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TRIBUNA VIENTO SUR
Podemos, Sun Tzu y el arte de confluir para ganar
28/04/2016 | Manuel Gari

El 26 de junio tendrá lugar la segunda escena de la obra “el cambio electoral es posible, pero como se resiste”. Los resultados obtenidos por Podemos, En Comú Podem, En Marea, Compromis e IU-UP del pasado 20D fueron excelentes, supusieron el mejor de los obtenidos por la izquierda de izquierdas en el Estado español desde 1977, pero no fueron suficientes para desalojar al PP del gobierno, superar en escaños al PSOE y, por supuesto, para formar un gobierno de izquierdas favorable a los intereses de la mayoría social. Sin embargo, las tres cuestiones siguen estando en la agenda política. El mayor enemigo del cambio el 26 J puede ser la abstención. Para inclinar la balanza a favor de las fuerzas del cambio se impone realizar los ajustes necesarios y adoptar los modos precisos para ilusionar y movilizar al electorado favorable a romper con los viejos partidos del régimen y hacer la experiencia de otra política. En el seno de Podemos es muy probable que a primeros de mayo haya una nueva consulta a la gente inscrita para avalar el acuerdo de confluencia que establezcan las delegaciones de IU y de Podemos con la vista puesta en una coalición electoral ante los comicios. A falta de conocer la pregunta concreta, es obvio que la apuesta por el cambio será un rotundo sí.

Desanima a los enemigos con la perspectiva de tu victoria,

sorpréndelos mediante la confusión.

Sun Tzu, El arte de la guerra

Ello implica en primer lugar un movimiento táctico que desbloque la situación: poner en pie la coalición electoral que permita la confluencia en las urnas de la muy plural izquierda política en el conjunto del Estado español y en cada una de las naciones, paso necesario para movilizar y hacer partícipe del esfuerzo electoral a la aún más plural izquierda sindical y social, y con ella, al electorado plebeyo con cuentas pendientes con la oligarquía y sus secuaces políticos, los partidos del régimen del 78.

Las listas conjuntas en las circunscripciones deben abarcar tanto las del Parlamento, como las del Senado -que siendo una institución que debería desaparecer o reconvertirse como cámara de representación territorial de unas autonomías transformadas a su vez en entes confederados o federados tras la libre decisión en el caso de las naciones- en esta ocasión ese vetusto retiro dorado de ex va a ser escenario de confrontación política como no lo ha sido anteriormente. Hay que “tomarlo” y ganar la mayoría en el mismo para que no sea un baluarte que frene el cambio político y constitucional.

Esa coalición “por arriba” debe acompañarse de la movilización de las bases partidistas (en el caso de Podemos devolviendo el protagonismo a los Círculos y a los Comités de campaña territoriales desde el barrio a la circunscripción pasando por la comarca). Pero no basta. Va a ser necesario implicar a una parte importante de la juventud y la ciudadanía sin partido en la campaña mediante el impulso de una red de grandes proporciones de Comités de Apoyo a la Confluencia que “peine” casa a casa, pueblo a pueblo, el país.

¿Para qué? Para echar al PP del gobierno. La única garantía de que ello ocurra es que las fuerzas del cambio lo tomen como su tarea central y no la confíen a arreglos de última hora con quienes ya han demostrado su subordinación política a los criterios socio liberales (PSOE con Sánchez o con Díaz) o directamente son otra expresión del neoliberalismo (Cs) y forman parte del trípode que sigue apoyando el régimen del 78. Lo que supone ofrecer una alternativa de gobierno antagónica al de la derecha: el gobierno de las fuerzas comprometidas con el cambio. Este elemento, aparecer con voluntad de gobernar, es el que puede situar en el centro del tablero las posiciones de izquierda sorprendiendo y sumiendo en la confusión a los tres grandes partidos del régimen, PP, PSOE y Cs. Pero, aún más importante, puede ser el detonador de una explosión de ilusión popular si se dan tres condiciones: ofrecer un perfil programático claro, garantizar la firmeza frente a las presiones oligárquicas y acompañar la propuesta con nuevos candidatos y candidatas que expresen la voluntad de confluencia, de alternativa y de lealtad a la palabra dada.

Es imprescindible luchar contra todas las facciones enemigas para obtener una victoria completa.

Sun Tzu, El arte de la guerra

Las fuerzas del cambio deben aparecer como candidatas al gobierno del país. No podemos aspirar a menos. ¿Qué gobierno? El que sea capaz y valiente ante la Troika para detener las políticas austeritarias y los recortes presupuestarios, que lance el órdago al euro y a quien sea preciso negándose a una disciplina fiscal que coarta la capacidad de afrontar el gasto social y la inversión pública imprescindible. Que lejos de aceptar la Europa “realmente existente” se ponga como meta potenciar el debate entre los pueblos que la componen para impulsar un diseño alternativo de la Unión Europea en abierta oposición al modelo neoliberal.

Un gobierno que posibilite el aumento generalizado de los salarios y apueste por la creación masiva de empleo sostenible, digno y de calidad, lo que implica la derogación de las reformas laborales e impulsar una nueva generación de derechos sociales y sindicales en el marco de un nuevo modelo productivo. Que lleve adelante las medidas necesarias para impedir el golpe de mano de la banca, los “mercados”, los fondos buitres y el oligopolio eléctrico, teleco y mediático mediante la creación de una Banca Pública al servicio de sus políticas inversoras, la reforma fiscal y la expropiación y nacionalización de los resortes estratégicos financieros y energéticos. Un gobierno que asegure el ejercicio del derecho a la autodeterminación de los pueblos de las naciones que configuran el actual Estado español y que potencie los mecanismos y procesos políticos democráticos que posibiliten dotarnos de una nueva constitución.

Un gobierno que se apoye en una mayoría social viva, activa, autónoma y organizada, un pueblo exigente y con voz propia, sujeto de sus decisiones y de su destino. Eso y no otra cosa es la unidad popular que necesitamos como parte de la construcción de un nuevo sujeto social y político de cambio, capaz de impulsar, asumir y ejercer nuevas formas de poder popular.

El orden y el desorden son una cuestión de organización; la valentía y la cobardía son una cuestión de ímpetu; la fuerza y la debilidad son una cuestión de la formación de batalla.

Sun Tzu, El arte de la guerra

Hablemos de Podemos. Porque Podemos está en el centro de la esperanza de la recomposición de todas las fuerzas del cambio a corto y medio plazo. Lo conseguido es espectacular, pero tras los últimos acontecimientos y ante los nuevos retos debe plantearse una profunda reorganización de su pensamiento y sus estructuras.

Una parte importante de las diferencias y deslealtades que han aparecido en el seno del equipo dirigente, de la existencia de conversaciones no transparentes de parte con terceras fuerzas, incluido el PSOE, cuyo resultado objetivamente solo podía suponer dinamitar los resultados del referéndum recientemente celebrado, son fruto de las expectativas frustradas. La hipótesis estratégica de Vista Alegre no se ha verificado, aunque ahora se intente por parte de alguno de sus ideólogos torcer la realidad con un nuevo relato sobre lo aprobado en 2014. Además cunde la impresión de que con la estrategia adoptada, jamás se logrará llegar al gobierno, objetivo que “justificaba” todo lo demás. Incluido montar un partido a golpe de dictado y exclusión tanto en los órganos internos como en las listas electorales, tal como se mostró en el proceso organizativo vivido desde Vista Alegre. Fracasó la hipótesis de la guerra rápida para ganar el gobierno, lo que se identificaba algo inocentemente con controlar el Estado, al que de alguna manera se le caracteriza como la única palanca del cambio, sin mediar movilización ni poder popular alguno en paralelo. Fracasó la estrategia diseñada para llegar a las playas de moqueta ministerial al margen del conflicto social a golpe de discurso sin materia.

En los últimos meses hemos comprobado la acción coordinada para impulsar la imposición de una ideología de parte como la ideología de Podemos, con uso y abuso de medios colectivos (del conjunto) para efectuar la introducción de pensadores de parte (por ejemplo Laclau). Hemos asistido a la proliferación de artículos clónicos, de lenguaje barroco y difícilmente relacionables con los intereses reales de la mayoría social que intentan uniformizar -mediante la acción partidista- a unos pueblos diversos por naturaleza en una nueva identidad –constructo académico de momento inexistente- sin una finalidad explícita ni atisbo de modelo social ni de proyecto de país. Pero lo que es peor, hemos comprobado como la tesis compartida de la centralidad ha ido evolucionando hacia posiciones que la identifican con una ideología extremista de centro político-electoral. Este camino ciega las posibilidades de la victoria.

Es el momento de efectuar los ajustes necesarios. Ahora lo principal es abordar la campaña electoral de la coalición con un programa de cambio, un espíritu cooperativo, y total decisión para torcer la mano a la presión mediática, del Ibex 35, de las mentiras que oímos y oiremos de los partidos de la casta.

Tras las elecciones se impone un nuevo Vista Alegre, una Asamblea Ciudadana que aborde de nuevo y sobre nuevas bases la cuestión de hacia dónde (modelo de sociedad y ejes programáticos más allá de cada convocatoria electoral), del sujeto político (quien/quienes y para qué deben protagonizar el cambio), del cómo (camino para lograr la hegemonía), del por dónde (qué organización puede combinar la síntesis dialéctica de democracia, pluralismo y eficacia) y también la elección de una nueva dirección que recoja a todas las sensibilidades de forma proporcional colaborativa y sin exclusiones.

28/04/2016

Manuel Garí es economista. Miembro del Consejo Asesor de Viento Sur



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