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Francia
La alargada sombra de Europa en la Reforma Laboral
17/06/2016 | Martine Orange

En julio de 2015 el Consejo Europeo aprueba las recomendaciones para Francia bajo vigilancia debido a su excesivo déficit. Preconiza favorecer los convenios de empresa frente a los convenios sectoriales. Para muchos observadores, estas recomendaciones son el preámbulo a la ley El-Khomri. ¿Francia se ha hecho imponer la reforma laboral por Europa? Relato de la génesis de este texto concebido en "colaboración" con Berlín.

Es una justificación repetida para explicar el incomprensible comportamiento del gobierno, dispuesto a negociar en los conflictos sociales anexos como el de la SNCF pero mostrando una intransigencia absoluta cuando se trata de la reforma laboral a pesar de la rebelión social por todo el país. "Si el gobierno no negocia es porque no puede. Está atado por los compromisos con Bruselas", comenta alguien cercano a los medios gubernamentales. Una explicación dada en varias ocasiones por diferentes interlocutores, entre ellos, un diputado europeo estas últimas semanas.

¡Europa culpable! Esta denuncia se ha convertido en un clásico de los políticos franceses. ¿Europa ha sido determinante en la redacción de la reforma laboral? En ningún momento el gobierno ha hecho la mínima alusión a cualquier demanda de Europa, durante la presentación de la ley y en su corto debate parlamentario. Los defensores del proyecto de ley, a medida de la patronal, tampoco han hablado nunca de la dimensión europea de la reforma. Al escucharlos, aparece Francia y su jardín privado frente al vasto mundo, pero nunca Europa.

Los detractores de la Unión Europea, entienden bien el asunto. Por supuesto, es Europa quien ha dictado la reforma laboral francesa que favorece la ruptura del "modelo social francés", que quiere imponer el mismo esquema liberal en todos los países de la Unión. Desde hace algunas semanas ,la advertencia de Yanis Varoufakis en el verano de 2015, vuelve a la memoria y se convierte en un bucle en las redes sociales. Comentando la tragedia griega, el fracaso de los sucesivos planes de rescate, la amenaza de la salida de Grecia del euro, el antiguo ministro de Economía griego puso en guardia en numerosas ocasiones a los europeos, al hablar de un plan oculto del Ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble. "Grecia no es más que un test, el verdadero objetivo del doctor Schäuble son Italia y Francia, el Estado de bienestar francés, su derecho laboral, sus empresas públicas" aseguraba.

En cualquier caso, las concomitancias de las reformas laborales en Europa han sido señaladas por numerosos observadores. Bajo la fuerte presión de la Comisión Europea, el Primer Ministro italiano, Matteo Renzi, adoptó su "Jobs Act" en marzo de 2015, previendo un contrato único con protección progresiva y una flexibilización de las condiciones de despido. Sus resultados son cuestionados. A principios de febrero, el gobierno belga anunció a su vez un proyecto de ley sobre el trabajo, que apunta a flexibilizar la jornada laboral de 39 horas a 45 horas y calculada sobre una base anual. El texto aún no ha sido desvelado. Pero como en Francia, este proyecto de reforma provoca numerosas protestas.

La actitud del gobierno francés frente a las protestas sociales es observada de cerca por los responsables europeos. Todos animan al gobierno francés a no ceder frente a los sindicatos y se invitan al debate. "Renunciar a la reforma laboral sería un grave error" sostuvo el 26 de mayo Pierre Moscovici, en estos momentos Comisario Europeo encargado de los Asuntos Económicos. Para el antiguo Ministro francés de Economía, "todos los países que han hecho una reforma del mercado laboral (…) son los que han logrado bajar el paro. Los que han rechazado las reformas laborales son los que tienen peor desempeño. Y cuando se mira a Francia, se constata que está la 21 entre 28 lo que no es algo de lo que enorgullecerse" La ley El-Khomri, según él, es lo mínimo para reformar el mercado laboral.

El presidente de la Comisión Europea hace el mismo análisis. "No es un atentado contra el derecho laboral francés. Es lo mínimo que hay que hacer", insistió Jean-Claude Juncker el 31 de mayo en París. "El proyecto de ley tal como está concebido, a condición de que el artículo 2 (el que prevé una inversión en la jerarquía de las normas, dando prioridad a los convenios de empresa en la ley) sobreviva es una reforma que va en el buen sentido".

La insistencia del presidente de la Comisión Europea respecto al artículo 2 no es su única participación en el debate francés. Es también un recordatorio de las recomendaciones hechas por el Consejo Europeo a Francia. Estas recomendaciones son el resultado de las negociaciones entre el Consejo y los estados miembros y los compromisos adquiridos por estos últimos.

El 14 de julio de 2015, un día después de la negociación arrancada del tercer plan de rescate para Grecia, el Consejo Europeo publica sus recomendaciones sobre el programa de reformas de Francia en 2015 en un marco de vigilancia presupuestaria para déficits excesivos. Todo fue revisado: los presupuestos excedidos, el gasto público, la reforma de las entidades territoriales, la liberalización de las profesiones regladas y, por supuesto, el mercado laboral insuficientemente reformado, según él. "Las reformas llevadas a cabo recientemente solo ha dado a los empleadores pocas posibilidades para derogar los convenios sectoriales por convenios de empresa. Esto limita la capacidad de las empresas para modular sus efectivos en función de sus necesidades" señala el Consejo juzgando que todos los convenios cambiados no permiten "derogar las 35 horas" en buenas condiciones financieras.

En su conclusión, la última recomendación del Consejo Europeo parece ser el preámbulo de la reforma laboral francesa: "Reformar el derecho laboral para impulsar mucho más a los empleadores a contratar de forma indefinida; facilitar, a nivel de empresa y nivel sectorial, la derogación de las disposiciones jurídicas generales, especialmente en lo concerniente a la organización de la duración del trabajo; reformar la ley relativa a la creación de convenios de mantenimiento de empleo de aquí a 2015 a fin de aumentar su utilización por parte de las empresas, emprender, de acuerdo con los interlocutores sociales y de acuerdo a las prácticas nacionales, una reforma del seguro de desempleo para restablecer la sostenibilidad presupuestaria y animar más a la vuelta al trabajo". En resumen, el Consejo Europeo inscribe la inversión de la jerarquía de las normas en sus recomendaciones.

Al leer este texto, surgen multitud de preguntas. ¿Qué papel ha jugado el Consejo Europeo en la ley de la reforma laboral? ¿Ha sido parte implicada en la reescritura del código del trabajo francés? ¿Ha planteado exigencias? ¿Se ha conformado con tomar notar los compromisos adquiridos por Francia de "reformas estructurales para liberalizar el mercado de trabajo"? ¿A cambio de qué ha aceptado Francia estos compromisos? Y sobre todo, ¿por qué el gobierno francés no se ha explicado públicamente sobre estas recomendaciones y las medidas que pensaba tomar?

Ni el ministro de Hacienda, Michel Sapin, ni su gabinete han dado respuesta a nuestras preguntas. El jefe de gabinete del ministro de Economía, Emmanuel Macron, asegura por su parte, que la Comisión Europea no ha tenido ningún papel en la redacción de la reforma laboral. "La Comisión se sentiría halagada si sus recomendaciones aparecieran como obligatorias. No es el caso. Pero existe un diagnóstico compartido. Francia necesita reformas estructurales. La Reforma laboral es necesaria. Francia ha anunciado a menudo su voluntad de realizar reformas sin hacerlas realmente. Pero esta vez el gobierno está decidido a hacerlas. Es una prueba de credibilidad" explica uno de los consejeros del ministro.

En colaboración” con Berlín

Para comprender las condiciones que han guiado este proyecto de ley de reforma laboral, hay que volver al otoño de 2014, a octubre más exactamente, según algunos conocedores del dossier. Francia estaba entonces bajo presión. La actividad económica está al mínimo, el paro, a pesar de la bonificación fiscal a la competitividad y el empleo, no deja de crecer y el déficit presupuestario está por encima del 4% del PIB. A comienzos de octubre, el gobierno francés presentó su proyecto de presupuestos para 2015 a la Comisión Europea. Prevé cometer una nueva infracción las reglas de Maastricht: contrariamente a los compromisos adquiridos anteriormente, su déficit presupuestario no llegará al 3% en 2015 sino en 2017. De aquí a allá, prevé que el déficit será 3,8% en 2015 -en la práctica, se ha establecido en 3,5%.

En nombre del respeto a las reglas y a los tratados, comisarios europeos y estados miembros piden que el presupuesto francés sea retocado y que Francia no se beneficie más de favores y que sea sancionada. El presidente del eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, está especialmente crecido: exige sanciones contra Francia en nombre del respeto a los tratados para acabar con la excepción francesa. Para añadir un poco más de sal a la herida, es Pierre Moscovici, comisario europeo encargado de los asuntos económicos, quien debe analizar el estado de las finanzas públicas dejado por Pierre Moscovici, antiguo ministro de Economía.

El 19 de octubre, la revista alemana Der Spiegel, siempre bien informada, anuncia un viaje de Michel Sapin y Emmanuel Macron para encontrarse con sus homólogos alemanes en Berlín y trabajar conjuntamente en el borrador de presupuesto francés susceptible de lograr la aceptación de Bruselas. El gobierno alemán, explica la revista, quiere evitar un nuevo conflicto en la zona euro "Un rechazo del presupuesto francés por la Comisión dañaría considerablemente la relación franco-alemana", dice un responsable gubernamental alemán citado por el semanario. Como contrapartida de su apoyo, Berlín se propone ayudar a Francia a redactar su presupuesto pero también un detallado plan de las reformas estructurales que se compromete a poner en práctica para conseguir un déficit por debajo del 3 %.

Al día siguiente de esta información, Emmanuel Macron desmiente la existencia de un documento escrito respecto a un acuerdo franco-alemán sobre el presupuesto francés. "Es falso pero existe la voluntad de realizar ese acuerdo que consiste en que nosotros hagamos reformas" declaró entonces el ministro de Economía. Veinte meses más tarde, el gabinete de Emmanuel Macron sigue rechazando cualquier intervención de Berlín en la redacción de un plan de reformas estructurales para Francia. "Esa reunión cuatripartita (Wolfgang Schäuble, Sigmar Gabriel por Alemania, Michel Sapin y Emmanuel Macron por Francia) se refería estrictamente a los esfuerzos presupuestarios que debía hacer Francia. Se decidieron 4000 millones de euros de economía suplementaria. Además hubo otra reunión cuadrilateral el 2 de diciembre en Berlín para hablar del plan Juncker. Las discusiones sobre las reformas estructurales con la Comisión solo empezaron en primavera", afirma el consejero del ministro de Economía.

¿La hipótesis de una posible intervención de Berlín en la redacción de un plan francés de reformas es pues infundada? Desde el agravamiento de la crisis europea, el ministro alemán de Economía no oculta su voluntad de ir hacia una integración europea impulsada. En una tribuna firmada junto al antiguo responsable de Asuntos Exteriores de la CDU, Karl Lamers, y publicada el 1 de septiembre de 2014 por el Financial Times, Wolfgang Schäuble exponía su proyecto. La zona euro debe proseguir en el camino de la integración económica completa para poder funcionar y evitar nuevas crisis, según él. El ideal, defiende el ministro de Economía alemán, sería tener un comisario europeo encargado de los presupuestos que tendría poder para rechazar todos los presupuestos de los estados miembros que no cumplieran las reglas. A la espera de eso, en nombre de "una política de crecimiento y empleo" propone "consolidar las cuentas públicas, seguir la regulación financiera, reformar el mercado de trabajo y profundizar el mercado interno terminando el tratado trasatlántico y disminuir las tasas que perjudican la competencia".

Resulta difícil de imaginar que un mes más tarde, el ministro alemán de Economía haya renunciado a ese proyecto. Aún es más difícil creer que no haya aprovechado la ocasión de redactar une plan de reformas que desea ver adoptar ¿imponer? a Francia. A la salida de este encuentro berlinés, Francia, en todo caso, escapa a la sanción por déficit excesivo agitada por Bruselas y gana dos años para alcanzar las reglas comunes. ¿Pero a qué precio?

Durante todo el otoño e invierno de 2015, el ministro de Economía Michel Sapin y el director del Tesoro, Bruno Bézard, van a Bruselas para negociar el trato a Francia. Pero otras negociaciones se celebraron entre bastidores, según nuestras informaciones. "Más que la Comisión Europea, es Wolfgang Schäuble quien dirige el ataque contra el derecho laboral en Italia y en Francia apoyándose en Pier Carlo Padoan (ministro italiano de Economía), y Emmanuel Macron. Estos no solo esperan ganar unos márgenes de maniobra sobre el déficit presupuestario sino también alguna cosa más tangible bajo la forma de transferencia presupuestaria como un seguro de desempleo común. Me temo que no fueron decepcionados" relata un testigo muy familiarizado con los medios europeos. El gabinete de Emmanuel Macron asegura que habló muy poco con Wolfgang Schäuble que no es su homólogo así como con Pier Carlo Padoan.

Durante todo este periodo, Emmanuel Macron se muestra activo en los dosieres europeos. Multiplica las declaraciones a favor de una mejor integración en la zona euro. En junio de 2015, publica con su homólogo alemán Sigmar Gabriel una tribuna pidiendo una continuación de la integración europea. Preconizan la continuidad de “las reformas estructurales (mercado de trabajo, atractividad...), reformas institucionales (especialmente, en el ámbito de la gobernanza económica)” pero igualmente una aproximación “de los sistemas fiscales y sociales” (vía, por ejemplo, de salarios mínimos mejor coordinados o una armonización de los impuestos de sociedades)” Un proyecto que no difiere apenas del de Wolfgang Schäuble, a pesar de todos los matices que desea introducir su gabinete. ¿El ministro de Economía habla entonces en su propio nombre o está mandatado por el Eliseo o por Matignon? Es otra de las ambigüedades vinculadas al particular estatus que Emmanuel Macron se ha otorgado en este gobierno.

Es en este contexto en el que se publican las recomendaciones del Consejo Europeo a Francia en julio de 2015. “Sin duda, hay una incitación europea y quizás una fuerte presión alemana. Pero no creo que el gobierno francés haya visto doblado su brazo. La alta administración francesa y numerosos responsables políticos no necesitan ser coaccionados en este tema: están convencidos de los fundamentos de la doctrina liberal europea. En mi opinión, es Francia la que ha hablado de la inversión de la jerarquía de las normas, de la primacía de los convenios de empresa sobre los de sector y la ley. Por supuesto, esto solo podía sonar agradablemente a los oídos de los comisarios europeos” dice alguien próximo al dosier.

Todo se decidió en Matignon

¿François Rebsamen había anticipado lo que se preparaba en la futura reforma laboral a la vista de las recomendaciones europeas? ¿Había visto que iba a suponer políticamente una deconstrucción del código laboral? Si inicialmente los observadores apenas prestaron atención a la dimisión del Ministerio de Trabajo, algunos meses más tarde se plantean la cuestión. La precipitación con la cual renunció a su cartera ministerial el 30 de julio de 2015 para volver a la alcaldía de Dijon, tras el fallecimiento de su sucesor, les deja pensativos.

Para sucederle François Hollande y Manuel Valls, nombran a Myriam El Khomri, Secretaria de Estado de Política municipal desde 2014 después de haber estado en el Ayuntamiento de París. En el momento de su nombramiento, François Hollande no ahorra argumentos para convencerla de que acepte: la reforma laboral en preparación va a ser el gran momento político del gobierno. Será una ley social, de izquierda, marcada por la cuenta personal de actividad, le habría asegurado. Si ella triunfa en ese ministerio emblemático y difícil, tendrá una gran carrera política por delante. En fin, ella es joven (38 años), frente a los ministros de 60 años que integran la mayoría del gobierno, ella va a poder imponer un estilo nuevo. Pero en ningún momento, el presidente de la República y el Primer ministro le hablan de los compromisos adquiridos con la Comisión Europea.

La preparación de la reforma laboral empezó sin esperar a la ministra. Centros de estudios -Montaigne, próximo a la patronal y a la derecha, Terra Nova, próximo al PS- han redactado ya su informe. Por su parte, Matignon ha encargado al antiguo director general de Trabajo, Jean-Denis Combrexelle, un informe sobre la “negociación colectiva, el empleo y el trabajo”. ¿Casualidad? Estos informes venidos de diferentes horizontes preconizan casi las mismas cosas: limitar la ley a un estricto mínimo (48 horas de trabajo máximo por semana y salario mínimo). Todo el resto debe ser de la incumbencia de la negociación colectiva y de la adaptación y especialmente, “el tiempo de trabajo, los salarios, el empleo y las condiciones de trabajo”.

Mientras Matignon, pide a la Comisión Badinter, creada para la ocasión, estudiar las repercusiones y la reforma en el código laboral, Myriam El Khomri trata con los sindicatos para borrar las repercusiones de la reforma del código laboral. Al cierre de las negociaciones, a comienzos de diciembre, la ministra de Trabajo habla de “revitalizar el diálogo social” favoreciendo los convenios sectoriales y de empresa respecto a la ley. Insiste mucho en la cuenta personal de actividad/1 [historial laboral por el que cada persona va guardando los derechos de ] y de los referéndums en las empresas, grandes reformas para favorecer la movilidad y el diálogo social. Sin embargo, FO y CGT están reticentes. Ponen en guardia contra la “inversión de la jerarquía de las normas”

“Myriam El Khomri tenía una gran ambición, tenía la intención de hacer una ley de izquierda. La reforma laboral debería enviar una señal política al electorado de izquierdas para reequilibrar el quinquenio en otro sentido. Creía mucho en la cuenta personal de actividad. Pero, en realidad, no controlaba el proyecto de ley. Todo se decidió en Matignon” cuenta Pierre Jacquesmain, antiguo consejero de la ministra de Trabajo. Dimitió en febrero para marcar su desacuerdo con un proyecto de ley que considera como asesinato de la izquierda. Otro consejero, citado por Le canard enchaîne, confirma esta versión: “La reforma llegó totalmente redactada al despacho de la ministra. Ella no tenía ningún margen de maniobra”,

Con la mayor discreción, desde las vacaciones de navidad, el jefe de gabinete de Myrian El Khomri, Pierre-André Imbert, empezó a escribir el texto del proyecto de ley junto con Matignon. Este jefe de gabinete fue impuesto a la ministra de Trabajo por Manuel Valls a su llegada: ya era director de gabinete de François Rebsamen. Pero, sobre todo, anteriormente trabajó cerca de diez años en las consultorías Altedia y Alixio, controladas por Raymon Soubie, el antiguo consejero social de Nicolas Sarkozy. ¡Los gobiernos cambian, quedan las mismas ideas! Después de 30 años, un puñado de personas, muy cercanas a los medios de la patronal, influyen en la política social de Francia. Pero para ellos, no se habla ni de renta ni de ventajas adquiridas, ni de inmovilismo.

En ese momento, la ministra ignora todo respecto al contenido del texto en preparación, tratado entre su director de gabinete y Matignon. “Se le decía que no se molestara con los detalles técnicos. Su única misión consistía en decir que era una ley de izquierdas”, relata Pierre Jacquemain. En Davos, Emmanuel Macron multiplica las declaraciones provocadoras estimando que hay que acabar con las 35 horas y el código laboral. Por su parte, Robert Badinter acaba de presentar su informe en el que preconiza una reestructuración del código laboral para reducirlo al mínimo y desafía a Manuel Valls a ir hasta el final de sus recomendaciones. Furioso, el Primer Ministro decide colocar el texto aún más estrechamente bajo su control.

A finales de febrero, se celebra una reunión en el Eliseo con la presencia de François Hollande Manuel Valls, Michel Sapin, Emmanuel Macron y Myriam El Khomri para negociar los diferentes proyectos de ley en preparación. A la salida de la reunión, se ha producido la armonización: no habrá ley Macron 2. Michel Sapin presentará su texto sobre “la transparencia, la lucha contra la corrupción y la modernización de la vida económica”, Myriam El Khomri, el texto sobre la reforma laboral. A comienzos de febrero, se celebra una segunda reunión, de nuevo en el Eliseo con las mismas personas, para arbitrar el contenido de la ley. Emmanuel Macron acepta apartarse a condición de que el proyecto de ley incluya dos disposiciones que él había previsto incluir en la ley Macron 2: la reescritura del despido por motivos económicos y limitación de las indemnizaciones fijadas por la magistratura del trabajo. Myriam El Khomri, según varios testimonios, protesta explicando fundamentalmente que ella no puede apoyar una reforma de la izquierda aceptando medidas de derecha. François Hollande y Manuel Valls le dan la razón.

A la salida de la reunión, Myriam El Khomri tiene la impresión de haber ganado a Macron. En la batalla no se ha dado cuenta de que el texto conllevará un cambio en la inversión de las normas, marcando la preeminencia de los convenios de empresa frente a los convenios de sector o de la ley. ¿Ha comprendido ella la envergadura de la medida? En todo caso, para ella, no es una preocupación. “Creo que tenían en la cabeza las directrices europeas. Pero no se hablaba nunca de ellas. El tema europeo, eran los trabajadores desplazados. Es todo. Creo que intentaban ganar tiempo” dice Pierre Jacquemain.

Una semana después, cambió el tono radicalmente. Después de varias reuniones, Emmanuel Macron obtuvo de François Hollande y Manuel Valls la reintegración de las medidas del despido por motivos económicos y los proud’homes [tribunales mixtos elegidos y paritarios para dirimir los diferendos entre la patronal y los trabajadores y trabajadoras.ndt] dentro del proyecto de ley. Myriam El Khomri ha perdido la batalla. La ministra de Trabajo empieza a comprender que el proyecto de reforma laboral no va a ser en absoluto la gran reforma social que ella deseaba. Esperaba que Matignon, por lo menos, le suministrara los términos lingüísticos para defender el texto. Pierre Jacquemain lo entendió: presentó su dimisión. Otros tres miembros del gabinete de Myriam El Khomri lo imitaron las semanas siguientes.

El miércoles 17 de febrero, Le Parisien revela el contenido del proyecto de ley de la reforma laboral. El gabinete de la ministra de Trabajo descubre entonces la totalidad del texto y la amplitud de los estragos. Matignon está furioso, cree que los miembros del ministerio de Trabajo han querido torpedear el proyecto. En seguida se hace una investigación para descubrir el origen de la filtración: entre el Eliseo, Matignon y el ministerio de Trabajo, solo cinco personas estaban en posesión de los ejemplares del proyecto de ley y algunas otras en Bercy [Ministerio de economía]. En el ministerio de Trabajo, en la calle Grenelle, el director del gabinete y la directora adjunta eran los únicos que tenían un ejemplar. ¡La ministra no lo tenía!

Desde que se desvela el texto, el mundo social se incendia. La petición “Reforma laboral, no gracias” es lanzada en las redes sociales y recoge en algunos días más de un millón de firmas. Myriam El Khomri se alinea resueltamente con Matignon: defiende el proyecto en una conversación con Les Échos y en ella anuncia la posible utilización del artículo 49-3 de la constitución [el ejecutivo hace pasar la Ley en la Asamblea nacional, hurtándole el voto a ésta. Ndt] si fura necesario. Una precisión impuesta por Matignon contra la voluntad del Eliseo. El 49-3 fue utilizado por el gobierno en la fecha simbólica del 10 de mayo para atar en corto todas las explicaciones y propuestas de enmienda y asfixiar a los contestatarios. Matignon no excluye plantear nuevos enmiendas cuando el texto vuelva a la Asamblea Nacional en segunda lectura si fuera necesario para acabar con este texto antes de las vacaciones de verano. En ningún momento, se habrá explicado las verdaderas razones de imponer por la fuerza una ley rechazada por la mayoría de la población.

Caja negra

Al final de esta investigación, contacté el lunes con los servicios del ministro de Hacienda, Michel Sapin y el ministro de Economía, Emanuel Macron, y les envié por correo electrónico un cuestionario bastante largo más o menos semejante. A pesar de varios intentos, el ministro de Hacienda no ha contestado. Un consejero del ministro de Economía me llamó por teléfono varias veces el miércoles.

13/06/2015

https://www.mediapart.fr/journal/france/120616/comment-leurope-pese-sur-la-loi-el-khomri

Notas:

1/ Una especie de historial laboral por el que cada persona va guardando los derechos a lo largo de su carrera profesional aunque cambie de estatus y al final decide a cual de ellos acogerse.(ndt)



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