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Entrevista con Raquel Varela
Por una historia popular de la revolución portuguesa (25 abril 1974...)
10/05/2016 | Ugo Palheta

El 25 de abril de 1974, lo que no debía ser más que un putsch militar que permitiera derrocar la más vieja dictadura de Europa se transformó, casi inmediatamente, en una revolución democrática y social, que duró más de año y medio, hasta el frenazo del 25 de noviembre de 1975. Hecha posible por las luchas de liberación nacional en las colonias portuguesas (Angola, Mozambique, Guinea-Bissau), la insurrección dirigida por los "capitanes de abril" abrió así un período de fuerte inestabilidad política y de luchas sociales intensas, dando nacimiento a comisiones autoorganizadas en los barrios, las empresas y el ejército. Según Raquel Varela, autora de una Historia Popular de la Revolución Portuguesa (Bertrand Editora, 2014, ndr), Portugal fue escenario de una situación de doble poder entre el 25 de abril de 1974 y el 25 de noviembre de 1975, en particular con el desarrollo del control obrero en los lugares de trabajo, y fue preciso un golpe de Estado realizado por la burguesía para emprender un proceso contrarrevolucionario y hacer retroceder progresivamente al proletariado portugués.

Antes de entrar en los detalles, en tu opinión ¿qué representa la revolución portuguesa desde un punto de vista general?

La revolución portuguesa es una de las principales revoluciones del siglo XX, quizá también la más desconocida, en la medida en que la burguesía intenta hacer olvidar que en Europa, en la segunda mitad del siglo XX, hace cuarenta años, un pueblo expropió a una parte de la burguesía, que entonces huyó del país. No hubo solo una fábrica ocupada sino 300. Fue necesario crear un Estado social, conceder numerosas conquistas sociales, para calmar al pueblo. En cierta forma, se trata de la primera revolución del siglo XXI en la medida en que no ha sido dominada por los sectores campesinos sino por los trabajadores organizados.

Hay que recordar además que esta revolución no comenzó aquí (en Lisboa) sino que se enraíza en primer lugar en el trabajo forzoso en África y en el primer levantamiento, en el norte de Angola, de trabajadores que obligados a ese trabajo forzoso en las plantaciones de algodón de la empresa Cotonang, cuyos capitales eran belgas y norteamericanos. Lanzaron una huelga en enero de 1961 que fue reprimida por el ejército portugués por medio de bombardeos con napalm. Algunos dicen que la portuguesa es una revolución sin muertos; es evidentemente falso pues hubo 13 años de muertes. Y esto confirma, de paso, el pronóstico de la Internacional Comunista (IC), que raramente se cumplió, de la transposición a la metrópoli de las revoluciones coloniales. Esto significa que, igual que no se puede separar la situación prerevolucionaria de mayo del 68 en Francia de la guerra de Argelia, igual que el hundimiento del Watergate es indisociable de la derrota estadounidense en Vietnam y de la revolución vietnamita (siendo esas guerras de liberación revolucionarias en la medida en que estaban apoyadas por las masas, siendo por tanto irreductibles a movimientos militares), igualmente la revolución portuguesa no puede ser comprendida sin ligarla a los movimientos de liberación nacional en Angola, Mozambique y en Guinea Bissau.

La revolución portuguesa es una auténtica revolución: no una simple situación prerrevolucionaria sino una situación revolucionaria, es decir una situación en la que el Estado entra en una crisis profunda y en la que se generaliza una situación de doble poder, de dualidad de poderes. Más de tres millones de personas, dicho de otra forma, más de un tercio de la población, están implicadas en comisiones de trabajadores, de moradores o de soldados. Pero no hubo en ningún momento una unificación, un Soviet unificador. Hubo claramente un doble poder que logra organizarse regionalmente, por ejemplo en Setúbal donde emerge un Soviet, un "comité de lucha" que controla toda la ciudad que se encuentra en una de las principales regiones industriales del país. Hay igualmente embriones de organización de doble poder en Lisboa y en Oporto, pero no se encuentra en ningún momento un Soviet unificador a nivel nacional.

Esta situación revolucionaria no es solo una consecuencia de las revoluciones anticoloniales; es una parte de ellas, más precisamente el segundo acto de las revoluciones anticoloniales. Ahora bien, este aspecto no ha sido verdaderamente tomado en serio por la historiografía portuguesa oficial, porque en el relato que esta historiografía ha construido Portugal debe su libertad a los militares del MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas). Es cierto: los militares del MFA fueron el agente de la transposición de la revolución anticolonial hacia la metrópoli, organizando un golpe de Estado el 25 de abril de 1974 para poner fin a una guerra que no querían seguir llevando a cabo. Y este golpe de Estado creó, efectivamente, las condiciones de un proceso revolucionario. La prueba de ello es que, desde el 25 de abril, se formaron comisiones de trabajadores y trabajadoras, nacidas de la necesidad sentida por los ellos y ellas, en sus propios lugares de trabajo, de discutir sobre lo que acababa de ocurrir. Crearon por tanto soviets, en el sentido de organismos de dualidad de poder, de poder independiente. Es esto el gran hecho de la revolución portuguesa.

El vacío dejado por la dictadura tuvo evidentemente su papel en esto: no había ni sindicatos ni partidos y estas comisiones de las que acabo de hablar se formaron a partir de ese vacío. Pero en última instancia lo anterior solo fue posible gracias a la acción revolucionaria de los campesinos negros y es muy doloroso para un país blanco y colonial recordar que debe su libertad a campesinos negros. Pero, sin embargo, es un hecho.

Tú insistes en tus trabajos en una dimensión central de la revolución portuguesa, generalmente olvidada en beneficio de una focalización en la insurrección militar y el MFA, es decir, la combatividad que se expresó de forma masiva y radical en los lugares de trabajo desde el comienzo de la revolución el 25 de abril de 1974. ¿Podrías hablarnos de este tema?

Efectivamente, las huelgas fueron muy importantes. Paralizaron en varias ocasiones Lisboa, Oporto, Setúbal, las principales zonas industriales del país, etc., en particular durante el período que va de mayo de 1974 a junio de 1975. La importancia de esas huelgas es múltiple. Está en el bloqueo de la producción, que es una dimensión evidentemente crucial porque pone en grandes dificultades al capital. Pero este aspecto no permite comprender plenamente la fuerza de las huelgas en la revolución portuguesa. La otra dimensión central es que esas huelgas fueron mayoritariamente decididas y organizadas en el marco de asambleas generales y de comisiones de trabajadores. Se trataba de huelgas que, muy a menudo, incluían reivindicaciones socialistas, por ejemplo, el control de las cuentas de la fábrica, etc. Así pues, estas huelgas fueron, a menudo bastante, más allá de reivindicaciones estrictamente sindicales y expresaron una política de clase, una política revolucionaria.

Hubo igualmente huelgas de solidaridad, pero también muy numerosas huelgas para exigir la exclusión de personas ligadas a la policía política del antiguo régimen (la PIDE). Esta dimensión está siempre presente en la revolución portuguesa: ésta fue más radical pues fue realizada contra una dictadura. Los trabajadores se movilizaron a veces mucho más por el despido de personas que habían denunciado a otras a la PIDE, que por reivindicaciones salariales. Aparece así una dimensión de dignidad que es muy importante en la acción de los trabajadores durante la revolución. Y pienso que nos resultaría muy interesante, como marxistas, integrar más esta dimensión en nuestra reflexión, incluso en la situación actual. Los trabajadores no viven solo de pan y, en consecuencia, los medios de control de la clase obrera, los ataques a la dignidad, etc., todo eso aparece en las huelgas que estallan durante la revolución portuguesa. Se dan por ejemplo huelgas en el sector de los transportes durante las cuales sus empleados se niegan a hacer pagar los billetes a los trabajadores.

Hay así un salto inmenso en la conciencia de clase: todo el mundo hablaba de socialismo en aquellos momentos en Portugal. Incluso la democracia cristiana decía que el socialismo era inevitable. Por otra parte, la referencia al socialismo figura aún hoy en la Constitución (votada en 1976). La revolución fue tan radical que sacudió a toda la sociedad portuguesa.

Otra particularidad de la revolución portuguesa son las comisiones de moradores que se pusieron en pie muy rápidamente tras el 25 de abril. ¿En qué medida esas comisiones contribuyeron a la emergencia de una situación de doble poder?

Las comisiones de moradores constituyeron auténticos "órganos de decisión local". Emergieron casi inmediatamente como estructura de decisión local, actuando como un poder paralelo frente a los ayuntamientos en recomposición. Estos últimos fueron en gran medida ocupados por el PCP y el MDP/CDE (frente del PCP) -el PCP se resistió, durante todo el proceso, a que se celebraran elecciones generales locales (las primeras no tendrían lugar más que en diciembre de 1976), a pesar de las presiones del PS- pero tienen poco poder en materia habitacional (vivienda, espacios culturales, etc.) y había una fuerte tensión alrededor de estas cuestiones. Los ayuntamientos acabaron por servir más a la recomposición del Estado -y como fuente de cuadros y de financiación para los principales partidos (esencialmente para el PS y el PCP), más que como órganos de gestión de los lugares de vida, en la medida en que esta gestión era asumida por las comisiones de moradores en articulación casi directa con el poder central y el MFA. Hubo formas variadas de coordinación de las comisiones de moradores, pero fueron los primeros organismos de doble poder en coordinarse, antes incluso que las comisiones de trabajadores y trabajadoras lograran poner en pie formas de coordinación /1. Como todos los organismos de dualidad de poder en los procesos revolucionarios, estuvieron atravesadas por luchas políticas por su dirección, asociadas a un programa. La mayoría de las reivindicaciones defendidas por las comisiones de habitantes consistían en medidas de urgencia: derecho a la vivienda (manteniendo a la población en su vivienda o su barrio), infraestructuras, guarderías, instalaciones sanitarias. Estas comisiones estaban organizadas por barrios -y no necesariamente bajo una forma administrativa, como en el caso de las parroquias (freguesía) /2- y tenían, por tanto, una dimensión que asociaba formas de solidaridad y de conflicto, pero fuera de los lugares de trabajo.

Un capítulo de tu Historia Popular de la Revolución Portuguesa trata sobre el papel de las mujeres en la revolución...

Si. Lo primero que hay que decir es que -quizá curiosamente- las mujeres actuaron primero en el marco de la revolución como trabajadoras. Cuando tuvo lugar la insurrección militar en 1974, había ya en Portugal una tasa elevada de empleo femenino. En consecuencia, la mayor parte de las mujeres eran trabajadoras y tendrán una influencia determinante en las fábricas industriales y en las empresas en general. Muy a menudo se situarán a la vanguardia. También en las comisiones de moradores; en la medida en que estas comisiones planteaban las cuestiones de la vivienda, del hogar y del barrio, que tradicionalmente eran asumidas por las mujeres, estas últimas van a ser la principal fuerza motriz de ellas.

Pero a menudo también son obreras. Y no es casualidad si durante la revolución portuguesa las mujeres se ven por primera vez llevadas a mantener piquetes de huelga, en particular en al marco de luchas para impedir a los patrones que huyen o que se lleven las máquinas.

Hubo pues una gran evolución en la condición de las mujeres: antes las mujeres no podían votar, no tenían derecho al divorcio, no tenían acceso a las carreras diplomáticas, etc. Hay un salto adelante desde este punto de vista (se podía votar si se era jefe de familia, lo que solo afectaba a las viudas...). Pero el feminismo no fue muy fuerte durante la revolución portuguesa. Diría que en eso influyó el peso de una sociedad agraria atrasada. El derecho al aborto solo fue conquistado en Portugal en 2007. No hubo un movimiento feminista fuerte durante la revolución portuguesa y sin embargo ésta fue un avance para las mujeres. Hubo tentativas para defender la igualdad salarial, pero se trata de una revolución cuya base era obrera, asociada de forma estrecha a la cuestión del control de las fábricas, al sector industrial. Las cuestiones referidas específicamente a las mujeres no pudieron verdaderamente emerger: la mayor parte de las mujeres que participaron lo hicieron por lo esencial en el marco de movimientos en favor del control obrero.

Por hubo también iniciativas y movimientos muy importantes y radicales en sectores no industriales...

Si, absolutamente: en los bancos, los seguros, los servicios, la educación... En la educación, todo estaba paralizado; hubo por otra parte aprobados generalizados en la Universidad. Una de las conquistas más importantes de la revolución portuguesa fue la enseñanza unificada: hasta los 16 años, los hijos tanto de los pobres como de los ricos debían gozar de la misma educación. Los hijos del pueblo no debían ya ser seleccionados a los 10 años para convertirse en obreros, como ocurría en tiempos del Estado Novo (dictadura salazarista). La idea era así la de evitar la reproducción social. Solo hay que mencionar aquí el movimiento general de nacionalización y de gestión democrática de los hospitales, coordinado esencialmente por médicos militares, el movimiento estudiantil, pero también los movimientos de mujeres y ecologistas.

¿Cuál fue el papel de la Iglesia católica en el proceso revolucionario, y más en general, cuáles fueron las relaciones entre la Iglesia, la burguesía y las fracciones dominantes del ejército (incluyendo Spinola)?

Los católicos progresistas se mantuvieron del lado de la revolución. La Iglesia como institución, a la inversa, fue uno de los pilares de la contrarrevolución y de la organización del golpe de Estado del 25 de noviembre de 1975. Estuvo implicada directamente en las movilizaciones de masas que siguieron a ese golpe de Estado. En realidad la Iglesia estuvo implicada en todas las iniciativas organizadas para desestabilizar y acabar con la revolución, incluso en corrientes terroristas de extrema derecha que practicaban la lucha armada contra ella, como el ELP (Ejército de Liberación de Portugal). Se podría citar aquí el caso ejemplar de Conego Melo (su verdadero nombre era Eduardo Melo Peixoto), de Braga, que fue un alto dirigente de la Iglesia y un líder terrorista. Pero hubo también católicos progresistas muy radicalizados por el proceso revolucionario, así como curas revolucionarios.

¿Cómo explicar que la formación de comités de soldados hubiera sido tan tardía y que eso jugara en tu opinión un papel importante en la derrota de la revolución portuguesa?

Pienso que esto tiene que ver con que el MFA organizó el golpe de Estado del 25 de abril de 1974 que hizo caer al Estado Novo, y por tanto el ejército estaba dirigido, hasta la radicalización de la revolución durante el verano de 1975, por los oficiales intermedios. La consecuencia, es que los soldados necesitaron mucho tiempo para comprender la necesidad de autoorganizarse más que de otorgar su confianza al MFA. Ahora bien, es un hecho que, en el golpe de Estado del 25 de noviembre, una buena parte de los soldados fueron enviados a su casa y que los oficiales y suboficiales revolucionarios fueron detenidos.

El último bastión de poder del Estado, de equilibrio a nivel de las instituciones -el MFA- se había agotado, abriendo un espacio a la dualidad de poderes en los cuarteles del lado de los soldados. Las asambleas de unidad eran ya una expresión de esa dualidad, pero en relación con los oficiales.

Afirmar que las comisiones de soldados -clandestinas o no, organizadas o no- disponían de un poder débil es no comprender los gritos de alarma que lanzaron todos los gabinetes del país y que Pinheiro de Azevedo (oficial portugués promovido a Almirante durante la revolución, Primer Ministro de septiembre de 1975 a junio de 1976, líder del partido demócrata cristiano a partir de 1976) resumió en una frase rimbombante. Irritado, dijo ante las cámaras de la televisión: "La situación está como estaba: primero se organizan asambleas, luego se obedecen las órdenes/3.

El sexto gobierno provisional, formado sobre la base del PS y del PSD (Partido Social-demócrata, principal partido de derechas), con solo un ministerio del PCP, se encontraba frente a un país que parecía incontrolable, en el que las órdenes que llegaban eran sometidas a un examen minucioso en las empresas, los cuarteles y los barrios. "Primero se organizan asambleas!". Esta dualidad de poderes fue calificada en la historiografía como "indisciplina militar" o "crisis político-militar". Pero estos conceptos son insuficientes para comprender la esencia histórica del proceso. En numerosas unidades (sin que se pueda saber exactamente en cuantas, queda por realizar un estudio completo), las órdenes dadas en el seno de las Fuerzas Armadas eran puestas en cuestión y el MFA no lograba ya actuar como disciplina alternativa; no se trataba ya solo de “asambleas democráticas de unidad /4 sino de una insubordinación que ganaba los estratos más bajos de las Fuerzas Armadas, los soldados. Mario Tomé, de la Policía Militar, recuerda que las comisiones de soldados comenzaron a existir con fuerza tras la escisión del MFA, y que disponían de una influencia en toda la unidad: "las comisiones de soldados eran el núcleo revolucionario en el seno de las tropas armadas, más precisamente en las tropas de izquierda" /5. Esta dualidad de poderes, que constituye la esencia de un proceso de democratización en la estructura nodal del Estado, era apoyada por varias decenas de oficiales del MFA, que fueron encarcelados como consecuencia del golpe del 25 de noviembre de 1975. Según uno de esos militares, Antonio Pessoa, esta actitud de los militares radicales se afirmó sobre todo como reacción a la “disolución de las unidades militares" decidida por el Consejo de la Revolución después de Tancos /6.

La Revolución comienza por tanto bajo una forma un poco extraña, en cualquier caso aquí en la metrópoli, con un golpe de Estado organizado por los oficiales intermedios. En otros países, el ejército fue el crisol de golpes de Estado fascistas, como en Chile, pero en Portugal los suboficiales hicieron un golpe para democratizar el país. Pero desde un punto de vista teórico, la revolución portuguesa confirma los escritos marxistas clásicos: parte de las colonias, luego se desplaza hacia la metrópoli y es una revolución democrática que inmediatamente se transforma en revolución social. El 25 de abril, la gente va a sus centros de trabajo y se pregunta qué ocurre: “¿Hay un golpe para hacer caer a la dictadura?¡Vamos todos a apoyar el final de la dictadura!" Es lo primero que hace la gente, lo que más les moviliza: el final de la policía política, el final de la represión, el final de la prensa única, etc.

Así pues, desde el 25 de abril el sujeto social de la revolución está ahí: los trabajadores y desde el 26 de abril los trabajadores dicen que deberían unirse y organizarse por aumentos salariales. Pero, ¿cómo obtener aumentos salariales? Ocupando las fábricas. Y ¿cómo evitar los despidos? Tomando las fábricas que han sido cerradas por sus propietarios. Y ¿cómo encontrar el dinero para que funcionen las fábricas? Nacionalizando los bancos, expropiando a la burguesía. Así pues hay todo un proceso de evolución de la conciencia de los trabajadores en el transcurso del proceso histórico de la revolución.

Hubo debates en el seno de la izquierda radical sobre la caracterización del proceso: ¿se trataba de una situación prerrevolucionaria o de una revolución social propiamente dicha?

Hay una cierta tendencia en los grupos trotskistas a referirse sistemáticamente a un pequeño texto de Trotsky de 1931 titulado "¿Qué es una situación revolucionaria?" donde indica que, para que se pueda hablar de una situación revolucionaria es preciso que haya emergido un partido revolucionario, en caso contrario estaríamos frente a una situación prerrevolucionaria. Pero toda la obra de Trotsky ha consistido en honrar las situaciones revolucionarias como irrupción de las masas en la escena política y como crisis del Estado. Y esto corresponde exactamente a lo que estuvo en juego en la revolución portuguesa, que es una de las revoluciones más radicales del siglo XX. El hecho de que no hubiera un partido revolucionario no implica que no se pudiera hablar de una situación revolucionaria. Esto significa simplemente que la revolución no ha logrado vencer, porque nadie tuvo la capacidad de unificar los organismos de doblo poder. Esto es cierto.

Por el contrario, había un partido estalinista extremadamente poderoso, contrarrevolucionario, que pensaba que Portugal estaba en el orden de Potsdam (el 17 de julio de 1945, Truman, Churchil y Stalin acordaron en Potsdam el “nuevo orden” de Europa tras la II Guerra Mundial, ndr) y, por tanto, que las huelgas debían ser controladas y reprimidas. Fue lo que el PCP defendió durante todo el período. Es difícil encontrar una sola huelga que fuera apoyada por el PCP (he realizado mi tesis doctoral sobre la política del PCP durante la revolución portuguesa). Esta revolución fue hecha contra el orden de Potsdam, contra el PCP, y contra la socialdemocracia. La mayor suma de dinero transferida hacia el extranjero en 1974 y 1975 por el SPD (Partido Social Demócrata alemán] lo fue hacia el Partido Socialista portugués. Ahora bien, la gran derrota de la revolución portuguesa no fue producto de un golpe de Estado militar al estilo de Pinochet en Chile. Hubo claramente un golpe de Estado militar el 25 de noviembre de 1975 pero fue esencialmente el producto de una ofensiva civil apoyándose en la socialdemocracia. Los Estados Unidos vieron que no eran suficientemente poderosos aquí como para dar un golpe de Estado clásico, en la medida en que los militares, al menos los del MFA, estaban opuestos a las fuerzas de derecha. Debían contar con la social-democracia.

A pesar de todo esto, y en un país no obstante muy atrasado, fundado en una economía, aún, en gran medida agraria, las clases dominantes necesitaron 19 meses para recuperar el control de la situación e incluso pese a ese golpe de Estado del 25 de noviembre de 1975 los bancos fueron expropiados, la burguesía fue expropiada, un Estado social fue construido, se puso en pie un sistema de salud, la enseñanza fue unificada, etc. Pero lo más importante es sin duda la experiencia histórica hecha por la clase obrera. Fueron 24 horas al día de militantismo político para la mayoría de la población portuguesa, que se planteaba colectivamente la cuestión de las guarderías, de la educación, de la salud pública, etc. Había periódicos que celebraban asambleas generales diarias. Jamás hubo tal grado de actividad política entre tanta gente: se trata claramente del más importante período de democracia de nuestra historia. Y uno de los mayores ejemplos de democracia en Europa y en el mundo moderno, con esas comisiones de trabajadores y de moradores, con delegados elegidos a mano alzada, con mandatos revocables, etc. ¡Y eso funcionó!.

La pregunta que se plantea, al oírte, es finalmente ¿cómo tal revolución, con tal nivel de autoorganización de su población, pudo ser vencida sin una represión violenta como en Chile, sin esas masacres de masas a las que la burguesía nos ha habituado frente a levantamientos revolucionarios?

Pienso que esta derrota es la combinación de numerosos factores. Una primera es que una parte de la clase obrera había obtenido conquistas inmensas durante la revolución. Se había constituido todo un sector intermedio que apoyaba mucho la idea de una vía socialdemócrata para el país. No es la razón principal pero es a pesar de todo un punto importante. Otra razón es que la extrema izquierda, que controlaba las principales unidades militares de Lisboa, no logró unificarse nunca. Había organizaciones de extrema izquierda pero no hubo emergencia de un partido revolucionario durante la revolución portuguesa. Tampoco hubo soviet unificador.

Pero la principal razón es que lo que constituyó la fuerza inicial de la revolución, es decir, el que no existieran verdaderamente partidos y sindicatos constituidos, acabó por convertirse en su debilidad. Cuando estalló la revolución portuguesa, el PCP no era un partido poderoso: era un partido de sólo 2000 militantes. El PS no existía. El año siguiente, el PCP disponía de 100 000 militantes y el PS de 80 000. Son partidos que, al constituirse, van a desarrollar aparatos importantes, con muchos cuadros, muchos militantes. Y la extrema izquierda, aunque se desarrollara también durante la revolución portuguesa, permaneció extremadamente dispersa.

La extrema izquierda se concentró, por otra parte, en la intervención en las comisiones de trabajadores y de moradores, los organismos de doble poder, mientras que el PCP se consagraba por lo esencial en la construcción de sindicatos que adquirieron rápidamente un peso importante, en términos de concertación social. Y sin capacidad para unificar el movimiento, el PCP hizo como si no hubiera habido un golpe de Estado el 25 de noviembre de 1975. Se instauró el estado de sitio. Miles de militantes acudían a los cuarteles a pedir armas y nadie sabía qué hacer: una desorganización generalizada, una ausencia total de coordinación. Faltó, pues, una coordinación política y estratégica en el proceso revolucionario.

¿Puedes describir el estado de la extrema izquierda durante la revolución y los debates estratégicos entre las diferentes organizaciones?

Había numerosos maoísmos, diferentes fuentes: china, albanesa, etc. Había igualmente organizaciones guevaristas, en particular el PRP-BR (Partido Revolucionario del Proletariado-Brigadas Revolucionarias), con el que el SWP (Socialist Workers Party) inglés tuvo relaciones. Hay también que mencionar organizaciones consejistas centristas, como el MES. Los trotskistas eran muy poco numerosos y muy jóvenes, como también eran jóvenes la mayor parte de los miembros de las organizaciones de extrema izquierda. Globalmente la mayoría de esas organizaciones nacieron en la onda del conflicto chino-soviético y de Mayo 68. Los debates estratégicos principales tenían relación con el PCP, el PS y el gobierno (sobre todo el MFA). ¿Se debía apoyar la vía de la guerrilla (el SWP inglés apoyaba al PRP-BR), hacer entrismo (entrar a militar con el objetivo de ganar influencia propia) en el PS (los morenistas no estuvieron lejos de adoptar esta política durante el "verano caliente" de 1975, que fue desde siempre la de los lambertistas), o como la LCI apoyar una alianza MFA-PCP, que era considerada por los morenistas como bonapartista y “frentepopulista"? (la LCI era la organización troskista vinculada a la IVª Internacional –llamada a veces mandelista, en referencia a su líder Ernest Mandel- como, en esa época, lo están es el Estado español la LCR y la LC; morenistas y lambertistas eran corrientes troskistas minoritarias de referencias políticas distintas y liderazgos también distintos, ndr).

Qué hay del MRPP? Se trataba, dicen, de la principal organización de extrema izquierda antes y durante la revolución pero con una política de división...

Sí, aplicaba la teoría del “socialfascismo” según la cual la Unión Soviética (por tanto el PCP) era el enemigo principal. Pero a veces adoptaban posiciones correctas. En la medida en que el PCP estaba en el gobierno, no apoyaron ninguna medida gubernamental, por tanto la mayor parte del tiempo se encontraron del lado de los trabajadores en lucha. Pero esto les llevó igualmente a apoyar el golpe militar del 25 de noviembre, en nombre de la lucha contra el PCP y contra la URSS. Hay que recordar que el gobierno no dejó de intentar contener al movimiento obrero durante toda la revolución portuguesa, ¡Hubo 4 golpes de Estado y 6 gobiernos provisionales en 19 meses!. La revolución vivió tal radicalización que los gobiernos no dejaron de caer uno detrás de otro. La burguesía tuvo, así, grandes dificultades para mantener y hacer funcionar el aparato del Estado. Éste no se hundió pero estuvo en crisis permanente.

¿Se puede decir que la contrarrevolución del 25 de noviembre de 1975 puso fin a esa crisis del Estado?

¡En el ejército sí! Las comisiones de soldados fueron disueltas, los oficiales revolucionarios fueron encarcelados y los soldados radicalizados enviados a sus casas. El golpe del 25 de noviembre de 1975 logró por tanto acabar con la dualidad de poderes en los cuarteles, que era el producto de un proceso de sovietización de las fuerzas armadas emprendido a partir de la crisis del MFA. Éste había jugado un papel de garante del ejército, entre los soldados y los oficiales. Cuando entra en crisis (y sobre esto hubo un gran debate entre mandelistas y morenistas sobre el carácter revolucionario o progresista del MFA y en qué medida había que apoyarle) se da el proceso de sovietización de las fuerzas armadas que el golpe del 25 de noviembre, como he dicho, va a frenar brutalmente. Pero no pone fin a la dualidad de poderes en las fábricas, en las empresas en general y en las escuelas. Esto va a necesitar un proceso lento. No hay contrarrevolución inmediata en el conjunto de la sociedad (contrariamente a lo que ocurre en el ejército); la contrarrevolución, como la revolución, es un proceso. Por ejemplo, la contrarreforma agraria se puso en marcha en 1979-1980. La derrota del movimiento obrero tuvo lugar en 1984.

En un libro reciente, Para onde vai Portugal? (¿A dónde va Portugal?), defiendo por primera vez la tesis de que la revolución portuguesa retrasó la contrarrevolución neoliberal en toda Europa. El gran plan neoliberal es consecutivo a la crisis de 1973. Las primeras grandes huelgas de mineros en Inglaterra, cuando Thatcher es ya ministra (de Educación) tuvieron lugar en 1973. La revolución portuguesa va a conducir a una convulsión social en España y en Grecia y la burguesía europea teme entonces un contagio en Francia y en Italia. Por tanto la revolución portuguesa retrasa la puesta en pie de los planes neoliberales (flexibilización del mercado de trabajo, etc.) hasta el final de la crisis de 1981-84. Desde mi punto de vista jugó ese papel, ligado al efecto de contagio, temido por las clases dirigentes de Francia y de Italia, dos países centrales en Europa. El Mayo 68 francés tuvo eco en el mundo entero, pero la revolución portuguesa también. Modifica completamente la correlación de fuerzas en Europa, provocando un miedo muy fuerte entre la burguesía. Y la Doctrina Carter (discurso del “Estado de la Nación” del presidente Carter en enero de 1980, ndr)va a inspirarse en la Revolución portuguesa. Más en general, todas las revoluciones tienen efectos a nivel mundial.

¿Podrías decir algunas palabras de la geografía de la revolución portuguesa? Hubo un desarrollo muy desigual del proceso revolucionario de una región a otra: la revolución fue mucho más avanzada en Lisboa, o a fortiori en Setubal, que en el norte por ejemplo y en ciertas zonas rurales...

Sí. Por otra parte esa es la razón por la que sería hoy más fácil hacer una revolución que en 1974-75. En particular porque actualmente la proletarización es masiva. Era menos así entonces, cuando entre el 30% y el 40% de la población era agraria y se caracterizaba por una mentalidad agraria, pequeñoburguesa, muy apegada a la pequeña propiedad, etc. Hay que señalar que la fuerza electoral de tal grupo no corresponde necesariamente a su fuerza social; los 7000 obreros de la Lisnave (empresa de construcción y reparación naval en Lisboa) hicieron fracasar en 1974, ellos solos, una ley sobre la reglamentación de las huelgas que era una ley contra los trabajadores. Pero 7000 obreros de la Lisnave no son nada electoralmente frente a 700 000 pequeños campesinos perdidos en medio de ninguna parte. Las revoluciones tienen dificultades con los procesos electorales: no porque las revoluciones no sean democráticas, sino porque defienden una visión diferente de la democracia, que ha partido ligada con la organización colectiva en los lugares de trabajo y no una democracia fundada en el principio abstracto de "un hombre un voto", que fundamentalmente deforma la fuerza social.

¿Qué queda de la revolución portuguesa en la vida política del país?

Hay una memoria extremadamente fuerte de la revolución. En primer lugar, el 25 de abril es un día festivo y, desde el norte al sur del país, se conmemora la Revolución. Esta memoria es tanto más viva en la medida en que una gran parte de los actores de esta revolución están aún vivos. Lo que queda, fundamentalmente, en la memoria colectiva, es que fue posible. Constituye la pesadilla histórica de la burguesía portuguesa: hay un momento en que tuvieron que huir del país y saben que si ocurrió una vez, podría ocurrir de nuevo. Lo que me gustaría ver, por mi parte, son esos sectores de la sociedad que hoy están jubilados ayudando a las jóvenes generaciones a organizarse, mostrándoles cómo es posible organizarse. Se trata de uno de los grandes problemas de la sociedad portuguesa: es una sociedad que desde hace 40 años está fundada en un pacto social, en la concertación social y no sabe organizarse de cara al conflicto. La mayor parte de la gente no sabe organizarse para entrar en conflicto.

No ha habido transmisión desde ese punto de vista...

No. Ese es, por otra parte, uno de los ejes de mi argumentación en Para onde vai Portugal?: hay un corte generacional entre la generación de la revolución y la del pacto social. Pienso que está ligado al hecho de que los jóvenes han sido precarizados y por tanto dependientes de sus padres, obligados a vivir con ellos hasta los 30, 35 o incluso los 40 años. Para ellos, la lucha de clases desaparece en parte porque no pueden participar en las luchas en la fábrica o más en general en la empresa.

Ganan 500 euros, lo que es evidentemente insuficiente para vivir dignamente de forma independiente. Pero esto se acabó: la sociedad portuguesa va hacia grandes conflictos sociales porque los padres no pueden ya sostener verdaderamente a sus hijos como lo hacían antes. Esta ayuda aportada por los padres ha tenido por efecto el despolitizar a dos generaciones, las de los años 1980 y 1990. Los jóvenes de esas generaciones no han visto ya el trabajo como un marco de conflictos en el que hay que pelear para hacer respetar sus derechos: estaban en casa.

Me gustaría terminar sobre los debates historiográficos –que imagino son fuertes- acerca de la revolución portuguesa. ¿Cuál es para ti el principal debate que estructura esta historiografía?

Hay efectivamente un debate extremadamente fuerte. Fernando Rosas, un historiador de izquierdas, defiende la idea de que la democracia es la hija de la revolución. Yo defiendo, por mi parte, una tesis diferente, a saber, que la democracia representativa fue producto de la derrota de la democracia obrera. Hay igualmente historiadores contrarrevolucionarios como Rui Ramos o Antonio Costa Pinto, según los cuales la revolución es una especie de error histórico: no era necesaria porque la sociedad portuguesa estaba evolucionando hacia la democracia. Es un ejercicio de falsificación, porque la verdad es que la sociedad portuguesa no evolucionaba hacia una transición democrática. Fue necesaria una revolución para que se instalara una democracia representativa. Pienso que hemos "ganado" este debate en los sectores académicos porque nuestros trabajos de investigación están mejor fundados. Hoy es muy difícil negar la amplitud y la radicalidad del movimiento social durante la Revolución, o afirmar que el MFA controlaba todo, o que la revolución fue una "revolución sin muertos", que el PCP quería tomar el poder, etc. Todas esas tesis han sido marginadas.

25/04/2016

http://www.contretemps.eu/interviews/histoire-populaire-révolution-portugaise-entretien-raquel-varela

Traducción de la versión publicada en Contretemps: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Miguel Pérez, “Comissões de moradores”, en Dicionário Histórico do 25 de Abril, Porto, Figueirinhas, no prelo

2/ Miguel Pérez, texto citado.

3/ 20 novembre 1975, Archivos de la RTP.

4/ Las Asambleas Democráticas de Unidad (ADU) no deben ser confundidas con las comisiones de soldados. Se trataba de órganos democráticos que incluían a un 50% de soldados y un 50% de oficiales, bajo el control indirecto del MFA. A pesar de la ausencia de estudios específicos sobre las ADU, todo indica que fueron espacios de conflicto en el seno de las Fuerzas Armadas, más que los órganos institucionalizados bajo el control estricto y directo del MFA. Un 50% de soldados son “una piedra en la bota de los oficiales”.

5/ Entrevista con Mario Tomé y Franciso Barao da Cunha realizada el 11 de noviembre de 2011.

6/ Entrevista con Antonio Pessoa realizada el 29 de noviembre de 2011. Tancos designa aquí la asamblea que, durante la crisis del MFA, modificó la composición del Consejo de la Revolución, realizada en Tancos el 5 de septiembre de 1975, para hacer a este Consejo más favorable a la derecha y aislar a los sectores pro-PCP así como a la “izquierda militar”.



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