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Hungría. Entrevista a Gyozo Lugosi
Una política neoliberal combinada con un nacionalismo conservador
09/04/2016 | Henri Wilno

El primer ministro húngaro ha anunciado en febrero un referéndum sobre las personas refugiadas. ¿Puedes explicarnos el contenido y las razones?

La pregunta sobre que el gobierno quiere plantear a la población es la siguiente: “¿Desea Vd que la Unión Europea pueda decidir, sin el consentimiento del Parlamento (húngaro), la instalación obligatoria de ciudadanos no húngaros?"

Se trata de una operación política cuya razón es pura y simplemente mantener la angustia y la repugnancia -incluso las reacciones xenófobas que derivan de ello- de una parte importante de la población, moderar/debilitar el descontento hacia la política gubernamental y conseguir que se acepten las medidas restrictivas (políticas y sociales) e hipercentralizadoras que toma. Aunque la pregunta esté ya caduca -el acuerdo de la cumbre de Bruselas sobra la cuota obligatoria-, el referéndum no ha sido suprimido del orden del día.

El gobierno Orban es hostil a las personas refugiadas pero ¿y la sociedad húngara? ¿Ha habido acciones de solidaridad?

Históricamente Hungría y la ciudadanía húngara no tienen ninguna experiencia de inmigración masiva. Se trata por tanto de un fenómeno completamente nuevo e inesperado, no preparado, cuya “digestión” por la sociedad, es decir, la elaboración de una respuesta adecuada y responsable, tendría necesidad de tiempo. El poder de la derecha ha logrado “capturar” y monopolizar el debate sobre la llegada de personas refugiadas, interpretado y presentado como una inmigración masiva y conscientemente pensada y dirigida por fuerzas indeterminadas (subentendido americano/judías) a fin de destruir o debilitar Europa y los “valores” europeos, etc.

Esta interpretación ha sido repetida desde el comienzo en pancartas gigantes y por los medios de prensa controlados por el poder. La mayoría de la población se ha mostrado incapaz de ver esta manipulación, y ha “aceptado” la propaganda xenófoba y cínica del Fidesz, el partido en el poder.

Al mismo tiempo, una minoría, sin embargo muy numerosa, joven o de edad mediana, urbana, escolarizada -políticamente sobre todo de izquierdas, pero no siempre- mostraba una solidaridad ejemplar, generosa y valiente.

El gobierno húngaro es considerado como uno de los más reaccionarios de Europa. Sin embargo, sigue siendo popular después de seis años de poder. ¿Cómo lo explicas? ¿Es debido a que haya tomado algunas medidas sociales?

No hay diferencia cualitativa entre el llamado sistema de “cooperación nacional” de Viktor Orban y los de los demás países de Europa del Este. El esquema sigue siendo en el fondo el mismo: una política económica (monetaria/fiscal) y social de tipo neoliberal combinada con un nacionalismo conservador.

Tenemos pues un sistema de impuesto personal (sobre la renta) a tanto alzado (15 %), un IVA muy elevado (27 %)… y desgravaciones fiscales para los grupos de rentas altas. Las desigualdades sociales aumentan con la marginación, combinada con estigmatización etnicista (cuestión de los gitanos), de amplias capas rurales -al menos la cuarta parte de la ciudadanía húngara- que viven en el extremo de la pobreza. Al mismo tiempo, asistimos al enriquecimiento rápido de las élites ligadas a los capitales extranjeros y a la economía gris: la desviación sistemática de los fondos estructurales europeos es particularmente importante (a pesar de la estridente propaganda anti-Bruselas del poder). Hay una movilidad social en descenso. Paralelamente, se propaga un neoclientelismo para recompensar los compromisos…

Lo que distingue el caso húngaro de los demás regímenes de la región es la voluntad explícita de vuelta al sistema político horthysta [la semidictadura cristiano-conservadora y nacionalista que dominó Hungría entre 1919 y 1945 ndlr] de entre guerras, sobre todo en términos simbólicos.

En mi opinión, tampoco se trata de una “popularidad” o de un apoyo activo al régimen de Orban, es más bien una especie de dimisión, una aceptación resultante de la falta de alternativa viable que remite al descrédito irreparable de la llamada política “socialdemócrata” que es un fenómeno paneuropeo. En este contexto, el dirigismo autoritario de Orban representa al menos una posición política decidida y más o menos coherente.

En febrero hubo una manifestación importante de enseñantes. ¿Los intelectuales, están solos a la hora de protestar?

La educación está particularmente afectada por la política austeritaria de la derecha, y a todos los niveles (a pesar del aumento gradual de los salarios de las personas enseñantes que siguen siendo sin embargo de los más bajos en Europa del Este). El sistema está hipercentralizado. Ha habido una reducción de la edad de escolarización obligatoria de 18 a 16 años, el número de estudiantes de secundaria ha bajado, hay medidas administrativas que dirigen a la juventud hacia la formación profesional que cierra el camino de la enseñanza superior. Son obligatorios unos manuales uniformes de baja calidad, pero conformes a la ideología oficial.

Esta evolución ha sido llevada hasta tal punto que el sistema funciona cada vez peor. Incluso los pedagogos simpatizantes del gobierno y del Fidesz estiman inevitable su transformación fundamental (descentralización y liberalización).

Visiblemente, el poder está dispuesto a negociar y a hacer concesiones a fin de prevenir la acumulación de descontentos en relación con otros sectores profesionales, en particular de los trabajadores y trabajadoras del sector de la salud, que también está en ruinas a causa sobre todo de la emigración del personal (médicos y enfermeras) a los países occidentales. Sin embargo la “masa crítica” de gente descontenta no parece aún reunida para protestas masivas o incluso huelgas (que, por otra parte, son difíciles de hacer debido a una ley modificada por el Fidesz).

Particularmente, el pueblo gitano está en el punto de mira de Orban. ¿Cómo evoluciona su situación?

Las palabras “romaní” o “zíngaros” (que son sinónimos, aunque “romaní” sea un poco más políticamente correcta en el discurso oficial) se han vuelto poco a poco, en los decenios pasados, un termino que no designa ya realmente una etnia, sino un estado social, el de la gente más pobre, la gente excluida. La particularidad del pueblo gitano húngaro (sobre todo de su capa más numerosa y arcaica de los Vlach que vive en las regiones rurales subdesarrolladas del norte y el este del país), es su asimilación interrumpida, abortada a causa de la crisis del sistema de “socialismo de Estado” y al cambio de régimen de los años 1980 y 90.

Muchos gitanos trabajaban en la industria, y para ello hacían el recorrido de ida y vuelta cada semana. Estas lanzaderas (“trenes negros”) entre los pueblos de los departamentos del norte y del este y las grandes ciudades industriales, en particular Budapest, durante la industrialización acelerada de los años 1960 y 70 debilitaban y perturbaban los lazos sociales tradicionales, arcaicos. Estos no podían ya restablecerse cuando la desindustrialización rápida de comienzos de los años 1990 hizo inútil y superflua la mano de obra poco o nada cualificada.

En este sentido, la situación social de las personas gitanas en Hungría es peor que en Transilvania -o de forma más general, que en Rumania o Bulgaria- donde en su mayoría, las personas gitanas son aún quizá más rechazadas que en Hungría, pero siguen formando comunidades de parentesco completas, verticalmente integradas, lo que les asegura una cierta seguridad, una especie de protección interna frente a una mayoría hostil.

La política de los sucesivos regímenes húngaros de los últimos 30 años -tanto de izquierda como de derechas con muy poca diferencia- ha consistido en ayudar, incluso en empujar a las personas gitanas a convertirse en una minoría nacional con una identidad particular (como los suabos, los eslovacos o los serbios que viven en Hungría). Ha fracasado completamente: el sistema de organización nacional del pretendido “gobierno de la minoría gitana” se ha degradado en cuerpo mafioso, con desvío de los programas de integración de las personas gitanas financiados por los fondos de la Unión Europea. La cuestión gitana es ante todo una cuestión social y de desarrollo equilibrado del conjunto de Hungría.

Gyozo Lugosi es uno de los principales animadores de la revista de la izquierda independiente húngara Eszmelet.

Hebdo L’Anticapitaliste - 331 (07/04/2016)

https://npa2009.org/idees/international/hongrie-une-politique-economique-et-sociale-de-type-neoliberal-combinee-un

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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