindicales prohibidas, "por supuesto de forma temporal", en nombre del estado de urgencia y de la "Eurocopa 2016". Sin embargo, su tía Marine Le Pen le ha mostrado su desacuerdo sobre este punto, confirmando su propio punto de vista también el lunes 20 de junio de 2016.

La diferencia se refleja también en las posiciones tomadas respecto al fondo del proyecto de ley mismo. Así, a ojos de Marion Maréchal-Le Pen, este proyecto es "insignificante" porque "no va suficientemente lejos, sobre todo para los patronos PME y PMI". La joven diputada no duda en denunciar también directamente a los sindicatos, considerando por ejemplo que "la CGT no representa al pueblo francés". Sus posiciones son similares a las de Robert Ménard, alcalde de Béziers (la más poblada de las doce ciudades actualmente gestionadas por el FN a las que se añaden tres municipalidades de la Liga del Sur), que deplora sobre todo que el proyecto de Ley sea progresivamente "castrado, edulcorado" durante los debates; y que se muestra "no contrariado" por el recurso al artículo 49-3 decidido por Manuel Valls /3.

Por su parte, Philippot -hacia el que Ménard no oculta en absoluto su abierta hostilidad- evita criticar también abiertamente las tomas de posición sindicales. Critica más bien el proyecto de Ley por ser un proyecto de "precarización de los asalariados". Esto no hará en absoluto de Florian Philippot -él, el político del FN, el enemigo de la inmigración, el nacionalista y soberanista- un personaje progresista ¡ni mucho menos!. Pero defiende una línea que parece adaptarse más a las aspiraciones del electorado FN, sobre todo en el Norte y el Este de Francia, una parte del cual viene históricamente de la izquierda (consecuencia de los sucesivos fracasos políticos del PS y del PCF). Y que corresponde por otra parte a las recientes tendencias, referidas a las reacciones de este electorado al proyecto de "Ley del Trabajo".

http://www.npa2009.org/actualite/politique/protestation-sociale-le-fn-danse-sur-un-fil

21/06/2016

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Ver el artículo de J.M. Antentas sobre el movimiento de 1995 en http://vientosur.info/spip.php?article11399 ndt.

2/ En realidad, si es cierto que algunas "recomendaciones" de la Comisión Europea a Francia con fecha del 13 de mayo de 2015 han influenciado este proyecto de Ley, es igualmente el caso de las proposiciones elaboradas por el MEDEF francés (la CEOE francesa) ya en la primavera de 2000, en el marco de su campaña por la "refundación social" de la época. https://www.youtube.com/watch?v=RzKPlywDuwg

3/ Por cuarta vez, el Primer Ministro Manuel Valls recurre al artículo 49-3 de la Constitución francesa para hacer adoptar una ley sin pasar por la votación del Parlamento ndt.



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