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Catalunya
Razones para un proceso constituyente
31/05/2016 | Jaume López

[El inicio oficial de un proceso constituyente catalán es la Resolución aprobada por el Parlament de Catalunya el 9N de 2015 que sirvió de base al gobierno de Junts pel Sí con el apoyo de la CUP. En su tercer punto dice: “El Parlament de Catalunya proclama la apertura de un proceso constituyente ciudadano, participativo, abierto, integrador y activo para preparar las bases de la futura constitución catalana”.

Pero el debate ya estaba en la calle desde mucho antes y uno de los protagonistas era la plataforma Reinicia, de la cual Jaume López, el autor de este artículo, es uno de los impulsores. Esta plataforma se presentó públicamente el 29 de mayo de 2015 con la voluntad de coordinar todas las entidades que estaban desarrollando actividades o reflexiones sobre el proceso constituyente y diseñó un proceso en cuatro fases: la primera de democracia participativa con iniciativa ciudadana y la segunda con iniciativa institucional.

La Resolución del Parlament del 9N parecía anunciar el solapamiento de las dos fases, especialmente a partir del inicio de los trabajos de la Comisión de estudio del proceso constituyente (7 de marzo de 2016) bajo la presidencia de Lluís Llach (Junts pel Sí) y la vicepresidencia de Gabriela Serra (CUP). En esta Comisión participan, además de las fuerzas anteriores, Catalunya Sí que es Pot y el PP (para oponerse a sus trabajos); el PSC y C’s se negaron a participar.

Más o menos en las mismas fechas (5 de marzo de 2016) Reinicia había lanzado el proyecto de Convenció Constituent Ciutadana de Catalunya (CCCC) a fin de crear espacios comunes para pensar la Catalunya del futuro, independientemente de la posición que se tuviera sobre la independencia, a través de debates territoriales y sectoriales.

Por otro lado, el 11 de mayo, un grupo de 17 ponentes presentó un proyecto de Constitución catalana, unificando y reelaborando tres borradores existente con anterioridad.

Sin embargo la conexión entre la iniciativa ciudadana y la institucional está fallando: la Comisión parlamentaria avanza muy lentamente, la CUP ha presentado una propuesta propia de participación popular (un Foro social constituyente) y alguna de las entidades comprometidas en la CCCC parecen esperar el desatasco de la comisión parlamentaria para lanzarse a organizar el debate ciudadano.

En esta situación de atasco el artículo de Jaume López que publicamos a continuación es una reflexión sobre la importancia crucial de un proceso constituyente y popular, y una llamada implícita a desatascarlo urgentemente. Martí Caussa.]

Del mismo modo que el derecho a decidir ha protagonizado los últimos años de la vida política en Cataluña, y se puede considerar uno de los ejes fundamentales de movilización ciudadana, ahora estamos a las puertas de un nuevo capítulo de esta transición política que debería tener un nuevo protagonista: el proceso constituyente.

Este término ha ido apareciendo, aunque tímidamente, en la vida política y, como es sabido, forma parte del programa electoral de las fuerzas independentistas y soberanistas (desde Junts pel Sí hasta En Comú Podem), que lo conciben de maneras diversas y en escenarios diferentes/1. Pero como sucedió con el derecho a decidir, la sociedad civil hace tiempo que habla de ello. Ha habido múltiples iniciativas promovidas por la ciudadanía que tenían como objetivo imaginar y debatir cómo podría ser un proceso constituyente de alta calidad democrática, la mayoría de las cuales reunidas en la plataforma Reinicia Cataluña.

Afirmar que el proceso constituyente será una pieza política clave que marcará el futuro de este país no es demasiado aventurado. En primer lugar, porque posiblemente es la última oportunidad para ampliar los apoyos en favor de una República Catalana. El debate sobre la independencia está prácticamente agotado en los términos actuales. Ya se ha posicionado todo el mundo y pocos cambios se pueden producir. Hay un espacio nuevo donde podamos reencontrarnos para hablar del futuro inmediato del país sin que las posiciones ya estén previamente marcadas según lo que cada uno votaría hoy en un referéndum sobre la independencia. La mejor manera de conseguirlo es centrando el debate en los principios constituyentes (que no necesariamente constitucionales) de la Cataluña que deseamos, haciendo aflorar consensos, como el que suscita el derecho a decidir, que nos identifican como país.

En segundo lugar, todos sabemos que el proceso que está haciendo Cataluña es completamente singular, y si acaba independizándose será único. Nunca antes un país de Europa Occidental se ha convertido en independiente en contra de la voluntad del Estado del que formaba parte. Por eso no hay un método a seguir internacionalmente reconocido. Sin embargo, desde el dictamen sobre Kosovo del Tribunal de Justicia de las Naciones Unidas, sabemos que una independencia no contraviene ninguna norma internacional, lo cual no implica que los Estados te hayan de reconocer. Por eso hemos de presentarnos al mundo con el máximo de razones posibles. Más allá de poner en evidencia la respuesta no democrática del Estado español, hay que poner de relieve la alta calidad democrática del proceso en Cataluña, con miles de personas movilizadas deliberando cívicamente y democráticamente sobre cómo quieren que sea su país. Ya hemos demostrado que sabemos hacer grandes manifestaciones ciudadanas. Ahora toca mostrar al mundo que somos capaces de hacer un proceso constituyente como no se ha hecho nunca, propio del siglo XXI.

Se trata de una oportunidad única. Pocas veces se le abre a un país la posibilidad de hacer un brainstorming (una tormenta de ideas) de estas dimensiones, una redefinición radical que oriente los futuros pasos del país. De hecho, sería bueno que cada medio siglo todos los países del mundo se miraran al espejo y dijeran hacia dónde quieren ir, sin los corsés del pasado, los cuales seguramente fueron útiles para las generaciones anteriores pero que no pueden lastrar el futuro. Un proceso de revisión radical, de puesta al día. Ciertamente, por muy deseable que ello sea, todos sabemos que en la inmensa mayoría de los casos es prácticamente imposible. También lo sería probablemente en Cataluña (y mucho más en España) si no fuera por la ventana de oportunidad que nos ha abierto el proceso independentista (y que, tal vez, incluso, acabará generando una ventana de oportunidad para España). Hay que aprovecharla para regenerar la democracia con el impulso coordinado de la ciudadanía y las instituciones, a través de una deliberación pública de calidad coprotagonizada por la ciudadanía y nuestros representantes.

El proceso constituyente será la piedra angular de toda la transición. No es sólo que sea una gran oportunidad, sino que es una condición necesaria para que todo pueda avanzar. Porque un nuevo país (sea república independiente o formando parte de una confederación, incluso un nuevo estado federado) no es posible sin un apoyo mucho más amplio que unas cuantas décimas de porcentaje, por mucho que sean legítimas para ganar un referéndum. El proceso constituyente lo tiene que permitir.

30/05/2016

http://www.ara.cat/opinio/Raons-proces-constituent_0_1586841311.html

Nota:

1/ La posición de Junts pel Sí ya se ha comentado. La de En Comú Podem puede leerse en la página 73 de su programa electoral. En él se habla de “procesos constituyentes en todo el Estado respetando las múltiples soberanías y formulaciones que parten de las nacionalidades históricas...Entendemos estos procesos como interrelacionados, pero sin que ninguno tenga una posición de partida subordinada respecto a los demás”. En Comú Podem no ha tomado posición, ni a favor ni en contra, del proceso constituyente proclamado por el Parlament de Catalunya.(nde)

Traducción: VIENTO SUR



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