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Irlanda
El Alzamiento de Pascua: camaradas nuestros
14/03/2016 | Geoffrey Bell

[Este año se celebra el centenario del levantamiento armado contra el dominio británico que proclamó una efímera república irlandesa en toda la isla. En 1916 la Semana Santa cayó en abril, así que habrá que esperar todavía un poco por el aniversario exacto, pero para ir haciendo boca, aprovechamos la proximidad de las fiestas de Pascua de 2016 para publicar un artículo sobre la poca comprensión y el poco apoyo que la rebelión tuvo en Gran Bretaña, incluso entre la izquierda radical. Cien años más tarde, algunas de las cuestiones suscitadas entonces todavía tienen mucho interés en el Estado español de hoy, especialmente en relación a Catalunya.


Y aprovechamos la ocasión también para ofrecer al final unas citas adicionales de James Connolly, socialista y sindicalista, y uno de los líderes de la rebelión, que se esforzó, tanto en la teoría como en la práctica, por integrar las cuestiones nacional y social.]

Justo antes de ser ejecutado por su papel en el Alzamiento de Pascua de 1916, James Connolly preguntó a su hija, Nora, si había visto la prensa socialista. Según ella informó después, él dijo: "Nunca entenderán por qué estoy aquí. Olvidan que soy irlandés."

El levantamiento se produjo cuando un grupo de hombres y mujeres armados, dirigido por la Hermandad Republicana Irlandesa (HRI) y el Ejército Ciudadano Irlandés de Connolly, proclamó desde la Oficina General de Correos de Dublín la formación de la República Irlandesa. Pretendían acabar con al dominio británico en el conjunto de Irlanda. No tenían ningún mandato popular y fueron fácilmente aplastados por los británicos. Sus líderes fueron ejecutados, mientras que las bases y los sospechosos de ser simpatizantes fueron encarcelados sin juicio.

Efectivamente, tanto entonces como ahora muchos socialistas se han preguntado por qué Connolly estaba allí, por qué un internacionalista que pensaba que lo importante era la clase y no la nación se había unido a la suerte de los que priorizaban la lucha nacional de Irlanda. O, para actualizar la pregunta, ¿por qué los y las marxistas, socialistas y feministas de hoy deberían unirse con otras muchas personas y organizaciones que están a su derecha para conmemorar el centenario del Levantamiento de Pascua de Irlanda y decir que las personas que participaron eran camaradas nuestros?

Ciertamente, en ese momento, mucha gente de izquierdas en Gran Bretaña y a nivel internacional tuvo dificultades para aclamar el Alzamiento. Forward, la publicación escocesa de izquierda con la que Connolly había colaborado, lo tildó de "locura, maldad o ambas cosas". Labour Leader, el periódico del Partido Laborista Independiente, que se situaba a la izquierda del Partido Laborista a pesar de estar afiliado a él, declaró que reprobaba “con tanta fuerza como nadie a los responsables de la revuelta". The Socialist, periódico del Partido Laborista Socialista, del que Connolly había sido el primer secretario general, no hizo ningún comentario sobre el Alzamiento ni el papel de Connolly en él durante un par de años, tanta era la vergüenza que esta participación le daba. En cuanto al Partido Laborista como tal, uno de sus miembros más destacados, el diputado y líder sindical J.H. Thomas, dijo: "No había ningún dirigente laborista en este país que no deplorara la reciente rebelión en Irlanda."

Por supuesto, esto ocurrió cuando Gran Bretaña estaba combatiendo en la Gran Guerra, la entrada en la cual estaba apoyada tanto por el Partido Laborista como por la Federación de Sindicatos, así que siempre era probable que reaccionaran críticamente ante la declaración de otra guerra contra ellos en Irlanda. Además, aunque la Gran Guerra no fue aprobada por todo el mundo en la izquierda, la mayoría de los que se opusieron lo hicieron por motivos pacifistas. Por lo tanto, habrían sido poco propensos a solidarizarse con el Alzamiento y su aparente militarismo. Y, de hecho, en la mayoría de los casos, no lo hicieron. El socialista radical, pero pacifista, George Lansbury afirmó en su diario el Daily Herald: "ningún amante de la paz puede sino lamentar el estallido en Dublín."

Hubo algunas excepciones. Un ejemplo contrario fue la famosa sufragista y socialista Sylvia Pankhurst y su periódico Woman’s Dreadnought. Escribiendo en el período inmediatamente después del Alzamiento, Pankhurst defendía que "la justicia no puede dar sino una única respuesta a la Rebelión Irlandesa y esta es la demanda de que se permita a Irlanda gobernarse a sí misma". Aunque a continuación calificara el Alzamiento de "temerario", añadió que "su empresa desesperada fue sin duda motivada por un ideal elevado". Y al final del artículo dejó claras sus simpatías: "Entendemos por qué la rebelión estalla en Irlanda y compartimos el dolor de aquellos que lloran hoy por los Rebeldes que el Gobierno ha fusilado."

La siguiente edición de Woman’s Dreadnought profundizó en esta línea a través del relato de una compañera de Pankhurst, Patricia Lynch, una joven irlandesa residente entonces en Inglaterra que fue testigo presencial de los hechos. Su largo artículo, Scenes from the Irish Rebellion (Escenas de la rebelión irlandesa), fue un maravilloso ejemplo de reportaje revolucionario basado en las visitas de la misma Lynch a Dublín y sus entrevistas a otros testigos presenciales, mayoritariamente mujeres de la clase obrera. Describió la simpatía de estas personas hacia el Alzamiento y situó los hechos sólidamente en su contexto político, contexto que la mayoría de la izquierda británica pasaba por alto. Lynch escribió:

"Los poetas y los soñadores no hacen una revolución. Debe haber un malestar popular detrás incluso de la revuelta más pequeña. En Dublín es imposible que los hombres y las mujeres de la clase obrera vivan como seres humanos. Las condiciones en las que viven son más mortíferas que las trincheras; de cada seis niños que nacen, muere uno. ¿Podemos sorprendernos de que hombres y mujeres de coraje, al ver sus quejas tan desatendidas, hayan unido su descontento al de los reformadores políticos?"

Y, por otra parte, claro, había un tal Vladimir Ilich Lenin, quien, en respuesta a los críticos internacionales del Alzamiento, escribió: "Aquellos que esperan ver una revolución pura no verán nunca ninguna" antes de contestar a aquellos que decían que era un "golpe":

"Cualquiera que a una rebelión como ésta le llama golpe es o bien un reaccionario empedernido o un doctrinario totalmente incapaz de hacerse una idea de una revolución social como fenómeno vivo. Imaginar que la revolución social es concebible sin revueltas de las pequeñas naciones en las colonias ... imaginar eso significa repudiar la revolución social."

Esta defensa no explica la motivación explícita de los participantes en el Alzamiento de Pascua. Para ello, es necesario primero entender el contexto internacional y local. Durante siglos los irlandeses habían buscado liberarse del dominio político y económico inglés sobre su país. Durante la mayor parte de este periodo existían también opiniones encontradas en cuanto a cómo esto se debería conseguir y hasta qué punto se debería poner fin a esa dominación. La Hermandad Republicana Irlandesa y el Ejército Ciudadano Irlandés se situaban firmemente en el ala militante de aquella tradición. En otras palabras, querían la separación completa de Gran Bretaña y la creación de una Irlanda que, como escribió Connolly en 1897, sería "el depósito natural del poder popular".

En el mismo artículo donde apareció esta frase, Connolly remarcó que "todos los movimientos burgueses terminan en transigencia" y "los revolucionarios burgueses de hoy se convierten en los conservadores de mañana". En 1914, esto ya se había hecho del todo patente en Irlanda. El partido nacionalista irlandés, bajo la dirección de John Redmond, había dado su apoyo a los británicos en la Gran Guerra y había incitado al pueblo irlandés a alistarse en el ejército británico. A cambio se prometió a los irlandeses autonomía (home rule) al final del conflicto, básicamente lo que hoy sería comparable a un traspaso de competencias (devolution), aunque una versión mucho más reducida que el que tiene ahora Escocia. Tanto para Connolly como para la HRI, la transigencia de Redmond fue una vergüenza comprada con el sacrificio de miles de soldados irlandeses en una guerra que no era la suya, sino la de Gran Bretaña. Como escribió el líder de la HRI Padraic Pearse: "Los hombres que han dirigido Irlanda han hecho maldades", y no hay que estar de acuerdo con este marco más bien metafísico para compartir la profundidad de su emoción.

Así, para Connolly y Pearse, la del 1916 fue una rebelión no sólo contra los británicos, sino también contra los "revolucionarios burgueses" de Irlanda. Para Connolly sobre todo fue también una guerra contra la Gran Guerra. De hecho, afirmó explícitamente, justo antes del Alzamiento, que era esta circunstancia de la guerra la que pedía una revuelta armada. Al comienzo de aquel conflicto había escrito que "si la clase obrera de Europa, en vez de masacrarse los unos a los otros en beneficio de reyes y financieros levantaran barricadas en toda Europa ... nosotros estaríamos plenamente legitimados a seguir tan glorioso ejemplo". Huelga decir, sin embargo, que esto no ocurrió, por lo menos hasta el 1917 en Rusia. Así pues, les tocaba a los irlandeses. "Aún es posible que Irlanda ponga la antorcha a la conflagración europea que no se consumirá hasta que el último trono y el último bono y la última obligación capitalistas se abrasen sobre la última pira funeraria del último señor de la guerra". Evidentemente, esto no sucedió tampoco, pero eso no quiere decir que no valiera el esfuerzo. Además, también vale la pena recordar que la derrota del Alzamiento resultó aún más fácil porque uno de sus supuestos defensores, los Voluntarios Irlandeses, recibieron la orden de su dirección de no participar. Y, cuando menos, la metodología de Connolly, de ver una revolución nacional como parte de una lucha internacional, sigue siendo un aporte importante al pensamiento y a la práctica revolucionarios.

Había otro contexto importante que enmarcaba la participación socialista en los acontecimientos de 1916: la inclusión dentro de las propuestas británicas sobre la autonomía de 1914 de la probable partición de Irlanda. Para Connolly especialmente, esto también era un desastre, ya que significaba la división permanente de la clase obrera irlandesa. Como consecuencia de ello, predijo que habría un "Carnaval de la reacción" a ambos lados de la frontera. Escribió: "Toda esperanza de unir a los trabajadores independientemente de la religión y de batallas antiguas quedará hecha añicos". El Alzamiento de 1916 y la revolución que lo siguió no consiguieron evitar la partición, y, de hecho, algo bastante parecido a un carnaval de la reacción se produjo a continuación, lo que ya es, por sí misma, justificación suficiente para intentar evitarla.

Muchos de los motivos por los que Connolly participó en el Alzamiento no fueron comprendidos por los socialistas británicos en 1916, aunque cualquiera que hubiera leído sus escritos sobre socialismo y nacionalismo o sobre la guerra no habría quedado muy sorprendido. Durante los cinco años posteriores, los que procuraban conseguir la República que había sido proclamada por los participantes en el Alzamiento plantearon más preguntas a la izquierda y al movimiento sindical británicos. Como el período posguerra fue también uno de los más militantes de la historia de la clase obrera británica aquellas preguntas tenían una pertinencia particularmente relevante. Eran tanto universales como locales. Tenían que ver con el parlamentarismo, la lucha armada, las huelgas generales, el doble poder, el socialismo y el nacionalismo, y, en el contexto local, la clase obrera dividida de Irlanda. Estas cuestiones eran tan pertinentes en relación a la lucha por el establecimiento del "poder popular" de Connolly en Gran Bretaña como en Irlanda. El Alzamiento de Pascua fue sólo el principio, pero la participación de Connolly y sus camaradas socialistas en el Alzamiento hizo posible aquel comienzo.

Geoffrey Bell, nacido en Belfast, acaba de publicar Hesitant Comrades, the Irish Revolution and the British Labour Movement (Camaradas vacilantes, la revolución irlandesa y el movimiento obrero británico).
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Algunas reflexiones de James Connolly sobre la relación entre las cuestiones nacional y social

"Estamos decididos a lograr la independencia nacional como base imprescindible de la emancipación industrial, pero estamos igualmente decididos a deshacer el liderazgo de una clase cuyo programa social se deriva de la opresión." (Shan Van Vocht, enero 1887).

"Si mañana echas al ejército británico y enarbolas la bandera verde sobre el Castillo de Dublín, a no ser que te pongas a organizar la República Socialista, tus esfuerzos serán inútiles: Inglaterra te gobernará. Te gobernará a través de sus capitalistas, a través de sus terratenientes, a través de sus financieros, a través de la gama de instituciones comerciales e individualistas que ha plantado en este país." (Shan Van Vocht, enero 1887).

"Irlanda, sin su pueblo, no es nada para mí, y el hombre que no cabe en la piel de amor y de ilusión por Irlanda y sin embargo puede pasear impasible por nuestras calles y ver todos los males y los sufrimientos, la vergüenza y la degradación, infligidos al pueblo de Irlanda, sí, infligidos por hombres irlandeses a hombres y mujeres irlandeses, sin morirse de ganas de acabar con ellos, es, en mi opinión, un impostor y un mentiroso en el fondo de su corazón, por más que ame a aquella combinación de elementos químicos que le place llamar ’Irlanda’, "(Workers Republic, julio 1900).

"El internacionalismo del futuro se basará en la libre federación de pueblos libres y no se puede realizar mediante la subyugación de la unidad más pequeña por la más grande." (Forward, mayo/junio 1911).



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