Grabar en formato PDF
correiocidadania.com.br | Entrevista a Ruy Braga, sociólogo del trabajo
“Brasil fue confrontado con el colapso final del sistema de representación política tradicional”
23/04/2016 | Gabriel Brito

El Brasil y sus más diversos sectores sociales todavía se sacuden del impacto del domingo en el que la Cámara de los Diputados, en un verdadero show de despolitización y demagogia, encaminó el proceso de impeachment contra la presidente Dilma Rousseff y ahora aguarda la decisión del Senado. En medio de las reflexiones y constataciones que rondan los medios y la opinión pública, Correio da Cidadania entrevista al sociólogo del trabajo Ruy Braga, quien no tiene dudas en calificar el episodio como un golpe, en el sentido de una transición radical a un estadio de mayor explotación de la sociedad y de las y los trabajadores. Ruy enlaza las razones objetivas que hicieron que la burguesía y grandes capitalistas, siempre contemplados por los gobiernos petistas, abandonaran el barco de la gobernabilidad. Ellas pasan por tres grandes reformas punitivas al mundo del trabajo e ilustran el proceso concreto de expoliación social y laboral que se busca emprender como solución para las nuevas fases de acumulación del capital.

Correio da Cidadania: ¿Primeramente, como usted vio y sintió la votación en la Cámara de los Diputados que encaminó el proceso de impeachment de la presidente Dilma?

Ruy Braga: El domingo fue un verdadero festival de horrores, una especie de Marcha de la Desfachatez donde los diputados se fueron sucediendo en la tribuna y en cada voto a favor del impeachment se veía la maquinación, degenerada, que buscaba a todo instante salvar su propia piel del abismo. Eso no es representación política, es alienación, que enfrenta una sociedad como una fuerza totalmente extraña. Encara a la población brasilera como una fuerza extraña. No sólo es algo mezquino, sino profundamente dañino.

Infelizmente, el PT, partido creado por los movimientos sociales y sindicales para transformar radicalmente esa máquina alienada que enfrenta a la sociedad como cuerpo extraño, capituló de forma más o menos absoluta, más o menos vergonzosa a lo que vimos en el domingo, y quedó con las traiciones del PMDB, de los propios ministros, toda la desbandada y fragmentación del colapso de la base de sustentación parlamentaria del gobierno Dilma. El PT capituló a esa máquina de alienación política que busca desesperadamente salvar sus propios intereses y privilegios. Y busca hacerlo de la manera más dañina posible, o sea, con un gánster, un delincuente, alguien que debería estar preso -con pena de más de 180 años, según la Procuraduría General de la República-, en el liderazgo de la máquina corrupta rumbo a la formación y el apoyo de un gobierno ilegítimo.

Básicamente, significa que el país, desde este domingo 17, vive en estado de excepción. El gobierno a ser formado por el pelo vice-presidente Michel Temer es ilegítimo. En tal condición, sólo se podrá reproducir en base a una ampliación y profundización del estado de excepción, lo que vendrá acompañado de una creciente violencia institucional contra los sectores sociales democráticos que de rebelarán. Vimos el inicio de una crisis reciente en la historia brasilera cuando el golpe de 1964 y la posterior promulgación del AI-5/1

El país fue confrontado con el colapso final del sistema de representación política tradicional de la sociedad brasilera contemporánea. Si existía alguna duda a ese respecto ya no existe más. Ese es el estado de la política institucional brasilera: un sistema alienado que produjo un golpe parlamentario cuyo precedente más próximo está en el golpe de 1964.

Correio da Cidadania: ¿Qué comenta de la argumentación usada en los votos contrarios al impeachment, rotulado de golpe? ¿Y en cuanto a los votos a favor, defendidos básicamente a la luz del pedido de impeachment de Helio Bicudo, Miguel Reale Júnior y Janaína Paschoal, al calificar las pedaleadas fiscales como crimen de responsabilidad?

Ruy Braga: El proceso de impeachment es una farsa. En esa condición, no fue encaminado al Congreso para ser defendido de forma idónea. Las acusaciones que pesan contra Dilma son notoriamente ridículas, las pedaleadas fiscales y la suplementación del presupuesto no son objeto de la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF), pues dicen más respecto a la ley presupuestaria. Consecuentemente, ella no podría cometer crimen de responsabilidad o supuestamente villar la LRF en un asunto que es del orden de la ley presupuestaria de la Unión, por tanto, asunto administrativo.

También es resultado de la intensificación de la lucha social en el país, en el caso, a través de la lucha parlamentaria. Al expresarse en la lucha parlamentaria, lo que tenemos es el sector alineado con el gobierno defendiéndolo, correctamente, contra la tentativa ridícula, siniestra y bien exitosa de golpe parlamentario. Por tanto, el argumento del gobierno es muy simple: no hay crimen de responsabilidad y, así, no debería haber posibilidad de impeachment.

Correio da Cidadania: ¿Cree posible que el Senado rechace el impeachment? ¿En caso de proseguir, qué vislumbra en la continuidad de la vida política brasilera?

Ruy Braga: No lo creo posible. Por las mismas razones que el Congreso lo aprobó. O sea, las razones del impeachment son fundamentalmente políticas. El Senado, por increíble que parezca, es una casa más conservadora que la Cámara de los Diputados, por lo que deberá aprobar tranquilamente y en tiempo record el impeachment de la presidente, todavía más por no precisar de una mayoría calificada. Todos los involucrados en el proceso de impeachment están deseosos de que el proceso se cierre aceleradamente para inaugurar rápidamente el gobierno ilegitimo del usurpador Michel Temer.

Correio da Cidadania: ¿Ante este cuadro, que decir de Eduardo Cunha, que lleva prácticamente 16 meses pontificando toda la a política parlamentaria brasilera y es la eminencia parda de proceso?

Ruy Braga: Él sintetiza la decadencia, el colapso, la ruina del sistema de representación política brasilero; fundamentalmente apoyado en el financiamiento empresarial de campañas, cuyo sentido principal es tornar el proceso radicalmente antidemocrático. El Congreso, tanto la Cámara de los Diputados como el Senado, es un espejo invertido de la sociedad brasilera, donde preponderan políticos ligados a los intereses de la burguesía.

Las bancadas más importantes son llamadas del bife, de la bala, de la biblia. Tenemos distorsión de género, clase, raza, de cualquier parámetro sociológico que quiera escoger. Al mirar la Cámara y el Senado vemos la total inversión, una imagen caricaturizada y distorsionada de lo que es la sociedad brasilera.

Eso de ver al hecho de que las elecciones en el Brasil no dependen de los partidos. El sistema de representación fue pensado para alienar a la masa de la población y garantizar que apenas quien es propietario y tiene condiciones de invertir 5, 6, 7, 10 millones de reales en una campaña para diputado, pueda tener chance de ser electo.

Es un sistema basado en nombres. En el mercado electoral, quien tiene más capital económico consigue transformarlo en capital político, o sea, en votos. Esa es la raíz de la distorsión del sistema de representación en el Brasil. Cunha es apenas y tan solo el coronamiento de ese sistema de representación. Él lo sintetiza. Es una figura personalmente violenta, pero también ligada a la bancada evangélica: es parte de los esquemas de corrupción de la sociedad brasilera desde la década del ’70: estuvo envuelto en todos los esquemas de financiamiento ilegal de campañas; era el hombre que operaba el esquema de PC Farias en Rio de Janeiro, para Collor.

Por tanto, está envuelto en eso desde siempre. Es el coronamiento del proceso y no es de extrañar que tenga su nombre ligado al escándalo de los Papeles de Panamá, como las cuentas en Suiza y todo aquello que dice sobre los crímenes que ya cometió y por los cuales debería estar condenado, si el país pretende mantener mínimamente una apariencia seria.

Eduardo Cunha es el ejemplo paradigmático del sistema de alienación política que sustenta la desfachatez llamada Congreso Nacional. La verdadera caricatura del sistema político que tenemos en el Brasil se encarnó en esa figura.

Correio da Cidadania: ¿Qué expresa el proceso en cuanto al estadio de nuestra democracia?

Ruy Braga: El país refunda el orden democrático o no hay mucha opción. O lo refunda y profundiza la democracia, promueve reformas radicales en el sentido de establecer un sistema de representación, comenzando por el fin del financiamiento empresarial y el establecimiento del financiamiento público, o no tiene mucho asunto. Se precisa hacer una reforma que refuerce el papel de los partidos políticos de las diferentes posiciones ideológicas en el interior del sistema de representación. Una reforma que tenga condiciones de fortalecer la representación popular, no podemos olvidarnos nunca. Existe un vacío entre el parlamento y el pueblo, la sociedad organizada, que precisa ser llenado por la sociedad activa.

Caso contrario, caminaremos aceleradamente hacia una dictadura. Puede no ser una dictadura militar, porque efectivamente no está alineada hoy en día a los intereses geoestratégicos de las principales potencias económicas mundiales, pero será un orden dictatorial pos-democrático, en la cual un gobierno civil trasvertido de legitimidad, improvisando soluciones institucionales, irá imponiendo la mano de fierro en un orden político dictatorial sobre los trabajadores brasileros.

O nosotros avanzamos en la democratización del sistema de representación y de la sociedad brasilera, o retrocederemos de forma mucho más rápida hacia una dictadura más o menos velada. Eso ya está ocurriendo en el mundo. Regímenes políticos dictatoriales tienen apariencia democrática porque cohabitan con elecciones o cosas de ese tipo.

La Turquía de Recep Erdogan es un ejemplo. Aparentemente democrática, pero de hecho una dictadura que impone un orden muy represivo y pesado sobre los trabajadores. Y ese es el futuro que nos espera en caso de que no seamos capaces -los movimientos sociales, sindicatos, clase trabajadora y demás expresiones democráticas que todavía existen en la sociedad, entre los sectores medios, intelectuales, estudiantes- de promover una transformación radical y refundarnos la democracia en el Brasil. Si no lo hacemos, sin duda alguna nos transformaremos en una sociedad regida por una dictadura.

Correio da Cidadania: ¿En su opinión, y ahora que el pedido de impeachment fue aprobado en la Cámara, a quién apuntaría como responsable por la agonía del gobierno y del PT?

Ruy Braga: Vengo insistiendo en el hecho de que el gobierno Dilma comienza a caer cuando aplica la agenda y el programa político que había derrotado en la campaña presidencial de 2014. O sea, al decidir enfrentar la crisis económica por medio de imponer un pesado ajuste fiscal al país, con ataques a los derechos de los trabajadores y un brutal ajuste en la cuentas públicas, que llevaron al país a la recesión, en perjuicio de aquellos sectores de la clase trabajadora que ganan de 2 a 5 salarios mínimos mensuales y habían garantizado la apretada elección de Dilma.

Cuando ella decidió imponer el ajuste, cortó toda y cualquier ligazón, solidaridad y apoyo de tales sectores, exactamente aquellos que habían garantizado su elección, que con mucha razón se sintieron atacados y traicionados. Fue el momento capital del segundo gobierno.

Es importante destacar que la actitud del gobierno siguió un camino más o menos natural, teniendo en cuenta los retrocesos y concesiones que el gobierno Dilma venía haciendo por lo menos desde mayo 2013. En abril de 2013 aumentó las tasas de interés y en mayo resolvió adoptar una política privatizadora, que entre otras cosas redundarían en la privatización de los puertos, aeropuertos, carreteras, en fin, un programa amplio de privatización de la infraestructura.

Tuvimos un desacople de los intereses populares, de la clase trabajadora, de los pobres del Brasil, tal vez con la honrosa excepción de la capa social asistida por el programa Bolsa Familia, que se mantuvo alineada al gobierno. Tal desacople se profundizó a partir de junio de 2013, cuando la masa de jóvenes fue a las calles para pedir más inversión pública y gasto social en salud, educación, transporte, etc. En julio de 2013, el gobierno respondió con un corte adicional de 10 billones de reales en presupuesto público. En mi opinión, fue allí, en aquel corte de 10 billones de reales, que el gobierno selló su suerte. Y a partir de entonces los repliegues del gobierno corroboraron el cambio abrupto de dirección de la política económica, redundando en la corrupción electoral y en los desdoblamientos políticos tenebrosos, trágicos. Hubo una caída de popularidad de la presidente, que a partir de entonces adoptó una estrategia de repliegue sistemático delante de cualquier resistencia a alguna propuesta suya.

Por entonces, inclusive en entrevista a Correio da Cidadania, dije que ella estaba tercerizando al gobierno a favor del PMDB. Y hoy vemos que la tercerización se completó con el golpe del domingo 17.

Correio da Cidadania: ¿Que comparativos usted haría con el impeachment de Collor, inclusive en relación al perfil de las protestas que derogaron su mandato presidencial?

Ruy Braga: En comparación con Collor las diferencias son abismales. El impeachment de Collor fue un proceso que unificó a los sectores democráticos de la sociedad brasilera, se estableció un enorme consenso entre que de hecho habían luchado durante las décadas de los años 70 y 80, en especial los movimientos sociales y los militantes del PT. Además de la UNE (Unión Nacional de los Estudiantes), de la CUT (Central Única de los Trabajadores) y otros sectores populares una especie de unidad con los sectores medios y tradicionales de la sociedad, que habían sido golpeados directamente por el bloqueo y por el secuestro de los ahorros emprendido por Collor de Melo.

El impeachment de Collor unificó una serie de sectores importantes de la sociedad brasilera, fuerzas democráticas que todavía estaban empoderadas y fortalecidas por las victorias de los años ’80 del proceso de redemocratización. Había una vibración muy fuerte, una pulsión democrática fuerte, subyacente a los movimientos de que hecho impedían el gobierno Collor, y hoy vemos el revés de eso. Tenemos una sociedad partida, escindida, que no se irá a reconciliar.

El impeachment de Collor reconcilió a los sectores medios con las fuerzas sociales y populares. Eso no acontecerá ahora, en la verdad tenemos una profundización de tal escisión en torno a una agenda fundamentalmente regresiva. Collor fue sustituido, incluso desde el punto de vista económico, por una agenda progresista. No estoy diciendo que aquella era una agenda popular, pero era progresista, en torno de la cual, por ejemplo, la creación e implementación de la negociación colectiva de los contratos de trabajo, en el gobierno de Itamar Franco.

El gobierno Itamar Franco aumentó el gasto social y preparó el Plan Real, que en un primer momento fue un plan de hecho redistributivo y distribuyó ingreso. Eso se dio por el hecho de la inmensa y aplastante mayoría de la población no tenía condiciones de defenderse del proceso inflacionario. Cuando la inflación cayó, el poder de compra del salario aumentó. Así, tuvimos una especie de agenda progresista en términos económicos y una dimensión política avanzada para la época, con la formación de un gobierno bajo presión de los movimientos populares. Fue un gobierno que inclusive intentó la creación de la negociación colectiva en el contrato de trabajo. Hubo conquistas desde un punto de vista social, de la protección laboral y económica para las masas trabajadoras. Hoy tenemos exactamente lo contrario.

El impeachment de Dilma es un golpe parlamentario y no tenemos dudas, no seamos inocentes: Dilma Rousseff sacada del poder no por aquello que ella hizo en beneficio de la clases empresarial y de la burguesía brasilera. E hizo mucho, las últimas medidas de ella, asociadas al aumento exorbitante de la tasa de intereses, combinado con un ajuste recesivo de la economía, eran exactamente para garantir el pago de los intereses de la deuda pública. Pues bien, ella no está siendo derribada por eso, ni por de alguna manera haber beneficiado o mantenido el Bolsa Familia o los gastos sociales del gobierno. No fue derribada por ninguna de esas razones.

Dilma fue derribada por no ser capaz. Por ser un gobierno débil y sin capacidad de implementar la Reforma de la Previsión Social con aumento de la contribución y disminución de beneficios; la reforma laboral, poniendo fin al CLT (Consolidación de las Leyes Laborales), exactamente como ellos quieren, o sea, aplicar el principio del negociado por sobre el legislado y transformar estructuralmente el mercado de trabajo brasilero.

En otras palabras, hoy tenemos 48 millones de trabajadores formales, siendo que 12 millones son tercerizados. Ellos quieren transformar ese mercado de forma estructural, hacer que 30, 35 o 40 millones de trabajadores sean tercerizados y apenas un núcleo pequeño, compuesto por 10 o 12 millones de trabajadores, sean efectivamente contratado de las empresas. Dilma no era capaz de entregar esta reforma laboral, como lo percibimos a partir de la resistencia que muchos sectores sindicales, inclusive alineados al gobierno, presentaron durante la discusión del PL 4330 (Proyecto Legislativo) en año pasado. Y ella tampoco fue capaz de hacer una reforma constitucional que desvinculase los gastos en educación y salud del presupuesto público, para liberar espacio al pago de los intereses de la deuda pública.

Ella no fue capaz de presentar las tres contrarreformas que los empresarios, la burguesía, los sectores propietarios y la parte de la política brasilera financiada por esa burguesía (y representando los intereses de ella) entienden como necesaria para hacer que el proceso de acumulación capitalista en el Brasil continúe y sea retomado ante la situación de crisis económica.

Lo que estamos viviendo en el Brasil es la transición a un régimen de acumulación y de explotación de la fuerza de trabajo asalariada con expoliación social y de derechos, teniendo en vista fundamentalmente la ampliación del trabajo precario. Transición hacia otro régimen de acumulación, que yo diría será fundamentalmente un régimen de expoliación social de los trabajadores con explotación del trabajo asalariado colectivo. Estamos viviendo una inversión. Antes teníamos la acumulación por explotación en dar dirección; hoy, lo que los sectores empresariales exigen es que el régimen de acumulación brasilero básicamente sea volcado a la estrategia de expoliación capitalista. Eso es lo que veremos si Temer gobierna. El gobierno intentará -que sea exitoso o no depende de la lucha de clases- implementar tal agenda y realizar su programa, con la siguiente finalidad: la transición del régimen brasilero de acumulación.

El único problema es que ese programa no podrá contar con aquellos que Lula y Dilma contaron: un modo de regulación, o sea, de reproducción de esos conflictos capital-trabajo mínimamente capaz de pacificar el país. No contarán con eso, motivo por el cual digo que tal transición, que apunta a una profundización de todas las formas despóticas de control de la sociedad, sólo puede ser efectivo si se complementa con la transformación del Estado en una dictadura. Caso contrario, será prácticamente imposible que esa transición sea emprendida o realizada.

Por tanto, estamos viviendo, mutatis mutandis, más o menos aquello que vivimos en las décadas de los 50 y los 60; un régimen de acumulación despótico, fordista y periférico que tenía una flagrante naturaleza autoritaria, pero coexistía (con muchos tensiones) con el populismo y su regulación. ¿Cuál fue la solución? Eliminar la regulación populista y colocar en su lugar una regulación autoritaria. Estamos viviendo exactamente eso en la sociedad brasilera de hoy: un modelo de acumulación que precisa transitar y transformarse, reinventarse cada día más en un sentido autoritario y que todavía exige un Estado y una institucionalidad política consistentes con sus objetivos.

Correio da Cidadania: ¿Qué pasaría si el PT vuelve a la oposición? ¿Qué tipo de discurso y actitud se podría esperar y, encima de todo, su relación con la clase trabajadora y sectores sociales que lo llevaron al poder?

Ruy Braga: Veo que el PT, por lo increíble y contradictoriamente pueda parecer, tiende a salir fortalecido de ese proceso, por la simple razón de que fue alejado del poder por medio del golpe. Naturalmente, los sectores sociales y populares van a reconocer que hubo un golpe y el PT de alguna manera fue ilegítimamente sacado del poder. Los sectores del PT más comprometidos y enraizados en la máquina administrativa del Estado, tienden a focalizar o canalizar todos los esfuerzos de resistencia en la lucha institucional, o sea, dentro del Congreso, Senado, Justicia, Supremo, etc. En fin, desviar la indignación de las masas, que tiende a crecer con la aplicación de medidas radicales previstas por el gobierno Temer. Y los sectores más dinámicos dentro del Partido de los Trabajadores, normalmente ligados a los movimientos sociales, tienden a avanzar en el sentido de exigir la restauración de la democracia.

Creo que ese proceso tenderá a asumir la forma de una campaña por Directas Ya y por la elección anticipada de la presidencia de la República de 2018 para 2016. Puedo estar engañado, pero esa es mi apuesta. Sin duda alguna, tendremos en un futuro próximo e inmediato una intensificación de la lucha popular en las calles, o sea, con los sectores gubernistas, pero también de forma independiente de ellos. Preveo que habrá mucha movilización popular, especialmente en el medio sindical, si hubiera algún tipo de fuerza en el movimiento sindical y creo que la hay.

Incluso que la tasa de desempleo se ha doblado en este último años, de 4,5% para 9,2% de la PEA (Población Económicamente Activa), es una tasa todavía no desastrosa para los intereses de los trabajadores. Consecuentemente, creo que el sindicalismo no está en un momento de absoluta fragilidad, por el contrario, todavía puede, sí, reaccionar. Con menos fuerza de que en 2012 y 2013, pero todavía así con fuerza suficiente para sumarse, diría yo, a los demás movimientos populares, en especial a los movimientos de trabajadores sin techo y el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra).

El MST ahora en la oposición y todos los movimientos sociales que antes se ubicaban en sitio más o menos confortable de negociación -aunque con conflictos- con el gobierno federal, van a pasar inmediatamente a la oposición y con toda razón, es decir, con una consigna: la restauración de la democracia en el Brasil. Y eso tiende a fortalecer a los sectores que consigan movilizar masas en favor de las demandas democráticas.

Por lo tanto, creo que tendremos una intensificación del ritmo y del nivel de la lucha de clases y, contradictoriamente, un fortalecimiento del PT. Hasta porque si nos fiamos de las encuestas de opinión, Lula todavía hoy es franco favorito para ganar las elecciones en 2018. Incluso se pensamos desde un punto de vista oportunista (electoralmente hablando), una parte importante del PT tendría mucho interés en anticipar las elecciones de 2018. Así, creo que tendremos el fortalecimiento de la lucha en las calles en torno de esa agenda.

Correio da Cidadania: ¿Y aquellos movimientos y agrupamientos que pasaron los últimos años levantando sus banderas sin la estrella y hasta en ruptura con el PT se verán obligados a accionar en conjunto con el partido y sus bases?

Ruy Braga: Feliz o infelizmente eso ya está ocurriendo. La actuación conjunta más o menos articulada del Frente Brasil Popular con el Frente Pueblo Sin Miedo es una muestra. O sea, aquellos sectores más dinámicos, antiguamente ligados al gobierno y ahora en la oposición al futuro gobierno Temer, ya comienzan a intentar una especie de unificación en torno de una demanda, que es la que unifica a todos los demócratas. Veo que tal tipo de proceso se va a mantener y profundizar. No sé todavía cuál será el desdoblamiento, pero tengo la certeza de las ideas de redemocratización del país y elecciones anticipadas deberán tener una repercusión popular fuerte.

19/4/2016

Ruy Braga , Profesor del Departamento de Sociología en la Universidad de San Pablo. Autor entre otros trabajos de “A política do precariado, do populismo à hegemonía lulista”. Boitempo editorial, San Pablo, 2012.

Traducción: Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Nota de Correspondencia de Prensa

1/ El Acto Institucional Nº 5 (AI-5) fue el quinto de una serie decretados por la dictadura militar instaurada en 1964. El AI-5, daba poderes extraordinarios al Presidente de la República y suspendía varias garantías constitucionales: prohibía manifestaciones de los partidos políticos, recrudecía la censura de prensa y, sobre todo, impedía la libre sindicalización y el derecho de huelga. Entró en vigor en 1968, durante la presidencia del general Artur da Costa e Silva.



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons