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Entrevista con Claire Rodier
Poner una espada de Damocles encima de cada extranjero
15/06/2016 | Galia Trépère

¿Qué piensas del “acuerdo de la vergüenza” entre la UE y Turquía? ¿Ha habido precedentes?

La subcontratación por la UE del control de sus fronteras a países no europeos es una práctica que viene de lejos, fue oficializada en 2004 por lo que el discurso oficial llama la “dimensión externa” de la política de inmigración y de asilo.

Comenzó con Marruecos, uno de sus mejores aliados para cerrar el estrecho de Gibraltar y en aquella época la vía de paso más corta entre África y Europa. Tuvo consecuencias dramáticas: en 2005, cerca de veinte personas murieron al intentar franquear los muros cerrados de los recintos españoles en Marruecos de Ceuta y Melilla, algunas bajo las balas de militares marroquíes. Prosiguió con Libia: justo antes de la caída de Gadafi, la UE estuvo a punto de concluir un acuerdo de cooperación cuyo aspecto migratorio tenía por objetivo retener a los migrantes tentados por la travesía del Mediterráneo hacia Italia y Malta.

Después, la estrategia de la UE de rodearse de un cordón sanitario para poner a distancia a la gente migrante y refugiada se ha extendido a toda su vecindad y más allá, como muestra el proceso de Jartum, emprendido en 2014 y que intenta cortar las rutas migratorias que vienen de África del Este. Para lograrlo, está dispuesta a tratar con regímenes como el de Sudán o Eritrea, que son los principales responsables del éxodo de sus poblaciones. La externalización se traduce a menudo en acuerdos de readmisión, que permiten la devolución de extranjeros en situación irregular a los países no europeos por los que han pasado antes de llegar a Europa. Se paga a cambio ayudas al desarrollo, facilitación de visados o contrapartidas financieras o diplomáticas.

El acuerdo UE-Turquía se inscribe por tanto en una larga tradición, aunque con la decisión de devolver a todas las personas que lleguen a Grecia (incluso a la gente refugiada en principio protegidos de la devolución por la Convención de Ginebra de 1951), a cambio de unos millones de euros, se haya franqueado un umbral. Es algo jamás visto, en todo caso de forma tan cínica y políticamente asumida.

¿Qué revela la distinción que se hace a menudo entre migrantes y refugiados?

“Migrante” no es una categoría jurídica, el término designa simplemente a las personas que por propia decisión, por necesidad o por obligación, abandonan su país para ir a instalarse a otro país. Al contrario, “refugiado” es un estatuto encuadrado por la Convención de Ginebra de 1951. Según este texto, toda persona que justifique que ha sufrido o teme sufrir persecuciones en su país puede gozar de una protección del Estado en el que hace la demanda. En aquella época, la concepción del refugiado se basaba en una visión bipolar del mundo, sobre la base de la cual los Estados occidentales se ponían de acuerdo para designar a los buenos y los malos. Esta visión se volvió en gran medida inoperante al final de la guerra fría al haber crecido enormemente el número de personas que reclaman protección y al ser su perfil menos legible; a partir de ahí, la concesión del estatuto de refugiado se ha hecho cada vez más restrictiva, con una tasa elevada de rechazo, con procedimientos fundados en la persecución de los supuestos fraudes más que en el objetivo de protección y de acogida.

La utilización actual de los términos de “migrantes” y “refugiados” se inscribe en la continuidad de esta lógica de sospecha, a la que se añade una connotación negativa hacia el “migrante” (sobreentendido “económico”) como si fuera condenable en si mismo buscar oportunidades de una vida mejor en un país diferente al suyo. Desde 2011, la llegada de sirios y sirias ha tenido por efecto reavivar, en Europa, la distinción entre las dos categorías: teniendo en cuenta la proximidad y la visibilidad mediática de la crisis siria, es difícil negar que la gente “teme con razón” ser perseguida. De alguna forma es la vuelta de la figura del refugiado si no heroico, al menos honorable. Pero al mismo tiempo, por oposición, se tiene tendencia a considerar a todos los demás (los “migrantes”) como personas que no tienen necesidad de protección ni, por tanto, fundamentos para pretender instalarse.

Esta clasificación plantea problemas porque la distinción entre las personas migrantes según los motivos que les han llevado a partir está lejos de ser sencilla. Los movimientos de personas crecen porque las razones para tomar el camino de la migración están cada vez más mezcladas, las situaciones de inestabilidad política, económica y, actualmente, climática, hacen los desplazamientos más frecuentes y necesarios. A escala global, la movilidad es un modo de vida y a menudo de supervivencia.

¿Por qué empleas la expresión “xenofobia business” -que es el título de uno de tus libros- a propósito del control de las fronteras por la UE y la agencia Frontex?

Se habla a menudo de los “traficantes” que se benefician del comercio rentable en que se ha convertido el paso de fronteras por personas desprovistas de los documentos que les autorizan a hacerlo de forma legal. Dichos “traficantes”, sin embargo, están lejos de ser los únicos que sacan beneficios de las políticas de cierre. Existe una forma probablemente tan lucrativa, si no más, de explotación de la migración, impulsada por los gobiernos, pues está al servicio de los dispositivos puestos en pie para “gestionar los flujos migratorios”.

Este “business legal”, al que las últimas medidas tomadas por la UE van probablemente a dar un empujón, constituye un sector en plena expansión que beneficia principalmente a empresas privadas: están bien situadas las sociedades de seguros, que garantizan el “riesgo migratorio” de las compañías de transporte para compensar las sanciones a las que se arriesgan en caso de que lleven “clandestinos”, las sociedades de seguridad, que gestionan los centros de detención en numerosos países/1, así como numerosos operadores implicados en la puesta en marcha, a todos los niveles, de las políticas migratorias y de asilo/2.

Pero, sin duda, es la industria securitaria la que ocupa el primer lugar de los beneficiarios de la lucha contra la inmigración irregular: la protección de las fronteras constituye un maná que se reparten las empresas especializadas en la producción de material sofisticado en materia de detección a distancia (radares, transmisión ultrarrápida de imágenes, cámaras térmicas y anfibias, etc.).

Desde comienzos de los años 2000, han sabido beneficiarse del giro securitario tomado por la UE tras los atentados del 11 de septiembre, que han hecho una prioridad de la lucha contra el terrorismo internacional, y por extensión contra todo peligro venido “de fuera” -con la inmigración en el punto de mira de forma particular.

El gobierno francés se había comprometido a acoger a 30 000 refugiados en septiembre de 2015 en el marco de la “relocalización” por cuotas de 160 000 refugiados. ¿En qué ha quedado todo esto en Francia y en Europa?

Esta relocalización es un fracaso total. De las 160 000 personas que 25 Estados miembros de la UE se habían comprometido a acoger entre los refugiados llegados a Grecia y a Italia (una cifra ridícula si se tiene en cuenta la amplitud de las llegadas, cerca de 6000 por día en Grecia en la misma época), ocho meses más tarde no han sido transferidos de forma efectiva más de 1000. En Francia, de los 30 000 anunciados, se ha llegado a algunos centenares. Como si la sexta potencia mundial no fuera capaz de acoger más que un puñado de refugiados, cuando en Líbano, un cuarto de la población está compuesta de personas exiliadas que han huido de Siria, y que son cuatro millones en Turquía.

Los anuncios de 2015 para hacer frente a la “crisis migratoria” han fracasado por el reflejo “not in my backyard” (no en mi jardín) del que han dado prueba los países europeos. Pero no hay que olvidar que la relocalización de las personas refugiadas se apoya en un mecanismo de selección en las fronteras, de selección de unos refugiados y de devolución de otros, designados como “migrantes económicos” no dignos de ser acogidos en Europa. Si el aspecto “acogida” de este plan ha fracasado, no es el caso del aspecto “selección”, en los “hotspots” que han sido instalados en Sicilia y en las islas griegas. Hoy, con el acuerdo UE-Turquía, los hotspots griegos se han convertido en centros de detención, en los que están amontonados los indeseables que se querría devolver a las costas turcas, y Grecia está obligada por Europa a jugar el papel de gran zona de espera a zona abierta.

En Calais, el gobierno ha hecho evacuar la jungla sur. ¿Cuáles habían sido los precedentes? ¿Porqué los gobiernos no hacen nada para permitir a los migrantes tener condiciones de vida decentes?

Las personas migrantes están presentes en esa región desde 1997. Entonces eran mayoritariamente kosovares y vivían en campamentos de fortuna en los jardines públicos de Calais. En 1999, la apertura por las autoridades del campo de Sangatte fue una primera tentativa de hacer desaparecer a esas personas de la ciudad.

Luego, los gobiernos franceses, tanto de izquierdas como de derechas, y los electos locales han intentado, a través de mil formas, bien alejarles de las miradas y hacerles invisibles forzándoles a reagruparse en lugares lejos del centro, o bien dispersarles por el territorio francés (pero acaban siempre por volver a Calais), o detenerles… Esta última solución no es, para la mayor parte de ellos, mas que un obstáculo momentáneo pues, si es claro que están en una situación irregular ante la ley, se encuentran en el ámbito de aplicación de la Convención de Ginebra sobre los refugiados y, por ello, no pueden ser expulsados hacia su país de origen.

En mayo de 2015, el número de personas llegadas al Calais alcanzaba las 5000. El gobierno, incitado por los electos locales, en particular la alcaldesa de Calais, distribuyó hogares y pequeñas “junglas” autorreagrupadas por nacionalidades obligando a todos los migrantes a instalarse en un mismo espacio: un amplio y difuso terreno a 7 km de la ciudad que se ha convertido rápidamente en al mayor barrio de chabolas de Francia -barrio de chabolas legal, organizado e impuesto por el Estado. El paso siguiente tuvo lugar en marzo de 2016, con su evacuación para, una vez más, disuadir e “invisibilizar” a las personas. Las soluciones alternativas propuestas a sus ocupantes -la dispersión en centros de acogida situados en diversos lugares de Francia o el albergue en contenedores que no parecen más que desde muy lejos una vivienda: como mucho se puede hablar de ponerles bajo techo- no tienen, en efecto, ningún carácter duradero. Y, dos meses después, estamos en el mismo punto: el número de migrantes no ha disminuido.

Es lógico, vistas la razones que están en el origen de su concentración en la región. Lo que es ilógico, es creer que todo este dispositivo disuasivo -violencia policial, sucesivas evacuaciones, acoso cotidiano, mantenimiento de condiciones de vida precarias- es susceptible de arreglar el “problema”, mientras esas razones continúen existiendo.

¿Puedes resumir esas razones?

La principal, es que Calais es una de las puertas exteriores del espacio Schengen, al que no pertenece Inglaterra. Por tanto, esta frontera no puede franquearse sin control (contrariamente, por ejemplo, a la frontera italo-francesa). Por otra parte, el Reino Unido, en tanto que miembro de la Unión Europea/3, es parte del reglamento de Dublín III, que le permite devolver a todo demandante de asilo hacia el país por el que entró en Europa. Dicho de otra forma, de un lado, al no estar en la Europa de Schengen, conserva la soberanía sobre su frontera, del otro, estando en la UE, puede igualmente hacer jugar las reglas de solidaridad europea para la gestión de las personas migrantes.

A esto hay que añadir un acuerdo bilateral franco-británico, firmado en Touquet en 2003 (que luego ha sido completado varias veces), que autoriza a Inglaterra a servirse de Francia como zona tapón, y por tanto externalizar su frontera al territorio francés, vigilada conjuntamente, y a la que pueden ser devueltos los migrantes que incluso han franqueado la Mancha, sin que Francia pueda rechazarlos. Francia se encuentra por tanto, en relación con su vecino del otro lado del canal de la Mancha, en la misma situación que Marruecos en relación a España… salvo que ahí, se trata de impedir a la gente que salga del espacio Schengen mientras que en el sur se trata de impedirles entrar en él.

El problema de las junglas de Calais es insoluble mientras no se pongan en cuestión todos esos textos. Son ellos los que explican la trampa en la que acaban cogidos los migrantes desde hace veinte años. Pero si acaban cayendo en ella a pesar de todo es porque a pesar de todos los muros, refuerzo de los controles, militarización de la frontera, caza de los traficantes, hay algunas personas migrantes que cada día logran franquear la Mancha asumiendo riesgos cada vez más considerables y pagando cada vez más caro. No continuarían llegando a la región de Calais si otros no consiguieran regularmente pasar.

¿Qué balance se podría sacar del quinquenio de François Hollande desde el punto de vista de su política migratoria? ¿Ha habido cambios en los procedimientos de regularización de los inmigrantes y en caso de que así fuera, cuales?

Las promesas electorales son escasas, por tanto casi no se puede decir que no las ha cumplido; salvo en lo referido al internamiento de menores, sobre el que había declarado que le pondría fin. No lo ha hecho, y sigue habiendo, en los centros de retención, niños detenidos con sus padres durante días esperando la expulsión de la familia.

Por lo demás, el quinquenio de Hollande está hecho a imagen de las presidencias precedentes. Una política migratoria basada en la selección entre “buenos” y “malos” (refugiados y migrantes económicos), integrando algunas mejoras para los estudiantes extranjeros y trabajadores cualificados pero, por lo esencial, colocada bajo el signo del cierre de las fronteras y de la precariedad de los residentes. La ley Cazeneuve, adoptada en marzo, aumenta el número de casos de entrega de documentos de estancia temporales, por tanto susceptibles de no ser renovados al menor problema (pérdida de empleo, sospecha de fraude, modificación de la situación familiar), en casos en los que anteriormente, en situación y duración de presencia idénticas, se tenía derecho a una tarjeta de residente de 10 años, renovable automáticamente.

Con el endurecimiento de las condiciones de acceso al territorio, el fichaje, el trazado de sus movimientos a través de la interconexión de los ficheros y la disminución de las garantías y de las vías de recurso para las personas amenazadas de expulsión, hay un proyecto deliberado de colocar una espada de Damocles encima de cada extranjero, una forma de hacer sentir que en Francia solo está tolerado.

No vale la pena hacer un balance de la política de François Hollande que se inscribe en la continuidad de la que es llevada a cabo, en Francia y en Europa, desde hace más de veinte años, y caracterizada por dos errores fundamentales: el primero es la incapacidad para ver cómo evoluciona el mundo y comprender la dimensión de los profundos cambios que esta evolución conlleva en términos de desplazamientos humanos; el segundo es la ilusión cuidadosamente mantenida por los gobernantes de que sería posible atrincherarse detrás de una fortaleza, muros y alambradas, para proteger privilegios que nada justifica: de alguna forma, un proyecto de apartheid mundial, en el marco del cual algunos -ciudadanos de los países ricos- tendrían el derecho a circular libremente, mientras que los demás estarían encerrados allí donde el azar les ha hecho nacer o a donde les ha llevado a vivir/4.

Claire Rodier, autora y coordinadora de varias libros sobre cuestiones de inmigración, es miembro del Grupo de Información y de Apoyo a los Inmigrantes (GISTI) y cofundadora de la red Migreurop. Acaba de publicar en las ediciones de La Découverte “Migrants & réfugiés. Réponse aux indécis, aux inquiets et aux réticents” (con la colaboración de Catherine Portevin).

https://npa2009.org/idees/antiracisme/entretien-avec-claire-rodier-placer-une-epee-de-damocles-au-dessus-de-chaque

Entrevista realizada por Galia Trépère

Revue L’Anticapitaliste n°77 (juin 2016)

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ IRIN news, “Les sociétés de sécurité privée prospèrent à mesure que le nombre des migrants augmente”, mars 2014, http ://www.irinnews.org/fr/report/99784/les-soci

2/ Ver Plein Droit n° 101, “Le business de la migration”, juin 2014, http ://www.gisti.org/spip.php ?article4654

3/ El mantenimiento o la salida (Brexit) de Gran Bretaña de la Unión Europeo será objeto de un referéndum el 23 de junio de 2016.

4/ La Comisión de Ayuda al Refugiado en Euskadi -CEA(R) en Euskadi- ha editado un diccionario muy práctico, que aborda desde conceptos legales hasta temas prácticos, sobre el tema de este artículo. Se puede consultar en la red en http://cear-euskadi.org/diccionario/ ndt.



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