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leprogressocial.fr | Automatización y empleo
El bluf de los robots
31/05/2016 | Michel Husson

Según varios estudios, el 47 % de los empleos están amenazados por la automatización en los Estados Unidos, el 42 % en Francia, el 59 % en Alemania. Ello no es para ahora mismo pero si para enseguida. Viejo refrán: ya en 1978 el informe Nora-Minc sobre la informatización de la sociedad anunciaba ganancias enormes de productividad…, que nunca se han alcanzado. Por el momento, se mantiene la paradoja de Solow: “en todas las partes se ven ordenadores, salvo en las estadísticas de productividad”.

No tan seguro, ya que la OCDE acaba de enfriar las esperanzas de los “tecno-optimistas” evaluando a solo el 9 % la proporción de los empleos que “presentan un riesgo elevado de automatización” (el 12 % en España, el porcentaje más alto de la UE, tras Austria y Alemania; ndt). Por otra parte, no basta con hacer innovaciones para relanzar al capitalismo: es necesario que sean rentables y que tengan demanda ya que no son los robots quienes van a comprar los productos que producen. Y, pequeño detalle, es necesario también que la sociedad “aguante”, lo que no es posible por encima de una excesiva tasa de desempleo.

La idea muy extendida según la cual las ganancias de productividad muy elevadas serían la causa del desempleo y anunciaría el fin del trabajo está completamente desmentida en la actualidad. Las ganancias de productividad eran al contrario muy elevadas durante el período de los “Treinta Gloriosos”, que se caracterizó por un casi pleno empleo. Y el auge del desempleo ha sido concomitante con el agotamiento de las ganancias de productividad.

Pero admitamos que sea creíble la amenaza de destrucciones masivas de empleo. Sus profetas avanzan diversas formas de trabajo precario y/o de ingresos desconectados del empleo como única alternativa posible. Se asiste en la práctica a la constitución de un discurso compartido por los economistas duros y los gurús de los mañanas tecnológicos. Un discurso peligroso, que hace pasar a segundo plano la única respuesta racional posible: la reducción del tiempo de trabajo.

Imaginemos una sociedad que, gracias a una invención mágica, solo necesitaría la mitad del tiempo de trabajo para tener el mismo nivel de vida. Ella podría decidir que la mitad de los productores continuase trabajando como antes y que la otra mitad se viese “dispensada” del trabajo y se beneficiase de un ingreso derivado. Pero ella podría también beneficiarse de ese maná tecnológico para dividir por dos el tiempo de trabajo de cada uno(a).

Dejemos a un lado la fábula y miremos lo que ha sucedido: la productividad horaria del trabajo se ha multiplicado por 13,6 en el curso del siglo XX y la duración del trabajo se ha reducido el 44 %. En resumen, trabajamos a medio tiempo en relación con nuestros bisabuelos y si ese no hubiera sido el caso el desempleo habría alcanzado cifras insuperables.

Ello no se ha hecho “naturalmente”: son las luchas sociales las que han asegurado esta redistribución de las ganancias de productividad bajo la forma de reducción del tiempo de trabajo. E incluso la OCDE evoca esta posibilidad a venir: “incluso si la necesidad de mano de obra es menor en un país en particular, ello puede traducirse en una reducción del número de horas trabajadas y no necesariamente por una caída del número de empleos, como lo han constatado numerosos países europeos en el curso de los últimos decenios”.

28/05/2016

Artículo publicado en PROGRÈSsocial

http://hussonet.free.fr/blufrobo.pdf

Traducción: VIENTO SUR



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