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Referendum en Gran Bretaña
La izquierda radical ante el "Brexit"
18/06/2016 | Ross Harrold, Alan Thornett, Joseph Choonara

[El 23 de junio en el Reino Unido se celebrará el referéndum para decidir si el país continúa en la Unión Europea o la abandona. Una cuestión que divide enormemente al país tal como señalan las últimas encuestas en las que las dos opciones están muy igualadas, con ligeras ventaja sea para "permanencia" ("stay in") o para la salida ("brexit".

El que esta división se haya ido haciendo cada vez más fuerte y la opción del Primer ministro David Cameron de organizar el referéndum [para resolver la cuestión] son fruto, en gran parte, de la influencia cada vez mayor del ala reaccionaria y euroescéptica en su propio partido (el Partido Conservador) y de la presión del UKIP, un partido populista, reaccionario y muy racista, que en los últimos años gana fuerza.

Ahora bien, las divisiones en relación a la Unión Europea vienen de lejos, como trataremos de explicar en este dossier, con posiciones que a menudo han evolucionado (como las de la derecha y más concretamente, en el seno del gran capital), pero también en la izquierda política y sindical.

Para terminar, en torno al referéndum, la izquierda radical también está dividida sobre que hacer. Por lo que, para arrojar luz sobre este debate, publicamos dos tribunas: una defendiendo la permanencia crítica y otra a favor de la salida. Ross Harrold]


Los capitalistas británica y la construcción europea

Ross Harrold

Desde 1949, Winston Churchill, dirigente del Partido Conservador, en esas fechas en la oposición, fue uno de los primeros en declararse a favor de los "Estado Unidos de Europa". Estaba a favor de la unificación y de la integración europea… pero añadía que la misma no podría aplicarse, de ninguna manera, a la Gran Bretaña debido a su Imperio y a "su papel en el panorama mundial" en tanto que gran potencia militar y comercial.

En los años 1960, el "despertar" de ese sueño imperial fue duro. A menudo sin otra salida, tiene que ir abandonando el Imperio y el declive económico del país se hace cada vez más evidente, tanto en relación al empuje de Alemania como de otros países europeos. Por último, el fiasco de la invación franco-británica del canal de Suez en 1956 y el "veto" de EE UU y la URSS pusieron fin a las ilusiones que algunos británicos tenían aún en torno a su papel como superpotencia militar

La adhesión a la CEE

Gran Bretaña se apresuro a solicitar la adhesión a la CEE (Comunidad Económica Europea). Su propuesta será rechazada en dos ocasiones; la segunda por el veto de De Gaulle que temía (puede ser que con razón) su política exterior no fuera independiente de la de EE UU. Finalmente, en 1973 se acepta la adhesión, pero ello no pondrá fin a las tensiones ni con el resto de Europa ni en el seno del Partido Conservador y en el capital británico.

Durante los primeros años, los capitalistas británicos pensaron poder compensar su aportación al presupuesto de la CEE con un incremento de las exportaciones. Sin embargo, la baja continua de la competitividad de la industria británica y el incremento de la importación de mercancías europeas hacen incrementar el déficit.

El Thatcherismo

En noviembre de 1979, unos meses después de haber sido elegida como Primer ministro, Margaret Thatcher declaró en la cumbre europea de Dublin: "I want my money back" (quiero recuperar mi dinero)… En los sondeos, el 40 % del electorado británico estaba dispuesto a salirse de la CEE en caso de no llegar a un acuerdo. Ahí comenzó un largo período de crispación con Europa.

Los años 1980 son también los años en los que Thatcher desarrolló su política neoliberal: menos Estado, menos social y menos "cargas". Se opuso a todo lo que podía asemejar una política social, a imperativos en materia de derechos sociales, etc. Sin duda, menos pro-europea que sus predecesores, Thatcher dirige su mirada hacia su amigo y co-promotor de las políticas neoliberales Ronald Reagan, haciendo emerger de ese modo la vieja división en el capital británico entre europeístas y atlantistas.

¿Por qué se da esta división?

Entre las razones de la división actual entre los "pro" y los "contra" existen evidentemente intereses diferentes entre capitalistas que comercian más con Europa y quienes comercian más con América y más allá con Asia del Este y el mercado mundial. También se encuadran las grandes empresas mediáticas, poco vinculadas a la UE y de las que muchas de ellas están a favor del Brexit (salida).

Sin embargo, una encuesta muestra que las tres cuartas partes de las grandes empresas británicas, loa grandes bancos y la City de Londres están a favor de la permanencia, al igual que las dos grandes confederaciones patronales.

¿Cómo explicar, por tanto, que entre un tercio y la mitad de las y los diputados conservadores, una cuarta parte de los ministros y un tercio del gabinete estén a favor de salirse? La razón principal se llama UKIP ("el partido a favor de la independencia del Reino Unido").

En Gran Bretaña han existidio diferentes partidos antieuropeos desde hace décadas, pero eran marginales. Sin embargo, en las últimas elecciones europeas, el UKIP ganó las elecciones con el 25 % de los votos. En las legislativas (2015), con un sistema que les es muy desfavorable, lograron el 12 %.

Con el estallido de la crisis en 2008 el UKIP, con un discurso racista contra los musulmanes, los roms y la gente en busca de refugio, supo captar el voto de millones de personas, aprovechando -al igual que en el resto de Europa- la decepción provocada por las políticas neoliberales impulsadas por la izquierda

El original y la copia

Viendo como cada vez una parte mayor del electorado, pero también de las y los electos de su partidos giraban hacia el UKIP, Camerón se vio obligado a convocar el referéndum. A partir de ahí, se ha dedicado a rivalizar con un discurso anti-inmigración y a negociar la reducción de los derechos de los ciudadanos y ciudadanas que lleguen de la UE a Gran Bretaña, lo que nos sitúa de nuevo ante la historia del "original" y la "copia", con un UKIP que cada vez presiona más.

En todo caso, el Partido Conservador va a continuar desgarrándose, sea cual sea el resultado. Nuestros camaradas británicos están divididos en torno a los pronósticos en torno a este desgarro en el Partido Conservador y las consecuencias del Brexit: refuerzo de las fuerzas reaccionarias o una oportunidad para que la izquierda recupere la iniciativa? El futuro nos lo dirá.

Ross Harrold, ha coordinado el dossier sobre el Brexit para l’Anticapitaliste

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Contra el racismo, por una "permanencia” crítica

Alan Thornett

El partido conservador actualmente en el poder en Gran Bretaña está profundamente dividido y en crisis cuando nos acercamos al referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea del 23 de junio.

El primer ministro Cameron prometió este referéndum durante la campaña de las elecciones parlamentarias del año pasado a fin de recuperar los votos que perdía en beneficio del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido (en inglés, United Kingdom Independence Party o UKIP) en una situación en la que no esperaba ganar las elecciones. Actualmente debe lamentar esa penosa tactiquilla oportunista, ya que el resultado del referéndum está lejos de ser algo seguro.

La campaña dominante a favor del "Brexit" (salida de la UE) es un escaparate nauseabundo de racismo y de xenofobia, y va empeorando a medida que pasan los días. Ante todo se trata de un referéndum sobre la inmigración. Para los conservadores y el UKIP, la UE está llena de extranjeros y estranjeras, y no los quieren aquí… Un voto a favor de la salida será visto ante todo como un voto contra la inmigración, mientras los y las migrantes se ahogan por decenas de miles en los mares Mediterráneo y Adriático.

En estas condiciones, este artículo -y es la posición de Socialist Resistance- argumenta a favor del mantenimiento del Reino Unido en la UE a fin de oponerse al ascenso cada vez más fuerte del racismo y de la xenofobia.

La izquierda radical dividida

Las dos organizaciones más importantes, el SWP y el Socialist Party (CIO) hacen campaña a favor del Brexit, y una serie de organizaciones más pequeñas, entre ellas Socialist Resistance y Left Unity, hacen campaña por permanecer dentro, juan al Partido Verd, el Partido Nacional Escocés (SNP) y de Plaid Cymru (independentistas del País de Gales).

Jeremy Corbyn también hace campaña por permanecer en la UE, sobre bases similares, es decir con un posicionamiento de izquierdas muy diferente del de Cameron: por una Europa social, por una Europa de los pueblos, etc.

Existen dos campañas de la izquierda radical a favor del Brexit sobre la misma base política: una, la del SWP junto al Partido Comunista (GB) y, la otra, del Socialist Party. Estas dos campañas han sido ahogadas por la derecha xenófoba y no tienen ninguna visibilidad en el referéndum. Desgraciadamente, en este referéndum no existen las condiciones para que pueda haber una campaña de izquierda progresista y creíble a favor de la salida, con fuerzas significativas que la apoyen y que podría tener un perfil distinto al de la campaña de la derecha.

Las dos campañas de la izquierda radical a favor de la salida basan su posición en la naturaleza reaccionaria y antiobrera de la UE, siendo su mejor demostración el papel jugado por ésta en Grecia. Y por supuesto, tienen razón. La UE es una estructura reaccionaria y antiobrera, que efectivamente ha empobrecido a la nación griega en el altar del salvamento del euro y la continuidad del proyecto neoliberal de la UE. Esto es absolutamente cierto y ya he escrito muchas veces sobre este tema.

Las consecuencias de un Brexit: el ascenso reaccionario

El problema es que esto no tiene en cuenta para nada las peligrosas consecuencias políticas de un voto a favor de la salida, así como las consecuencias para el movimiento obrero.

En las condiciones actuales, un voto favorable al Brexit conduciría la situación política en Gran Bretaña muy claramente a la derecha. Reforzaría al UKIP y a la derecha del Partido Conservador, y provocaría quizá un acercamiento profundamente reaccionario entre los dos.

Es cierto que Cameron no continuaría, pero su sustituto sería un xenófobo populista de derechas que interpretaría el voto por el Brexit como un mandato directo para nuevas medidas draconianas, en particular contra la inmigración.

No sería un Brexit dirigido por un gobierno que busque romper con las políticas neoliberales y las exigencias de la UE. Sería un Brexit dirigido por populistas y xenófobos de derechas en el marco de un programa de derecha racista.

De todas formas, el hecho de estar por principio a favor de la salida de la UE no significa votar por una salida, al margen de cuales sean las circunstancias o sus consecuencias. Debemos estar guiados no solo por principios generales, sino por lo que, aquí y ahora, sirve para mejor a los intereses del movimiento como respuesta a la austeridad.

También hay que subrayar que un voto por el Brexit pondría a 2,2 millones de ciudadanos de la UE que viven en Gran Bretaña en una situación muy vulnerable. Es algo que la campaña por el Brexit de izquierdas -de forma irresponsable- no tiene absolutamente en cuenta.

Jugar con fuego

Los defensores de un Brexit de izquierdas deberían reflexionar muy seriamente sobre las consecuencias de un voto a favor del Brexit en un referéndum como éste. Juegan con fuego cuando dicen, y lo dicen efectivamente, que un voto por el Brexit abriría oportunidades para la izquierda y llevaría a un gobierno Corbyn. Esto es algo que no tiene sentido. En el mejor de los casos es una apuesta con un riesgo enorme. ¿Cuándo una victoria de la derecha ha abierto oportunidades para la izquierda?

De hecho, el término “salida de izquierdas” es un nombre poco adecuado. Es una contradicción en los términos, puesto que no hay ninguna “salida de izquierdas” posible. La única salida propuesta es una salida de derechas, dominada por los xenófobos en el marco de su programa. Los animadores de las campañas de la izquierda radical por el Brexit cometen un grave error, y deberían reflexionar sobre ello.

Alan Thornett, forma parte de la dirección de Socialist Resistence

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Por una una "salida" de izquierdas

Joseph Choonara

El debate en torno al referéndum en el Reino Unido gira en los dos bandos alrededor de argumentos proempresariales y antiinmigrantes. En este contexto, el Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores, SWP) preconiza una postura independiente de izquierda a favor de la salida de la UE. Existen motivos de calado para oponerse a la UE. El más evidente es la manera en que ha tratado a varios países de Europa del sur desde el comienzo de la crisis económica.

La UE ha hecho todo lo posible por imponer la austeridad en Grecia y otros países. En la primera fase del programa de rescate griego asistimos al espectáculo del recorte de las pensiones por el gobierno de Syriza, aplaudido por la UE. En el momento mismo en que esta medida se votaba en el parlamento, apoyada por el partido de la derecha y los Griegos Independientes, en el exterior (en la plaza Syntagma) la policía antidisturbios atacaba a los y las manifestantes con gases lacrimógenos. Esto ilustra la versión brutal de la instauración del neoliberalismo por la UE.

Citemos también el ejemplo del “pacto fiscal” que impone límites automáticos al gasto de los gobiernos europeos, o bien la sucesión de tratados comerciales de corte neoliberal, entre los que el TTIP es el más infame, negociado actualmente en secreto por la UE.

La Europa fortaleza

La UE ha sido siempre un proyecto capitalista, pero hoy en día opera abiertamente en interés de las grandes potencias europeas, de las grandes empresas y de los bancos. Lejos de asegurar la paz en Europa, forma parte del engranaje imperialista, como demuestra el avance coordinado por la UE y la OTAN en Europa Oriental. Incluso la libertad de trabajar y estudiar en el extranjero, amparada por la UE, comporta una contrapartida importante. La coordinación de las fronteras europeas ha creado una “Europa fortaleza” que niega la libertad de circulación a quienes no tienen la suerte de ser ciudadanos o ciudadanas de la UE.

Una vez más, es Grecia el país que se halla en primera línea. Hace poco, el gobierno griego ha evacuado el campo de refugiados no oficial de Idomeni, que se encuentra junto a la frontera de Macedonia, prohibiendo a los periodistas acercarse al lugar mientras la policía obligaba a la gente a instalarse en los campamentos oficiales. Esta acción formaba parte del pacto con Turquía, acompañada de un endurecimiento de la represión contra los inmigrantes, mientras que hoy por hoy solamente han sido acogidos en Europa 177 de los 2,7 millones de sirios refugiados en Turquía.

¿Es posible reformar la UE?

Ante estos hechos, el SWP se ha unido a quienes se identifican como internacionalistas opuestos a la UE para lanzar la “Lexit”: The Left Leave Campaign (campaña por una salida de izquierda). Nos enfrentamos a dos argumentos procedentes de otras fuerzas de izquierda. El primer argumento afirma que es posible reformar la UE. Es una idea que defiende el dirigente del Partido Laborista, Jeremy Corbyn. Pese a que históricamente se ha opuesto a la UE, poco después de su elección como máximo dirigente firmó un pacto con el ala derecha de su partido, muy mayoritaria entre los diputados al parlamento, para hacer campaña a favor del voto por permanecer en la UE.

Sin embargo, todavía nadie me ha explicado un método para reformar realmente la UE. Esta está repleta de burocracias no elegidas que conforman instituciones como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Las grandes decisiones de la UE se toman tras un mercadeo entre los distintos gobiernos nacionales, reunidos en el Consejo Europeo. No existe ningún foro paneuropeo, democrático y creíble, capaz de impulsar una reforma. El Parlamento Europeo, que ni siquiera tiene la potestad de proponer leyes, no puede en modo alguno cumplir esa función. Cambiar las cosas a fondo implicaría reescribir los tratados europeos, lo que requeriría el acuerdo de los 28 Estados miembros.

Si la izquierda triunfara en los 28 países, no reformaríamos la UE: construiríamos instituciones verdaderamente internacionalistas para promover los intereses de los y las trabajadoras. Además, la posibilidad de una marea ascendente de las fuerzas de izquierda favorables a la UE, capaz de transformar las instituciones europeas, murió en las calles de Atenas. ¿Acaso Syriza está remodelando la UE? ¿No ocurre más bien lo contrario? Es hora de que empecemos a tratar a la UE como tratamos al FMI o a la OMC: como una institución capitalista neoliberal que deberíamos abolir y no reformar. Esto significa que los países deben votar por abandonarla.

Las consecuencias de un “Brexit”, el debilitamiento del capital y del imperialismo

El segundo argumento es que un voto a favor de la salida de la UE desplazaría el fiel de la balanza política a la derecha. La salida, nos dicen, nos dejará a merced de un gobierno encabezado por Boris Johnson, el conservador que dirige la campaña por el “Brexit”. No veo por qué Johnson ha de considerarse peor que David Cameron. Puede que la izquierda radical sea pequeña, pero reducir nuestras expectativas al nivel de querer apoyar a un ala del Partido Conservador frente a otra eleva el pesimismo a una cota jamás alcanzada. De todas maneras, el desplazamiento a la derecha no es ni mucho menos inevitable. El debate en torno a la UE está dividiendo al Partido Conservador. El resultado ya se ha visto con la anulación de muchos ataques recientes del gobierno.

Si el Reino Unido vota por salir de la UE, esto no solo debilitará al capital y al imperialismo, sino que provocará también la dimisión del primer ministro Cameron. Quienquiera que sea su sucesor o sucesora, heredará un gobierno profundamente dividido, un gobierno que tendrá muchas dificultades para permanecer en el poder. Esto abriría la posibilidad de nuevas elecciones, que seguramente ganará Corbyn, creando un terreno mucho más favorable para la lucha contra la austeridad y el racismo.

La izquierda debería ver con buenos ojos esta perspectiva y tratar de formular los argumentos socialistas a favor de la salida.

16/6/2016

Joseph Choonara, forma parte de la dirección del Socialist Workers Party.

Dossier publicado en el nº 341 de l’Anticapitaliste

Traducción: VIENTO SUR



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