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Unión Europea
Los retos de la crisis migratoria
21/06/2016 | Galia Trépère

La situación en el Mediterráneo es una tragedia”. El Consejo Europeo extraordinario que acababa de reunirse, el 23 de abril 2015, parecía haber calibrado la magnitud de la catástrofe. Tres días antes, 800 personas habían muerto en el naufragio de la embarcación que debía transportarlas clandestinamente de Libia a Italia. Un dramaque se añadía a muchos otros, una verdadera hecatombe que las autoridades de la Unión Europea (UE) ya no podían hacer ver que ignoraban. Por primera vez, se comprometieron públicamente a actuar para poner fin a la tragedia.

Cinco meses y varios miles de muertos después, esas mismas autoridades acordaron un plan de reparto de los refugiados. Desde entonces, los dirigentes europeos se han mostrado incapaces de poner en práctica siquiera este acuerdo, y eso que solo abarcaba un total de 160 000 refugiados. Dejaron constancia de sus divisiones y solo acordaron una solución “europea” para subcontratar a Turquía la “gestión de los refugiados” y autorizarse mutuamente a restablecer controles en las fronteras interiores de la UE. Hasta el punto de que hoy en día la prensa contempla como una hipótesis seria la desaparición del espacio Schengen, apuntando incluso a la de la propia Unión Europea.

El plan de “reubicación”: duplicidad e incuria

En mayo de 2015, en la estela del Consejo Europeo del 23 de abril, la Comisión Europea propuso un plan que preveía el reparto de 40 000 refugiados de los llegados a Grecia o Italia, fijando un cupo para cada país. Este plan concitó la oposición inmediata -además de la del gobierno francés- de varios países de Europa Oriental, del Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), que consiguieron quedar exentos y que el número total se rebajara de 40 000 a 32 000.

Sin embargo, en el verano de 2015, la llegada de refugiados a las islas griegas y el número de muertos aumentaron tanto que los dirigentes de la UE no tuvieron más remedio que adoptar nuevas iniciativas. La foto del pequeño Aylan, aquel niño kurdo que apareció ahogado en una de las playas turísticas de la costa turca, publicada los días 2 y 3 de septiembre en toda la prensa europea, se convirtió en el símbolo de una catástrofe humanitaria sin precedentes. Las opiniones públicasse emocionaron ante la suerte de familias enteras afrontando la muerte, y una ola de solidaridad se propagó por Grecia, Italia, Alemania, dando lugar a importantes manifestaciones en varias capitales europeas, de las que la más numerosa se produjo en Londres.

A partir de finales de agosto, el gobierno griego, desbordado por la llegada masiva de migrantes e incapaz de retenerlos y registrarlos de conformidad con los acuerdos de Dublín, los dejó continuar hacia El Pireo y desde allí hacia el norte de Europa. Alemania y Austria abrieron sus fronteras a los miles de refugiados que estaban bloqueados en Hungría, y Angela Merkel anunció su intención de acogerlos y no devolverlos a Grecia o Hungría, desentendiéndose así de los acuerdos de Dublín. Al mismo tiempo, presionó a los demás Estados miembros de la UE, en particular a Francia, con ánimo de relanzar un plan de reubicación europeo más ambicioso.

Este plan se debatió en un consejo de ministros del Interior extraordinario, reunido el 14 de septiembre. El ministro francés, Bernard Cazeneuve, ofreció un resumen junto con su homólogo alemán, Thomas de Maizière, ante la prensa. “De entrada, declaró a modo de preámbulo, hemos tenido la ocasión de recordarnos unos a otros que hay momentos en la Historia en que hay que estar a la altura. Mientras hablamos, hay migrantes que están camino del éxodo, que han sufrido persecución y que cierto número de ellos mueren. Y cada minuto que perdemos hay más muertos. Hemos querido decir, con Thomas de Maizière, y así lo he expresado con firmeza en la última parte de la reunión, que ya no podemos perder más el tiempo y que las decisiones que podamos adoptar han de ser decisiones acordes con los valores de los padres fundadores de la Unión Europea y que sitúan a cada uno de los países de la UE ante su responsabilidad.”

En realidad, sin embargo, aquel consejo de ministros dedicó mucho más tiempo a discutir sobre medidas destinadas a frenar la afluencia de refugiados y a reforzar los medios para devolver a estos últimos a sus países de origen o los países limítrofes, que no al plan de reubicación propiamente dicho. De todos modos, se decidió poner en marcha el plan de reparto de 40 000 refugiados del que se venía hablando desde la primavera y ampliarlo a 120 000 personas más. Dado que el Grupo de Visegrado había reafirmado su oposición a dicho plan, Cazeneuve insistió en su comparecencia ante la prensa en que “Europa no es una Europa a la carta”. Se sobreentendía que Francia no se sentiría obligada si no se implicaban todos los miembros de la UE. Como si esa Europa de geometría variable no fuera ya una realidad cuando se trata de acuerdos de cooperación militar e industrial o simplemente del euro.

No obstante, la mención que hizo Cazeneuve de las “persecuciones” y de los peligros que corrían los migrantes y el recordatorio de los “principios fundacionales” cumplían una función: la de dar el pego, crear la ilusión de que la UE haría algo por salvar vidas humanas y acoger a los refugiados. Los gobiernos debían tener en cuenta la emoción expresada en solidaridad con ellos. Incluso seis meses después, durante su número televisivo del 15 de abril de 2016, François Hollande se atrevió a sostener, contra toda evidencia y hasta el punto de suscitar la réplica indignada de Léa Salamé –“¡es una broma!”–, que Francia seguía la misma política que Alemania y que acogía a 30 000 refugiados.

En realidad, a comienzos de marzo de 2016, de los 160 000 anunciados, solo se había reubicado a 600 refugiados, correspondiendo el mayor contingente, si se puede decir así, a Finlandia. “El fiasco es espectacular”, comentó el periodista de Les Echos Renaud Honoré al presentar estos datos en el número del 7 de marzo de la revista. Francia no había acogido a más de 135 personas en este marco. Ni en ningún otro marco, por cierto, a diferencia de Alemania, que había acogido y sigue acogiendo directamente a cientos de miles de refugiados.

La fortaleza Europa a plena luz

Paralelamente a esta comedia comenzó, a partir del mes de junio de 2015, el cierre acelerado de las fronteras exteriores de la UE y del espacio Schengen. El 17 de junio de 2015, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría anunció el cierre de la frontera entre su país y Serbia –que no forma parte de la UE ni del espacio Schengen– y la construcción de una valla de cuatro metros de altura a lo largo de los 175 kilómetros. “De todos los países de la UE, explicó, Hungría es el que sufre la mayor presión migratoria. Una respuesta común de la UE a este desafío tarda demasiado y Hungría ya no puede esperar. Tiene que actuar.”

El ultrarreaccionario primer ministro húngaro, Viktor Orban, ha sido criticado por los demás jefes de Estado de la UE, que mostraban un talante más democrático, pero ¿acaso el gobierno francés no había procedido desde hacía tiempo a “controlar “ los accesos al puerto de Calais y al túnel bajo el canal de la Mancha, aplicando al pie de la letra los acuerdos de Touquet que había firmado con el Reino Unido, que no forma parte del espacio Schengen? “Controlar” es un eufemismo que significa hacer inaccesible mediante verjas, cerrar a cal y canto. Y ¿acaso el primer ministro británico, David Cameron, no había comparado a los migrantes de Calais con “un enjambre de gente que cruza el Mediterráneo”? El Financial Times incluso reprodujo, según Le Monde, esa broma de los negociadores británicos en las primeras discusiones europeas sobre el reparto de refugiados: “No aceptaremos más que cero, y doblaremos esta cantidad si nos presionan mucho.”

Hace tiempo que las autoridades de la UE y de varios Estados miembros organizan el “control” de las fronteras exteriores de la UE o del espacio Schengeny subcontratan, mediante acuerdos formales, la “gestión de refugiados” a Estados situados en África septentrional o subsahariana, ante las puertas de la UE, convirtiendo a esta en una fortaleza. Claro que hasta ahora esto se hacía al abrigo de las miradas, de los medios, de la opinión pública, con excepción de la labor de información y denuncia realizada por las asociaciones de solidaridad con los migrantes, como por ejemplo Gisti, Migreuropy las asociaciones de defensa de los derechos humanos.

Hay una diferencia importante entre lo que suelen manifestar, ante su opinión pública, los dirigentes de los Estados que se reclaman de la libre circulación de las personas y lo que dicen quienes profesan abiertamente su demagogia xenófoba, como el gobierno húngaro de Orban. Este último, que compite con el partido fascista Jobbik, afirmó en septiembre de 2015 que la llegada de refugiados era una amenaza para las “raíces cristianas” de Europa. Sin embargo, el desprecio por los trabajadores y los pueblos lo comparten en gran medida todos los gobiernos que están al servicio de las clases dominantes. La lógica de criminalización de los movimientos sociales, utilizada para imponer la austeridad, va de la mano de todas las discriminaciones y abona el terreno para las fuerzas más reaccionarias que preconizan la demagogia xenófoba.

El acuerdo firmado por la UE con Turquía el 28 de marzo pasado es la continuación lógica de la fortaleza Europa. Un acuerdo “vergonzoso”, como han dicho la mayoría de los órganos de prensa, justo cuando el presidente turco Erdogan está estableciendo un régimen dictatorial y desencadena una represión despiadada contra el pueblo kurdo y sus organizaciones. Un acuerdo que todavía no está concluido del todo, en la medida en que Turquía está chantajeando a la UE para obtener más dinero –mil millones al principio, después tres y ahora seis–, más facilidades para que los turcos puedan obtener visados de corta duración y la suavización de las condiciones de adhesión a la UE. A cambio, Turquía se compromete a retener a millones de refugiados –alrededor de 2,7– que se hallan en su territorio y a readmitir a todos los que sean devueltos por Grecia.

Al mismo tiempo, la ONU decidió, a comienzos de febrero, renovar y aumentar las ayudas económicas a los países limítrofes con Siria para que al menos la ayuda alimentaria a los refugiados, que se redujo a la mitad en 2015, permita que estos últimos sobrevivan… y se queden donde están. Más de 60 Estados han prometido aportar hasta un total de 10 000 millones de dólares de aquí a 2020 para la ayuda a los refugiados sirios en los países de Oriente Medio. En el Reino Unido, que ofrece 1 200 millones de libras, Cameron explicó que se trataba de disuadir a los sirios de “arriesgar la vida atravesando el mar Egeo o los Balcanes”. ¡Qué servicial! En todo caso, más que Francia, que adujo cínicamente su intervención militar en Siria para no ofrecer más que préstamos.

Mantenerlos lejos, subcontratar la “gestión de los refugiados”, eso es lo único de que es capaz la UE conjuntamente. Y aún, pues los jefes de Estado y de gobierno no han dudado en acusarse unos a otros de este “acuerdo vergonzoso”, acusación que se dirige sobre todo contra Merkel, supuestamente la culpable de todo el embrollo. Sin embargo, este acuerdo no es más que el resultado de la incuria de la UE, que ni siquiera ha sido capaz de poner en práctica el plan mínimo de reparto de refugiados que había decidido.

El espacio Schengen suspendido, la Unión Europea amenazada

El refuerzo de las fronteras exteriores de la UE frente a tal afluencia de poblaciones no basta para preservar la libre circulación en el interior mismo del espacio. Como si Europa pudiera aislarse del resto del mundo y evitar las consecuencias de las políticas que aplican las potencias imperialistas, entre ellas sus propios Estados miembros. El gobierno francés ya hizo cerrar la frontera con Italia en Ventimiglia en junio de 2015, organizando la devolución a este país de todos los migrantes interceptados, cuando en su mayoría no pretendían quedarse en Francia. Fue a partir de septiembre del mismo año cuando se generalizó la iniciativa de restablecer los controles fronterizos por un efecto dominó, que avanzo de norte a sur.

En el mismo instante en que se anunció el acuerdo sobre la “reubicación de los refugiados”, el gobierno alemán restableció los controles en la frontera con Austria, seguido al cabo de poco tiempo por los gobiernos austriaco, eslovaco, checo y después croata. Austria, en el centro del espacio Schengen, contempló así el retorno de los controles en cuatro de sus fronteras. Después de Hungría, que cerró su frontera con Serbia y más tarde con Croacia y Rumanía, amenazando a cualquier persona que cruzara ilegalmente una de sus fronteras con una pena de tres años de cárcel, llegó el turno de los demás países por los que acabaron pasando las rutas de los migrantes. Eslovenia, pequeño país de dos millones de habitantes desbordado por la afluencia de migrantes, decidió el 8 de marzo de 2016 no dejar pasar a más refugiados por su territorio. Al poco tiempo le imitó Croacia, y después Serbia y Macedonia. En ese momento, más de 36 000 migrantes quedaron bloqueados en Grecia, 13 000 de ellos junto a la frontera con Macedonia, en Idomeni.

Aun así, el 5 de febrero la Comisión Europea había amenazado a Grecia con sanciones debido a su pretendida mala gestión de los refugiados. Diez días después, con motivo de un consejo de ministros de Finanzas, los representantes de los países miembros de la UE votaron a favor de poner en práctica esta decisión de la Comisión, que daba un plazo de tres meses a Grecia para mejorar su gestión del flujo de refugiados. Cuando Grecia, como asimismo Italia, recibe el mayor número de refugiados y está obligada por los acuerdos de Dublín a registrarlos, sin contar con los medios necesarios para hacerlo, he aquí que se vio reprendida como lo fue con ocasión de la crisis de las deudas públicas, amenazada con la expulsión de Schengen. “Esta decisión no debe interpretarse como la voluntad de marginar a Grecia, sino simplemente como un trámite para permitir su permanencia en el marco de Schengen”, afirmó entonces un diplomático, según informó Les Echos el 15 de febrero de 2016.

En efecto, de acuerdo con el reglamento del espacio de Schengen, los Estados miembros del mismo solo pueden restablecer los controles fronterizos durante seis meses. Solo pueden prolongar dichos controles si se declara la situación “excepcional” porque un Estado miembro no logra controlar sus fronteras exteriores, registrar a los migrantes en los “puntos calientes” y mantenerlos encerrados. “Todo esto se desprende del puro entramado jurídico”, afirmó el mismo diplomático al hablar de las advertencias a Grecia. Una vez más, Grecia se vio condenada por Europa, pese a que ésta descarga en ella todas las consecuencias humanitarias de la llegada de miles de refugiados. De paso se pasa por alto asimismo la lógica de este retorno a los controles fronterizos en cascada: más allá de las consecuencias económicas, esta política refuerza el miedo al extranjero, la xenofobia y a las fuerzas reaccionarias que se nutren de estos prejuicios.

Al mismo tiempo, los dirigentes de la UE negociaban, o más bien hacían ver que negociaban, una serie de disposiciones particulares para el Reino Unido, a fin de que su primer ministro Cameron pudiera presentar un acuerdo aceptable para la población y el brexit no ganara el referéndum de junio. “Políticamente, la Historia recordará, resume Dominique Seuxen el editorial de Les Echos del 21 de febrero, que 28 dirigentes se encerraron (o casi) durante treinta horas para pelearse en torno a diez comas, cuando millones de refugiados llamaban a la puerta y algunos de ellos morían en el mar. Al final, Londres impuso su punto de vista: conservar lo mejor del mercado único sin ningún compromiso de integración […], un síntoma más del dramático debilitamiento del proyecto europeo.”

18/06/2016

https://npa2009.org/idees/antiracisme/lunion-europeenne-lepreuve-de-la-crise-des-migrants

Traducción: VIENTO SUR

ANEXO

El número de desplazados bate un nuevo récord con 65,3 millones

Gara

El número de personas desplazadas o refugiadas a causa de la guerra, la violencia, la persecución y las violaciones de derechos humanos alcanzó en 2015 la cifra récord de 65,3 millones de personas, 5,8 millones de personas más que las registradas en 2014, según el último informe “Tendencias Globales del Desplazamiento Forzado 2015” publicado ayer por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). De este total, 21,3 millones son refugiados y 40,8 millones son desplazados internos, mientras que 3,2 millones son solicitantes de asilo. Según ACNUR, en 2015 hubo 12,4 millones de nuevos desplazados tanto dentro de sus países (1,8 millones) como en el extranjero (8,6 millones). Además, se registraron dos millones de nuevas solicitudes de asilo.

Estas cifras suponen que cada minuto 24 personas en todo el mundo se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Es la primera vez que la cantidad total de desplazados supera los 60 millones de personas, una cifra equivalente a la población de Gran Bretaña. Según ACNUR, “uno de cada 113 seres humanos en el mundo hoy está desarraigado, es demandante de asilo, desplazado interno o refugiado”.

Solo en África hay 4,41 millones de refugiados, un alza del 20%, que provienen en su mayoría de Somalia, Sudán del Sur, República Democrática del Congo y República Centroafricana. Europa es el segundo continente que más refugiados acoge, con 4,39 millones.

ACNUR denunció que los países en vías de desarrollo siguen acogiendo a refugiados de “forma desproporcionada” en comparación con otros países, ya que dan cobijo al 86% de quienes huyen, bajo el mandato de la agencia de la ONU (16,1 millones). El 90% han buscado refugio en países pobres o de renta media. Turquía es el país que más refugiados acoge, con 2,5 millones de personas; seguido de Pakistán, con 1,6 millones; y Líbano, con 1,1 millones.

Aumenta el desplazamiento

El alto comisionado para los refugiados del ACNUR, Filippo Grandi, que inició sus funciones a comienzos de 2016, resaltó que «”os factores de amenaza para los refugiados se han multiplicado”. “Vivimos en un mundo desigual, hay guerras, conflictos y es inevitable que la gente quiera ir hacia un mundo más seguro”, manifestó en la presentación del informe. Destacó también que “los desplazados internos constituyen el grupo al que es más difícil ayudar, tener acceso y brindar protección”

La problemática del desplazamiento interno se ha disparado en los últimos cinco años por los conflictos de larga duración sin solución, por guerras más recientes y porque cada vez las soluciones para los desplazados son más escasas.

Colombia, con 6,9 millones, Siria, con 6,6 millones, e Irak, con 4,4 millones, son los países con más desplazados internos. En cuanto a refugiados, el principal país de origen es Siria, con 4,9 millones de personas, seguido por Afganistán, con 2,7 millones, y por Somalia, con 1,1 millones.

“No solo la tendencia es mala numéricamente, sino que los peligros a los que están expuestos son mayores que en el pasado en muchos lugares, incluyendo Europa”, analizó. Grandi lamentó que ante esta tragedia humana lo que se observe sea “el aumento de la xenofobia, que se ha convertido en una característica del entorno en el que trabajamos”. “Pero esto no nos desalienta porque nunca antes hubo tanta necesidad de defender la causa de los desplazados forzosos”, agregó. Dirigiéndose sobre todo a los países ricos, advirtió de que “si no resuelven los problemas allí donde ocurren, los problemas irán a ellos”.

Sobre la llegada de refugiados de los mayores conflictos de Oriente Medio a Europa, vaticinó que el flujo de personas que cruzan el Mediterráneo en busca de asilo continuará y alertó que la UE “no tiene un plan B para afrontar esta situación en el largo plazo”.

JanEgeland, secretario general de la ONG Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), que contribuyó a la redacción del informe, denunció que los refugiados “son víctimas de una parálisis general» por parte de los gobiernos en todo el mundo, que «renuncian a sus responsabilidades”. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, criticó la «narrativa de intolerancia» que existe en algunas regiones frente a los refugiados y pidió mayores acciones internacionales para garantizar su asilo. “Vemos un preocupante incremento en el recurso a detenciones (de refugiados) y en la construcción de vallas y otras barreras”, manifestó. Incidió en que, según las cifras de ACNUR, “nueve de cada diez refugiados viven hoy en países con ingresos bajos o medios, próximos a situaciones de conflicto”.

Atrapados en Grecia

A tres meses de la entrada en vigor del acuerdo entre la UE y Turquía son pocos los refugiados que salen de Grecia y todo apunta a que la mayoría de las 60.000 personas atrapadas en territorio griego permanecerán por mucho tiempo. Hasta la fecha, los países de la UE tan solo han acogido al 1% de los 160.000 refugiados que prometieron reubicar desde Italia y Grecia hasta setiembre de 2017.

El Gobierno griego empieza a asumir que su país ha dejado de ser un mero lugar de tránsito para convertirse en destino final para miles de personas. «Si se parte de los compromisos adquiridos por los Estados miembros de la UE, teóricamente todos los refugiados hubieran podido ser reubicados, pero la realidad nos hace creer que muchos se quedarán en Grecia» por mucho tiempo, declaró a Efe Yorgos Kyritsis, portavoz de la gestora gubernamental para la crisis de refugiados.

El Gobierno comenzó hace algunas semanas a reubicar a los miles de personas que vivían en campamentos improvisados como el de Idomeni, en la frontera con Macedonia, que en los pasados meses se había convertido en la fotografía del fracaso de la política de migración europea. Poco a poco todos los migrantes y refugiados repartidos por el territorio continental están siendo trasladados a centros organizados, en buena parte antiguas instalaciones militares.

La Comisión Europea evitó ayer tomar posición sobre las informaciones que apuntan a que al menos ocho refugiados sirios, entre ellos tres menores, murieron por disparos de guardas fronterizos turcos cuando intentaban entrar en Turquía. «Confiamos en que Ankara examine y determine la veracidad de los hechos», dijo la portavoz comunitaria Natasha Bertaud.

El número de huidos aumenta también en Centroamérica

El número de personas que tuvieron que huir de sus hogares en El Salvador, Guatemala y Honduras se multiplicó por cinco entre 2012 y 2015, hasta 109.800 personas, según los datos presentados ayer por ACNUR. La cifra total de desplazados en todo el continente ascendió un 17 % en 2015. La mayoría buscó refugio en EEUU, pero también lo hizo en países vecinos como Ecuador, México, Panamá y Venezuela.

El alto comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, subrayó que si bien las cifras «no asombran tanto como las provocadas por los conflictos en África u Oriente Medio, la violencia de la que escapan y el trato inhumano son los mismos». En América hay más de 500.000 personas refugiadas, pendientes de asilo o en situación de riesgo, sin contar con los casi 7 millones de desplazados internos que hay solo en Colombia, país que ostenta el mayor número de desplazados internos a nivel mundial, por encima incluso de Siria, con 6,6 millones de desplazados.

“Pasillos humanitarios”, una vía para acoger a refugiados

El programa de “pasillos humanitarios” que ha puesto en marcha Italia y por el que ha acogido a más de 280 refugiados será presentado hoy ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para invitar a otros países a que adopten esta solución ante el drama de los muertos en el mar Mediterráneo y eliminar así las mafias que trafican con las personas.El secretario de Estado para Asuntos Exteriores de Italia, Mario Giro, subrayó que este proyecto piloto «es una solución concreta». San Marino es el segundo país que implementará este proyecto, gracias al cual el pasado jueves 81 personas llegaron al aeropuerto de Fiumicino.

En cuanto a los criterios de selección de los refugiados, desde el movimiento explican que darán prioridad a niños, madres solas, personas enfermas y familias especialmente vulnerables. Además, la novedad del proyecto de los corredores humanitarios es que se trata de refugiados que permanecen bloqueados en campos en origen de Líbano, Etiopía y Marruecos y a los que se traslada a Europa en avión evitando que se pongan en manos de mafias o que arriesguen su vida en el mar. Daniela Pompei, de la Comunidad de Sant’Egidio, declaró que esta senda «está abierta porque es necesario trabajar para la integración y abrir nuevos corredores humanitarios, como el de la República de San Marino, que acogerá a una de las familias» que llegaron el jueves. Animó a otros países a hacer lo mismo.

21/06/2016

http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2016-06-21/hemeroteca_articles/el-numero-de-desplazados-bate-un-nuevo-record-con-65-3-millones

Véase asimismo el Informe de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado CEAR 2016:http://www.cear.es/publicaciones-elaboradas-por-cear/informe-anual-de-cear/



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