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Brasil. Impeachement a Dilma Rousseff
Gana la hipocresía
21/04/2016 | Sean Purdy

Ayer (el artículo se publicó el 18 de abril, ndr) más de dos tercios de la cámara baja del Congreso federal de Brasil voto a favor de iniciar el proceso de impeachment (juicio político) contra la presidenta Dilma Rousseff. Raquel Muniz, en nombre del [mal llamado] Partido Social Democrática, de derechas, dedicó su voto a la "honestidad" de su marido.

Esta mañana, la policía federal arrestaba a su marido por fraude en varios hospitales y organizaciones benéficas en la ciudad en la que habita, en el Estado de Minas Gerais. Ella también está acusada de varios fraudes pero, por el momento, su estatus de diputada federal le protege de un proceso penal.

Esta simple historia permite comprender bien la farsa. Ayer, la cámara baja del Congreso consideró que había "evidencias de delito" contra la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), por maquillar el déficit presupuestario.

Todo ello, a pesar de que los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002) del Partido Socialdemócrata de Brasil (partido que actualmente gobierna en dieciséis estados de Brasil) e incluso Obama en 2013, cuando los republicamos impidieron incrementar el límite de endeudamiento, lo hicieran antes.

Para no obviar nada, es necesario señalar que hay miembros del PT envueltos en varios procesos por corrupción, aunque no existe evidencia alguna de infracciones por parte de Dilma Rousseff.

La población brasileña está viviendo un espectáculo obsceno en el que el procedimiento para el impeachment estuvo presidido por el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, actualmente investigado por la Comisión Ética de la Cámara y por la Corte Suprema por haber recibido sobornos de terceros (la compañía petrolera estatal Petrobras) por un importe total de 20 millones de dólares y por disponer de, al menos, 13 cuentas no declaradas en Suiza y Panamá.

De hecho, más de la mitad de los quinientos diputados y diputadas, la mayoría de los cuales ha votado a favor del impeachment, están actualmente bajo investigación por delitos que van desde sobornos a homicidios, pasando por secuestros.

En un verdadero carnaval de reacción e hipocresía, los diputados y diputadas de derecha dedicaron su voto a miembros de sus familias, a iglesias evangélicas, a movimientos contra el aborto y a los recortes de los derechos sociales, dejando totalmente de lado las razones penales de las que se le acusa a la presidenta.

Un diputado, Jair Bolsonaro, un oficial de policía homófobo, dedicó su voto a los oficiales militares que torturaron a Rousseff cuando fue arrestada cuando participaba en la lucha armada contra la dictadura militar en los años 1970.

Muchos electos de los pequeños "partidos rentistas", aliados a Rousseff hasta hace algunas semanas, también votaron a favor tras recibir promesas de puestos gubernamentales y apoyo directo o indirecto en futuros gobiernos y elecciones.

Apenas hay dudas de que lo que realmente está ocurriendo: es un golpe "institucional" o "parlamentario" similar al que se dio en Paraguay en 2012 y en Honduras en 2009. La derecha está sacando provecho de la crisis económica, de la corrupción en el PT y de la gran impopularidad de Rousseff para abrir aún más las puertas a las políticas neoliberales que puso en marcha el propio PT en la última década.

Aun contando con acuerdos de última hora con diputados de dudosos partidos centristas y de derechas, salvo excepciones, los discursos a favor del gobierno fueron patéticamente sumisos. Únicamente seis diputados de la oposición de izquierda del Partido por el Socialismo y la Libertad (PSOL) y unos pocos más llamaron al presidente de la Cámara por su nombre: ladrón, hipócrita y corrupto.

Dentro de un mes, o antes, el Senado, en el que el Gobierno cuenta con un apoyo menor, votará si se da vía libre al impeachment. Basta una mayoría simple para hacer dimitir de la presidencia a Rousseff durante el tiempo en que los senadores desarrollan la investigación (6 meses).

La presidencia pasará entonces a manos del actual vicepresidente, Michel Temer, que rompió el acuerdo con el PT hace dos meses. Así que, formalmente no habrá ningún vicepresidente, pero en caso de un viaje al extranjero, enfermedad o muerte, Eduardo Cunha (presidente de la Cámara baja) ejercerá como presidente hasta que se organicen las próximas elecciones.

Contra toda lógica, el gobierno del PT continúa creyendo que será posible tejer alianzas para ganar el voto en el Senado. Incluso han lanzado la idea de nuevas elecciones para presidente y vicepresidente en octubre cuando se celebren las elecciones municipales a nivel nacional.

La oposición de izquierda tiene que condenar la hipocresía y la desvergüenza del proceso de impeachment. Ahora bien, sin caer en la trampa de apoyar al gobierno del PT. Incluso si fueran convocadas nuevas elecciones, la salida a la crisis pasa por construir luchas por abajo, con el apoyo o sin el apoyo de los sindicatos y movimientos sociales que apoyan al gobierno.

Actualmente, hay cuarenta escuelas secundarias ocupadas por estudiantes en Rio de Janeiro y, en este mismo Estado, las y los trabajadores públicos llevan dos semanas en huelga activa. Los sindicatos y movimientos sociales a lo largo del país han prometido apoyar su lucha.

Contra la derecha y contra el gobierno federal neoliberal, la única solución es la lucha en la calle.

18/04/2016

https://www.jacobinmag.com/2016/04/dilma-rousseff-impeachment-coup-temer-bolsonaro/

Sean Purdy enseña historia del movimiento obrero y de los movimientos sociales en la universidad de Sao Paolo y es miembro del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Traducción VIENTO SUR



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