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Brasil
Una situación complicada para la izquierda radical
30/04/2016 | Joao Machado y Bea Whitaker (PSOL)

Brasil vive una profunda crisis institucional. La más importante desde la dictadura. El gobierno de Dilma Roussef ha sido alcanzado en pleno rostro, provocando su parálisis, pero también lo han sido las principales instituciones de la democracia burguesa. Los principales dirigentes del Parlamento están implicados en la Operación Lava Jato/1, entre ellos Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, en tanto que uno de los acusados del proceso. Los dirigentes de los partidos tradicionales, tanto los que forman parte del gobierno como los de la oposición de derechas (incluyendo el PMDB, partido de Cunha y del vicepresidente Michel Temer, que ha abandonado recientemente el gobierno), son objeto de investigaciones.

Una situación así contribuye a un gran caos en el seno de las instituciones con un poder judicial dividido a todos los niveles. A esto se añade una crisis intensa de credibilidad de las instituciones tradicionales y del modus operandi de la democracia burguesa, cuyos primeros signos se expresaron en las calles en 2013/2.

Brasil vive pues una grave crisis política que se añade a la grave crisis económica, social y medioambiental. Esto se traduce en paro creciente, inflación, congelación salarial, hundimiento de los servicios públicos, desastres y crímenes contra el medio ambiente…, que simbolizan el fracaso de un modelo de desarrollo. El agotamiento del modelo de “crecimiento”, adoptado durante los “períodos” Lula, con la aplicación ahora de una política de ajuste neoliberal y de recesión, ha producido un escenario de estancamiento duradero. Cualquiera que sea el resultado a corto plazo, la suma de crisis a medio plazo se mantendrá con tensiones sociales y políticas.

El ciclo “lulopetista” está herido de muerte. Las posibilidades de mantener el modelo de crecimiento “neo-extractivista” y exportador se están agotando. Aunque sobreviviera políticamente, debido a la polarización reciente entre los dos campos en la guerra institucional, la estrategia establecida por el lulismo de favorecer a los empresarios, a la agroindustria y al capital financiero y, al mismo tiempo, hacer algunas concesiones a los más pobres, ya no tiene ninguna posibilidad política y ética de aparecer como una inflexión de izquierdas. Incluso tras haber puesto más de 100 000 personas en la calle en Sao Paolo, Lula continúa rogando a los representantes del capital que confíen en él para ser el garante del pacto social. En este marco, reedita, en términos más humillantes, la “Carta al pueblo brasileño” de 2002. Es el final de un largo ciclo de la izquierda brasileña.

En medio de la polarización política que se ha desarrollado durante estos dos años de gobierno Dilma, en la sociedad brasileña, las ideas y los sentimientos de derechas se desarrollan con la voluntad de castigo penal y de la búsqueda de un Salvador, es decir un Bonaparte, capaz de poner término a la corrupción.

El espectro antipetismo está dividido en dos partes: uno más liberal y otro conservador, con muchos puntos de intersección entre ellas. Algunos movimientos de carácter liberal, por ejemplo Movimiento Brasil Libre (MBL) y “Ven a manifestarte” (Vem para a Rua) y otros más reaccionarios, entre ellos algunos jefes religiosos y algunos partidarios de la vuelta a la dictadura militar, como Bolsonaro, han visto crecer su capacidad de influencia.

En este contexto, se han desarrollado actitudes violentas y discursos de odio contra la izquierda en general. Además, los medios cumplen un papel de incitación al odio y de manipulación de las informaciones, a veces contribuyendo directa o indirectamente a episodios de violencia más o menos graves.

La crisis de la vieja izquierda en el poder que ha realizado políticas impopulares y represivas (en particular en las grandes periferias urbanas, contra los jóvenes y los negros), y la ofensiva de la derecha intolerante e incitadora al odio recaen sobre el conjunto de las ideas de izquierda y socialista. Debería abrirse un período de reorganización del movimiento de masas y la posibilidad de un nuevo ciclo para la reconstrucción de un proyecto de izquierdas.

La juventud vive actualmente la realidad del paro, la violencia, la ausencia de servicios públicos y de derechos democráticos. Además, no se identifica con ninguno de los dos principales polos que están en guerra, lo que explica su escasa participación en las movilizaciones del mes de marzo. Hay que señalar también la presencia de sectores más progresistas de la sociedad y de las “bases obreras” del antiguo bloque histórico, que se han manifestado en masa en defensa de las libertades democráticas con numerosas críticas al gobierno, tanto sobre la política económica impopular como contra la corrupción evidente.

El actual escenario en Brasil es muy difícil de gestionar para la izquierda anticapitalista y socialista. Un gobierno originario del movimiento obrero y popular está siendo derrocado por la derecha, cuyos principales agentes son los poderes judiciales, la oposición del Parlamento y los medios orquestados por el grupo Globe, hegemónico entre éstos.

Este gobierno, en caída libre, no es un gobierno progresista, sino un gobierno que desarrolla una política de ajuste neoliberal que, cuando se ve presionado, va aún más a la derecha: la ley antiterrorista, el anuncio de recortes salariales y de las conquistas de la función pública, la reforma de las pensiones, la perspectiva de suspender los ajustes del salario mínimo.

A pesar de las medidas que favorecen claramente los intereses del capital, los sindicatos patronales, los representantes de las finanzas y de los medios están de acuerdo en la incapacidad de Dilma Roussef para aplicar los planes de ajuste para garantizar su estabilidad. Juzgan por tanto que su reemplazo es necesario.

Las masivas movilizaciones del 13 de marzo (por la destitución de Dilma), del 18 y la del 31 (contra la destitución de Dilma), han sido bastante heterogéneas según las ciudades o regiones. la última, unas 700 mil personas en todo el país, ha visto marchas globalmente contra la destitución de Dilma, por la democracia y contra las medidas antisociales del gobierno. Sin embargo, la gran mayoría dela población está a favor de la retirada de la presidenta y el gobierno ha perdido su base popular mayoritaria.

La posibilidad de un nuevo golpe de Estado, como el que hubo en 1965, no está al orden del día. Sin embargo, el peso de las instituciones fundamentalistas religiosas, la influencia de sectores oligárquicos, de los ligados a la industria belicista y de las fuerzas policiales hace avanzar proyectos retrógrados e intentan suprimir las conquistas populares.

Al inicio de las investigaciones sobre la corrupción fueron encarcelados algunos empresarios, algunas personalidades de derechas, fueran del gobierno o no lo fueran. Pero, gracias a la Operación Lava Jato, la crisis institucional prolongada ha creado un ambiente en el que todo está permitido, con operaciones judiciales aberrantes y antidemocráticas contra los acusados identificados con el gobierno, todo ello coordinado con los grandes medios y la oposición de derechas. La indignación general contra la corrupción y el PT ayuda a las fuerzas mayoritarias representantes del capital a trabajar por el cambio de gobierno, sin ninguna modificación democrática del régimen político.

El período abierto ofrece una transición difícil a causa de la ausencia de una izquierda socialista con influencia suficiente como para convertirse en protagonista de una alternativa a la crisis. El Partido Socialismo y Libertad (PASOL) respetado en las luchas sociales, interviene en sectores de la juventud, de los diferentes sectores oprimidos y moviliza algunos millones de votos en las elecciones. Es el principal partido de la izquierda socialista. Sin embargo, aún no es capaz de presentar una alternativa real a la crisis, aunque se sitúe como oposición de izquierdas, contra las concesiones del gobierno al capital, contra los privilegios de la clase dominante, contra la corrupción. En cualquier caso, no defiende en absoluto las maniobras de la derecha para hacer caer a Dilma Roussef.

En efecto, el proceso de destitución de la presidenta impulsado por el Parlamento está dirigido por su presidente, él mismo implicado en las investigaciones de Petrobras y en una serie de crímenes. Al mismo tiempo se llevan a cabo muchos esfuerzos (por los medios, por el sistema judicial) para no plantear la implicación de personalidades de la oposición de derechas en la Operación Lava Jato, incluyendo miembros del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que acaba de abandonar el gobierno y del que Temer, el vicepresidente, forma parte.

En caso de que la destitución de Dilma se lleve a cabo por canales “normales” o legales, habría que impedir que Temer asumiera la dirección del país. Por otra parte, incluso una parte de los grandes medios, que en general ahora están en el campo anti-PT, dicen que Temer no tiene apoyo para gobernar. Demandan la destitución tanto de Dilma como de Temer. Hay sondeos que dicen que, si hubiera elecciones hoy, Temer no tendría más del 1 % de los votos.

La salida a una crisis así es la convocatoria de elecciones presidenciales y al Parlamento.

Campañas concretas contra los ataques de los conservadores a los derechos sociales, contra la violencia policial, contra el ajuste presupuestarios, entre otras, deben continuar traduciéndose en movimientos reales y reivindicativos que refuercen la organización social de la izquierda socialista. En este estadio de reorganización aún mal delimitada, deben realizarse iniciativas transitorias para construir de nuevo instrumentos y herramientas unitarias de la oposición de izquierdas, que sean independientes del gobierno.

27/04/2016

https://www.ensemble-fdg.org/content/bresil-une-situation-compliquee-pour-la-gauche-radicale

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Operación Lava Jato. Se trata de una investigación judicial sobre desvío y blanqueo de dinero en Petrobras (empresa brasileña ligada al petróleo), que implica a muy importantes empresarios y políticos.

2/ En 2013, una inmensa oleada de huelgas, de movilizaciones espontáneas de la juventud, revueltas diversas se ha desarrollado en el país.



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