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Turquía: panorama y perspectivas
La solidaridad con los kurdos, con la revolución siria y con los refugiados sirios constituye una totalidad
17/03/2016 | Entrevista con Emre Öngün

Emre Öngün, es militante franco-turco, doctor en Ciencias Políticas, es miembro de Ensemble!/Front de gauche (y muy activo en el seno de su comisión internacional). Nos aporta, en esta entrevista, un detallado análisis de los procesos históricos y políticos que motivan la actual recomposición de la izquierda turca en torno a temas como la autonomía kurda y la paz civil. De la descomposición del imperio otomano a los recientes atentados pasando por Gezi, Emre Öngün, como marxista revolucionario, ofrece un informado panorama, plantea las claves del debate y precisa las perspectivas estratégicas, en un resumen que no tiene hoy día equivalente en nuestro entorno.

¿Cuáles han sido las principales secuencias de la política turca respecto a la cuestión nacional kurda?

A lo largo de su desarrollo, Turquía presenta históricamente dos características principales, ya presentes al final del Imperio otomano. Por una parte, es heredera de un estado de periferia capitalista, posible presa para las potencias imperialistas, un rol que constituyó la impotencia del Imperio otomano en su último período. Por otra parte, el actual estado turco, tal como ha sido construido, conserva la herencia de un nacionalismo turco que ya estaba en el poder al final del Imperio y que tenía el proyecto de someter a los pueblos no turcos. El nacionalismo turco se distingue así de los otros nacionalismos que se desarrollan al final del Imperio (árabe, kurdo…) como nacionalismo de dominantes locales. Debo insistir en que no hay que crear compartimentos estancos entre el Imperio otomano y la república turca fundada en 1923.

Así, los enfrentamientos entre, por una parte, el Estado central dominado por turcos y, por otra, los kurdos, existen desde antes de la fundación de la república. En efecto, como reacción al ascenso del nacionalismo turco se desarrolló un nacionalismo kurdo en las élites de Estambul. Tras la revolución de los Jóvenes Turcos de 1908 –acontecimiento que tuvo una gran importancia y fue saludado por la Internacional Socialista– y la efervescencia política que suscitó, aparecieron asociaciones y periódicos kurdos. Pero la predicción de Christian Rakovsky, principal figura del marxismo balcánico, que hablaba turco, en el semanario Socialisme de Jules Guesde, “en lugar del sultán autócrata, habrá una oligarquía no menos autocrática”, se cumplió. Las asociaciones kurdas fueron prohibidas desde 1909, la población de las provincias sublevadas sufrió la represión armada. La historia de los Jóvenes Turcos agrupados en el partido Unión y Progreso, será una marcha brutal, llevada a cabo por oficiales con escasa cultura política, incapaces de hacer frente a la crisis económica y social en curso, nada dispuestos a cuestionar el orden social, candidatos a la dictadura y responsables del genocidio armenio. La Primera Guerra Mundial, con la que se comprometió el gobierno de Unión y Progreso, resultó un desastre y ocasionó el desmantelamiento del Imperio en beneficio de potencias imperialistas occidentales que, en el Tratado de Sèvres (1920), preveían la implantación de un nuevo reparto geográfico con un Estado kurdo autónomo. El movimiento nacional turco que emergió frente a las potencias occidentales y Grecia, con Mustafá Kemal a la cabeza, necesitaba aliados. Buscó y obtuvo el apoyo de la joven Unión Soviética en el plano internacional y prometió a los kurdos una federación turco-kurda sobre una base musulmana.

Esta promesa no será mantenida después del Tratado de Lausanne, que anuló el de de Sèvres y reconoció a la Turquía republicana. Al contrario, el régimen republicano retomó los fundamentos del nacionalismo turco en el poder al final del Imperio otomano, repudiando al mismo tiempo a los dirigentes que lo promovieron y habían fracasado. De esta manera, la Turquía kemalista se construyó con una lógica colonial a costa del Kurdistan. El hecho de que haya una continuidad territorial o que no existiera Kurdistan independiente antes de la fundación de la República, no cambia nada. El elemento determinante es que, con la fundación de la República, los kurdos perdieron la autonomía de que disponían todavía al final del Imperio, fueron brutalmente sometidos y vieron cómo se les negaba su identidad. Dentro de este proceso, la guerra de independencia y las promesas de alianza anti-imperialista entre los pueblos turcos y kurdos sólo fueron un paréntesis.

Esta lógica colonial tiene especificidades que se han reforzado con el tiempo. La primera es la existencia de una continuidad territorial entre las zonas de población kurdas y turcas. La segunda es la consecuencia del paso al multipartidismo y la necesidad de conceder formalmente los mismos derechos al pueblo dominado, en el marco de un sistema político con elecciones competitivas. La tercera consiste en las crisis y conmociones acarreadas en las zonas fronterizas por las intervenciones imperialistas (las dos intervenciones bajo mando estadounidense en Irak), la revolución siria y su aplastamiento, la emergencia del Estado Islámico en un contexto caótico. La cuarta es que la mayoría de los kurdos de Turquía viven ya fuera del Kurdistan (unos 4 millones en Estambul y un millón en Izmir).

La gestión de estas especificidades por parte de los dirigentes turcos ha oscilado entre dos polos. Por un lado, un enfoque represivo, con estados de excepción territoriales combinados con una restricción de las libertades públicas en el conjunto de Turquía, viciando la competición electoral incluso desde el punto de vista de la democracia burguesa, llegando incluso a su casi desaparición, como ocurrió tras el golpe de Estado de 1980. Este enfoque, como cualquier lógica colonial, necesita un racismo sistémico y sucursales locales (tribus privilegiadas por el Estado, negociantes, etc.). Por otro lado, existe un enfoque “liberal” que puede llegar hasta el reconocimiento de una identidad kurda sin que ello cuestione la existencia del Estado turco en sus actuales fronteras, ni evidentemente el orden capitalista. Hay que decir de entrada que el primer polo ha sido la regla y el segundo la excepción.

El período de partido único corresponde por entero al primer polo. En términos generales, la proeza republicana espectacularmente modernizadora, celebrada en Turquía y en Occidente, consistía en la constitución de un Estado unitario en manos de los turcos, cuyo elemento central era la emergencia de una clase capitalista turco-sunita bajo la protección del Estado excluyendo a los capitalistas procedentes de las minorías. La más emblemática de las medidas en este sentido fue el establecimiento de un impuesto sobre la fortuna, con un tipo fiscal, fijado por comisiones ad hoc, que dependía de una categorización oficiosa, aunque aplicada, entre musulmanes / no musulmanes / extranjeros / convertidos. Los no musulmanes eran sometidos a tasas particularmente elevadas y exiliados a un campo de concentración en el Estado anatolio si no las pagaban. Aplicada durante dos años, esta medida destrozó el poder económico de los no musulmanes –que era el objetivo pretendido. Se alzaron entonces dinastías capitalistas turcas, bajo la protección del Estado, la más emblemática el emporio Koç, cuyas rentas consolidadas fueron de 21 000 millones de euros en 2014.

Pero el favoritismo religioso iba a la par del favoritismo étnico, como se ha dicho. El planteamiento fue expresado de manera tan sintética como brutal por Mamut Esat Bozkurt, el arquitecto del sistema judicial de la república turca, Ministro de Justicia entre 1924 y 1930, diputado de la guerra de independencia hasta su muerte en 1943, quien declaró en 1930 tras un levantamiento kurdo en Agri: “Los señores de esta tierra son los turcos. Los que no tienen pura sangre turca no tienen más que un único derecho en la patria turca: el derecho a ser los servidores de los turcos, a ser sus esclavos”. De hecho, las palabras de M.E. Bozkurt no hacían más que ilustrar, de forma sobresaliente, el planteamiento de la república y del régimen de partido único con respecto a los kurdos. En efecto, el nombre de Kurdistan, empleado de manera usual durante la era otomana, está prohibido. A partir de 1925, los nombres de la mayor parte de las localidades fueron turquificados. Se prohibió hablar kurdo en 1932. Además de múltiples revueltas locales, estallaron tres grandes insurrecciones kurdas entre 1925 y 1938. La primera fue la del jefe religioso Cheikh Said en 1925, que expresó en el lenguaje del tradicionalismo la contestación kurda. Desde luego, el elemento determinante en este acontecimiento no fue la oposición entre la reacción religiosa y el modernismo pro-occidental, sino la dimensión colonial. A esta revuelta sucedió la del monte Ararat en 1930, y después la de Dersim en 1937-1938, todas ellas reprimidas con una extrema violencia y acarreando deportaciones. Esta negación de la identidad kurda y el enfoque colonial, apoyándose en algunas tribus y en grandes señores feudales prosiguió tras el paso al multipartidismo en 1945, mientras la oposición kurda se veía muy debilitada.

La oposición sólo renacería en el marco de la politización de los años 1960 y, en un primer momento, en el seno de la izquierda antes de autonomizarse, lo que llevará a la constitución de varias organizaciones, entre ellas el PKK (Partiya Karkerên Kurdistan, Partido de los Trabajadores del Kurdistan), que suplantó a las otras y cuya dirección pasó a Líbano y Siria antes del golpe de Estado militar de 1980. Comparado con el período de partido único, los años 1960-1970 fueron un período de liberalización en la cuestión kurda, en un contexto de polarización política, fuertes movimientos sociales y crecimiento de la izquierda radical.

La vuelta de la balanza hacia el primer polo fue tanto más brutal, con el golpe de Estado de 1980. Los militares en el poder relanzaron la concepción turca-sunita del Estado turco y reprimieron de forma continua las localidades kurdas, incluso aquellas donde el PKK, todavía muy minoritario, no actuaba. La brutalidad de la represión, combinada con una crisis de las estructuras sociales tradicionales (debida sobre todo a la incapacidad de la agricultura tradicional para hacer frente a la presión demográfica), reforzó al PKK, cuya guerrilla se desarrolló en el Kurdistan controlado por el Estado turco a partir de 1984. La excepcionalización territorial tomó esta vez la forma de la constitución de OHAL, el Gouvernorat de la provincia que abarcaba el Kurdistan, en estado de urgencia desde 1987. El estado de urgencia fue prorrogado 46 veces, por cuatro meses cada vez, dejando a sus anchas a las fuerzas de seguridad del Estado y a sus aliados.

Un nuevo intento de gestión liberal tuvo lugar a comienzos de los años 2000: el Presidente de la República, Turgut Özal, campeón del liberalismo especulador y del antisindicalismo, intentó negociar con el PKK. El progreso de los portavoces llevó a una declaración de alto el fuego del PKK en marzo de 1993. Al mes siguiente, Turgut Özal murió de una sospechosa crisis cardíaca pocas semanas después de la muerte de sus dos próximos colaboradores en las negociaciones, el general Esref Bitlis y el exMinistro de Finanzas Adnan Kahveci. El pretendido plan de negociaciones nunca fue presentado y tras su muerte el ejército lanzó el “Plan Fortaleza”, una estrategia de contra-guerrilla. La cuestión colonial había emponzoñado el corazón del aparato de Estado y el intento de reforma liberal se cortó de forma brutal.

A partir de entonces se intensificó una guerra entre el Estado turco y sus aliados (milicianos kurdos korucu, Hizbullah kurdo) frente al PKK. En el marco de esta guerra, cuya amplitud irá in crescendo, se puso en marcha lo que Gilles Dorronsoro ha denominado un “régimen securitario”, cuya originalidad consiste en la autonomía de las instituciones ligadas a la seguridad (ejército, policía, servicios secretos, diplomacia, justicia, universidad) respecto a las instancias gubernamentales (mantenidas al margen y encubriendo esta situación). Esta autonomía se legitimaba por medio de una meta-ideología que concede un lugar primordial a la noción de “seguridad nacional”. El régimen securitario encubría así a un archipiélago de instituciones que, aún pudiendo entrar en competencia unas con otras (e incluso con enfrentamientos internos), tienen en común el hecho de beneficiarse de esta autonomía. La guerra desplegó también una actividad internacional, consiguiendo que Al-Assad se volviera contra el PKK, cuya dirección estaba en Siria. Tras 19 años de presencia, A. Öcalan fue obligado a abandonar Siria en 1998. El régimen de Al-Assad firmó un acuerdo de seguridad mutua con el gobierno turco en octubre de 1998 y declaró al PKK “organización terrorista”, La captura de Abdullah Öcalan unos meses más tarde supuso un duro golpe para el PKK, que desplazó sus campamentos de Siria al monte Qandil, en el Kurdistan de Irak. Un elemento esencial de la violencia en el Kurdistan ha sido reforzar el éxodo rural hacia las ciudades del Oeste (y en menor medida al extranjero), aunque hoy día una mayoría de kurdos viven fuera del Kurdistan en ciudades de mayoría turca.

El AKP, que llegó al poder en 2002, fue para una gran parte de la población la señal de una estabilización política, un fuerte crecimiento económico (cuya fragilidad se está mostrando ahora), la domesticación real del ejército e incluso, en un primer momento, una nueva esperanza de reforma liberal sobre la cuestión kurda.

Utilizando este planteamiento, el AKP se ha esforzado por ganar en los municipios controlados por el movimiento kurdo. Pero ha sido un fracaso: en Amed / Diyarbakur, la lista del movimiento kurdo encabezada por Osman Baydemir, superó ampliamente a la lista AKP, con el 59% en 2004 y el 64% en 2009. No ha caído ningún bastión del movimiento kurdo. Esto supone un gran fracaso para el AKP que, por lo demás, ha conseguido eliminar los núcleos de oposición dentro del aparato de Estado, con el que se confunde en gran medida. Se abrió entonces un período en el que persisten la represión y los enfrentamientos, aunque las puertas de las negociaciones quedaron abiertas.

A finales de 2012 Erdogan anunció el inicio de negociaciones con el PKK: esta etapa constituye el último intento de tipo liberal. El proceso de negociación había llegado a su fase final (con el “acuerdo de Dolmabahçe” en diez puntos, presentado en común por el diputado del HDO (Halklarin Demokratik Partisi, Partido Democrático de los Pueblos) Sirri Süreyya Önder y el Ministro del Interior) cuando se volvió otra vez al polo represivo, y con gran brutalidad. El acuerdo fue literalmente laminado por Erdogan, que llegó a negar su existencia. Por su parte, las colectividades locales kurdas han adoptado la consigna de “autonomía democrática” (que luego trataremos) y han comenzado a ponerla en marcha. En muchas localidades, la población, en particular los jóvenes, han comenzado a cavar trincheras para proteger a sus barrios, lo cual ha sido presentado por el Estado como una provocación terrorista.

Ya conocemos la continuación: una campaña de terror que ha ido creciendo después del buen resultado electoral del HDP en las elecciones de junio de 2015, que impidió al AKP obtener la mayoría absoluta en el parlamento. El estado de excepción está de nuevo en marcha, con la multiplicación de estados de sitio en localidades kurdas.

Para acabar con este punto, quiero llamar la atención sobre la cuarta especificidad que he citado antes: la mayoría de los kurdos de Turquía vive ya fuera del Kurdistan. Esto significa que no basta con la excepcionalización territorial para luchar contra los kurdos. Para quebrar a los kurdos en todo el país y sobre todo en las grandes ciudades del oeste, el régimen del AKP necesita movilizar no sólo a las fuerzas armadas del Estado (ejército, policía), sino también a grupos fascistizantes bajo la protección del Estado. La represión del Kurdistan supone en consecuencia un retroceso de los derechos democráticos. Continuar esta política requerirá, en adelante, una mutación del régimen.

¿Puedes hablar del proyecto político del PKK? ¿Cómo se comprende el giro de estos diez últimos años y la política de paz promovida por el PKK? Aparte de la cuestión nacional, ¿cómo se sitúa en el plano de las relaciones de clase?

Cuando su fundación en 1978 (aunque el núcleo ya existía desde varios años antes), el PKK era en suma una organización bastante clásica para los años 1970, un partido de liberación de nación oprimida, surgido de la izquierda radical, de inspiración marxista-leninista, teniendo como modelo la guerra popular prolongada. Retomando el discurso anticolonialista, el PKK se fijó como objetivo la creación de un Kurdistan independiente donde convendría imponer una revolución socialista.

A. Öcalan y los fundadores del PKK, y también su base militante, tenían un perfil muy distinto al de un notable como Barzani: eran jóvenes campesinos pobres radicalizados durante sus estudios, que habían pasado por el entorno de la izquierda radical. El PKK se autonomizó de la izquierda radical. Su nombre PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistan) es en cierta medida un tributo a este origen. Eso explica también que en su seno siempre haya habido un pequeño número de turcos procedentes de la izquierda radical (incluso en puestos de dirección) que consideran que la liberación del Kurdistan es una condición para la revolución en Turquía.

En cuanto al proyecto político del PKK y su desarrollo, Alex de Jong hizo un buen resumen para la revista Inprecor/1. Voy a señalar algunos puntos destacables, pero sobre esta cuestión es imprescindible leer el artículo de A. de Jong. Para una fuente más universitaria sobre el PKK, lo mejor son los trabajos de Martin van Bruinessen (en inglés) y de Olivier Grojean (en francés).

Además de la citada inspiración marxista-leninista anticolonial, un elemento fundamental del discurso del PKK es una forma de violencia emancipadora (un folleto de 1985 dice: “La violencia revolucionaria debe jugar este papel (crear una sociedad nueva) y adoptará, así lo decimos, la forma de la venganza revolucionaria”). Además, el PKK no sigue el mandato de Mao que dice que “el Partido manda sobre los fusiles”: el partido (y sus cuadros políticos) y la guerrilla son sólo uno. La entrada en el partido es considerada por tanto como una ruptura total. En este sentido, De Jong señala, siguiendo a Olivier Grojean/2, que el discurso del PKK pone el acento en la ambición por crear un “hombre nuevo”, caracterizado por una “personalidad” marcada por una “mentalidad kurda” distintiva, abandonando la mentalidad de su antigua vida (anterior al partido) y mejorándola con la práctica de la autocrítica. Esta concepción del socialismo como la construcción de un “humano nuevo” ha servido también de base de crítica de la URSS. Y en 1993 Ökalan afirmó que el PKK, cuando hablaba de “socialismo científico”, no se refería al marxismo sino a la superación de los “intereses de los Estados, de la nación y de las clases”. Todavía hoy, el PKK y el PYD (su partido hermano en el Rojava) siguen afirmando que luchan por “toda la humanidad”, discurso fácilmente retomado en la lucha contra el Estado Islámico porque responde a las preocupaciones occidentales.

La cuestión de las mujeres se ha vuelto absolutamente central en el discurso del PKK: ellas ocupan el papel de vanguardia en la profundización de este discurso. Hemos asistido a un gran avance en la participación de mujeres en la guerrilla, desde la segunda mitad de los años 1990. Esta posición pro-mujeres (más que feminista) procede ante todo de una esencialización de las características de las mujeres y las hace garantes de la sociedad socialista.

Después de su detención en 1999, el discurso de Öcalan ha cambiado. Ha evolucionado, en efecto, hacia una forma de anti-estatismo reivindicando una vuelta a los valores libertarios de la sociedad kurda original, por medio del advenimiento de la República democrática, la autonomía democrática (local) y el confederalismo democrático. Esta fórmula es absolutamente central hoy día en el discurso de todo el movimiento kurdo en Turquía. Öcalan propone como principal fuente teórica a Murray Bookchin (1921-2006), un teórico socialista libertario de Estados Unidos que pasó por el trotskysmo (SWP estadounidense) y que situaba en el centro de su reflexión la contradicción capital-medioambiente, más que capital-trabajo, y concedía una gran importancia a la combinación de los movimientos sociales con las instituciones políticas locales (ayuntamientos). En los planteamientos de Ökalan, las cuestiones de clase están en segundo plano respecto a las cuestiones de identidad y de libertades democráticas.

Para acabar, está el hecho de que Öcalan se ha mantenido como la referencia última para el PKK y su base popular, aunque esté encarcelado y sólo pueda comunicarse a través de sus abogados. De Jong subraya un aspecto muy importante y recurrente: el potencial de lo confuso. Las declaraciones de A. Öcalan suelen ser imprecisas y confusas, en todos los sentidos del término: difícilmente comprensibles y mezclando nociones que deberían ser muy distintas. Pero eso no es lo esencial. Estoy de acuerdo con la constatación de hace De Jong de que estando detenido, lejos del movimiento, Öcalan se ha convertido en una especie de profeta cuyas declaraciones están abiertas a las interpretaciones.

¿Qué se entiende por movimiento de liberación kurdo?

Utilizo el término general de movimiento de liberación kurdo porque no se puede reducir al PKK. Antes que nada, el PKK es una organización que se proyecta en el Kurdistan más allá de las fronteras del Estado turco. La traducción organizativa ha sido la fundación por el PKK, en 2007, del KCK, el Grupo de Comunidades del Kurdistan, reagrupando a los partidos hermanos del PKK en los territorios de los Estados irakí, iraní y sirio, sus ramas militares y algunas organizaciones civiles. El KCK sustituyó al KKK, Pueblos del Kurdistan, fundado dos años antes. El KCK es dirigido por una asamblea, llamada Kongra-Gel (Congreso de los Pueblos del Kurdistan/3) que tiene un presidente y nombra una consejo ejecutivo, dirigido a su vez por un binomio mujer/hombre. El PKK es la organización que determina el curso del KCK. Sus partidos hermanos tienen importancia desigual. El más conocido hoy día es el PYD, Partido de la Unidad Democrática, que dirige el Rojava (el Kurdistan en territorio del Estado sirio). En Iran es el PJAK, Partido de la Vida Libre en el Kurdistan, y en Irak un muy pequeño partido, PÇDK, Partido de la Solución Democrática (que obtuvo el 0,2% en las elecciones legislativas del Gobierno Regional Kurdo). Con excepción del PÇDK, cada uno de esos partidos tiene ramas militares distintas de mujeres y hombres. No se excluye que combatientes de las ramas militares del PKK luchen bajo la bandera de otras ramas militares del KCK.

Pero fuera del marco del KCK, hay todo un conjunto de organizaciones que gravita también en torno al PKK. Desde luego, el PKK en sentido estricto es un actor determinante en el seno de este movimiento, pero no lo abarca por completo. Existe un gran número de organizaciones que no son ajenas al PKK pero que tienen su propia existencia, tienen cierta autonomía, es decir, no se trata de simples siglas que sirven de cobertura al PKK (al menos la mayor parte de ellas).

Se pueden agrupar estas distintas organizaciones por su implantación geográfica, su carácter armado o civil, y en el caso de las organizaciones civiles, por sus funciones “generalistas” o específicas.

La implantación geográfica puede ser de cuatro tipos: específica del Kurdistan del Norte (Bakur) que se encuentra en las fronteras del Estado turco, toda Turquía, específica de las regiones kurdas fuera de las fronteras del Estado turco reagrupadas en el KCK, y el resto (es decir, en la emigración).

El carácter armado o civil no requiere más precisión, aunque puede haber organismos político-militares y los propios órganos militares, aunque distintos, no parecen estar autonomizados.

La capacidad de organización y de movilización en la emigración es muy importante. Cualquier persona que haya asistido a una movilización kurda en Europa habrá podido constatarlo y hay un gran número de jóvenes que han crecido en los países de acogida pero que se han socializado en el movimiento. Las estructuras pueden ser generalistas (“Centros culturales kurdos”, “Casas del Pueblo Kurdo”, etc.) o específica (organizaciones de mujeres, de estudiantes, Creciente Roja kurda, etc.).

No ha habido casi verdaderas escisiones en el seno de este conjunto. Un intento de montar una organización concurrente fue llevado a cabo por Osman Öcalan (hermano de Abdullah Öcalan), que ya había tenido veleidades de independencia durante los años 1990. Osman Öcalan e Hikmet Fidan, vicepresidente del partido legal del movimiento kurdo en Turquía, Hadep, fundaron el PWD (Partido Democrático Patriota) en agosto de 2004. Este proyecto fracasó tras la ejecución con dos balas en la cabeza de Fidan, en Amed/Diyarbakir. En ese mismo período tuvo lugar otra disidencia, con la constitución de los TAK, Halcones de Liberación del Kurdistan, que tiene otra naturaleza. El PWD tenía una ambición política, pero aparentemente no ocurría así en el caso de los TAK, que todavía hoy siguen existiendo. Esta organización es bastante misteriosa en cuanto a su realidad e incluso sobre las condiciones de su constitución. El Estado turco los asimila adrede al PKK, cosa que los TAK rechazan. Parece que se trata de una escisión de “duros” del PKK, traducción organizativa de una forma de desesperación política que se consuma en la violencia /4. Digamos en todo caso que las TAK también aceptan a Abdullah Öcalan como “líder espiritual”.

En todo este ecosistema, ¿qué representa el HDP?

El HDP es el vehículo electoral y el abanderado político a escala de Turquía de un marco de unidad política permanente entre el movimiento kurdo y sectores de la izquierda política y social turca. Esto significa que el HDP no puede ser comprendido únicamente en relación a este “ecosistema” del movimiento de liberación kurdo que gravita en torno al PKK. Ésta es incluso su especificidad. Para comprender lo que representa el HDP, voy a tratar tres dimensiones: en qué consiste factualmente la pareja HDP/HDK, la orientación política y el vínculo con el movimiento de liberación kurda.

1. Hay que abordar, es la primera dimensión, el HDP al mismo tiempo que el HDK, Congreso Democrático de los Pueblos, del que forma parte el HDP. En cierta medida, el proceso que llevó a la constitución del HDK puede resultar familiar para los militantes políticos en Francia, puesto que se trata de la constitución de un marco unitario que reagrupa a organizaciones y militantes, apoyándose en “asambleas locales”, y tienen su origen en una cita electoral. El proceso fue iniciado ante las elecciones legislativas de junio de 2011, cuando el partido del movimiento kurdo en aquel momento, el BDP, Partido de la Democracia y de la Paz, y una veintena de organizaciones y grupos “socialistas” (calificativo con que se designa en Turquía a las corrientes marxistas) constituyeron el Bloque del Trabajo, de la Democracia y de la Libertad. Como el sistema electoral impone a los partidos políticos un umbral nacional del 10% para poder entrar en el parlamento, el Bloque sorteó este obstáculo antidemocrático utilizando la posibilidad de presentar candidatos independientes, oficialmente no afiliados a un partido. Eso permitió que salieran elegidos 36 diputados en el parlamento. Las organizaciones que constituían el Bloque decidieron continuar este proceso y formalizar el marco común, fundando el HDK en octubre de 2011.

Al contrario de lo que puede existir en Francia, el HDK es un marco político que agrupa a partidos y grupos políticos así como asociaciones y algunos sindicatos. La principal componente es el movimiento kurdo (abordaré después el tema de los marcos organizativos en el HDK). Se encuentran además diversas organizaciones marxistas procedentes de tradiciones diferentes. Las dos principales proceden del hoxhaismo, aunque con trayectorias muy diferentes: el EMEP, Partido del Trabajo (partido hermano del PCOF en Francia) y el ESP, Partido Socialista de los Oprimidos. Como veremos, la corriente representada por el ESP tiene una práctica de alianza intensa con el movimiento kurdo, pero la posición de EMEP es más ambivalente y ha tenido relaciones más complicadas en el seno de HDK con las franjas kurdas. Se encuentran también organizaciones procedentes del maoísmo, de tradiciones prosoviéticas y meandros de numerosas escisiones y recomposiciones de la izquierda radical turca, que sería demasiado prolijo relatar, aunque se pueden encontrar tanto organizaciones como sus escisiones. Hay también una organización kivilcimlista (por el nombre del fundador de esta corriente histórica, Himket Ali Kivilcimli, una forma de estalinismo heterodoxo específico de Turquía), una organización trotskysta DSIP (Partido Revolucionario Socialista Obrero, miembro de la International Socialist Tendency cuyo principal partido en el mundo es el SWP inglés) o el partido de los Verdes de Turquía (claramente situado a la izquierda).

Se encuentran también asociaciones de minorías étnicas (armenios, pomaks), feministas, ecologistas, varias organizaciones LGBTI de Turquía, algunos sindicatos de tamaño modesto en los sectores naval, textil, agroalimenticio y otras estructuras aún más pequeñas… El HDK tiene vocación de funcionar por medio de asambleas abiertas a los individuos. El HDP, fundado en octubre de 2012, es la “forma partido” del HDK, del que es miembro. Para ser miembro del HDP hay que ser miembro del HDK, pero esto no es recíproco (el principal ejemplo de esta situación es EMEP, que ha abandonado el HDP pero sigue siendo miembro del HDK). Tanto para el HDK como para el HDP, las copresidencias respetan una paridad de género y kurda/turca: Selahattin Demirtas, hombre kurdo, y Figen Yüksekdag, mujer turca (procedente del ESP) en el HDP, Sebahat Tuncel, mujer kurda (y ex copresidenta del HDP) y Ertugrul Kürkcü, hombre turco (viejo militante marxista procedente del SYKP, Partido de la Refundación Socialista), en el HDK. Se puede señalar que son responsables procedentes de partidos que dirigen también el HDK.

Pero el HDP no se limita a las organizaciones miembros del HDP. También participan personalidades y corrientes de ideas, y algunos ocupan puestos importantes. Pueden ser agrupados en cuatro categorías: a) Los “demócratas de izquierdas” (como el diputado cineasta-actor Sirri Süreyya Önder) o representantes del ala izquierda de diferentes sectores (abogados, ingenieros, arquitectos…). b) Un ala derecha kurda que sólo tardíamente se ha sumado al ala política del movimiento PKK y que representa la sensibilidad “kurda conservadora”, como Altan Tan, o personalidades kurdas que han pasado por el AKP y se han salido, decepcionados por la deriva autoritaria-nacionalista de este partido, como el antiguo vicepresidente del AKP y negociante, Dengir Mir Mehmet Firat. Ambos tenían puestos “garantizados” si se alcanzaba el umbral del 10% y han resultado elegidos. c) Mucho menos importantes en número, tránsfugas del partido de centro-izquierda parlamentario CHP (Cumhuriyet Halk Partisi, Partido Republicano del Pueblo), el principal el político Celal Dogan, antiguo alcalde, diputado y presidente del club de fútbol de Gaziantep. d) Con perfiles muy diferentes de no profesionales de la política, el HDP ha movilizado también a algunos sectores militantes del Islam político demócrata antinacionalista. El mascarón de proa es Hüda Kaya, militante que viste fular y ha peleado por el derecho a llevarlo en la universidad, por lo que fue encarcelada en 1998-1999 (tanto ella como sus tres hijas), y en solidaridad con Palestina. Se orientó hacia el pacifismo y se acercó al movimiento kurdo. Es miembro del Consejo del Congreso del Islam Democrático (creado “por consejo del líder Abdullah Öcalan”), del Buró político del HDP y diputada desde junio de 2015.

La cuestión kurda/democrática, y más en concreto, la negativa del AKP a avanzar por la vía del reconocimiento de una forma de autonomía cultural y territorial para los kurdos, “permite” en cierto modo la coexistencia del conjunto, en particular entre corrientes marxistas y kurdos conservadores.

Dos elementos importantes para completar esta descripción factual:

Primero: aunque el HDK constituye en cierto sentido la instancia de base del HDP, es sobre todo este último quien se beneficia de las estructuras locales. En general, en este conjunto, el HDP aparece en primer plano –sobre todo desde el ciclo electoral abierto en 2014 (presidenciales de agosto de 2014, legislativas de junio y noviembre de 2015). La función del HDK como instancia de base está actualmente en debate… aún cuando el clima de violencia política es poco propicio para un funcionamiento con asambleas abiertas. La figura más conocida nacional e internacionalmente del HDP/HDK es Selahattin Demirtas del que hay que decir algo, porque la prensa burguesa ha insistido sobre su importancia. Demirtas es un abogado kurdo, antiguo responsable de la filial local de la Asociación de Derechos Humanos de Amed/Diyarbakir, hijo de una modesta familia de origen Zaza (una minoría dentro de los kurdos). Es un notable orador y polemista, capaz de improvisar y armado de humor: suele acertar a menudo. Aunque la referencia política última para todo el movimiento PKK es Abdullah Öcalan (“Apo”, diminutivo de Abdullah), lider histórico prisionero del PKK, “Selo” (diminutivo de Selahattin) tiene una existencia política propia. En el punto siguiente abordaré la evolución de su discurso.

Segundo: dentro de este conjunto, la organización en el Kurdistan Norte es específica. Allí, quien se presenta a las elecciones es el partido kurdo DBP, Partido de las Regiones Democráticas, y sus miembros dirigen las alcaldías. El DBP es formalmente miembro del HDK, aunque éste no existe en el Kurdistan Norte, sino una organización específica, el DTK, Congreso de la Sociedad Democrática, dirigido por dos antiguos diputados kurdos. Un congreso del DTK proclamó la “autonomía democrática” del pueblo kurdo en Turquía en 2011, y su congreso en diciembre de 2015 afirmó el apoyo a la auto-administración de los kurdos, empleando como referencia la aplicación de la “Carta europea de la autonomía local” (ratificada por Turquía), y la necesidad de una región autónoma.

2. Se puede caracterizar la orientación política del HDP, esta es la segunda dimensión de mi análisis, como un reformismo aplicado a las condiciones de Turquía, con una fuerte orientación anti-opresión y pro-paz. Aunque el HDP es miembro consultivo de la Internacional Socialista (el miembro de pleno derecho es el CHP) y asociado al Partido Socialista Europeo, su programa está claramente a la izquierda de los partidos del PSE. HDP participa también en reuniones del Partido de la Izquierda europea.

Además de la resolución política de la cuestión kurda yd el combate por la igualdad, la orientación anti-opresión se encuentra también en la defensa de las minorías religiosas… su copresidente Demirtas ha denunciado muchas veces la obligatoriedad de los cursos de religión (sunita) en la escuela pública como una opresión hacia los no-sunitas, y ha defendido el desmantelamiento de la Dirección de Asuntos Religiosos –instancia pro-sunita que se ha convertido en una máquina de guerra pro-AKP– proponiendo su sustitución por un “servicio público de las creencias”. La defensa y el derecho a la igualdad para LGBTI, también están incluidos en los estatutos del HDP y aparecen en su material de campaña. En fin, el discurso feminista ocupa un gran lugar en el discurso del partido.

En cuanto a su programa económico, creo que Uraz Aydin ha hecho un buen resumen:

El programa electoral del HDP intenta aportar soluciones a veces concretas, otras más aproximativas. Digamos que hay una perspectiva de defensa de los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los ciudadanos, del medio ambiente, y no de los intereses del capital, lo que es un buen punto. HDP define su programa económico por lo que podría traducirse como ‘una economía de vida segura’ (o ‘asegurada’). Se refiere a la importancia de la seguridad, de la seguridad social pero también a que se aseguren los derechos al trabajo, derechos sociales, derechos a la ciudad, derechos al medio ambiente y también de los animales (…) Pero el programa va más lejos al afirmar que la principal perspectiva es desarrollar el control de los trabajadores sobre las relaciones económicas, que actualmente no tienen ningún derecho ‘de palabra y de decisión’. Aunque (leyendo el programa) no se entiende cómo hacerlo/5.

Desde luego, el simple programa no basta para resumir la orientación política. La forma de organizar prioritariamente a los trabajadores no está clara en los hechos, aunque esto tiene que ver sobre todo con la debilidad del sindicalismo en Turquía y con las contradicciones inherentes a las movilizaciones de una clase obrera que en gran parte está aprendiendo las primeras lecciones de la lucha de clases. Otro ejemplo del carácter ambiguo de la política de clase del movimiento kurdo es la subcontratación de servicios municipales con el sector privado, practicado en las ciudades (muy pobres) dirigidas por el DBP. Aunque este reformismo aunque abre la puerta a medidas más radicales, no es cuestionado por el ala kurda conservadora ni por la dirección central del partido.

Se pueden encontrar estos temas en el discurso de Selahattin Demirtas. Ha habido incluso una evolución hacia la izquierda tras la campaña presidencial, no dudando en afirmar, en febrero de 2015: “Es un error por parte de los laicos kemalistas centrarse en la identidad islámica del AKP. Y es un error proponer una oposición a partir de ahí. Hay que hacer oposición partiendo de la izquierda, de la teoría del trabajo, de la teoría anticapitalista, no a partir de las tesis anti-islamistas”. Esta evolución se ha hecho por aproximaciones: en ese mismo mes de febrero de 2015, Demirtas expresaba su apoyo a los huelguistas del sector del metal (automóvil y metalurgia) llamando al mismo tiempo a los empresarios a romper con su organización a cargo de las negociaciones colectivas y a proteger a los obreros. Pero el posicionamiento de izquierdas de Demirtas se ha manifestado en varias ocasiones, por ejemplo en una entrevista donde la emprendía de forma virulenta contra algunos exdiputados a quienes consideraba “erdoganistas camuflados”, y acababa diciendo: “Por un lado hay una estructura de derecha, neoliberal, turco-islamista, basada en el Califato. El fundador de esta estructura ha querido ser presidente de Turquía [presidente en el sentido de presidente con plenos poderes]. En cada ocasión, hemos tenido un posicionamiento ideológico opuesto a su proyecto presidencialista. Hemos propuesto un sistema desde la izquierda, desde la clase obrera, la libertad del pueblo kurdo, la libertad de creencias, la libertad de las mujeres y la autonomía”.

3. Las relaciones entre el HDP y el movimiento descrito en el punto anterior, que constituye la tercera dimensión que planteo, es seguramente la cuestión más sensible y más difícil de analizar. Se pueden establecer algunos hechos.

En primer lugar, para la base social y militante del movimiento de liberación kurda, el prestigio de la guerrilla es inmenso y Abdullah Öcalan sigue constituyendo la referencia última. De manera significativa, en el último congreso del HDP en enero de 2016, se proyectó en una gran pantalla la fotografía de Öcalan y la carta que envió al congreso… de 2004 –apoyando una política de búsqueda de la paz– fue releída por el copresidente no kurdo Figen Yüksekdag. Para la base kurda, habría sido incomprensible e inaceptable que no se saludase la figura de Öcalan… y al mismo tiempo la relectura de una carta escrita dos años antes para legitimarse muestra los límites del ejercicio.

En segundo lugar, el HDP no es la simple rama política del PKK. Hemos examinado antes su composición, pero aparte de eso, la dirección del HDP, incluidos sus miembros kurdos, pueden emitir críticas sobre iniciativas del PKK, sobre todo en lo que se refiere a acciones armadas. Ultimo ejemplo hasta ahora, Demirtas ha condenado el ataque de Çinar (en el Kurdistan), el 14 de enero de 2016, que ha causado la muerte de un policía y sobre todo de cuatro civiles (dos de ellos niños), considerando que los autores debían excusarse. El HPG (rama militar del PKK) que reivindicó el ataque después se contentó con expresar su “pesar” por los civiles, sin presentar excusas. A la inversa, la dirección del PKK ha expresado en varias ocasiones críticas (a veces virulentas) hacia lo que estimaban insuficiencias del HDP. Pero aunque Demirtas y la dirección del HDP expresan su “igual pesar” por “todos” los muertos (incluídos los policías y los militares) y defienden la paz, no se mantienen equidistantes entre el régimen turco y el PKK. Igualmente, la guerrilla del PKK llama sin dudar a votar por el HDP. De manera simple, se puede decir que el régimen turco es un enemigo, mientras que con el PKK se trata de disputas “en familia”.

En tercer lugar, aunque el HDP no es el ala política del PKK y tiene su autonomía, se puede decir que los análisis hechos por el PKK son compartidos por algunos sectores que influyen en la vida del HDP. Por ejemplo, Mustafa Karasu, miembro del comité central del PKK y de la ejecutiva del KCK/6, puede perfectamente escribir un artículo sobre lo que deberían ser el ámbito y las funciones del HDK y del DTK respecto al HDP. Más allá de su contenido, que asigna a las asambleas del HDK tareas “similares a los soviets pero con un alcance mucho más vasto”, lo que necesita ser debatido, lo destacable es que análisis y recomendaciones que afectan directamente en la vida del HDP/HDK, procedentes de dirigentes del PKK, no pueden dejar de tener eco. Con efectos probablemente mayores, existen canales más directos que afectan sobre todo a la vida social y política en el Kurdistan Norte pero hoy día son bastante difíciles de desenmarañar.

¿Cuál es la posición de la izquierda turca respecto a la cuestión kurda?

Hay distintas concepciones sobre lo que constituye “la izquierda” en Turquía. Voy a partir sin embargo de una concepción muy amplia para clarificar lo más posible, hablando en un primer momento del principal partido de oposición parlamentaria, el CHP (Partido Republicano del Pueblo) considerado de izquierda por una gran parte de la población, y después de la izquierda “socialista” (en el sentido señalado antes). En cambio, voy a excluir a aquellas corrientes surgidas de la izquierda, y que mantienen en parte su simbolismo, que han evolucionado hacia posiciones ultra-chovinistas en sus discursos y alianzas, sin la menor contradicción interna (por ejemplo, la corriente surgida del IP, Partido Obrero, convertido en VP, Partido de la Patria).

En lo que se refiere al CHP, una cosa importante a saber sobre este partido es que pretende ser, y suele ser percibido (incluso por sectores militantes), como un heredero de la socialdemocracia, cuando no es más que el heredero de una tradición estatista. Esta confusión tiene tres raíces. La primera, y menos importante, es que el CHP, a lo largo de su historia, se ha autoetiquetado como “izquierda del centro”, y después como “izquierda democrática”. Tras el golpe de Estado de 1980, que acarreó la prohibición de todos los partidos políticos, la continuidad del CHP de los años 1970 fue asegurada por el SHP (Partido Social-demócrata Popular), cuyo nombre hacía referencia explícita a la socialdemocracia. En segundo lugar, la tradición estatista turca, de manera muy similar a otras estrategias desarrollistas, ha podido incluir una componente social en un sentido amplio, incluyendo la mejora de las infraestructuras y del nivel educativo. Esto ha podido constituir un horizonte de “progreso” cuya expresión podía combinarse de forma bastante cómoda con la terminología socialdemócrata, pero que es también intrínsecamente nacionalista. La tercera razón es el fracaso de la construcción de un partido orgánicamente ligado a los trabajadores y a la juventud, aunque hubo movilizaciones en particular durante los años 1970. A pesar del ímpetu del movimiento sindical y del movimiento estudiantil y la gran politización durante este período, sólo emergieron grupos que podían tener un impacto bastante amplio pero eran muy sectarios, además de ilegales, fetichizando “modelos” (la URSS, el maoísmo, el hoxhaísmo albanés, el guevarismo), combatiéndose entre sí de forma despiadada e incapaces de ser la expresión y el estímulo de esta politización masiva de las masas trabajadoras (ver más adelante, ndr). El CHP fue el receptáculo electoral de esta evolución, que le impactó e hizo “izquierdizar” su discurso. Sin embargo, no hay que olvidar que en sus períodos más “a la izquierda”, el CHP no ha sido más que ese receptáculo y no una corriente política surgida del propio proletariado, y con una deformación burocrática, aunque algunos dirigentes sindicales hayan sido elegidos en sus instancias.

El CHP ha tenido siempre grandes oscilaciones, pero sin renegar nunca de su estatismo nacionalista. En algunos períodos llegó a acoger en su seno a responsables políticos kurdos. Por ejemplo, Ahmet Türk, alcalde y exdiputado de Mardin, miembro del DBP y expresidente del DTP (uno de los avatares de la expresión política del movimiento nacional kurdo), fue miembro (y diputado) del CHP entre 1974 y 1980, y de su sucesor el SHP entre 1987 y 1989, hasta ser excluido del partido junto a otros electos kurdos por haber participado en la conferencia kurda de París para conmemorar la masacre de Halabja. Los excluidos fundaron el HEP (Partido del Trabajo del Pueblo). Esta exclusión fue el síntoma de un endurecimiento del carácter nacionalista del SHP, pero no hasta el punto de impedirle, todavía en 1991, una coalición electoral con el HEP, cuyos miembros entraron en el parlamento como SHP.

La crisis del juramento en la primera sesión de la nueva legislatura fue el símbolo de que todas la vías políticas estaban atascadas. En esta dramática sesión, la diputada Leyla Zana, enarbolando una diadema y un broche con los colores kurdos, añadió en kurdo al final de su juramento: “Hago este juramento en nombre de la fraternidad entre los pueblos turco y kurdo”, en medio de una inmensa bronca de los diputados de derecha y de extrema derecha, mientras los electos del SHP no procedentes del HEP (la gran mayoría) guardaban silencio. Aunque Zana fue obligada a repetir su juramento retirando la frase en kurdo bajo los abucheos de los mismos parlamentarios, la dirección del SHP exigió a los diputados kurdos que abandonaran su grupo. En julio de 1993, fue prohibido el HEP; en marzo de 1994 se privó de inmunidad parlamentaria a sus diputados, y cinco de ellos fueron encarcelados. Se anunciaban los años más duros del enfrentamiento entre el Estado y el PKK.

El SHP, retomando el nombre del antiguo partido único CHP en 1995 –lo que no es anodino– fue socio minoritario de gobiernos de coalición que dejaba a sus anchas, o a cubierto, al ejército para llevar a cabo su guerra en el Kurdistán de Turquía. Desde comienzos de los años 1990, el CHP ya no tiene base en el Kurdistan y en general entre los kurdos. Su línea ha derivado hacia un chovinismo turco a ultranza, sin lograr con ello el menor éxito electoral, bajo la dirección de Deniz Baykal (que presidió casi sin interrupción el nuevo CHP desde 1995 a 2010). El CHP se convirtió sobre todo en el partido de las clases medias urbanas turcas y de una parte significativa de los alevís turcos.

La escabrosa caída de Baykal provocó una dilución de los aspectos más duros del chovinismo turco. Este fenómeno fue alentado por el movimiento de Gezi de 2013, evolucionando hacia un discurso más democrático contra los abusos del régimen del AKP. Pero “más democrático” no significa democrático. El CHP, siempre atado al carácter unitario, no está en condiciones de dar una respuesta coherente a la cuestión kurda, sin lo cual no cabe proyecto democrático para Turquía. Lo que caracteriza hoy al CHP es ser el partido de la confusión y de las mayores contradicciones. Así, en las elecciones presidenciales de 2014 (las primeras en elegir al presidente por sufragio directos en dos rondas), el CHP presentó un candidato común con el partido ultranacionalista MHP: el exsecretario general de la Organización de Cooperación Islámica Ekmeleddin Ihsanoglu, que se hizo elegir después diputado por las listas del MHP… Al mismo tiempo, en agosto de 2015, una delegación de su sección juvenil se dirigió a Kobane para reunirse con el gobierno del cantón odiado por el AKP y los ultranacionalistas; por otra parte, once miembros de su sección juvenil de Malatya murieron en el atentado contra el mítin por la paz de octubre de 2015 en Ankara, algunos de sus diputados asistieron al mitin del Bloque por la Paz junto a electos del HDP y durante su congreso una sección local desplegó una pancarta en la que estaba escrito “Asiti” (paz, en kurdo)…

Partido estatista incluso cuando el Estado se confunde con el AKP, su adversario político, es lógico que el CHP no caiga en las exageraciones de los años 1990 y que en su seno exista un ala democrática y social. Sin embargo, de toda esta confusión no se desprende más que una crítica pasiva de la deriva autoritaria del régimen con tonalidades de un democratismo platónico matizado de nacionalismo. Demasiado poco para hacer frente a los retos de la situación.

Como ya he dicho, la izquierda socialista turca está extremadamente fragmentada y sería aburrido pasar revista a las posiciones de todas las organizaciones y grupos. Voy a señalar sólo algunos elementos generales y sintetizar los distintos matices en tres grandes posiciones.

Hubo un embrión de movimiento obrero y de organizaciones socialistas en el Imperio otomano tardío (algunas poderosas, como la Federación Socialista de Salónica) y durante el período de la guerra de independencia. Pero todo esto fue destruido por el régimen kemalista y entró en una larga fase de marginación con el período de partido único. El renacimiento data de los años 1960.

A lo largo de su desarrollo, sobre todo en las primeras movilizaciones estudiantiles de los años 1960, la izquierda turca se apoyó en gran medida en la temática antiimperialista, focalizando su polarización con la derecha en la adhesión a la OTAN, las injerencias de los Estados Unidos, la presencia del capital extranjero. Un blanco privilegiado fue la 6ª Flota de los Estados Unidos que navegaba junto a la costa turca y anclaba en las grandes ciudades. Se multiplicaron las acciones contra los marinos norteamericanos (iniciativas bastante inofensivas en aquella época, cuya forma más virulenta era arrojarlos al mar) a partir de 1967 y culminaron en febrero de 1969 cuando la manifestación de protesta contra la 6ª Flota, a iniciativa de estudiantes de izquierdas, fue atacada por las fuerzas reaccionarias reunidas en torno a la Asociación de Lucha contra el Comunismo, con la benevolencia de la policía. Dos estudiantes de izquierdas fueron muertos en este primer “domingo sangriento”.

El acontecimiento simbolizó para varias generaciones militantes la conjugación de la lucha antiimperialista y la lucha contra las fuerzas reaccionarias turcas en el campo nacional. Dicho en términos generales, se trataba de la idea de una segunda guerra de independencia nacional finalizada con el socialismo, contra el imperialismo y sus aliados locales capitalistas y reaccionarios. El poder de este modelo, apoyado en hechos observables, marcó de forma duradera a la juventud estudiantil de izquierda turca, una parte de la cual se orientó hacia la lucha armada. (fundación del THPK-C, Partido de Liberación Popular de Turquía – Frente, en diciembre de 1970; THKO, Ejército de Liberación Popular de Turquía, a comienzos de 1971; del TKP/ML, Partido Comunista de Turquía/ Marxista-Leninista y de su rama militar TIKKO, Ejército de Liberación Obrera y Campesina de Turquía, en abril de 1972). Pero aparte de estas corrientes armadas, este antiimperialismo impregnó al conjunto de la izquierda turca que emergió en los años 1960 y se desarrolló durante los 1970, empujada por un sindicalismo combativo de masas y las luchas de la juventud.

El problema consistía en que este enfoque dejaba de lado, o al menos subestimaba, el carácter colonial del Estado turco y la opresión sobre los kurdos. Pero no hay que pensar que la izquierda turca se formara durante estas dos décadas en torno al chovinismo. Durante este período de gran politización, la mayor parte de las posiciones no estaban fijadas y las evoluciones eran mucho más abiertas. En otras palabras, la izquierda turca estaba abierta a los kurdos, cuyos militantes participaban en sus filas. El ejemplo del TIP (Partido Obrero de Turquía, no confundir con el IP antes citado) es llamativo. Se trata del primer (y único hasta el HDP) partido de izquierdas que tuvo una audiencia electoral modesta pero significativa (3% en 1965 y 1969, con diputados, gracias a un sistema proporcional). Bajo inspiración de estudiantes kurdos que habían ido a las grandes ciudades del oeste del país, y mezclados con estudiantes de izquierda, el TIP organizó 12 “mítines de Oriente” (Kurdistán) en 1967, con una participación total estimada en 10.000 personas, todo un éxito en esa época. Estos mítines dieron nacimiento en 1969 a los DDKO, los Hogares Culturales Revolucionarios del Oriente. Se trataba de una organización federada kurda vinculada con el TIP pero autónoma y cuyo desarrollo entre los kurdos fue bastante rápido. A pesar de sus límites reales, sobre todo en relación a la subversión de las relaciones sociales tradicionales en el Kurdistan, este período más bien olvidado tenía una gran potencialidad. En una entrevista de 2007, Ümit Firat, uno de los fundadores de los DDKO, indicaba: “Mehmet Ali Aybar [presidente del TIP entre 1962 y 1969] y sus compañeros habían comprendido que la opresión de los kurdos no era sólo el resultado de una ley de atraso geográfico, de desarrollo desigual, sino que existía un problema kurdo aparte”.

Es interesante recordar algunas trayectorias individuales. El futuro alcalde “independiente” de Amed/Diyarbakir, Mehdi Zana (esposo de Leyla Zana) se unió al TIP en 1963. El joven Abdulla Öcalan, entonces funcionario del catastro nombrado en Estambul y después estudiante, frecuentó la rama estambuleña del DDKO antes de acudir a la facultad de ciencias políticas de la Universidad de Ankara, donde fundaría en 1974 un pequeño grupo que iba a convertirse en el PKK en 1978.

Pero este potencial no se realizó. A propósito de la Rusia prerrevolucionaria de 1917, Leon Trotsky escribió: “El Estado ruso se enfrentaba con las organizaciones militares de las naciones occidentales cuyas bases económicas, políticas y culturales eran más elevadas. De igual manera, el capital ruso, desde sus primeros pasos, se enfrentaba al capitalismo mucho más desarrollado y más poderoso de Occidente y fue sometido por éste. De igual manera, la clase obrera rusa, desde sus primeros pasos, encontró instrumentos completamente preparados, debidos a la experiencia del proletariado de Europa occidental: teoría marxista, sindicatos, partido político” (Historia de la revolución rusa, apéndice 1 “De las particularidades del desarrollo de Rusia”).

Si Turquía se benefició, al igual que Rusia, como país de la periferia capitalista, del “privilegio del atraso” desde un punto de vista económico, esto es, acceder al último estadio del desarrollo capitalista por la aportación de capitales extranjeros sin tener que repetir el camino del desarrollo, no ocurrió lo mismo desde el punto de vista de la política de clase. Así, cerca de 50 años después de la revolución rusa, la clase obrera de Turquía encontró algunos de estos instrumentos completamente preparados, pero en lo que se refiere a la teoría, que determina el uso de los demás, se trataba de instrumentos ferozmente concurrentes entre sí, apoyándose por lo general en el prestigio y los recursos de la conquista del poder. El movimiento obrero turco en crecimiento, apoyándose en un proletariado joven procedente del éxodo rural y en una juventud radicalizada, se confrontó con el pro-sovietismo (la URSS de Brejnev que representaba la continuidad de la revolución rusa…), el maoísmo (revolución china), hoxhaísmo (régimen albanés) y una forma de “guevarismo” (prestigio de la revolución cubana). Esto se combinó con grandes presiones de los sectores capitalistas nacionales e internacionales en el contexto de la guerra fría (a fortiori para un país que presentaba semejante interés geoestratégico en aquella época), así como a la complejidad de la herencia anti-imperialista con el carácter del Estado turco. Este conjunto de contradicciones resultó demasiado pesado para el joven movimiento obrero turco. El TIP que formó su núcleo político durante los años 1960, entró en crisis y se desintegró al borde de los años 1970 para convertirse en un grupo pro-soviético entre otros, mientras las movilizaciones se ampliarían todavía durante una década. En lo que se refiere a la política de clase, el atraso de Turquía no significó ningún privilegio sino un puro handicap.

Este fracaso desembocó no sólo en la ausencia de un partido de clase en la historia política kurda y en el desgarro sectario permanente entre corrientes y subcorrientes, algunas de las cuales consiguieron una cierta audiencia de masas durante los años 1970/7, sino que marcó también la cita fallida con los kurdos cuya opresión específica tendía a ser relegada a un segundo plano a medida que sectores militantes asimilaban un obrerismo sumario y sectario. En la misma entrevista, Ümit Firat lo resume así: “Nosotros comprendimos que el discurso ‘Llegará una sociedad sin clases, acabará el imperialismo’ no satisfacía nuestras reivindicaciones. Al cabo de un tiempo, comprendimos que la cuestión nacional es una cuestión a resolver sin esperar al socialismo. Desde luego, continuamos siendo activos en el seno del TIP después de la fundación de los DDKO en 1969. Pero en 1974 [cuando el TIP había ya perdido la mayor parte de su influencia y los DDKO habían sido prohibidos tras el pronunciamiento de 1971 ndla], rompimos totalmente los puentes organizativos, aunque no desde un punto de vista ideológico”.

He querido volver a este período para indicar de forma sumaria los orígenes históricos de una subestimación de la cuestión kurda y del colonialismo turco en una parte de la izquierda turca, y también para señalar que no se trataba de ninguna fatalidad. Es tanto más cierto por el hecho de que, después de este período, corrientes revolucionarias se aproximaron al movimiento nacional kurdo y una parte importante de la izquierda radical logró superar su chovinismo (que muchas veces iba a la par que el obrerismo). Las tres principales posiciones que se presentan en la izquierda turca son las siguientes:

La primera, que una alianza global como socio minoritario con el movimiento nacional kurdo. Esta puede existir a distintos niveles. Así, el MLKP (Partido Marxista-Lenista Comunista, procedente de la tradición hoxhaista), ilegal, cuyo brazo armado, el FESK (Fuerzas Armadas de los Pobres y de los Oprimidos) colabora estrechamente con el PKK y ha participado en la resistencia de Kobane. El partido, legal, ESP (Partido Socialista de los Oprimidos), que comparte algunos análisis fundamentales con esta corriente, participa por su parte en el HDK y una mujer procedente de sus fila copreside el HDP. Ésta se encuentra además perseguida por haber declarado en una entrevista: “Nos apoyamos en el movimiento de liberación kurdo”. Podemos incluir en esta categoría general a las organizaciones y corrientes legales y fuera del campo de la lucha armada que participan en el HDK y de facto en el HDP. Como el SDP (Partido de la Democracia Socialista), con una larga tradición de alianza con el movimiento kurdo, y también un partido como el DSIP (ver más arriba). Desde luego, el desequilibrio de las fuerzas en presencia constituye una innegable dificultad para este planteamiento.

La segunda, que justo a causa de este desequilibrio de fuerzas se ha constituido una segunda posición: coalición, o frente, con el movimiento kurdo, pero sin constituir una organización común. Esto puede ir a la par de la búsqueda de la unidad de los “socialistas” para que esta alianza sea equilibrada (o al menos, más equilibrada). Sectores significativos de la izquierda radical se sitúan en este planteamiento que se traduce en una oposición al Estado turco y a sus abusos, al tiempo que se mantiene una posición crítica respecto al PKK. Desde un punto de vista electoral, se puede manifestar en un apoyo más o menos activo a las campañas del HDP desde el “exterior”. El grado de este compromiso puede variar: desde asumirlo a desgana hasta abordar tareas oficiales como representantes en las mesas electorales (una tarea que constituye todo un reto en el contexto turco). Este planteamiento se ha podido ver en el episodio de la constitución en 2014 del BHH, el “Movimiento Unificado de Junio” (en referencia al llamado movimiento “de Gezi”, de junio de 2013). Algunos animadores del BHH pretendían constituir una plataforma común que se expresaría en apoyo al HDP y sería un interlocutor con más peso. Pero este enfoque fracasó ante la hostilidad de otras corrientes participantes en BHH que tenían otra posición.

La tercera posición general es la afirmación de organizaciones “socialistas” fuera de cualquier alianza con el movimiento kurdo, considerado como un competidor (infinitamente más poderoso) cuando no como un adversario. Esta posición se encuentra en pequeñas organizaciones procedentes del estalinismo, que disfrazan su chovinismo con un barniz obrerista. Un revoltijo compuesto por algunos grupúsculos trotskystas mantiene esta posición, con un discurso únicamente sectario obrerista. Aunque las corrientes que integran esta tercera posición aparecen como irremediablemente sectarias y sin impacto alguno en la sociedad, pueden bloquear los proyectos de la segunda posición.

Por supuesto, las posiciones no siempre están tan bien delimitadas. Un partido como el EMEP, Partido del Trabajo (de obediencia hoxhaista, partido hermano del PCOF en Francia) oscila entre la primera y la segunda posición, pero hay también otros sectores militantes que tienen estas vacilaciones. El diario de izquierda socialista Birgün que apoya claramente al BHH denuncia los abusos del Estado turco y de las bandas fascistas, al tiempo que mantiene un posicionamiento distanciado respecto del HDP. Dejando de lado la tercera posición, el debate subyacente entre la primera y la segunda es completamente legítimo y pertinente: ¿se puede construir una izquierda socialista de masas en torno al movimiento de liberación kurdo? En términos más generales, ¿en un país determinado, se puede constituir un movimiento político de masas con una perspectiva emancipadora alrededor de un movimiento nacido de una opresión específica (colonial en este caso)? Aunque una parte de la izquierda radical turca tiende a responder de forma negativa, no creo que se pueda zanjarlo de una manera tan clara. Las elecciones de junio de 2015 (en las que HDP obtuvo un resultado del 13%, tras una campaña violenta, en condiciones nada equitativas y a pesar de muchas calumnias) pueden indicar que esto sería posible. En todo caso, la opción no puede ser completamente descartada. Al menos, el caso del BHH ha mostrado que una eventual “unidad de los socialistas” en la perspectiva de la segunda posición sólo puede ser realizada sobre una base política común con un acuerdo de principios sobre la cuestión kurda.

Pero hoy día la estrategia de guerra civil adoptada por el gobierno turco parece cerrar la posibilidad de explorar esta pista. En consecuencia, hacer fracasar la ofensiva guerrerista del gobierno es una tarea inmediata impuesta a toda la izquierda radical turca. Se trata, en el pleno sentido del término, de una cuestión de vida o muerte.

¿Cómo explicas que la izquierda se recomponga en gran medida en torno a la cuestión kurda y la paz?

Como se ha podido deducir de mis respuestas anteriores, la cuestión kurda y la lógica colonial de la construcción del Estado turco, son cuestiones ineludibles. Hay que abordar esta cuestión de frente y podemos pensar que una buena parte de la izquierda radical así lo ha comprendido. Si se desarrolla la guerra civil Estado (y sus aliados) vs. PKK, a la izquierda le costará existir políticamente para toda una nueva generación. Pero la comprensión de esta necesidad no es una explicación suficiente. Citaré cuatro razones:

1. Para empezar, la razón más “negativa”: la debilidad cuantitativa y cualitativa de las luchas de carácter económico. El golpe de Estado de 1980 supuso la destrucción de lo esencial del movimiento obrero organizado y su reconstrucción ha avanzado poco desde entonces. Se rompió la transmisión de una cultura militante obrera, de una conciencia de clase –la división de clase sobre una base kurda/turca también ha reforzado esta evolución. Una lucha emblemática en la segunda mitad de los años 2000 fue la de los obreros de Tekel (empresa de Estado de tabaco y alcohol), en 2009-2010, tras el cierre de fábricas resultado de una privatización. Aunque el movimiento fue importante, se trataba también de una batalla de retaguardia, partiendo de un bastión de organización de la clase obrera, contra el proceso de privatizaciones, ya ampliamente iniciado. Fuera de este caso, las movilizaciones económicas que podrían servir de apoyo para una política de clase han sido relativamente débiles, hasta hace poco, en un contexto de expansión del capitalismo turco cuyo proletariado sólo ha recibido las migajas. Las movilizaciones han sido también relativamente débiles ante los desastres engendrados por unas espantosas condiciones de trabajo (desastre minero de Soma, muertos en los astilleros, en el BTP…).

La debilidad “cualitativa” proviene de las mismas razones y se ha manifestado de forma muy reciente: uno de los principales acontecimientos de 2015 ha sido la gran huelga “no autorizada” en el automóvil en la zona de Bursa, tras la firma de un convenio colectivo desfavorable por parte del sindicato Türk Metal, en realidad enfeudado en la patronal. Ya no se trataba de una reacción (de masas) frente a las consecuencias de una privatización en el sector agroalimentario, sino de los trabajadores de un sector estratégico en el desarrollo de la economía turca. La huelga fue masiva (12.000 huelguistas en la ciudad) y seguida por la aplastante mayoría de los obreros, sin lo cual no habría podido existir en el contexto turco. Pese a las amenazas del Estado y de las direcciones (como Renault), los obreros lograron satisfacción en lo fundamental de sus reivindicaciones: obtuvieron no sólo la anulación de despidos y aumentos salariales igualitarios, sino también el derecho a elegir a sus representantes en lugar del sindicato “vendido” (aunque después los empresarios se hayan echado atrás). Sorprendidos y confrontados a un movimiento de masas en un país en el que han invertido mucho, las direcciones de las multinacionales (Renault, Hyundai, Ford) tuvieron que soltar lastre.

Esta victoria ha sido un destacado primer paso adelante, pero también ha mostrado la debilidad “cualitativa”. El horizonte de los obreros se ha limitado a la fábrica. Los obreros en huelga en Bursa han cerrado las puertas de las fábricas a las delegaciones militantes de izquierda radical, vistas con desconfianza, o con hostilidad. Ni siquiera hubo una gran manifestación común de las fábricas en huelga, ni instancia de coordinación de estas fábricas que se encontraban en un restringido perímetro geográfico. Los obreros han luchado, se han organizado y han ganado a escala de la fábrica. En realidad, como no han tenido necesidad, estos obreros en lucha ni siquiera han tenido que abordar la cuestión sindical como tal. Esto es lo que entiendo por “debilidad cualitativa”.

Desde luego, estas observaciones no reducen la importancia de esta movilización, sobre todo porque las causas profundas que la han suscitado cada vez estarán más presentes. Esta huelga, o como ya habréis comprendido “estas huelgas”, han sido para estos obreros la demostración del poder de la acción colectiva, de su unidad en la acción, aunque sólo sea a esta escala. Es una conquista considerable. Sin embargo, a corto plazo, esta victoria no irá acompañada de ninguna evolución significativa de estos sectores hacia la constitución de un movimiento obrero organizado y combativo. Esto constituye una dificultad considerable para la izquierda radical.

2. La existencia de negociaciones de 2012 a 2015, no voy a repetirlo: la paz está a la orden del día.

3. El movimiento de Gezi. Aunque los movimientos de clase de base económica tienen estos límites, el movimiento de Gezi ha constituido un acontecimiento considerable en la Turquía contemporánea. No voy a hablar del desarrollo de los acontecimientos y la movilización como tal. El carácter principal de este movimiento ha sido globalmente una democratización de sectores ya hostiles al AKP, a pesar de las diferentes contradicciones y desarrollos en cada ciudad. En particular en la juventud, la democratización se ha traducido para una parte en una mayor sensibilización ante la cuestión kurda y una capacidad para volar al HDP, en particular en junio de 2015. Hoy día, el breve ciclo abierto por Gezi está ya cerrado y regueros de sangre cubren lo que podía haber germinado. Pero se puede decir que la gran importancia concedida a la cuestión democrática –y por tanto a la cuestión kurda– y por tanto a la paz, también ha sido alimentada por un movimiento social masivo.

4. La evolución de la política del movimiento kurdo en Turquía. El punto 1 indica de hecho una puerta cerrada por ahora, los puntos 2 y 3 indican elementos que refuerzan el lugar central concedido al tríptico democracia/cuestión kurda/paz, que se traduce en una polarización en torno al HDP. Pero aquí interviene el factor de la orientación política, a través de la mano tendida por los dirigentes políticos civiles kurdos hacia la izquierda turca (en primer lugar con el Bloque de 2011, después con el HDK/HDP) y la política explícita de “turquización” de la dirección del HDP. No insistiré en los vínculos con la izquierda, ya abordados con amplitud. La “turquización” significa la repetida voluntad de la dirección del HDP de no ser el partido de los kurdos o del Kurdistan Norte, sino de toda Turquía. Esto ha sido escenificado en mítines donde se ondeaban banderas HDP y turcas. En el congreso de enero de 2016, Selahattin Demirtas ha repetido en su discurso: “Turquía es nuestra patria común”. A pesar de ello, hay que señalar que una parte de la izquierda y en general un electorado que calificaría de “demócrata” y aborrece del AKP, surgido de la clase media turca y que podría marchar junto a un movimiento político civil kurdo, desconfía de una posible tendencia conciliadora del HDK/HDP hacia el AKP. La causa estaría en las negociaciones de paz entre el PKK y la AKP. También existía esta desconfianza entre muchos militantes de la izquierda radical que compartían el interés por el éxito de las negociaciones pero pensaban que, por esta razón, el HDK/HDP al final no se opondría frontalmente al AKP. Estaba el recuerdo de algunos virajes bruscos de los partidos kurdos en el pasado, y también las declaraciones de algunos diputados y responsables -el posicionamiento hacia atrás del HDP cuando el movimiento de Gezi, por ejemplo. Este último punto era además bastante injusto: en primer lugar, porque en Estambul los militantes del HDP estaban presentes y activos durante toda la movilización, aunque con un perfil bajo. En cuanto a la débil movilización en el Kurdistan, es fácil imaginar por qué las violencias policiales que se abatieron sobre los jóvenes ecologistas no ocasionaran una gran emoción en una población perseguida desde hace mucho tiempo y que en aquel momento veía dibujarse la esperanza de una paz con el inicio de las negociaciones. En fin, elementos nacionalistas, opuestos a las aspiraciones de los kurdos en el seno del movimiento de Gezi, en particular (pero no sólo) en Ankara, han podido alimentar la desconfianza de los kurdos. Tras las fallidas elecciones locales, la campaña presidencial de Selahattin Demirtas en agosto de 2014, el HDP ha conseguido capitalizar la herencia de estas movilizaciones. La declaración de 2015 donde se machacaba: “No te dejaremos volver a ser presidente” [en el sentido de presidente de un régimen presidencialista] dirigido a Erdogan, tuvo un gran impacto y levantó las últimas dudas y participó en la polarización en torno al HDP y las cuestiones centrales que planteaba.

¿Cuál es la importancia del Rojava desde el punto de vista del enfrentamiento entre el Estado turco y el PKK?

Es una cuestión central. En realidad, no se puede comprender el lugar del PYD y del Rojava en Siria sin contemplar las dinámicas en curso en Turquía, así como tampoco se pueden comprender estas dinámicas dejando de la lado la cuestión del Rojava. El KCK (y por tanto el PKK) quiere hacer del Rojava un bastión, un apoyo. Erdogan ha expresado de la forma más clara su posición sobre este punto: “Lo impediremos [que se constituya un proto-Estado kurdo en el Rojava] por todos los medios”. Las palabras “por todos los medios” no eran exageradas.

Erdogan ha metido a Turquía en la guerra civil siria contra Al-Assad. Y seamos claros, tanto el régimen de Erdogan como el de Al-Assad son fuerzas contrarrevolucionarias. No voy a repetir que el régimen de Al-Assad es responsable de un baño de sangre contra la población siria para aplastar la revolución militarizando el conflicto. En cuanto a Erdogan, hay que tener una gran ceguera política para creer que pueda contribuir de alguna manera a un régimen democrático en Siria. Recordemos que incluso en mayo de 2011, cuando comenzaba a dar su giro anti Al-Assad, Erdogan decía que había que considerar a este último como un “buen amigo”: le habría resultado difícil afirmar lo contrario visto el acercamiento de los gobiernos turco y sirio. El posicionamiento de Erdogan ha sido un oportunismo movido por la voluntad de extender la influencia del capitalismo (y, a fortiori, de los sectores capitalistas más cercanos) en la Siria post-Al-Assad. Esto se ha traducido en un intervencionismo real del Estado turco en Siria y en el apoyo a distintas fuerzas rebeldes combinado con la hostilidad profunda hacia los tres cantones cuya autonomía fue proclamada unilateralmente por el PYD y que forman el Rojava.

Para proclamar esta autonomía, el PYD se aprovechó de la retirada en la región del régimen de Al-Assad, con quien había llegado a tener relaciones oportunistas. Ha llegado al poder no sin tensiones con otras corrientes kurdas, tensiones que han podido llegar a ser violentas. Pero este poder ha podido consolidarse, sobre todo frente a la amenaza de Daesh que se beneficia de la complicidad del régimen turco. Esta situación, con el intervencionismo de la AKP y la “exportación” a Siria de conflictos del Estado turco, ha vuelto imposible lo que habría sido deseable: la unión de la revolución siria con todos los sectores kurdos en Siria (en particular el PYD y su capacidad de acción). Pero hoy día no sólo hay exportación de conflicto de Turquía hacia Siria, sino más bien interpenetración…

Un último punto sobre los actuales retos político-militares: un reto primordial reside en la unión geográfica de los tres cantones, sin continuidad entre ellos. Los combatientes del PYD han conseguido unir los cantones de Kobane y de Cizir. En el momento en que te estoy respondiendo, falta por asegurar la continuidad con el cantón de Efrin, 130 km. al este. No estoy seguro de la lealtad de quienes ocupan esta banda –Daesh, insurgentes y otros… Pero sin estos 130 km, el Daesh nunca tendrá acceso directo a la frontera turca.

En su reciente visita a Turquía, el vicepresidente estadounidense Joe Biden volvió a decir que “el PKK es una organización terrorista”, pero el reto estaba en utilizar el mismo calificativo para el PYD: no lo hizo, y esto no pasó desapercibido a los observadores. Al mismo tiempo, es evidente que los Estados Unidos contribuyen a armar a las tropas del PYD orgánicamente ligadas al PKK vía el KCK. Este último elemento resultante de las contradicciones inter-imperialistas no cambia por lo demás el posicionamiento político como marxistas revolucionarios en Occidente.

¿Cómo caracterizar la respuesta del Estado turco a los relativos éxitos del HDP? ¿Es una explicación de la relativa decepción electoral del HDP en las últimas elecciones?

Como todo el mundo, la AKP fue sorprendida por el resultado electoral del HDP en junio de 2015. Este éxito fue relativo, en el sentido de que no se trataba más que del 13%, pero era un resultado absolutamente inédito en Turquía. Cinco meses más tarde, tuvieron lugar nuevas elecciones ante el bloqueo institucional. El resultado del AKP en noviembre de 2015 sorprendió (49,4%) en sentido inverso al de junio. Ningún instituto de encuestas, ni siquiera lo más cercanos, lo habían visto venir. El HDP retrocedió al 11% (lo que habría sido considerado un buen resultado en junio) pero el descenso más importante fue el de los ultranacionalistas del MHP (de 16% a 12% con un deslizamiento hacia el AKP). ¿Qué ha pasado durante estos cinco meses?

Tras las elecciones de junio, la respuesta del AKP (que se confunde con el Estado) no tardó y se desarrolló en varios ejes:

- obtener un bloqueo institucional rechazando cualquier forma de discusión que llevara a una coalición, cuando existían bases políticas para un acuerdo con los ultranacionalistas del MHP. Además de las reticencias de los dirigentes del MHP, el AKP no quería que fructificase ninguna discusión. La otra fórmula mayoritaria, CHP-MHP-HDP, chocaba con la posición del MHP consistente en negarse a apoyar un gobierno que fuese apoyado por el HDP (aunque no participase en él);

- desencadenar una oleada de persecuciones mortales en el Kurdistan, utilizando para ello el aparato del Estado;

- suscitar movilizaciones de grupos fascistas turco-sunitas organizando pogromos criminales anti-kurdos fuera del Kurdistan y saqueando los locales del HDP;

- utilizar los grupos pro-Daesh dejándoles organizar atentados suicidas contra los militantes kurdos y de izquierdas para aterrorizar el país, como fue el caso en Suruç (33 muertos) y ocasionando un centenar de muertos en el mitin “Por la paz, la democracia y el trabajo”, en Ankara;

- aprovecharse de estos atentados, condenados con la boca pequeña por mera formalidad, para proceder a oleadas de detenciones;

- inspirar una campaña de calumnias, o de simples mentiras, a escala de masas, por medio de los medios de comunicación privados y públicos pro-gubernamentales (la gran mayoría), proponiéndose como alternativa;

- reorganizar de forma enérgica el aparato de campaña del AKP, aprovecharse de la situación de parálisis impuesto al HDP para llevar a cabo una campaña sobre el terreno, de acuerdo con algunos jefes tribales;

- el mismo día de las elecciones, completar ese dispositivo con procedimientos fraudulentos.

Añadamos a todo ello que si los gobiernos occidentales no no se hubieran dejado endosar el relato de Erdogan, no habría sido tan fácil. Cuando Hollande felicita a Erdogan por su compromiso contra el Estado Islámico tras el atentado de Suruç, eso sólo puede significar un permito de matar en cuanto se tome una distancia mínima. Algunas semanas después ocurrió el atentado de Ankara.

Se trataba de orquestar de diversas maneras el terror en la sociedad. Y la campaña del HDP, enteramente centrada en la paz, una repetición menos feliz y más defensiva que la de junio, no logró coger fuerza frente a esta ofensiva. Pero no estoy convencido de que hubiera sido posible hacer otra campaña.

¿Cuál es la evolución de las relaciones de fuerzas? ¿Asistimos al ascenso potencial de un nuevo autoritarismo? ¿Cuál es la respuesta del HDP? ¿Y del PKK?

Asistimos al ascenso potencial de un nuevo autoritarismo. Hay que señalar en primer lugar que la represión y las violencias de Estado han empeorado desde las elecciones de noviembre. La Fundación de Derechos Humanos de Turquía ha contabilizado en su último informe 198 civiles muertos (39 niños) entre el 16 de agosto de 2015 y el 21 de enero de 2016, en el curso de los 58 estados de sitio de duración variable que han afectado a siete departamentos y han impactado sobre los derechos humanos de 1.377.000 personas. Hay que añadir nuevas masacres, en particular en Cizre donde unas sesenta personas han sido muertas en una cueva, lo que ha sido presentado como un éxito antiterrorista contra el PKK y celebrado por todos los pro-AKP. Asistimos a un comienzo de guerra civil entre el Estado turco y sus aliados (incluyendo grupos o tribus kurdas) contra el PKK. Éste se beneficia no sólo del apoyo sino de la revuelta activa de una juventud kurda insurgente y radicalizada en muchas localidades del Kurdistan Norte (en Turquía). Hay dudas sobre si el PKK ha desencadenado el Serhildan, que podría traducirse por la insurrección, el levantamiento –un término que tiene un papel comparable al de intifada para los palestinos. Creo que en realidad esta revuelta no es el resultado de una decisión adoptada por el PKK, sino que se ha desarrollado “por la base” y que, después, miembros del PKK se han unido en las zonas insurgentes, en particular en el barrio Sur de Amed/Diyarabkir. Esta revuelta no puede ser más lógica. Para muchos, se trata de los hijos e hijas de quienes han sido perseguidos durante los años 1990 -y no ven ninguna posibilidad de mejora; el proceso de paz está muerto; el proceso electoral sólo pudo paralizar al AKP en junio de 2015 durante algunos días.

Además del Kurdistan, se acelera la represión. El simple hecho de declararse a favor de la paz puede desencadenar persecuciones. Este planteamiento ha sido resumido por el decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Marmara, Ali Köse: “En ese contexto, es evidente que todos los que hacen declaraciones del estilo ‘los niños mueren, los civiles mueren, es necesaria la paz’ apoyan al PKK”. El caso más emblemático afecta a 2.000 universitarios perseguidos por la justicia por haber firmado el llamamiento “No seremos cómplices de este crimen”. Cierto número ya ha sido excluido de su Universidad. Debo señalar aquí que aunque es necesaria la solidaridad internacional con estos universitarios por parte de sus colegas, esta solidaridad no puede limitarse a una gesto hacia los universitarios ignorando por qué se han movilizado. La creciente represión de las libertades universitarias, de la libertad de expresión en Turquía son subproductos de la guerra, de la persecución de los kurdos por el Estado turco. Pero fuera de estos casos, no existe movilización anti-guerra en el oeste del país y este silencio (cuando no se trata de gritos de alegría) es dramático. El HDP continúa defendiendo una línea pro-paz mientras crecen los regueros de sangre: esta posición necesaria se vuelve más difícil de mantener cada día que pasa. No estoy tampoco convencido de que sea audible para una parte de la juventud del Kurdistan confrontada a los abusos del Estado.

En cuanto al PKK, algunos de sus miembros han bajado “a la ciudad” en los enfrentamientos con el Estado, han llevado a cabo algunas acciones, pero en realidad hasta ahora no hay respuesta de envergadura. Debería determinarse pronto si pasa a la contraofensiva. En ese caso, será la guerra civil en el sentido pleno de la palabra y la responsabilidad aplastante será del régimen turco.

No es posible determinar con precisión hacia dónde va el régimen turco. Se puede contemplar el siguiente horizonte: vaciar las localidades kurdas en la frontera siria (Cizre, Nusaybin) haciendo huir a sus habitantes por medio de masacres masivas, ocupar militarmente el Kurdistan dividiéndolo en zonas e intentando someter al PKK con una estrategia de contraguerrilla. Es la continuidad del esquema que prevaleció durante los años 1990, con el reto del Rojava como añadido. El dispositivo jurídico puesto en marcha contra el HDP o al menos contra sus dirigentes está ya muy avanzado y muchos alcaldes del DBP han sido destituidos o detenidos.

Pero aunque la actual evolución no está fijada, no asistiremos a la misma pesadilla que en los años 1990 sino a algo mucho peor. Repito un aspecto que ya había citado al comienzo: la mayoría de los kurdos viven fuera del Kurdistan. Contra ellos, como ocurrió durante los pogromos de comienzos de setiembre de 2015, pero de manera más sistemática y perenne, se requerirá el desencadenamiento de grupos fascistas bajo la protección del Estado. Así, lo que se perfila si continúa el curso actual, es una mutación del régimen hacia una forma de fascismo turco-sunita con los grupos pro-Daesh como última amenaza.

En el dispositivo de Erdogan, los países de la Unión Europea serán neutralizados por el hecho de su política racista de una Europa fortaleza –el régimen turco siempre podrá activar su amenaza de dejar pasar a millones de sirios que huyen hacia Europa. Se trata del principal, o más eficaz, medio de presión de Erdogan, en un momento en que se anuncian oscuras tormentas en la economía turca. En resumen, la solidaridad con los kurdos contra el régimen turco, con la revolución siria contra Al-Assad, y con los refugiados sirios, constituye una totalidad.

http://www.contretemps.eu/interviews/turquie-panorama-perspectives-entretien-emre-öngün

Entrevista realizada el 9 de febrero de 2016 por Félix Boggio Éwanjé-Épée et Stella Magliani-Belkacem.

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ Alex de Jong, “¿De apisonadora estalinista a mariposa libertaria? La evolución ideológica del PKK”.http://vientosur.info/IMG/pdf/VS140_A_de_Jong_La_evolucion_ideologica_del_PKK-2.pdf

2/ Olivier Grojean, “La production de l’Homme nouveau au sein du PKK”, European Journal of Turkish Studies (on line) m nº 8, 2008.

3/ Hay una pequeña dificultad por el hecho de que el PKK se autodenominó Kongra-Gel entre 2003 y 2005.

4/ Los TAK reivindicaron el atentado que causó 28 muertos en Ankara, el 17 de febrero de 2016.

5/ Entrevista con Uraz Aydin, “Les dynamiques progressistes initiées en Turquie après le succès électoral du HDP”, Europe Solidaire Sans frontières, 24 de junio de 2015.

6/ M. Karasu presenta la particularidad de ser uno de los escasos dirigentes del PKK en ser turco.

7/ Al no beneficiarse del prestigio y de los recursos de la toma y conservación del poder estatal, el trotskysmo llegó de forma tardía a Turquía. La primera revista trotskysta Sürekli Devrim (Revolución Permanente), afiliada después a la 4ª Internacional-Secretariado Unificado, no se publicó hasta 1978.



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