Grabar en formato PDF
Tras la matanza de Orlando
Reflexionar globalmente, reflexionar sobre la homofobia, pensar en la solidaridad
22/06/2016 | Jacques Fortin

La monstruosa matanza de Orlando es muy ilustrativa, de entrada, de qué es el terrorismo: ni el color, ni la religión, ni la clase… tienen importancia.
Importa el odio azuzado, el miedo engendrado en los objetivos y la división en la población que tiende a aislar a los musulmanes. Acto ciego y destructor
perpetrado contra un público que está "of coulor”; incluso si suscita una profunda emoción (por otra parte, más o menos selectiva apenas se habla de esos
"of coulor”), tiene el efecto de provocar un aumento del odio ciego, en este caso contra los musulmanes, de desarrollar frecuentemente políticas
restrictivas o coercitivas en detrimento de las libertades (de las que querría aprovecharse el candidato republicano) e intenta amordazar en su
emancipación a la población (LGBT) a la que golpea.

El terror intenta desarmar a los colectivos en lucha, enfrentar a distintas categorías de la población, desmoralizar a aquellas y aquellos que resisten o
que buenamente quieren seguir viviendo libremente su vida.

Muy ilustrativa también de qué es la homofobia: un odio visceral, que se considera legítimo, "natural" y superior a las leyes humanas en nombre tanto de
una ley divina, como de otras pretendidamente biológicas, morales, sanitarias, antropológicas, sicológicas o de otro tipo según quien hable… leyes
oportunistas que, como siempre, no son más que prejuicios. Este odio niega a las personas LGBT no solo una parte de su humanidad (por ejemplo, ellas y
ellos no tendrían acceso a los mismos derecho que el resto) sino que niega su humanidad, exactamente como lo hace el racismo.

También un odio complejo que puede ser un odio contra sí mismo, contra algo "turbio", "turbador”, en uno mismo que no es asumible a los ojos de la
religión, de la moral, de la educación -sexista- recibida, o incluso que no puede ser vivido, contra los "instigadores" de esa turbación que, como habría
dicho el asesino (él mismo habría frecuentado los locales gay) "se atreven a besarse delante de niños".

Si bien debemos felicitarnos por la gran ola de indignación contra el horror homófobo y la solidaridad (comedida) hacia los "gays”, no se puede negar que
bajo la emoción del momento, se oculta la indiferencia, cuando no la complicidad soterrada, hacia la homofobia cotidiana y que influye tan gravemente en
las familias, en la escuela, el deporte entre los jóvenes LGBT y sobre cada uno o cada una en su vida diaria con su retahíla de cólera convertida o
transformada en sufrimiento más o menos destructor.

Hoy más que nunca, las personas LGBTI deben dejar de disimular, no aceptar ser arrinconados en lugares específicos para ser aceptables; ellos y ellas deben
inundar toda la vida pública, familiar, social, cultural, política, asociativa, sindical. Estar en todos los espacios donde se desarrolla la vida corriente
para que ésta se "desheterosexice", se impregne de la diversidad de conductas sensual, sexual, de género, que es el futuro de la humanidad. Es necesario
que sepamos ser " no genéricos”, al mismo tiempo que perturbadores del orden sexista, en solidaridad con las feministas militantes en la vida cotidiana.

Evidentemente, semejante crimen, justificado por las creencias religiosas y sus corrientes fundamentalistas más perversas, permite a las corrientes
islamófobas insistir sobre el tema “ved como esta religión, esta gente, son bárbaros”, movilizando así a los más exaltados, exacerbando el miedo y el
racismo. De esta forma, la desconfianza hacia las y los musulmanes aumenta entre la población a la que las agresiones imperialistas recientes ya han
adoctrinado sobre la "guerra de civilización" y cuyo desarrollo moral e ideológico está ampliado por la miseria, el paro, la precariedad. Esta desconfianza
es el objetivo de los terroristas supuestamente musulmanes: aislar a los musulmanes forma parte del plan, sin importar el sufrimiento y las víctimas de sus
pretendidos hermanos y hermanas de religión.

Pero también desde el punto de vista LGBT, todo esto reduce al silencio la suerte de millones de personas LGTB que viven en países de cultura musulmana
donde son duramente perseguidas. Cuando el gran impulso de la solidaridad se focaliza sobre las víctimas "occidentales", se coloca la libertad occidental
como un Edén perturbado por estos ataques, la suerte de esos reprobados es olvidada, incluso ocultada muy a menudo, cuando es duradera, tenaz, y a menudo,
heroica. El debate contra los racistas se ha vuelto tan difícil que alguno de los más progresistas, para no alimentar la fobia antimusulmana, tienen
tendencia a guardar silencio sobre esta persecución que tendría tanta necesidad de apoyo internacional activo como el suyo. ¡Hay que crear ese potente
apoyo!

En estas coyunturas es complicado no perder nada en el camino, atar todos los cabos, no olvidar a ninguna víctima, ninguna de las luchas, pero es
indispensable.

La homofobia no tiene color, ni raza ni religión: tiene todos los colores y todas las razas y religiones y debe ser combatida con fuerza. No ha esperado a
la globalización actual para ser global. Existe en todos los países: 10 estados todavía reservan la pena de muerte para las personas LGBT, 70 tienen una
legislación represiva, y en las zonas "liberadas" de leyes homófobas están lejos de haber erradicado el miedo, el odio y el asco hacia las personas LGBT.
Podemos gritar justamente contra la suerte dada a las personas LGBT por la religión musulmana pero, ¿qué ocurriría en nuestro país [Francia] si una
santurrona mujer política muy conocida que considera la homosexualidad una "aberración" llegase al poder? ¿arrastraría tras ella las hordas de cristianas
cabizbajas y con la cabeza rapada para tomar al asalto el frágil y ambiguo sistema democrático que nos rige si llega ahí?

Hoy asistimos a nivel universal a una confrontación política y social aguda en la que las personas LGBT son las protagonistas. Al mismo tiempo que la
homofobia histórica (nutrida por todas las religiones ) sale del transfondo y se convierte en una apuesta política global, asumida hasta en los países más
reaccionarios por los LGBT heroicos, las corrientes homófobas, sintiéndose a la defensiva, se exasperan, se organizan, insultan e intentan en este terreno
así como en el de los derechos de las mujeres un "rearme moral" tan virulento como desesperado cuyos abusos son mucho más numerosos que lo que se dice y
provienen de fuentes mucho más diversas que el islam ultrafundamentalista (por ejemplo, los evangélicos castigan de forma especialmente cruel en África).

Los asesinatos de Orlando son un momento en esta lucha mundial. ¡No nos dejemos amordazar! ¡No nos dejemos gangrenar por el odio y el racismo!¡ Rechacemos
cualquier instrumentalización de nuestras muertes y de nuestros mártires para martirizar otras categorías! ¡Ni racismo teocrático ni racismo imperial!

¡Despleguemos la solidaridad internacional para la emancipación LGBT de todos los países y de todas las culturas!

20/6/2016

Traducción: VIENTO SUR

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article38244



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons