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Siria
La estrategia de la destrucción
31/03/2016 | Leila Vignal

Desde hace cinco años la población siria es objeto de una intensa represión por parte de un régimen que aplica una política masiva de destrucción, obligando a más de la mitad de los sirios a abandonar su domicilio y amenazando gravemente el porvenir de un país vaciado de sus fuerzas.

Medio decenio ha transcurrido desde las primeras manifestaciones de la primavera de 2011 reclamando en Siria derechos y dignidad. El régimen de Bachar al-Assd respondió, desde el primer día, con una represión brutal. Esta respuesta securitaria, implicando de inmediato al aparato de violencia del Estado, era asumida: es de recordar la declaración que hizo en 2011 Rami Makhlouf, (el primo del presidente Assad, a la cabeza de un imperio económico conseguido utilizando las políticas de liberalización de los años 2000): “Llegaremos hasta el final/1. La economía de la violencia, orquestada por sus numerosos servicios de seguridad, es uno de los pilares de la resiliencia del régimen sirio/2.

La Siria de 2011 era urbana. Alrededor del 75 % de los 21 millones de sirios residía en una franja de ciudades situadas en lo esencial del norte al sur en la parte oeste del país y a lo largo del valle del Eúfrates. La badya (la estepa) ocupa, en efecto, el resto del territorio. Grandes metrópolis regionales o nacionales (de norte a sur: Alepo, Hama, Homs y Damasco) polarizaban el crecimiento urbano, auxiliadas por un tejido importante de medias y pequeñas ciudades. Precisamente, sobre esta Siria urbana se ejerce lo esencial de la violencia conflictiva desde 2011, con su corolario de muertos, heridos, desplazamiento de poblaciones y destrucción.

Las destrucciones son, con toda evidencia, inherentes a los conflictos armados. Sin embargo, en Siria, su amplitud, su naturaleza y las consecuencias que provocan -en particular los desplazamientos masivos y sin duda duraderos de población- impiden considerarlas como sólo daños “colaterales”, inevitables y lamentables del enfrentamiento. En efecto, la extensión del desastre sirio y el hundimiento muy rápido de una sociedad aparentemente estructurada llevan a interrogarse sobre las formas de violencia ejercida y a analizar el lugar que ocupan las destrucciones y los desplazamientos de población en ese conflicto.

Destruir para sobrevivir

En 2011, la necesidad, juzgada como vital, de proteger al régimen condujo a las autoridades sirias a reprimir violentamente las manifestaciones (que prosiguieron hasta 2013)/3: campañas de detenciones, disparos sobre la multitud, francotiradores, cerco de las ciudades, bombardeos de los cortejos funerarios, etc. El presidente Bachar al-Assad, calificando al movimiento popular y pacífico de maquinación terrorista, cerró de entrada la puerta a toda concertación pluralista/4. Con la militarización de la oposición, a partir del otoño de 2011, el conjunto de los recursos militares del régimen queda implicado: ejército, servicios secretos, milicias suplementarias. A partir de 2013, el régimen recibe el apoyo operativo de la rama armada del Hezbolá libanés, del cuerpo de Pasdaran iraní y de milicias chiítas iraquíes a fin de remediar el agotamiento de sus fuerzas. El material, en gran parte proporcionado por Rusia, consiste en armamento convencional (artillería, tanques, aviación), pero, también, no convencional: utilización de misiles de largo alcance contra ciudades del norte del país; bombas de fragmentación; bombardeos con barriles explosivos desde helicópteros; armas químicas. Esta segunda categoría de armas -las armas no convencionales- es, en particular, la utilizada contra la población civil.

A la confrontación militar entre las fuerzas del régimen y los numerosos grupos armados de la oposición a Damasco se ha añadido la expansión en Siria del grupo yihadista Estado Islámico a partir de 2014. Este grupo solo progresa en las zonas en manos de la oposición armada, que son, de facto, las únicas que le combaten realmente y le hacen retroceder hasta el otoño de 2015, cuando comienza la campaña de ataques aéreos rusos en Siria.

La multiplicación de las intervenciones exteriores a lo largo de los años complica el conflicto. Sin embargo, sobre el terreno, éstas contribuyen a alimentar las dinámicas originales de la guerra: las de una represión sin límites contra una oposición multiforme. Si la implicación de la coalición internacional dirigida por los Estados Unidos contra el Estado Islámico desde el otoño de 2014, no ha logrado reducir a éste, la implicación directa de Rusia al lado del régimen de Bachar al-Assad a partir de octubre de 2015 -con su aviación, sus misiles de largo alcance y sus consejeros militares- ha permitido al régimen sirio reconquistar una parte de los territorios, tarea en la que fracasaba desde 2012. El alto el fuego que ha entrado en vigor el 27 de febrero de 2016 es, desde este punto de vista, un respiro, a pesar de los “incidentes” que lo puntúan. En el momento de publicar este artículo (29/03/2016), es de esperar que pueda convertirse en una esperanza para un arreglo político del conflicto sirio.

El coste del conflicto: una sociedad devastada

El quinto aniversario del levantamiento sirio es pues, aún, un aniversario de guerra. Está marcado por una letanía de realidades espantosas. En marzo de 2016, la Organización de las Naciones Unidas estima que 270 000 personas sirias han muerto en el conflicto -una cifra, ciertamente, muy conservadora/5-. Según las estimaciones, los civiles representarían entre el 50% y el 70% de esas víctimas/6. En agosto de 2015, se contaban ya más de 65 000 personas desaparecidas/7. Más de un millón de sirios están gravemente heridos y/o discapacitados. Decenas, incluso centenas de miles de personas alcanzadas por enfermedades crónicas o fácilmente curables han muerto debido a un acceso restringido o imposible a un tratamiento médico.

Más de la mitad de la población de la Siria de 2011 se ha visto obligada a abandonar su domicilio. Las razones más a menudo invocados para explicar estas partidas son los bombardeos y explosiones en zonas pobladas, el que los civiles y los “objetivos civiles” (es decir materiales y no militares: edificios, escuelas, mercados, infraestructuras, etc.) fueran tomados por objetivos y el asedio a las ciudades/8. Barrios enteros están por los suelos, ciudades enteras han sido arrasadas. Las infraestructuras públicas están gravemente dañadas: una escuela de cada cuatro no funciona ya, cerca del 60% de los hospitales están destruidos o son sólo parcialmente funcionales, igual que la mitad de los centros de salud y numerosas carreteras, fábricas, zonas industriales, depósitos, panaderías, mercados/9. El acceso al agua potable está ya reservado a un tercio de la población, el resto de la gente se ve obligada a comprar su agua en el mercado privado o a recurrir a pozos improvisados. A pesar de una fuerte variabilidad de una región a otra, los cortes de electricidad son la norma en todas partes: incluso los barrios centrales de Damasco solo recibían seis horas de electricidad por día en enero de 2016/10.

La economía siria está severamente contraída, y la economía de guerra domina ya el país. Se trata, para lo esencial de la población siria, de una economía de supervivencia. Las condiciones de vida están extremadamente deterioradas mientras centenares de miles de jefes de familia han sido muertos, heridos, detenidos, o secuestrados. A pesar de las situaciones extremadamente variables de un lugar a otro, más de la mitad de la población activa está en paro. La pobreza golpea al 80 % de la población. Mientras que la escolarización en la escuela primera estaba generalizada en la Siria de 2011, más de dos millones de niños y niñas, así como de adolescentes, no van ya a la escuela y un número creciente de ellos está obligado a trabajar. Una persona de cada tres carece de un aporte suficiente de alimentación y está obligada, en el mejor de los casos, a reducir la cantidad y el contenido de sus comidas y, en el peor, a saltarse comidas. Pan mojado en agua constituye, muy a menudo, lo cotidiano de decenas de miles de familias. Las organizaciones internacionales estiman, así, que 13,5 millones de personas en Siria tienen necesidad de una asistencia humanitaria/11. En fin, numerosos civiles están atrapados en zonas asediadas, por lo esencial por tropas del régimen o aliadas a éste. Los datos sobre estos asedios varían. Quince asedios afectando a 390 000 personas según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU /12, más de 640 000 personas en una cincuentena de localidades según el Syrian American Medical Report /13, un millón en 46 localidades a comienzos de 2016 según las investigaciones de una ONG/14, incluso 1,9 millones según Médicos Sin Fronteras /15.

Un espacio nacional fragmentado

El espacio nacional sirio está de facto fragmentado en múltiples territorios que están bajo control de diferentes actores militarizados, favorables al régimen o a la oposición armada, a los que vienen a añadirse los territorios bajo control del grupo Estado Islámico.

Sin embargo, las líneas de frente que les separan evolucionan con el tiempo. Tienen una profundidad más o menos importante según los contextos locales, y están más o menos activas en el plano militar según los períodos. Una ciudad como Maarat an-Nu´man en el sudeste de la ciudad de Idlib, residencia de alrededor de 90 000 personas en 2011, pasó de manos de la oposición armada a las del régimen tras una intensa campaña de bombardeos en mayo de 2012; fue dividida antes de ser reconquistada por la oposición a finales de 2014. Su situación estratégica al borde de la autovía que lleva a Alepo y la proximidad de dos bases militares del régimen, le han valido bombardeos incesantes. Ya en 2013, la ONG local Basmet Amal estimaba que 850 personas habían muerto en ella y que habían sido destruidas 2000 casas, así como 20 escuelas y 15 mezquitas/16. El 15 de febrero de 2016, un hospital mantenido por Médicos Sin Fronteras quedó destruido/17.

Localmente, las separaciones pueden ser porosas. Algunos circuitos del Estado sirio continúan funcionando, por ejemplo en lo que concierne al pago de los salarios de los funcionarios y al pago de las pensiones en las zonas en manos de la oposición armada. La continuidad de una zona a otra en el suministro del servicio de electricidad y de agua, que depende de infraestructuras nacionales y/o organizadas a escala de las diecisiete provincias, es puntualmente objeto de acuerdos entre régimen y grupos de la oposición, incluso entre el régimen y el Estado Islámico. Por otra parte, la economía de guerra es extremadamente activa para proporcionar todo lo que falta. Sus redes organizan circulación entre zonas que se adaptan a las fragmentaciones del espacio y las utilizan para generar ganancias. Así, aprovechados de la guerra captan el mercado de las zonas rodeadas o asediadas y negocian precios lucrativos para transferir mercancías de una zona a la otra. El único check point que da acceso a la Ghouta oriental, los suburbios de Damasco en manos de la oposición armada, ha sido bautizado por ejemplo como el “Paso un millón”- un millón de libras sirias es la ganancia por hora producto de las retenciones sobre las mercancías transferidas de un lado al otro/18. En fin, el franqueo de las líneas por los individuos civiles o militares contribuye a mantener una cierta porosidad entre las zonas. Ésta está sin embargo cada vez más limitada según se profundiza el conflicto.

La fragmentación del territorio sirio está, por otra parte, acentuada por las destrucciones del tejido urbano. Éstas dibujan una geografía singular: son principalmente las zonas en manos de la oposición armada al régimen las afectadas por destrucciones de gran amplitud. Por destrucciones de gran amplitud hay que entender tanto grandes superficies destruidas como un grado elevado de daños sobre los edificios, incluso su destrucción total. Los testimonios, fotografías, vídeos y las imágenes por satélite dan cuenta del campo de ruinas en que se han convertido por ejemplo la ciudad de Talbisiyeh al norte de Homs, los barrios orientales de Alepo, los barrios de Baba Amro, Khaldiyyé o al Inchaat en Homs, o algunas ciudades de los alrededores de Damasco como Darayya, Moadamiyyé o Jobar.

En las zonas bajo control gubernamental, las destrucciones son inexistentes, como en la ciudad costera de Tartous, por ejemplo, alejada de los combates; o resultan limitadas, como en los barrios centrales de Damasco. Son, en este caso, producto de cohetes o de morteros disparados por grupos armados de la oposición, o de bombas/19. Afectan por tanto el tejido urbano de forma dispersa y puntual. Son los barrios situados en los límites de esas zonas los más afectados.

Finalmente, hay que subrayar que esta geografía evoluciona. Zonas mantenidas anteriormente por la oposición y bombardeadas en ciertos momentos del conflicto han pasado luego bajo control gubernamental, lo que explica que zonas gubernamentales comprendan (al menos con fecha del mes de marzo de 2016) tejidos urbanos y económicos o infraestructuras fuertemente destruidos.

Las destrucciones como arma de guerra

La geografía singular de las destrucciones en Siria debe ser por tanto comprendida a la vez a la luz de la naturaleza del conflicto sirio -una represión- y de la asimetría de las fuerzas implicadas en el conflicto. En particular, la capacidad balística y aérea de las fuerzas del régimen no tiene igual: solo éste posee el control del cielo, desde el que se perpetran la mayor parte de las destrucciones.

Ahora bien, la amplitud de las devastaciones materiales que sufren las ciudades de Siria plantea la cuestión de su lugar en el conflicto. En efecto, en derecho humanitario internacional, los “objetos civiles” no pueden ser atacados en ausencia de objetivos militares claramente identificados y circunscritos. A partir de que éstos no están establecidos, atacar objetivos civiles es por tanto asimilable a un crimen de guerra/20. De hecho, una rápida tipología de estas destrucciones indica que éstas son una de las armas que utilizan las fuerzas del régimen para llevar a cabo la guerra.

Líneas de frente y otras destrucciones ligadas a las operaciones militares

Las confrontaciones armadas entre grupos de la oposición y fuerzas del régimen tienen lugar por lo esencial en medio urbano. Las líneas de frente, de forma clásica, están por tanto sometidas a fuertes destrucciones. Así, en Damasco, el límite entre el barrio de Jobar, en manos de la oposición armada, y los barrios centrales de la ciudad, presenta una topografía característica de este tipo de destrucción: se establecen de forma lineal, a lo largo de la demarcación entre territorios enemigos. Ciertas destrucciones están, por otra parte, ligadas a las necesidades del combate: es por ejemplo el caso de los perímetros alrededor de edificios estratégicos o de posiciones militares, arrasadas a fin de darles más seguridad. Este tipo de destrucciones, justificadas por un objetivo militar identificado y circunscrito, no remiten a crímenes de guerra.

Las operaciones de “tierra quemada”: las destrucciones como táctica militar

No es el caso de las operaciones militares que utilizan la destrucción como un elemento táctico. Frente a los fracasos registrados a partir del verano de 2012 para reconquistar territorios perdidos, las fuerzas del régimen recurren a ella cada vez más. Para recuperar una ciudad, ésta es, primero, bombardeada por la artillería hasta que los grupos armados allí presentes se retiran. Las fuerzas del régimen la ocupan a continuación, aunque sea convertida en ruinas. Es por ejemplo el caso de al-Qoussair, una ciudad de 30 000 habitantes situada en el sur de Homs. La ciudad fue masivamente bombardeada por las fuerzas del régimen en abril y mayo de 2013, antes de que el asalto final fuera hecho conjuntamente con la milicia de Hezbolá en junio.

Esta táctica, inspirada sin duda por los consejeros militares rusos presentes en Siria desde 2012, es aún aplicada en el otoño de 2015 en el norte de Siria: la aviación rusa bombardea y las fuerzas gubernamentales, apoyadas por milicias iraníes, libanesas e iraquíes, recuperan a continuación las ciudades vaciadas de su población y de los grupos combatientes; este fue, por ejemplo, el caso de la recuperación en enero de 2016 de Skeikh Masakin en la provincia meridional de Dara´a o de la de Rabia en la provincia de Lattaquié. Las ciudades del norte de la ciudad de Alepo han sido así bombardeadas durante la primera semana de febrero de 2016 (un millar de incursiones aéreas rusas) y luego atacadas por el ejército sirio, cortando la continuidad del control territorial de la oposición desde los barrios Este de Alepo hasta la frontera turca/21.

La destrucción como instrumento de represión y de terror

Las destrucciones son, igualmente, producto de campañas que se despliegan en contextos que no están en relación directa con operaciones militares. Se trata de campañas de bombardeos realizados por medio de tres tipos de armas: misiles de largo alcance de tipo Scud; bombardeos efectuados por la aviación del régimen (y rusa a partir de octubre de 2015); lanzamientos de barriles llenos de fragmentos metálicos y de explosivos (hasta 900 kg de TNT) desde helicópteros. Estos barriles son un arma no convencional muy utilizada por el régimen, en particular en el norte de Siria/22. Estas campañas engendran destrucciones urbanas masivas. Sus características especiales son notables: en primer lugar, la mayoría de las destrucciones tienen lugar lejos de las líneas del frente; en segundo lugar, los impactos de los bombardeos son muy numerosos, unos al lado de los otros, como un tapiz, y cubren amplias superficies; en tercer lugar, solo las zonas residenciales en manos de la oposición armada son afectadas por este tipo de bombardeo. Los ejemplos de este tipo de destrucción son numerosos en Siria.

La triple característica de este tipo de destrucciones -destrucción de superficies importantes de barrios residenciales alejados de las líneas de confrontación, sin objetivo militar inmediato, pero en manos de los grupos armados de la oposición- plantea la cuestión de su lugar en la táctica de guerra del régimen. Tienen, quizá, por objetivo volver a las poblaciones locales contra los grupos de oposición locales o servir de castigo por su supuesto apoyo a esos grupos/23. Sirven, quizá, de advertencia a las poblaciones que están en zonas que siguen bajo control del régimen y que podrían estar tentadas de rebelarse. En cualquier caso, esas campañas corroboran el diagnóstico de bombardeo indiscriminado de las poblaciones/24, una táctica militar ilegal para el derecho humanitario internacional. Desde este punto de vista, las destrucciones urbanas no son sólo una de las consecuencias del conflicto armado. Son, también y quizás sobre todo, un arma en manos de las fuerzas gubernamentales.

La espiral de la violencia beneficia desde este punto de vista al régimen, y las destrucciones urbanas se inscriben por consiguiente en una lógica paradójica de supervivencia de éste/25. Explican, por otra parte, el gran precio pagado por la población civil: más del 90% de las muertes de niños y niñas así como de las heridas que han sufrido son infligidas por los bombardeos aéreos. Suscitan olas masivas de desplazamiento que hacen la vida imposible a la gente.

Conflicto y transformación de los equilibrios demográficos

El conflicto transforma en profundidad los equilibrios demográficos de Siria, bajo el efecto de los combates, de la progresión del Estado Islámico, pero, también, bajo el de los asedios, bombardeos indiscriminados y destrucciones que derivan de todo ello.

Las cifras con conocidas: de los 21 millones de habitantes que contaba la Siria de 2011, se estima que 11,5 millones al menos han tenido que abandonar su vivienda. El desplazamiento de población es, por tanto, no solo masivo sino que es, también, muy intenso en el tiempo. Según ACNUR (la agencia de la ONU para refugiados), 4,8 millones de personas han buscado refugio en el exterior, principalmente en la región (Turquía, Líbano, Jordania, Iraq -se trata del número de personas registradas). Hay que añadir a esa cifra una parte de las 900 000 personas que han planteado una demanda de asilo en un país europeo desde 2011/26 y las decenas de miles acogidas en otros países. Sin embargo, un número importante de personas no están registradas o no han realizado su demanda de asilo -hasta un millón según ciertas estimaciones/27-. Por consiguiente, la población siria está masivamente amputada no sólo por la muerte de, al menos, el 1% de su población sino también por el exilio forzado.

Las estructuras de poblamiento de Siria resultan tanto más modificadas en la medida en que al refugio en el exterior se añade el desplazamiento en el interior del país de alrededor de 6,5 millones de personas. Los desplazamientos de población que se observan son de tres tipos: de proximidad, en el seno de una misma región o territorio en manos de una de las partes del conflicto; hacia otras regiones o territorios, en manos o no de otras partes del conflicto; hacia el exterior del país (refugiados). Las combinatorias de estas tres principales dinámicas están en función de las características locales de cada entidad territorial (que por otra parte han podido variar desde 2011). Por ejemplo, la provincia/28 de Alepo, la más poblada del país en 2011, dividida entre diferentes grupos de la oposición, los kurdos sirios y las fuerzas del régimen, es, a la vez, la que conoce los más importantes flujos de salida hacia otras provincias o hacia el extranjero y la que acoge la más importante población de desplazados del interior.

En su conjunto, las regiones que acogen más personas desplazadas del interior son las preservadas de los bombardeos, es decir, las que están en manos del gobierno. Por ello, aunque las zonas gubernamentales conozcan también numerosas salidas, su población permanece relativamente estable, incluso aumenta -como en el caso de la provincia de Tartous- debido a la llegada de desplazados del interior. Los territorios bajo control de la oposición están más marcados por el declive demográfico. Acogen, ciertamente, personas desplazadas del interior que huyen de los combates, represión y bombardeos. Pero dominan los flujos de población hacia otras regiones o hacia la frontera. Se explican por el número de muertos, las campañas de bombardeos, la expansión del Estado Islámico en las regiones orientales desde 2014, pero, también, por la dificultad creciente de la vida cotidiana en esos territorios.

A escala local, las situaciones son muy variadas según los contextos. Se yuxtaponen, muy a menudo, zonas de llenado y zonas de vacío. Es, por ejemplo, el caso de las zonas asediadas: la población del barrio del campo palestino de Yarmouk, en los barrios sudeste de Damasco, ha pasado de 150 000 a alrededor de 18 000 habitantes/29. En Alepo, los barrios orientales en manos de la oposición y bombardeados se han vaciado de su población: en el verano de 2014, se estimaba que 300 000 personas vivían aún en esos barrios orientales, contra un millón antes del conflicto/30.

El desplazamiento forzado, un acelerador de la fragmentación social y espacial

Generalmente, el desplazamiento no es único, unidireccional y definitivo: primero es próximo, en el seno de la misma región, para ponerse al abrigo y tomar el tiempo necesario para valorar la posibilidad de volver o no. Según los contextos locales, los desplazamientos pueden ser, así, temporales y circulares. Muy a menudo, sin embargo, nuevos riesgos de seguridad, los problemas económicos, la necesidad de escolarizar a los niños y niñas o la posibilidad, o no, de unirse a la familia o personas cercanas susceptibles de ofrecer un techo, conducen a efectuar otro desplazamiento, luego otro, luego otro. El refugio se inscribe en este continuum: los refugiados fuera de Siria han llevado a cabo como media ocho desplazamientos internos antes de franquear la frontera.

Sin embargo, la capacidad de desplazarse para protegerse depende de numerosos factores: las personas sirias no son iguales ante el desplazamiento. La existencia de redes de sociabilidad es a menudo determinante: la acogida en las casas de la gente cercana es la primera modalidad de albergue de las personas desplazadas y, a menudo, una condición indispensable para ser apoyado materialmente. Por otra parte, la posibilidad de financiar un desplazamiento o, al contrario, la ausencia de recursos, deciden también sobre la movilidad o la inmovilidad de las personas sirias en el conflicto. Para las personas desplazadas, la sedentarización depende, a menudo, de la posibilidad de encontrar una actividad remuneradora. A la inversa, debido a la ausencia de recursos, muchas personas sirias sufren una inmovilidad no elegida, ya sea en su lugar de residencia habitual, en uno de los lugares de su desplazamiento o en el refugio en el extranjero.

La movilidad está igualmente limitada por las cuestiones de seguridad: franquear las demarcaciones entre territorios en manos de fuerzas opuestas es difícil, ya sea, por ejemplo, debido a barreras de control (las del grupo del Estado Islámico alrededor de la ciudad de Deir ez-Zor por ejemplo) o al riesgo elevado para los hombres en edad de luchar provenientes de las zonas en manos de la oposición de ser detenidos por las fuerzas gubernamentales. Desde este punto de vista, las mujeres circulan con mayor facilidad que los hombres, lo que explica en particular su número más importante en las poblaciones de personas desplazadas. Llevan con ellas a sus hijos e hijas antes de que alcancen la adolescencia. La pertenencia confesional es, por otra parte, un obstáculo a la movilidad para los hombres sunitas, más susceptibles de ser detenidos en los puestos de control del régimen que los miembros de las minorías religiosas.

Así pues, el desplazamiento realiza una forma de selección espacial, social, generacional, confesional y de género de la población siria. Dicho de otra forma, la capacidad de las personas sirias para desplazarse para huir de los riesgos de la guerra depende en gran parte de sus redes, de sus recursos, de su sexo, de su edad, de su religión, de su origen geográfico. Y el acceso a los territorios bajo control del régimen y la vida cotidiana en esos territorios, es por otra parte más para ciertos individuos y grupos que para otros.

Al hacerlo, familias enteras son separadas por alejamientos duraderos y las trayectorias de los individuos están sometidas a muy grandes incertidumbres. Por otra parte, en una Siria empobrecida, las condiciones de vida de las personas desplazadas se degradan rápidamente y dan a menudo lugar al desarrollo de conductas de “compensación”/31 características de estos tiempos de crisis: venta de los bienes y de los títulos de propiedad por sumas ínfimas, reducción de las raciones alimentarias, desarrollo de la prostitución, del trabajo de niños y niñas, etc.

Destrucciones y desplazamientos: instrumentos del conflicto y condiciones de la paz

La amplitud de los desplazamientos de la población en Siria refleja, pues, la amplitud de las destrucciones urbanas, sin poder resolverse allí completamente por tres razones principales.

De una parte, la suerte de las personas refugiadas sirias no es una preocupación del régimen de Damasco. Se puede, incluso, pensar que las dificultades inéditas que esta situación extraordinaria crea para países que no le son favorables -tanto en su entorno cercano como en Europa- son un medio de ejercer un poder de crear problemas en la escena internacional, a falta de otras cartas. La negligencia de Damasco en lo que se refiere a la suerte de su población se ilustra, por otra parte, en el control que el régimen ejerce sobre el acceso humanitario a las poblaciones de los territorios gubernamentales. El arma del hambre no sólo se utiliza en las situaciones de asedio, sino que el régimen, limitando la distribución de esta ayuda y controlando en la práctica su destino (a poblaciones elegidas), la transforma de hecho en instrumento político/32. Todo suministro de ayuda humanitaria que no pasa por los circuitos validados es, además, criminalizado, lo que explica que las redes sirias humanitarias independientes sean todas clandestinas.

Por otra parte, el efecto de los bombardeos sobre las poblaciones de los territorios controlados por la oposición -personas muertas, heridas, destrucciones- conduce a su progresiva depresión demográfica. Atacar a las poblaciones civiles incide en el debilitamiento de los adversarios del régimen, lo que corrobora la estrategia afirmada de “al-jû`aw al-rukû” (el hambre o la sumisión) puesta en pie en los asedios desde finales de 2012/33. Destruir y vaciar un territorio de su población es,desde este punto de vista, un arma del conflicto. El coste inducido es juzgado como marginal en relación al objetivo que es la reconquista -y la supervivencia del régimen de Bachar al-Assad.

En fin, hay que preguntarse sobre el papel de los desplazamientos de población hacia las regiones dominadas por las fuerzas gubernamentales en la consolidación de una “Siria útil”, cuyo control es necesario para la supervivencia del régimen. Éste podría así proclamar para sí mismo una mayor legitimidad política debido a que “sus” territorios abrigarían una mayor proporción de la población siria, mientras que los dominados por sus adversarios estarían vaciados de sus fuerzas vivas.

En este contexto de destrucción de una parte importante del país, de sus zonas residenciales, comerciales, económicas, de sus infraestructuras más importantes y de desplazamientos masivos y prolongados de población, la vuelta de las personas desplazadas sirias del interior y de las personas refugiadas del exterior será uno de los temas fundamentales de la Siria de mañana. Esta vuelta estará presente en las modalidades de arreglo del conflicto, pero también en la posibilidad de reconstruir realmente el país social, política, económica y materialmente: una reconstrucción que, para ser duradera, necesitará, en suma, la instauración de una verdadera solución política y no una simple tregua militar.

29/03/2016

Leïla Vignal, “Syrie : la stratégie de la destruction”, La Vie des idées , 29 mars 2016. ISSN : 2105-3030. URL : http://www.laviedesidees.fr/Syrie-la-strategie-de-la-destruction.html

Mi agradecimiento a Loïc Rivault, profesor de geografía en la Universidad Rennes-2, por nuestro diálogo sobre el conflicto sirio y su generosa autorización para hacer uso de los mapas que él elabora, algunos de los cuales figuran en este artículo (ver en el original de la URL citada, dndr)

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Fuente: ‘Syrian Elite to Fight Protests to ‘the End’’, New York Times, 10/05/2011.

2/ Souhaïl Belhadj, La Syrie de Bashar al-Assad. Anatomie d’un régime autoritaire, Belin, 2013; ver la recensión de Leïla Vignal, “Aux origines de l’insurrection syrienne”, La Vie des idées 26/02/2014. Y Souhaïl Belhadj, “L’appareil sécuritaire syrien, socle d’un régime miné par la guerre civile”, Confluences Méditerranée, L’Harmattan, 2014/2 - N° 89, páginas 15 a 27.

3/ Leïla Vignal, 2014, “La révolution ‘par le bas’ : l’engagement révolutionnaire en Syrie”, en Soulèvements populaires et recompositions politiques dans le Monde arabe, Camau M. et Vairel F. (dirs), Éditions des Presses Universitaires de Montréal.

4/ Leïla Vignal, 2012, « Syrie, anatomie d’une révolution » en La vie des Idées (juillet 2012). Hay traducción http://www.vientosur.info/spip.php?article7017

5/ Ver “Bilan des victimes : l’impossible comptage”, Libération 10/03/2016.

6/ La mitad, según los muertos documentados por la Syrian Network for Human Rights (Rapport Who are Kiling Civilians in Syria, Civilian’s Death Toll up to the end of October 2015, October 2015) ;70% según el Violation Documentation Centre, que ha documentado131 555 muertos a fecha de 2/03/2016.

7/ Fuente: Rapport Between Prison and the Grave, Enforced Disappearances in Syria, Amnesty International, 2015.

8/ Fuente: Humanitarian Response Plan, January-December 2016, United Nations Office for Coordination of Humanitarian Aid (OCHA), Diciembre 2015.

9/ Rapport OCHA, ibid.

10/ Conversaciones telefónicas con habitantes de Damas, enero 2016.

11/ OCHA, Diciembre 2015, op. cit.

12/ En septiembre de 2015, según OCHA (informe citado).

13/ Rapport Slow Death : Life and death in Syrian communities Under Siege, Syrian American Medical Society Report, March 2015.

14/ Según los datos recogidos por la ONG holandesa PAX y el Syrian Institute, First Quaterly Report on Besieged Areas, Febrero 2016 (www.siegewatch.org).

15/ Médicos Sin Fronteras : Rapport Syrie 2015 – Rapport sur les blessés et les morts de guerre au sein de structures sanitaires soutenues par MSF, publicado el 8 febrero de 2016.

16/ “The Syrian revolution is a baby – it needs nourishment”, The NewStatesman, 18 de Julio de 2013.

17/ La ONG recuenta, en 2015, 82 ataques sobre las 70 estructuras médicas que apoya, quedando doce de ellas completamente destruidas.

18/ Rim Turkmani with Ali A. K. Ali, Mary Kaldor and vesna Bojicic-Dzelilovic, July 2015, “Countering the logic of the war economy in Syria ; evidences from three local areas”, Department of International Development, London School of Economics.

19/ Solo dos grupos recurren a bombas en medio urbano: el Frente al-Nusra y el Estado Islámico.

20/ Henckaerts J.-M., 2005, “Étude sur le droit International humanitaire coutumier. Une contribution à la compréhension et au respect du droit des conflits armés”, en Revue Internationale de la Croix-Rouge, Vol. 87 Sélection française 2005. Sobre el Derecho internacional sobre este tema, se puede consultar por ejemplo la página del Comité Internacional de la Cruz Roja.

21/ Le Monde, 7 février 2016, “La bataille d’Alep, tournant de la guerre civile syrienne”.

22/ Human Rights Watch (2014) Syria : Unlawful Air Attacks Terrorize Aleppo, y Amnesty International (2015), Death everywhere ; war crimes and Human rights abuses in Aleppo, Syria.

23/ Es este, explícitamente, el caso de los asedios urbanos, parte integrante de la estrategia del régimen, calificada por los propios oficiales sirios como “hambre hasta la rendición”. Reuters, “Insight : Starvation in Syria : a war tactic”, 30/10/2013. Ver también Amnesty International, 2014, Squeezing the Life Out of Yarmouk. War Crimes against Besieged Cities ; y UNOHR, 2014, Report of the Independent International Commission of Inquiry on the Syrian Arab Republic, A/HRC/25/65.

24/ UNOHR, 2013, Report of the Independent International Commission of Inquiry on the Syrian Arab Republic, A/HRC/22/59 ; et UNOHR, 2014, op. cit.

25/ Vignal L., 2014, « Urban destructions : Revolution, repression and war planning in Syria (2011 onwards)”, in Built Environment, Special issue ‘Urban Violence’, Vol. 40, n°3.

26/ En efecto, una parte de las personas sirias en camino hacia Europa ha sido registrada en la región y no hay procedimiento de “desregistro”.

27/ Esta estimación del Syrian Centre for Policy Research está elaborada a partir de proyecciones y no de un recuento: Rapport “Confronting Fragmentation ! Impact of Syrian Crisis Report”, 2015.

28/ La mayor unidad administrativa: hay 14 provincias (gobernorados) en Siria. En el conflicto actual, estas divisiones administrativas tienen poco sentido en relación a la realidad sobre el terreno y de sus divisiones pero los datos disponibles remiten a ella.

29/ Valentina Napolitano, “Yarmouk, une guerre contre tous “, Noria, mayo 2015 (http://www.noria‐research.com).

30/ Informe REACH, “Urban factsheet, Eastern Aleppo City, Syria crisis” (www.reach-initiative.org).

31/ Las “coping strategies” definidas por las ONGs y organizaciones humanitarias internacionales.

32/ Un reciente artículo da cuenta de este control y de las dificultades de la comunidad internacional para responder, puesto que el régimen de Bachar al-Assad sigue siendo su interlocutor desde el punto de vista de la legalidad internacional y del sistema onusiano el interlocutor: “Aiding Disaster. How the United Nations’ OCHA Helped Assad and Hurt Syrians in Need”, par Annie Sparow, dans Foreign Affairs, 1/02/ 2016.

33/ Ver Rapport First Quaterly Report on Besieged Areas, op. cit.



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