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Tribuna VIENTO SUR
Alemania. Éxito de los xenofobos
19/03/2016 | Manuel Kellner

Los resultados de las elecciones municipales en el land de Hesse, el 6 de marzo, ya dieron la señal de alarma, pues la AfD (Alternative für Deutschland) obtuvo un 11,9 % de los votos, lo que le ha permitido tener representantes en numerosos ayuntamientos, mientras que el partido de izquierda Die Linke se quedó bastante por debajo de la barrera del 5 % al no obtener más que el 3,5 % de los votos. La CDU cristiano-conservadora, con el 28,9 %, se situó más o menos en el mismo nivel que el SPD socialdemócrata. Los Verdes (Die Grünen) alcanzaron el 11,3 % y el FDP liberal logró recuperarse de su debilidad electoral –como ya ocurrió en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia en 2012– al obtener el 6,4 % de los votos.

Ahora, las elecciones regionales que han tenido lugar en Bade-Wurtemberg, Renania-Palatinado y Sajonia-Anhalt el 13 de marzo han confirmado de manera espectacular el desplazamiento a la derecha del electorado. En Bade-Wurtemberg, los Verdes, el partido del ministro-presidente saliente, Winfried Kretschmann, se han convertido en el partido más votado con más del 30 % de los votos, sumando 6,1 puntos porcentuales al resultado que había obtenido en la elección de 2011 en este mismo land. Sin embargo, no pueden seguir gobernando en coalición con el SPD, que ha perdido 10,4 puntos porcentuales y no ha conseguido más que el 12,2 % de los votos. La CDU ha perdido 12 puntos porcentuales para descender al 27 %. La AfD ha logrado el 15,1 % de los votos y por tanto va a entrar en el parlamento regional con más diputados que el SPD. Además, el FDP ha sumado 3 puntos porcentuales y alcanzado el 8,3 %. Die Linke se queda con el 2,9 % (2011: 2,8 %) y por tanto no ha conseguido superar la barrera del 5 %.

La AfD ha pescado votos en todos los caladeros: 207 000 entre quienes se abstuvieron en 2011, 188 000 entre los antiguos votantes de la CDU, 88 000 del SPD, pero también 22 000 de Die Linke (y 18 000 del FDP). También ha acaparado, por supuesto, los votos de las pequeñas candidaturas de extrema derecha, y ello en las tres elecciones regionales del pasado domingo.

En Renania-Palatinado, el SPD, con la ministra-presidenta saliente, Malu Dreyer, gana con el 36,3 % de los votos (0,6 puntos porcentuales más que en 2011). La CDU, con su candidata Julia Klöckner, de perfil más derechista que la canciller Angela Merkel, sobre todo en la cuestión de los refugiados, ha alcanzado el 31,7 % de los votos. La AfD ha obtenido el 12,3 %. El FDP gana casi dos puntos porcentuales, con el 6,1 % de los votos. Los Verdes han perdido 10,2 puntos porcentuales y alcanzan el 5,2 %. Die Linke solo ha logrado el 2,8 % de los votos (frente al 3 % en 2011) y por tanto no entra en el parlamento.

La AfD también quita votos a Die Linke

La AfD ha sabido movilizar a 77 000 votantes que se habían abstenido en 2011, y ha robado 46 000 votos a la CDU, 34 000 al SPD, y también 11 000 a Die Linke, aunque solamente 5 000 a los Verdes. Estos últimos han perdido votos sobre todo a favor del SPD, mientras que en Bade-Wurtemberg ha ocurrido lo contrario, ya que ahí ha sido el SPD el que ha perdido votos sobre todo a favor de los Verdes.

Sajonia-Anhalt es un land del este de Alemania, situado en territorio de la antigua RDA, bastante más pequeño que Bade-Wurtemberg o Renania-Palatinado. Allí, de 1 878 095 habitantes con derecho a voto, acudieron a las urnas 1 147 485, es decir, el 61,1 % (en 2011 solo fueron el 51 %). Ha sido sobre todo la AfD la que ha movilizado este potencial electoral. La CDU ha resultado ser el partido más votado, con el 29,8 % de los votos, pero ha perdido 2,5 puntos porcentuales. La AfD ha quedado en segundo lugar, consiguiendo el 24,2 % de los votos. En números absolutos, 271 832 votantes se han decantado por este partido. Die Linke ha perdido 7,6 puntos porcentuales, con el 16,7 % de los votos. El SPD ha perdido 11 puntos porcentuales y solo ha obtenido el 10,6 % de los votos. Los Verdes no han superado, aunque por poco, la barrera del 5 %, habiendo perdido dos puntos porcentuales. El NPD, a la derecha de la AfD, ha obtenido un 1,9 % de los votos.

La AfD ha movilizado a 104 000 electores que no habían participado en las elecciones de 2011. Ha quitado 38 000 votos a la CDU, así como 29 000 a Die Linke, 21 000 al SPD (y 6 000 al FDP y 3 000 a los Verdes).

En los grandes medios de comunicación alemanes, todo el mundo coincide en que el motivo del éxito de la AfD es el millón de refugiados que han entrado en Alemania en 2015 y la sensación de que la política del gobierno federal (la gran coalición de la CDU/CSU y el SPD) y la política del sistema en general no es capaz de afrontar el problema. Hay que ser conscientes de que la AfD de hoy ya no es la AfD de Bernd Lucke y Olaf Henkel, que se oponía a las ayudas financieras “a Grecia”, al euro y a la integración europea, por mucho que esa AfD ya fuera muy derechista. La AfD de hoy es fruto de una radicalización a la derecha, y sus dirigentes actuales están mucho más cerca de la extrema derecha y de los neonazis. Su portavoz, Frauke Petry, ha declarado, por ejemplo, que habría que disparar sobre los refugiados en las fronteras. Los éxitos electorales de esta fuerza política van de la mano de las movilizaciones racistas de Pegida (“Patriotas europeos contra la islamización de Occidente”) y la proliferación de ataques físicos e incendiarios contra los refugiados y sus alojamientos.

La evolución de la AfD hacia la derecha, por cierto, todavía no ha concluido, ni mucho menos. Petry, en sus intervenciones en la televisión, se esfuerza a menudo por hacer creer que la AfD no es un partido extremista de derechas. Dentro de la AfD existe una oposición de derechas, una “plataforma patriótica”, que propugna una cooperación mucho más estrecha con Pegida y un perfil mucho más abiertamente extremista de derechas. Entre los dirigentes de la AfD hay quienes llaman a luchar contra el “genocidio rampante” de que, según ellos, es víctima el pueblo alemán y amenazan con “poner orden” en este país dando el debido trato a quienes lo “traicionan”.

¿Derrota de Angela Merkel?

En el debate político público en Alemania, la posición de Merkel se percibe en gran medida como el mantenimiento firme de la actitud de brazos abiertos, de mano tendida a los refugiados, de defensa de un trato humano para estos, de búsqueda de una acción común solidaria de los países de la UE etc., pese a que, de hecho, la política real del gobierno alemán hacia los refugiados se ha endurecido cada vez más en muchos aspectos. Y el intento de establecer una colaboración estrecha con el Estado turco para que asuma el papel de guardián y retenga a la masa de refugiados para que no puedan entrar en Europa, además de todas las medidas encaminadas a cerrar a cal y canto la fortaleza europea, no encajan para nada con la imagen humanista que Merkel todavía consigue irradiar. Pese a ello, la canciller sigue siendo la diana del odio racista que atribuye a su política de “bienvenida” que tantos refugiados afluyan a Alemania.

No solo Horst Seehofer, jefe de la CSU bávara, se hace eco de Pegida y de la AfD al reclamar una política todavía más dura y restrictiva contra los refugiados, sino también otros jefes regionales de la CDU. Por ejemplo, Klöckner, la candidata principal de este partido en Renania-Palatinado, se había distanciado de Merkel en esta cuestión. Pero ha perdido. Y Kretschmann, dirigente de los Verdes en Bade-Wurtemberg, había rezado públicamente por la buena salud de Merkel, declarando que está decidido a apoyarla con todas sus fuerzas; pues bien, acaba de triunfar en las últimas elecciones. Por tanto, no es extraño que Merkel haya declarado rápidamente, tras las elecciones del 13 de marzo, que ella no cambiará su política hacia los refugiados. Y Sigmar Gabriel, jefe del SPD, figura entre los perdedores, pese a que antes de las elecciones hubiera declarado que habría que destinar más dinero a cubrir las necesidades sociales de los alemanes más desfavorecidos, lo que muchos percibieron como una concesión retórica a la agitación de la AfD.

¿Qué hacer?

Me parece importante que haya un debate serio en el seno de la izquierda política alemana sobre las lecciones que se desprenden de esta jornada electoral tan catastrófica. Claro que hay cosas bastante simples, como que hace falta redoblar los esfuerzos por movilizar contra los Pegida y la AfD mediante la unidad de acción más amplia; que debemos integrarnos todavía más en el movimiento masivo de ayuda a los refugiados y tratar de politizarlo; que hay que multiplicar las iniciativas de encuentro y cooperación entre alemanes, inmigrantes y refugiados en Alemania; que hemos de tratar de desarrollar una cultura de autodefensa y ayuda mutua frente a los actos violentos contra los refugiados y los militantes antifascistas y de izquierda. Pero hemos de comprender también que hay una carrera de velocidad entre la derecha extrema y la izquierda política por orientar políticamente las radicalizaciones y el descontento frente a la política establecida.

Esto significa que no solo hemos de denunciar el carácter absolutamente procapitalista, neoliberal, antisocial y antiobrero del programa económico y social de la AfD, sino también la política real del gobierno y de todos los partidos procapitalistas establecidos, tanto en el ámbito de la política hacia los refugiados como en el de la política económica y social, que está al servicio del gran capital. Hay que denunciar las flagrantes desigualdades a escala mundial, así como en Europa y en Alemania. A medida que el partido Die Linke aparece cada vez más como un partido integrado en la política establecida –por ejemplo, en los sitios en que participa en los gobiernos regionales, como en Turingia–, será cada vez más incapaz de captar el descontento creciente y de orientarlo hacia soluciones solidarias. Esto es un peligro mortal.

Asimismo, es preciso discutir sobre un cambio de rumbo de la política internacional del partido Die Linke. Es cierto que el partido defiende a los kurdos contra la opresión ejercida por el gobierno turco de Erdogan. Sin embargo, esto no basta. Con respecto a Siria, una portavoz del partido como Sahra Wagenknecht, que representa cada vez más al ala izquierda del partido, solamente denuncia los imperialismos occidentales y calla sobre el hecho de que la acción militar del gobierno ruso de Putin solo ha servido para salvar a la repugnante dictadura de Assad. No es de esta manera “campista” –retrógrada y anticuada– como se puede forjar el internacionalismo solidario de todas y todos quienes luchan contra la opresión y la explotación frente al nacionalismo y el racismo de extrema derecha.

17/03/2016

* Manuel Kellner es miembro de la dirección de la isl (internationale sozialistische linke – izquierda socialista internacional), una de las dos organizaciones de la IV Internacional en Alemania, y redactor de Sozialistische Zeitung (SoZ).

Traducción: VIENTO SUR



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