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tigresdepapel.com | Pacto Podemos – IU
Dos botellines para ganar
10/05/2016 | Pablo Perpinyà

Ayer saltó la noticia que llevábamos meses esperando. Podemos e IU habían llegando a un principio de acuerdo que, con la previsible ratificación de las bases, se convertirá en la coalición electoral que aspira a ganar las próximas elecciones generales.

La repetición de elecciones ha sido denostada hasta la saciedad por el establishment bajo la consigna de que suponía la constatación de un fracaso de la “clase política”. El cerrojazo del PSOE a las ofertas del bloque del cambio y la negativa de éste a llegar a un acuerdo con C´s, propiciaron que la ecuación para la formación de gobierno careciera de solución. Siendo la convocatoria de elecciones un salida inevitable, muchos se apresuraron a responsabilizar de la misma a sus respectivos adversarios. Pocos, por no decir ninguno, justificaron la convocatoria de elecciones como el mejor escenario dadas las circunstancias. A mi entender una evidencia de la imponente mediatización de la escena política.

Uno de los retos derivados de esta segunda vuelta electoral tiene que ver con la capacidad de los partidos para proponer cosas nuevas. La necesidad de lograr una distribución de escaños alternativa obliga a plantear cambios si se quiere ganar y en este sentido se han producido dos hitos importantes: la negociación de la formación de gobierno y la negociación de las candidaturas para las elecciones del 26J.

En la primera asignatura el balance de Podemos, como fuerza más determinante de las que forman el bloque del cambio, no ha sido positivo. La firmeza demostrada ante los envites de un PSOE derechizado y la coherencia con los principios con los que Podemos se presentó a las elecciones no podían ser un buen aliado en términos de opinión pública. Una parte del electorado que migró del PSOE hacia Podemos dudó de la posición que estaba manteniendo el partido morado como consecuencia de la recurrente dicotomía PSOE-C´s ó PP esgrimida hasta la saciedad por Pedro Sánchez. Sin embargo ha sido precisamente este paso atrás el que ha permito plantear un envite de cara al 26J coherente y con capacidad de ilusionar.

La segunda asignatura tiene signo contrario. Era un clamor que en términos electorales Podemos e IU no podían hacer la batalla separados. Las elecciones no representan ni más ni menos que uno de los escenarios de una batalla compleja que se irradia desde una multiplicidad de conflictos económicos, sociales y políticos hacía el campo de la disputa institucional. Era, por tanto, urgente desde el punto de vista táctico llegar a un acuerdo que permitiera generar aceptación en un segmento mayor de la población. Y este es precisamente el reto: hacer realidad las previsiones del CIS que hablan de que el bloque del cambio es la fuerza mayoritaria para los menores de 55 años. Sin embargo la apuesta de la confluencia, como no podía ser de otra forma, conlleva una serie de riesgos y oportunidades:

· El acortamiento electoral de la candidatura. Huir del identitarismo debe ser un elemento de acuerdo entre ambas formaciones. En una situación en la que el viejo sistema político se debilita cada vez más y comienza a ser sustituido por otro con unos parámetros más favorecedores del cambio, es necesario encontrar símbolos y códigos que permitan seguir sumando voluntades sin ofrecer oportunidades a nuestros adversarios de rearmar sus viejos esquemas en los que siempre salen ganadores. El relato del 15M y sus referentes simbólicos deben articular la cultura política sobre la que construir la candidatura.

· Refutar definitivamente la hipótesis de la transversalidad. Muy relacionada con la anterior, quienes la hemos cuestionado debemos demostrar que disponemos de una vía alternativa que no sólo es más coherente con los principios y valores de nuestras tradiciones políticas, sino que también es más eficaz. Y eso se consigue superando los 5,3 millones de votos que obtuvieron Podemos y las confluencias.

· Proponer un programa para gobernar. La fórmula del cajón de sastre del desencanto y del anti-bipartidismo es probablemente insuficiente. Disputamos con otras formaciones un electorado que no aspira a votar al que será el primer partido de la oposición, sino que desea que su candidato sea presidente del Gobierno. Esto implica redoblar los esfuerzos en materia programática, potenciar el rigor de nuestras propuestas y demostrar que si llegamos a gobernar vamos a ser capaces de activar un proceso político y social capaz de modificar (al menos) una parte de las reglas del juego.

· Sumar las pulsiones sociales transformadoras al envite electoral, entendiendo que el escenario actual ofrece una oportunidad histórica para conquistar posiciones en las instituciones por parte de los movimientos sociales. Hay que incorporar la movilización social al cocktail electoral e impugnar esa escala de valores en torno al consenso, la moderación y los grandes acuerdos en las políticas estructurales que han venido reproduciendo los dos grandes partidos. La política como gestión de conflicto debe ser nuestra tesis.

· Diversificar los liderazgos del bloque del cambio para lograr representar a las múltiples sensibilidades que estamos trabajando para construir esta oportunidad electoral. Habiendo optado por la vía de la suma, hay que llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Tenemos por delante un mes y medio apasionante en el que, una vez hallada la fórmula sobre el papel, toca ponerla en práctica en una ofensiva electoral certera. Toca pensar, armar una buena estrategia y ganar las elecciones. Luego seguiremos tomando botellines en la Puerta del Sol.

10/05/2016

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