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Libano: entrevista a Nicolas Dot-Pouillard
Las consecuencias de la crisis siria en la vida asociativa y sindical
24/05/2016 | Alain Pojolat

Alain Pojolat: ¿Cuáles son las implicaciones de la crisis siria en Líbano?

Nicolas Dot-Pouillard: Hoy hay más de 1,5 millones de refugiados sirios en Líbano, para una población libanesa de 4,5 millones de personas. Una cifra que crece desde 2012. Líbano hace frente a una crisis humanitaria y a una crisis política. Oficialmente el gobierno de Tammam Salam es partidario de la “disociación”: Líbano no debería tomar partido ni por el régimen ni por la oposición siria, contentándose con un papel humanitario. Concretamente, es la participación de Hezbolá en los combates en Siria, ayudando al ejército de Bachar Al-Assad, lo que divide a los libaneses. Hezbolá, su base comunitaria chiíta, así como sus aliados cristianos, estiman que la presencia de Hezbolá en Siria permite dar seguridad a las fronteras contra el aflujo de combatientes yihadistas a Líbano. Los adversarios de Hezbolá, tradicionalmente hostiles al régimen sirio, exigen que Hezbolá se retire de Siria, reprochándole su alianza con Irán.

Esta división del país sobre el tema de la presencia militar de Hezbolá en Siria se añade a una situación muy precaria en los planos institucional, comunitario y económico: el país está sin presidente desde mayo de 2014. Las tensiones comunitarias, en particular entre sunitas y chiítas libaneses, son el reflejo de la polarización regional entre Arabia Saudita e Irán. La deuda externa es superior a 36 000 millones de dólares, haciendo de Líbano un país dependiente, mientras que más de un millón de libaneses viven bajo el umbral de la pobreza.

¿Ha quedado relegado a un segundo plano el conflicto con Israel?

Las tensiones entre Hezbolá e Israel son continuas. El conflicto sirio ha dado una nueva dimensión al conflicto entre Israel y Hezbolá: los enfrentamientos se han extendido, desde 2012, a los altos sirios del Golan, donde Hezbolá está ahora militarmente presente. Hay picos regulares de tensión: Israel ha realizado varias operaciones contra convoyes militares de Hezbolá en Siria, o atacado a algunos de sus dirigentes, como Samir Qatar, muerto en un bombardeo en Damasco en diciembre de 2015.

¿Y los refugiados palestinos?

Los campos están sometidos a una inseguridad crónica, en particular debido a los combates entre el Fatah y grupos yihadistas ligados a Al-Qaeda o al autodenominado Estado islámico (EI), como Ayn al-Helweh, que reagrupa a cerca de 75 000 refugiados palestinos en Líbano. Además, los campos de refugiados sufren hoy una reducción drástica de los créditos de la UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Líbano. Y esto en un contexto en el que los efectos de la crisis siria influyen en los campos: más de 40 000 refugiados palestinos de Siria se han instalado en los campos de refugiados de Líbano. Hay por tanto, desde hace más de un año, movilizaciones y manifestaciones regulares de refugiados palestinos en los campos para protestar contra la bajada de los créditos de la UNRWA. Finalmente, hay jóvenes palestinos que se incorporan a las olas migratorias con destino a Europa: algunos de ellos han muerto en el mar, al lado de sirios, y a veces de libaneses.

¿Hay a pesar de todo movimientos sociales en Líbano?

Líbano no es un desierto político. La vida asociativa y sindical es muy fuerte. Los conflictos sociales son numerosos. Líbano sigue marcado por las manifestaciones del verano de 2015 contra la “crisis de las basuras”. En el mes de julio de 2015, la central de tratamiento de residuos de Naameh cierra: las basuras se acumulan en el país. Es un desastre ecológico, que revela la incapacidad del Estado libanés para asegurar una simple misión de servicio público. En el país, y en la capital Beirut, se celebran manifestaciones con varias decenas de miles de personas. Se pusieron en pie colectivos como Apestáis o Queremos que rindáis cuentas. Las reivindicaciones se desbordaron hacia lo político y lo social: de una crisis ecológica, los manifestantes pasaron progresivamente a atacar al “régimen confesional” y a los grandes partidos dirigentes, sean sunitas, chiítas o cristianos. Pusieron en cuestión la ausencia de un sistema de seguridad social en Líbano, la carestía de la vida, la inflación, los cortes repetidos de la electricidad, la falta de acceso al agua corriente, o potable, en ciertas regiones.

El movimiento social contra la crisis de las basuras estuvo precedido en 2013 y 2014 por una gran ola de movilizaciones interconfesionales por la subida de los salarios de los funcionarios: el Comité de Coordinación Sindical (CCS), la Liga de Profesores y la Federación Nacional de Sindicatos de Obreros y Empleados de Líbano (FENASOL) pedían entonces una subida del 125% de los salarios –una cifra que se correspondía a la inflación desde 1996, fecha en la que los salarios del sector público fueron bloqueados.

Los movimientos por los derechos de las mujeres o por el derecho al matrimonio civil se han impuesto en el espacio público. En fin, los trabajadores y las trabajadoras migrantes (etíopes, pakistanís, sri-lankeses, etc.), sin derechos sociales, muy precarizados, se han organizado estos últimos años. Disponen ya de un sindicato, que no está aún reconocido por el Estado pero que trabaja con la FENASOL.

¿Hay aún izquierda libanesa?

El Partido Comunista libanés sigue siendo una de las primeras organizaciones de la izquierda. Ha rejuvenecido su dirección en su onceavo congreso de abril de 2016. Tiene un nuevo secretario general, Hannah Gharib, popular en Líbano pues era el portavoz del movimiento de huelga de 2013 y 2014 y del Comité de Coordinación Sindical. El PCL está presente en las elecciones municipales, y confirma su implantación histórica en zonas rurales del este y del sur de Líbano. Su organización de juventud, la Unión de Juventudes Democráticas Libanesas (UJDL), ha estado muy activa en el movimiento social de 2015.

Sin embargo, la izquierda libanesa, poderosa en los años 1970, pilar del Movimiento Nacional Libanés (MNL), cercano a los palestinos, salió extenuada de la guerra civil. Está dividida sobre numerosos temas, entre ellos la crisis siria. El Foro Socialista Libanés –activo en ciertas luchas como el apoyo a los derechos de las personas migrantes, a los refugiados sirios o sobre los derechos de las mujeres– es muy hostil a la participación de Hezbolá en los combates en Siria. Una posición inversa a la del PCL, para quien el principal peligro viene de la hegemonía saudita en la región. A pesar de estas divisiones, hay revistas independientes como Bidayat (Comienzos) que intentan renovar las bases intelectuales de la izquierda libanesa.

¿Qué nos dices de las elecciones municipales que se celebrarán a lo largo del mes de mayo?

En primer lugar, son las primeras elecciones municipales desde 2010, en un contexto en el que el Parlamento no ha sido renovado desde 2009. Se han creado listas salidas de la sociedad civil, en la onda del movimiento del verano de 2015: Beirut Medinati (Beirut es mi ciudad) o Muwatinoun (Ciudandanas y ciudadanos en un Estado), que tiene un perfil más de izquierdas. La tasa de participación es baja, pero estas listas han logrado ya un efecto, con buenos resultados, en particular en Beirut: ponen en cuestión a las grandes fuerzas políticas comunitaristas, y plantean temáticas ecológicas y sociales. Es un fenómeno inédito.

19/05/2016

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article38013

Nicolas Dot-Pouillard es investigador en el programa europeo Wafaw (When Authoritarianism fails in the Arab World, European Research Council).

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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