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Cambio climático
El fantasma de la ingeniería climática recorre la COP21
16/05/2016 | Daniel Tanuro

Aunque la Cumbre del Clima de París fue descrita por los negociadores y los medios de comunicación como un acuerdo ambicioso e histórico, la realidad es que el documento a que dio resultado no es más que una declaración de intenciones que confirma el objetivo ya establecido en la cumbre de Copenhague en 2009: mantener la subida de temperatura este siglo a no más de dos grados por encima de la temperatura alcanzada en la época preindustrial. Con la presión de los países más amenazados, el acuerdo de París añade una esperanza para mantener la subida por debajo de 1,5º C, un objetivo que ya se planteó en la Cumbre de Cancún en 2010.

Es sin duda importante lograr unanimidad en estos objetivos: confirma que está perdiendo fuerza la influencia de quienes niegan el cambio climático, y que el impacto del movimiento por el clima está creciendo. Pero el acuerdo no establece el compromiso de una fecha determinada para reducir las emisiones globales, ni una tasa de declive anual, ni una fecha en la que la humanidad dejará de emplear las reservas de petróleo. En estos puntos clave nos tenemos que contentar con una afirmación extremadamente vaga: “las Partes tienen como objetivo llegar a un acuerdo definitivo sobre las emisiones de gas invernadero tan pronto como sea posible, reconociendo que este acuerdo tardará más tiempo para los países en vías de desarrollo, y llevar a cabo rápidas reducciones a partir de entonces de acuerdo con los mejores avances científicos disponibles, para lograr un balance entre conservar y aumentar, según corresponda, los sumideros y las reservas de gases de efecto invernadero en la segunda mitad de este siglo "(Artículo 4)/1.

El acuerdo no dice cómo debería distribuirse el esfuerzo entre distintos países con responsabilidades históricas y capacidades diferentes, tal y como requiere La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en 1992/2. Recordemos que la Cumbre de Copenhague fracasó precisamente en este punto, y se cerró con la visión de los países del sur de que los países de norte no estaban cumpliendo con sus obligaciones. En París, el problema fue eludido con sutil elegancia, reafirmando simplemente los principios generales de la Convención Marco de Naciones Unidas, sin explicitar si los programas actuales de cada país para la estabilización del clima son consistentes con esos principios.

El vaso está un 80 % vacío

En la jerga del COP21, dichos planes se conocen por el acrónimo INDCs (Contribuciones Previstas y Determinadas a nivel Nacional)/3. Pese a que algunas voces destacan el Acuerdo como histórico y ambicioso, en realidad estas “contribuciones previstas” no lo son en absoluto. Incluso si llegaran a implementarse en su totalidad, su efecto acumulado será entre 2,7 y 3,7° C de calentamiento al final del siglo/4. Esto sería unos 4 o 6 ºC menos que el aumento proyectado si las emisiones continúan en los niveles actuales, pero seguiría siendo aproximadamente el doble del objetivo marcado en el Acuerdo.

¿Significa esto que el vaso de París está medio lleno? No. El análisis realizado en Durban con el objetivo de ampliar horizontes en la lucha contra el calentamiento, ha comparado el impacto en el clima de las Contribuciones Previstas a Nivel Nacional con otros escenarios posibles que permitirían mantener el aumento por debajo de 2º C. El informe ejecutivo, remitido al Secretariado de la Convención Marco de Naciones Unidas con anterioridad a la COP21 es particularmente claro: los planes estatales representan sólo una quinta parte del esfuerzo necesario para producir un 66 % de probabilidades de mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2º C. El vaso está un 80 % vacío.

El preámbulo al Acuerdo de París destaca “con seria preocupación la necesidad urgente de afrontar esta distancia significativa” entre los objetivos y lo hasta ahora logrado. Con ese fin, el acuerdo será revisado cada cinco años, pero no hay certidumbre, puesto que el resultado depende de la buena voluntad de cada país. Algunos expertos en materia jurídica creen que el texto es vinculante y que las partes están obligadas a actuar “de buena fe”/6, pero es difícil forzar la buena fe cuando no se prescriben sanciones y cuando no se define con claridad lo que podría constituir una vulneración, en un Acuerdo que, por otra parte, no especifica en ningún momento lo que cada país tiene obligación de hacer para alcanzar el objetivo de los 1,5º C-2º C.

La primera revisión del acuerdo se preparará en 2017 y se pondrá en marcha en 2023, tres años después de su implementación. Pero no hay fechas límite, especialmente no se especifica cuál será el año en que como máximo las emisiones globales deberían comenzar a disminuir si se quiere mantener el calentamiento por debajo de 2º C. Y esto es un asunto crucial. Profundizar da lugar a sospechas: bien el objetivo de mantener el calentamiento en un límite de 1,5º C-2º C es pura retórica, o bien hay un acuerdo entre bastidores sobre el despliegue masivo de técnicas de ingeniería climática no sujetas a debate público. Quien escribe estas líneas se inclina por la segunda opción.

Después de todo, ¿un asunto sin importancia?

El Cuarto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático decía que las emisiones globales tenían que empezar a descender en 2015 como muy tarde si se quiere tener al menos un 50 % de probabilidades de mantener la concentración atmosférica de gases invernadero entre 445 Y 490 partes por millón en volumen (ppmv) de dióxido de carbono equivalente (CO2e), lo que significaría un calentamiento medio de entre 2 y 2,4º C/7.

El Quinto informe dio unas proyecciones ligeramente diferentes, calculadas por región: para un 66 % de probabilidad de permanecer entre 430 y 482 partes por millón de dióxido de carbón equivalente, las emisiones debían llegar a su punto máximo en 2010 en los países de la OCDE, en 2014 en los países del antiguo Bloque Soviético, en 2015 en Latinoamérica, y en 2020 en África, Asia y Oriente Medio/8.

Sin embargo, el informe resumen del grupo ad hoc de Durban sobre las Contribuciones Previstas a Nivel Nacional dice que es posible permanecer por debajo de los 2º C incluso si las emisiones globales no llegan a su punto máximo hasta 2020, 2025 o incluso 2030.

Estas borrosas fechas límite dan la impresión de que la amenaza del calentamiento global no es tan seria después de todo, que las soluciones que podrían prevenir un desastre seguirán disponibles durante muchos años. ¿Es cierto esto? Y si no es así, ¿qué es lo que ha metido una idea tan peligrosa en sus cabezas?

Esta pregunta puede responderse fácilmente con el concepto “presupuesto de carbón por Xº C”. Es decir, la cantidad de gases invernadero, expresada en dióxido de carbono equivalente, que puede aún emitirse con una probabilidad Y de que la atmósfera no se calentará más de Xº C al final del siglo. Para un 66 % de probabilidad de que el calentamiento sea de 2º C o menor, el Quinto informe del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático dice que el presupuesto de emisiones entre 2011 y 2020 debe ser de 1000 gigatoneladas o menos/9. Al ritmo actual, ese presupuesto se agotará en unos quince años. Es por lo tanto más urgente que nunca reconocer que afrontamos una amenaza extremadamente seria.

Un reto enorme

El carbón, el petróleo y el gas natural, las fuentes principales de emisión de gases invernadero suman un 80 % de la oferta de energía. Además, la agroindustria y la silvicultura capitalista, que emplean ambas combustibles fósiles y emiten dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, reducen de manera significativa la capacidad del suelo de absorber el carbono. Así que es crucial desarrollar un plan comprehensivo que reduzca el consumo de energía, remplace los combustibles fósiles con otros renovables, y reestablezca una agricultura ecológica en el marco de un uso racional de la tierra. Después de llegar al punto máximo, la curva de las emisiones caerá hacia cero, incrementando la absorción de carbón por ecosistemas agrícolas y forestales.

¿Es esto aún posible? ¿Es posible respetar las 1000 gigatoneladas de presupuesto de carbono, cuando las acciones que eran necesarias se han retrasado 25 años al tiempo que las emisiones anuales han aumentado? En teoría, sí: si la reducción rápida de emisiones y una mejor absorción comienzan de manera inmediata. En primer lugar, de acuerdo con Kevin Anderson, director del prestigioso Centro de Investigación Tyndall sobre el Cambio Climático, las emisiones globales por sector deben reducirse al menos un 10 % anual, comenzando ahora/10.

El reto es inmenso. Considerando la cantidad de capital invertido en las reservas de combustible fósil, en los servicios de conversión, refinerías y distribución, así como en el sistema agro-forestal capitalista, es imposible lograr los objetivos señalados, respetando al mismo tiempo la permanente necesidad de beneficio, crecimiento, competición y propiedad privada que conlleva el capitalismo/11. Por el contrario, se necesitarán medidas radicalmente anti-capitalistas: poner fin a una producción derrochadora y dañina y a la obsolescencia planificada, hacer del reciclaje una obligación independientemente de su coste, poner fin al consumo ostentoso de los ricos, compartir recursos, expropiar a las grandes corporaciones financieras y energéticas, planificar para un modelo de desarrollo que reemplace la industria agrícola basada en el beneficio por la agricultura campesina, y más medidas de este tipo.

El sesgo ideológico de la investigación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Pese a las miles de páginas publicadas en formato de informe, el IPCC no afronta una cuestión fundamental: ni siquiera los economistas que desarrollan diversos escenarios climáticos piensan fuera de las leyes del mercado. La industria armamentística es un ejemplo muy concreto, pero llamativo: El Ministerio de Defensa norteamericano emite anualmente tanto dióxido de carbono como 160 millones de nigerianos, y su guerra contra Irak generó más más emisiones de CO2 entre 2003 y 2008 que cualquier otro país en una lista de 139/12. Pero en ningún escenario se considera la posibilidad de reducir la producción de armas o cualquier otra serie de bienes innecesarios y dañinos. El alcance de las soluciones posibles es limitado precisamente porque los investigadores ignoran tales opciones.

El Grupo de Trabajo III revela de manera explícita esta auto-censura ideológica en la sección quinta del informe del IPCC: “los modelos emplean la economía como base para la toma de decisiones… En este sentido, los escenarios tienen una descripción normativa de futuro, definida en ese marco de la economía. Los modelos presentados asumen así un funcionamiento estándar de los mercados y un comportamiento competitivo de mercado/13.

En este marco neoliberal, en el que “la economía” es vista como una ley natural, no sorprende que los científicos puedan dedicarse sólo a observar con impotencia mientras las proyecciones del aumento límite de temperatura en torno a 2º C se desvanecen. Tanto da que el IPCC publique veinte informes más sobre el cambio climático porque el marco neoliberal no deja espacio para una salida. Así que, en lugar de gritar “¡Fuera combustibles fósiles!, dejadlos en la tierra”, los científicos encargados de proyectar futuros escenarios, se doblegan ante los dictados del capital, buscando la manera de reducir las emisiones, mientras que el capital continua arrojándolas incesantemente.

Emisiones negativas, una solución improbable.

En estos momentos está emergiendo un nuevo campo de investigación: las Tecnologías de Emisiones Negativas, o TEN. Podemos mencionar aquí brevemente algunas de éstas. Las hay que tienen como objetivo desarrollar árboles artificiales que capturen CO2 del aire en resinas especiales, de las que puede separarse y almacenarse en las profundidades de la tierra. Otras proponen verter cal en los océanos: el CO2 reaccionaría a la cal formando carbonato cálcico (el principal componente de la piedra caliza), que caería en el océano, permitiendo al agua absorber una mayor cantidad de CO2 del aire. Otras proponen incluso quemar grandes cantidades de biomasa en atmósferas bajas en oxígeno (pirólisis) para producir carbón vegetal (llamado biochar en este contexto), que es rico en carbono y puede ser enterrado bajo tierra. Y aún otras sugieren la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECSS), que consiste en quemar biomasa en lugar de, o en combinación con, los combustibles fósiles, capturando el CO2 producido por la combustión y almacenándolo en formaciones geológicas profundas/14.

El Grupo III de Trabajo del IPCC informa de que estas tecnologías de emisiones negativas (también llamadas “Tecnologías de Eliminación del Dióxido de Carbono”) podrían favorecer una eliminación de 10Gt al año de la atmósfera en para el 2050, y quizás 40Gt al año hacia el final del siglo. Las empresas energéticas transnacionales están muy interesadas, y financian investigación en este campo por una buena razón: las “emisiones negativas” sirven de excusa como supuesta compensación a la falta de compromiso con el presupuesto de carbono para seguir quemando combustibles fósiles durante varias décadas/15.

No cabe duda de que estas son, en el mejor de los casos, pseudo-soluciones. Dos ejemplos ilustran hasta qué punto son un disparate:

 Transportar cal como para convertir una cantidad suficiente de CO2 oceánico en carbonato cálcico requeriría construir tantos barcos nuevos como hay en la flota mundial actual/16.

 Convertir el CO2 de la atmósfera en carbonato cálcico, empleando hidróxido de sodio en las depuradoras, supondría un gasto de inmensas cantidades de energía: eliminar el CO2 para almacenarlo requiere temperaturas de 900° C. El coste sería intolerable: 1300 torres depuradoras, cada una de 110 metros de diámetro y 120 metros de altura, apenas lograrían eliminar 0,36 gigatoneladas al año, es decir, menos de un uno por ciento de las emisiones globales/15.

Podrían describirse problemas similares que tienen las otras propuestas. ¡Y todo esto sólo por evitar prohibir a los lobbies petroleros de que sigan explotando las reservas! Es obvio el sinsentido de todo este montaje.

Por el camino equivocado

Exceder el presupuesto de carbono obviamente forma parte de los intereses del complejo financiero-energético en el corazón del capitalismo mundial, pero a la larga será mayor el coste para la humanidad en su conjunto, haciendo más difícil, si no imposible, estabilizar el clima mundial.

Es un escándalo que quienes están trazando proyecciones futuras hayan abandonado el antiguo supuesto de que la transición de modelo energético debe tener lugar, cuando en realidad sería la opción más económica. En cambio, la mayor parte de las proyecciones asumen que las emisiones excederán el presupuesto de carbono, y esto se compensará más adelante a través de las Tecnologías de Emisiones Negativas/17.

Es fácil criticar al IPCC, pero sólo está siguiendo su mandato, que consiste en producir informes que resuman la investigación científica publicada. La mayor parte de ésta se apoya en proyecciones basadas en Tecnologías de Emisiones Negativas, por las que las propuestas de “mitigar” el cambio climático se ven profundamente afectadas (o más bien, contaminadas). Lo peor de todo es la creencia de que puede retrasarse el año en que las emisiones deberían llegar a su límite máximo mientras exista (¡sobre el papel!) la hipotética posibilidad de que ese límite traspasado, al seguir extrayendo combustibles durante 20 o 30 años, podrá reponerse en la segunda mitad de siglo.

Acumular activos de combustibles fósiles

Aquí nos encontramos hoy en día. Kevin Anderson señala que la base de datos del Quinto Informe del IPCC contiene unos 113 hipotéticos escenarios de mitigación del cambio climático en los que hay un 66 % de probabilidad de mantenerse por debajo de los 2º C. Pero de estos, 107 (el 95 %) asumen un desarrollo masivo de Tecnologías de Emisiones Negativas. Según los 6 restantes, la fecha límite para las emisiones debería ser no más tarde de… ¡2010! Así pues las afirmaciones de la Cumbre de París ocultan esta preocupante realidad: no estamos en el buen camino para mantener el calentamiento por debajo del 1,5º C.

Estamos muy alejados del camino por ahora, y podría ser que nos alejáramos aún más en el futuro. De la misma manera que el gusto por la comida crea apetito de más, el uso (y abuso) de la fantasía de las Tecnologías de Emisiones Negativas para ocultar un pequeño desfase en el presupuesto de carbono podría acabar facilitando que los desfases respecto a los límites marcados sean cada vez mayores. Un estudio de principios de 2015 señalaba que sería técnicamente posible eliminar entre 700 y 1350 gigatoneladas de CO2 de la atmósfera en torno al 2100 a través del empleo masivo de Tecnologías de Emisiones Negativas. Pero en ese cálculo se ampliaría el presupuesto de carbono entre un 70 y un 140 % o más/18. Los autores del estudio concluían afirmando que “el empleo de Tecnologías de Emisiones Negativas a gran escala, incluso si fuera posible, no es en absoluto preferible a una descarbonización a tiempo de los sistemas de agricultura y energía”. Ya solo el coste del empleo de las TEN sería prohibitivo. Pero nada de esto hará parar a los directivos del capital petrolífero de ver estos cálculos como una forma de mantener la burbuja de carbono y acumular así activos de los combustibles fósiles. Sólo necesitan tener secuestrado el planeta, forzar a la sociedad a pagar el enorme coste de las tecnologías de ingeniería climática, las cuales serán la única vía para evitar un desastre aún mayor si no se lleva a cabo ninguna medida urgente. De esta manera, ellos pueden continuar explotando las reservas de combustible, al menos por un tiempo/19.

Esto es pura especulación, por ahora. Pero llama la atención que cuando se trata de la deuda pública y se nos dice que sólo puede pagarse a los acreedores mediante medidas de extrema austeridad, la pseudo ciencia económica insiste en que el balance de presupuestos es esencial; sin embargo, cuando esos mismos acreedores pueden beneficiarse del déficit del presupuesto de carbono, entonces, curiosamente no hay la más mínima sugerencia sobre la necesidad de mantener el balance. Todo lo contrario: cualquier medio disponible para aumentar el déficit es adecuado, de manera que la sociedad, las futuras generaciones y los sistemas ecológicos pagarán la deuda.

Retrasar las evaluaciones.

Este análisis clarifica el contenido de la Cumbre de París. Puede que a los participantes del acuerdo les dé igual si se puede reducir en su totalidad o en parte la disparidad entre las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional y lo estimado para mantener el objetivo de 1,5 y 2º C. Pero lo más probable es que sí les importe (a los más inteligentes sin duda alguna les preocupa), porque un calentamiento excesivo podría hacer incontrolable todo su sistema/20. Sin embargo, en el marco capitalista las Tecnologías de Emisiones Negativas parecen ofrecer la única salida posible.

La ingeniería climática es el fantasma que recorre el texto aprobado en París y que le da sentido/21.Si no, ¿para qué mencionar los límites máximos de emisiones, los índices de reducción, la posibilidad de descarbonización? A partir de ahora, todos estos conceptos dependen del potencial de las TEN, las cuales los encaminarán en alguna fecha futura. El hecho de que el Acuerdo no mencione un modelo de transición energética no es un lamentable lapsus en lo que constituye un texto relativamente bueno, sino una prueba por omisión de que las partes del acuerdo han elegido apostar por la ingeniería climática en lugar de hacer frente al capital de los combustibles fósiles.

Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono, una alternativa infernal.

Entre las Tecnologías de Emisiones Negativas hay una particularmente destacada: la BECCS, el uso masivo de biomasa como fuente de energía. Es el sector energético menos costoso, porque no requiere grandes cambios sistémicos y es adecuado para la producción de energía eléctrica, biogás y petróleo. A diferencia de los árboles sintéticos, la BECCS no sólo elimina CO2 del aire, sino que además da algo que las energéticas pueden vender. El IPCC cita estudios que sugieren 3 gigatoneladas al año como una cantidad “realista” de carbono que la BECCS podría eliminar de la atmósfera en 2050, a un precio aceptable, y que, por lo tanto, es una tecnología potencialmente económica. El grupo de Trabajo III dedica también docenas de páginas a las incertidumbres y riesgos de las técnicas de captura geológica en general, y del BECCS en particular/22. Sin embargo, cuando las decisiones ya se han tomado, sólo se necesita “que los mercados funcionen a pleno rendimiento” y un “comportamiento competitivo de mercado”. Así que el resumen ejecutivo del informe del Grupo de Expertos de Durban sobre las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional ni siquiera se toma la molestia de mencionar los riesgos que describe el IPCC en relación al uso de estas tecnologías.

Y, sin embargo, los riesgos son considerables. Riesgos para la biodiversidad, que se pone en peligro por estos proyectos de bioenergía. Riesgos para comunidades rurales y pueblos indígenas, que afrontan nuevas presiones para apropiarse de sus tierras. Riesgos para los asalariados y los pobres, porque la competición entre los cultivos energéticos y los cultivos de alimento harán subir los precios de estos últimos. Riesgos para los asalariados de sectores que emitan gases de efecto invernadero, porque se verá afectada la rentabilidad de esas industrias. Riesgos para las mujeres, situadas en los frentes de batalla de tantos conflictos socio-ecológicos, las cuales producen cerca del 80% de la producción mundial de alimentos.

Un artículo reciente señala algunas de las consecuencias de la competición entre los cultivos energéticos y los de alimento/23. Los autores señalan que emplear BECSS para eliminar 3 gigatonenadas de carbono al año de la atmósfera requeriría establecer plantaciones industriales que cubrieran entre un 7 y un 25 % de la tierra de uso agrícola (entre un 25 y un 46 % de la tierra arable y cultivable). El agua es otra de las preocupaciones: el proyecto aumentaría el uso humano de agua potable en torno a un 3 %. Si las plantaciones se establecieran en tierra de secano, el objetivo de las 3 gigatoneladas podría lograrse solo aumentando un 40 % del consumo de agua en esa área.

¿Comer o salvar el clima?

No hace falta que repita lo que la mayor parte de quienes leen estas líneas ya conocen en relación a los riesgos de la energía nuclear. Y sabemos de los riesgos y las incertidumbres que la captura y almacenaje de CO2 suponen en general: la imposibilidad de garantizar almacenaje a largo plazo, y el riesgo significativo de terremotos causados por el almacenaje bajo tierra/24.

Por si estas amenazas no fueran suficientes, los aprendices de brujo del crecimiento capitalista añaden otra: la competición entre las necesidades alimenticias de la población mundial, y el deseo de proteger los beneficios de la industria eliminando una pequeña parte del CO2 del aire. Todo ello con la excusa de que no hay otra forma de salvar el clima.

La “burbuja de carbono” es tan grande que necesitan movilizarse todos los ecosistemas para desinflarla. Ello significa que toda la tierra (de uso agrícola o no), los bosques y el agua del planeta tienen que subordinarse a ese objetivo, a través de un sistema de pago por los “servicios medioambientales”, tal como REDD+, un plan ya en marcha para los bosques. La subordinación de los ecosistemas a los objetivos de beneficio del uso de combustibles fósiles necesita también la subordinación de los seres humanos que viven en esos espacios.

Que una alternativa tan perversa se envuelva bajo el manto de “ciencia” dice mucho de la profundidad de las “aguas heladas del cálculo egoísta” (Marx) en las que nos ha sumergido la sociedad de mercado, y de la decadencia de la investigación científica, cada vez más fragmentada en hiperespecializaciones que sirven a los intereses cortoplacistas del capital.

No hay tiempo que perder

Hay otra vía, un camino basado en la visión de un sistema energético en su conjunto, incluyendo no sólo la producción de calor, luz y movimiento a través de la tecnología, sino también la conversión de la energía lumínica en energía química a través de las plantas (de la agricultura en un sentido amplio) y del consumo humano de esa energía.

Si no queremos resignarnos a soluciones salvajes, el sistema del que dependen nueve millones de seres humanos puede lograr un equilibrio a través de un cambio fundamental en el modo de producción, consumo y transporte. Un cambio comprehensivo que involucre todas las áreas de la actividad humana. Un cambio en el que la agricultura biológica y una silvicultura verdaderamente sostenible jueguen un papel estratégico, porque son los únicos proyectos aceptables de ingeniería climática: naturales, libres de riesgos y democráticamente controlados. Un cambio social en el que la cosmogonía de los pueblos indígenas es una preciosa arma frente a la ideología productivista. Un cambio revolucionario en el que la clase obrera, pese a todas las dificultades, tiene que jugar un papel fundamental por su lugar en la economía.

Los movimientos sociales tienen que sacar las conclusiones necesarias. Un camino socialmente justo para salvar el clima necesita la convergencia de las luchas de todos los pueblos oprimidos y explotados. Debemos declarar un estado de emergencia (¡radicalmente diferente del que usó el gobierno francés para encerrarnos en los acuerdos sobre el clima!) para planificar una acción colectiva que cambie el equilibrio de poder. Aún es posible escapar de la trampa, evitar ese momento terrorífico en que la humanidad no tenga otra alternativa que poner el termostato climático en manos de las multinacionales que controlan las Tecnologías de Emisiones Negativas. Pero no hay tiempo que perder.

25/01/2016

http://climateandcapitalism.com/2016/01/25/the-specter-of-geoengineering-haunts-the-paris-climate-agreement/

Daniel Tanuro autor de El imposible capitalismo verde (Libros VIENTO SUR-La Oveja Rojas, 2011).

Traducción: VIENTO SUR

Notas:

(Los links largos han sido abreviados)

1/ http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/fre/l09r01f.pdf

2/ http://unfccc.int/resource/docs/convkp/convfr.pdf

3/ Las INDCs están publicadas en la página de UNFCCC. http://goo.gl/eB8O4i

4/ Las previsiones varían porque no todas las INDCs están calculadas sobre el mismo tipo de datos, y porque las acciones que puedan llevar a cabo algunos países del Sur frente al cambio climático y sus efectos dependen de la ayuda que les proporcionen los países desarrollados. El World Resources Institute ha analizado las diferencias. http://goo.gl/3kaA7E

5/ UNFCCC Durban Platform for Enhanced Action, “Synthesis report on the aggregate effect of the Intended Nationally Determined contributions” http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/eng/07.pdf

6/ “L’accord obtenu à la COP21 est-il vraiment juridiquement contraignant?” Le Monde, December 14, 2015. http://goo.gl/GUcVQm

7/ IPCC AR4, 2007. Contribution of Working Group III to the 2007 Report, Technical Summary, Stabilization scenarios, Table TS.2. https://goo.gl/67HK75 En el Quinto Informe, el IPCC decidió que era más adecuado proyectar temperaturas para el final de siglo, en lugar del punto de quilibrio en mil años.

8/ IPCC AR5, WGIII, Chapter 6, Table 6.4. https://www.ipcc.ch/report/ar5/wg3/

9/ IPCC AR5, WGI, section 12.5.4.2. https://www.ipcc.ch/report/ar5/wg1/ El término “presupuesto de carbono” indica en sí mismo la contaminación neoliberal del debate sobre el clima, especialmente al desdibujar la diferencia fundamental entre las leyes físicas del sistema climático y las “leyes” sociales del sistema capitalista.

10/ Kevin Anderson, “Duality in Climate Science,” Nature Geoscience, October 2015. http://goo.gl/0sSb2j

11/ Para salvar el clima, 1) las compañías petrolíferas, de gas y de carbón deberían abandonar cuatro quintos de sus reservas de combustible fósil, que son parte de sus activos y determinan el valor de sus acciones; y, 2) la mayor parte del sistema energético mundial (cerca de un quinto del PIB mundial) tiene que abandonarse antes de ser amortizado. “Carbon Bubble,” http://goo.gl/1gbHoR; World Economic and Social Survey, 2011. 53. http://goo.gl/KfGbDP

12/ Sohbet Karbuz, “How Much Energy Does The U.S. Military Consume?” http://www.dailyenergyreport.com/how-much-energy-does-the-u-s-military-consume/. A Climate of War. The War in Iraq and Global Warming, Nikki Reisch and Steve Kretzmann, 2008. http://goo.gl/L9JA0d

13/ IPCC AR5, WGIII, Chapter 6, 6.2.1.

14/ Para una visión parcial de las TEN, see Niall R McGlashan et al., Negative Emissions Technologies, Grantham Institute for Climate Change Briefing paper No. 8: October 2012, https://goo.gl/GIDXJr. Para una evaluación de las mismas, Daniel Tanuro, “Les ‘tecnologies à émissions négatives’: noveau mirage, nouvelle menaces”. Contretemps, January 11, 2016. http://goo.gl/LJck0D

15/ Un ejemplo entre otros: El Proyecto Global Climate and Energy de la Universidad de Stanford, financiado por DuPont, ExxonMobil, General Electric, Schlumberger, Toyota y el Bank of America organizaron un seminario internacional sobre BECCS en 2012. https://goo.gl/m3frpF

16/ Paul Fennel, “Modelling and Potential of Negative Emissions Technologies, including Biomass-Enhanced CCS (BECCS).” Ponencia del seminario GCEP, junio 2012. https://goo.gl/Ezc39P.

17/ IPCC AR5, WGIII, Chap. 6 6.1.2.1. En la mayor parte de los escenarios, la energía nuclear, la captura y almacenaje, y las renovables forman la solución de “combinación energética”. Las emisiones de hidrocarburos se reducen, pero no se reemplazan en su totalidad: incluso continúan aumentando en algunos sectores, como el transporte.

18/ Ben Caldecott et al., Stranded Assets and Negative Carbon Emissions Technologies, University of Oxford Stranded Assets Program Working Paper, February 2015. http://goo.gl/CVCl7z

19/ El hecho de que las multinacionales energéticas estén esperando que los gobiernos inviertan en proyectos piloto de captura y almacenaje de carbono parece confirmar que esta estrategia con la que nos tienen secuestrados está ya en marcha. El Global CCS Institute (un lobby formado por las compañías petrolíferas, instituciones públicas y centros de investigación) se queja amargamente de que la crisis del 2008 haya traído un parón en este tipo de inversiones. Closing the Gap on Climate. Why CCS is a vital portion of the solution, December 2015. http://goo.gl/UJ3dnz

20/ En 2012 el Banco Mundial declaró que “tenemos que evitar un calentamiento mundial de 4 grados.” Para algunos líderes capitalistas parece que un aumento de la temperatura de 2-3ºC es “manejable”, pero un aumento de 3-4ºC no. Para ellos, el reto no es salvar el clima, sino salvar el capitalismo. http://goo.gl/rEoD3X

21/ La Royal Society define la ingeniería climática como: “la intervención deliberada a gran escala en el sistema climático de la tierra con el fin de moderar el cambio climático.” Citado por Claire Gough y Paul Upham en “Biomass energy with carbon capture and storage (BECCS): a review”, Tyndall Centre for Climate Change Research, Working Paper 147, December 2010, 6. http://goo.gl/g5tTzv

22/ IPCC AR5, WGIII, Chapter 11, 11.13.

23/ Pete Smith et al., “Biophysical and Economic Limits to Negative CO2 emissions,” Nature Climate Change, December 7, 2015. http://goo.gl/NDpbV5

24/ Parece cierto que un terremoto de magnitud 4,4 en la escala de Richter en British Columbia fue causado por la práctica de fracturación hidráulica, o fracking, de gas pizarra. http://goo.gl/qyKzWB. Sobre el riesgo de accidentes sísmicos inducidos por CCS y las resultantes fugas de CO2, ver http://goo.gl/JZwUFl



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